domingo, 24 de agosto de 2014

LA TIERRA NUEVA Y EL CIELO NUEVO

De la Constitución pastoral Gáudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo
(Núm. 39)


Ni conocemos el tiempo de la nueva tierra y de la nueva humanidad, ni sabemos el modo cómo el universo se transformará. Se termina la presentación de este mundo
deformado por el pecado, pero sabemos que Dios prepara una nueva morada y una nueva tierra en la que habita la justicia y cuya bienaventuranza llenará y sobrepasará todos los deseos de paz que brotan en el corazón del hombre. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo y lo que se había sembrado en vileza y corrupción se vestirá de incorrupción y, permaneciendo la caridad y sus frutos, este mundo que Dios creó para el hombre se verá liberado de la esclavitud de la corrupción.

Aunque se nos advierta con toda razón que de nada le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo, sin embargo, la esperanza de la tierra nueva no debe debilitar, al contrario, debe acrecentar nuestro deseo de perfeccionar esta tierra, en la que crece aquella nueva humanidad que presenta ya en sí un vislumbre del mundo futuro. Por eso, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, con todo, este progreso tiene gran importancia para el reino de Dios, por cuanto puede contribuir a una mejor organización de la sociedad humana.

En efecto, los valores de la dignidad humana, de la comunión fraterna y de la libertad, es decir, todos aquellos bienes que son fruto de la misma naturaleza humana o del esfuerzo de los hombres y que nosotros hayamos propagado en la tierra, según el mandato del Señor y por la fuerza de su Espíritu, los volveremos a encontrar, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo devuelva a su Padre «el reino eterno y universal, el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y de la gracia, el reino de la justicia, del amor y de la paz». En esta tierra el reino está ya presente de una manera misteriosa, pero, cuando el Señor vuelva, llegará a su plenitud.

RESPONSORIO    Sal 95, 11; Is 49, 13; Sal 71, 7

R. Alégrese el cielo, goce la tierra, romped a cantar, montañas, porque el Señor, nuestro Dios, va a venir, * y se compadecerá de los desamparados.
V. En sus días florecerá la justicia y abundará la paz.
R. Y se compadecerá de los desamparados.

domingo, 17 de agosto de 2014

SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO

De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Mateo
(Homilía 15, 6. 7: PG 57, 231-232)


Vosotros sois la sal de la tierra. Es como si les dijera: «El mensaje que se os comunica no va destinado a vosotros solos, sino que habéis de transmitirlo a todo el mundo. Porque no os envío a dos ciudades, ni a diez, ni a veinte; ni tan siquiera os envío a toda una nación, como en otro tiempo a los profetas, sino a la tierra, al mar y a todo el mundo, y a un mundo por cierto muy mal dispuesto.» Porque al decir: Vosotros sois la sal de la tierra, enseña que todos los hombres han perdido su sabor y están corrompidos por el pecado. Por ello exige sobre todo de sus discípulos aquellas virtudes que son más necesarias y útiles para el cuidado de los demás. En efecto, la mansedumbre, la moderación, la misericordia, la justicia son unas virtudes que no quedan limitadas al provecho propio del que las posee, sino que son como unas fuentes insignes que manan también en provecho de los demás. Lo mismo podernos afirmar de la pureza de corazón, del amor a la paz y a la verdad, ya que el que posee estas cualidades las hace redundar en utilidad de todos.

«No penséis -viene a decir- que el combate al que se os llama es de poca importancia y que la causa que se os encomienda es exigua: Vosotros sois la sal de la tierra.» ¿Significa esto que ellos restablecieron lo que estaba podrido? En modo alguno. De nada sirve echar sal a lo que ya está podrido. Su labor no fue ésta; lo que ellos hicieron fue echar sal y conservar, así, lo que el Señor había antes renovado y liberado de la fetidez, encomendándoselo después a ellos. Porque liberar de la fetidez del pecado fue obra del poder de Cristo; pero el no recaer en aquella fetidez era obra de la diligencia y esfuerzo de sus discípulos. ¿Te das cuenta de cómo va enseñando gradualmente que éstos son superiores a los profetas? No dice, en efecto, que hayan de ser maestros de Palestina, sino de todo el orbe.

«No os extrañe, pues -viene a decirles-, si, dejando ahora de lado a los demás, os hablo a vosotros solos y os enfrento a tan grandes peligros. Considerad a cuántas y cuán grandes ciudades, pueblos, naciones os he de enviar en calidad de maestros. Por esto no quiero que seáis vosotros solos prudentes, sino que hagáis también prudentes a los demás. Y muy grande ha de ser la prudencia de aquellos que son responsables de la salvación de los demás, y muy grande ha de ser su virtud, para que puedan comunicarla a los otros. Si no es así, ni tan siquiera podréis bastaros a vosotros mismos.

En efecto, si los otros han perdido el sabor, pueden recuperarlo por vuestro ministerio; pero si sois vosotros los que os tornáis insípidos, arrastraréis también a los demás con vuestra perdición. Por esto, cuanto más importante es el asunto que se os encomienda, más grande debe ser vuestra solicitud.» Y así, añade: Si la sal pierde su sabor, ¿con qué la vais a salar? No vale para otra cosa, sino para tirarla fuera y que la pise la gente.

Para que no teman lanzarse al combate, al oír aquellas palabras: Cuando os insulten y persigan y propalen contra vosotros toda clase de calumnias, les dice de modo equivalente: «Si no estáis dispuestos a tales cosas, en vano habéis sido elegidos. Lo que hay que temer no es el mal que digan contra vosotros, sino la simulación de vuestra parte; entonces sí que perderíais vuestro sabor y-seríais pisoteados. Pero si no cejáis en presentar el mensaje con toda su austeridad, si después oís hablar mal de vosotros, alegraos. Porque lo propio de la sal es morder y escocer a los que llevan una vida de molicie.

Por tanto, estas maledicencias son inevitables y en nada os perjudicarán, antes serán prueba de vuestra firmeza. Mas si, por temor a ellas, cedéis en la vehemencia conveniente, peor será vuestro sufrimiento, ya que entonces todos hablarán mal de vosotros y todos os despreciarán; en esto consiste el ser pisoteado por la gente.»

A continuación, propone una comparación más elevada: Vosotros sois la luz del mundo. De nuevo se refiere al mundo, no a una sola nación ni a veinte ciudades, sino al orbe entero; luz que, como la sal de que ha hablado antes, hay que entenderla en sentido espiritual, luz más excelente que los rayos de este sol que nos ilumina. Habla primero de la sal, luego de la luz, para que entendamos el gran provecho que se sigue de una predicación austera, de unas enseñanzas tan exigentes. Esta predicación, en efecto, es como si nos atara, impidiendo nuestra dispersión, y nos abre los ojos al enseñarnos el camino de la virtud. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto del monte; ni se enciende una lámpara para meterla bajo el celemín. Con estas palabras, insiste el Señor en la perfección de vida que han de llevar sus discípulos y en la vigilancia que han de tener sobre su propia conducta, ya que ella está a la vista de todos, y el palenque en que se desarrolla su combate es el mundo entero.

RESPONSORIO    Hch 1, 8; Mt 5, 16

R. Recibiréis la fortaleza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros; * y seréis mis testigos hasta los últimos confines de la tierra.
V. Alumbre vuestra luz a los hombres para que, viendo vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre celestial.
R. Y seréis mis testigos hasta los últimos confines de la tierra.

domingo, 10 de agosto de 2014

CON LAZOS DE AMOR

Del Diálogo de santa Catalina de Siena, virgen, Sobre la divina providencia
(Cap. 4, 13: edición latina, Ingolstadt 1583, ff. 19v-20)
Mi Señor dulcísimo, vuelve benignamente tus ojos misericordiosos a este pueblo y al cuerpo místico que es tu Iglesia; porque mayor gloria se seguirá para tu santo nombre al perdonar tan gran muchedumbre de tus creaturas que si tan sólo me perdonas a mí, miserable pecadora, que tan gravemente he ofendido a tu majestad. ¿Qué consuelo podría hallar yo en poseer la vida, viendo que tu pueblo está privado de ella, y viendo cómo las tinieblas del pecado cubren a tu amada Esposa, por mis pecados y los de las demás creaturas tuyas?

Deseo, pues, y te pido como una gracia especial este perdón, por aquel amor incomparable que te movió a crear al hombre a tu imagen y semejanza. ¿Cuál, me pregunto, fue la causa de que colocaras al hombre en tan alta dignidad? Ciertamente, sólo el amor incomparable con el cual miraste en ti mismo a tu creatura y te enamoraste de ella. Mas veo con claridad que por culpa de su pecado perdió merecidamente la dignidad en que lo habías colocado.

Pero tú, movido por aquel mismo amor, queriendo reconciliarte gratuitamente al género humano, nos diste la Palabra que es tu Hijo unigénito, el cual fue verdaderamente reconciliador y mediador entre tú y nosotros. Él fue nuestra justicia, ya que cargó sobre sí todas nuestras injusticias e iniquidades y sufrió el castigo que por ellas merecíamos, por obediencia al mandato que tú, Padre eterno, le impusiste, cuando decretaste que había de asumir nuestra humanidad. ¡Oh incomparable abismo de caridad! ¿Qué corazón habrá tan duro que no se parta al considerar cómo la sublimidad divina ha descendido tan abajo, hasta nuestra propia humanidad?

Nosotros somos tu imagen y tú imagen nuestra, por la unión verificada en el hombre, velando la divinidad eterna con esta nube que es la masa infecta de la carne de Adán. ¿Cuál es la causa de todo esto? Solamente tu amor inefable. Por éste tu amor incomparable imploro, pues, a tu majestad, con todas las fuerzas de mi alma, para que otorgues benignamente tu misericordia a tus miserables creaturas.

RESPONSORIO    Sal 100, 1-2

R. Voy a cantar la bondad y la justicia, para ti es mi música, Señor. * Caminaré por la senda perfecta, ¿cuándo vendrás a mí?
V. Procederé con rectitud de corazón dentro de mi casa.
R. Caminaré por la senda perfecta, ¿cuándo vendrás a mí?

sábado, 9 de agosto de 2014

La reserva de Santo Domingo.

Por P. Javier Sánchez Martínez en Corazón Eucarístico de Jesús. El Sagrario

Los santos no tienen porqué ser huracanes desatados o terremotos vivos que hagan temblar todo, caracteres fuertes e impulsivos; también pueden ser caracteres discretos, suaves y tenaces, firmes y amables, silenciosos y trabajadores. Santo Domingo era de éstos.


Su`personalidad era muy serena, con gran capacidad de observación, afable con sus hermanos, alegre en el trato, pero ni mucho menos locuaz o charlatán, sino el hombre que con sonrisa dulce sabe hablar y sabe escuchar, sin desperdiciar el tiempo en conversaciones inútiles.

Su personalidad está forjada por un espíritu que es contemplativo y que se desarrolla en su amor por el oficio divino y la liturgia, las horas de oración contemplativa por la noche o mientras camina, así como por su amor por el estudio, la teología, la meditación asidua de la doctrina de la fe.

Es pudoroso: poco habla de sí o de sus experiencias más interiores, sino que recubre su interioridad con una reserva pudorosa, guardando su intimidad con el Señor. De esa interioridad tan rica, tan llena de Dios, desborda su corazón. Entendemos así que se le describa como que "o hablaba con Dios de los hombres, o hablaba de Dios a los hombres".

Su personalidad le hace ser receptivo a los signos de Dios, que continuamente discierne, y se deja llevar por Dios. Debe acompañar a su obispo Diego de Osma a una misión encomendada por el rey en Dinamarca y allí va, dejando que sea Dios el que actúe. Dios le muestra el panorama desolador obrado por cátaros, albigenses y valdenses en el sur de Francia y su corazón se inquieta. Las circunstancias hacen que él y su obispo se queden en esa zona, y con diversos avatares, es el papa Inocencio III quien los une a sus legados pontificios para predicar en esa zona francesa. Él sigue los pasos que Dios le marca. Diego volverá a su diócesis pasado un tiempo, pero Domingo se queda en la "Predicación de Nuestro Señor Jesucristo". Allí ve grupos de conversos, especialmente mujeres, que quieren una vida de mayor perfección y fundará comunidades femeninas, como un nuevo signo de Dios. La Predicación, terminada la misión de los legados pontificios, sigue siendo necesaria. Domingo unido a otros hermanos que comparten ese celo seguirá predicando y dará origen a la Orden de Predicadores. Domingo obedece a Dios, ha visto sus signos, ha seguido las huellas que Dios le dejaba.

¡Qué personalidad tan rica! No es un gran escritor, no se nos conservan discursos suyos, sólo su vida y su acción, todo protegido por una santa reserva del hombre discreto, tal vez tímido, pero apasionado por Cristo y lleno de Dios.

Es de los hombres que camina y es grande, pero arropado. Diego de Osma, su obispo y su amigo, es el estratega, la cabeza, el impulso; Domingo, en segundo plano, el que realiza, madura, avanza. Así vivirá también más adelante, arropado con su comunidad de Prulla, la de Tolosa, y sus hermanos frailes. Son estas figuras grandes que parecen pasar desapercibidas, porque van en segunda fila sin buscar nada, pero que son tan grandes en sí mismas que generan realidades nuevas, abrumadoramente grandes, buenas y santas. Son estos hombres que reciben adhesiones y afectos lentamente, poco a poco, en vez de ser torrentes de simpatía que ganan al momento a todos pero que luego decepcionan tras la impresionante fachada.

"A diferencia de Diego de Acebes [el obispo de Osma], cuya generosidad, siempre alerta, continuamente estaba imaginando empresas apostólicas nuevas, a las que luego se lanzaba con ímpetu, Domingo era el hombre de los pocos planes, pero madurados en largo silencio y realizados luego con tenacidad. Ciertamente Domingo no era menos sensible que su obispo a la llamada de los seres y de los acontecimientos, esto es, de la Providencia. Pero los encuentros con Dios provocaban en él secretas conmociones antes que gestos inmediatos" (Vicarie, H-M., Historia de Santo Domingo, Madrid 2003, p. 307).

Creo que éste podría ser entonces un buen retrato de Santo Domingo: una personalidad riquísima, envuelta en un manto de reserva y pudor.

miércoles, 16 de julio de 2014

El Escapulario de la Virgen del Carmen

Tomado de corazones.org

La Devoción del Monte Carmelo se origina desde el siglo VIII antes de Cristo, cuando el profeta Elías ascendió el monte santo del Carmelo en Palestina, y comenzó la larga tradición de la vida contemplativa, de oración y penitencia.

De esto surgen los Carmelitas, que eran un grupo de ermitaños que vivían en el Monte Carmelo en Palestina. Ellos se creían ser los hijos espirituales de Elías el profeta, e imitaban su estilo de vida contemplativa. Pero no solo tenían influencia de la espiritualidad de Elías (oración y penitencia), sino que a los Carmelitas se les conocía cuando llegaron a Europa por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella veían el complimiento del ideal de Elías. Llegaron incluso a llamárseles: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo".
Cuando hacían su profesión religiosa ellos se consagraban a Dios y a Maria, y el hábito que tomaban era en honor a la Virgen y como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a Ella.
Por la invasión de los serracenos los Carmelitas se vieron obligados a irse del Mt. Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y Ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar.
Los Carmelitas fueron encontrando bastante oposición en los lugares que deseaban fundar. En el año 1246, nombraron a St. Simon Stock como el general de la Orden. Este sabía que si no había una intervención de la Virgen, a la orden le quedaba muy poco tiempo para sobrevivir. Simón fue a Maria a ponerle la orden bajo su amparo ya que ellos le pertenecían. En su oración la llamo "La flor del Carmelo" y la "Estrella del Mar", le suplico la protección para toda la comunidad. En respuesta a esta ferviente oración, en 1251 se le aparece la Virgen y le da el escapulario para la orden: "Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno"
¿QUÉ ES EL ESCAPULARIO CARMELITA?
Es parte del hábito de los Carmelitas y es una réplica miniatura de ese hábito. Consiste en dos piezas de tela café conectada con unas cintas y que se utiliza bajo la ropa. Una pieza debe colgar por la espalda y la otra por el frente. Junto con el rosario y la medalla milagrosa el escapulario es uno de los más importantes sacramentales marianos.
Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia haya instituido para motivarnos a una vida más santa, piadosa y para aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado incluso al venial.
Por lo tanto, el escapulario al ser un sacramental, no nos da gracias por sí mismo, sino que las gracias se nos dan por el aumento de amor a Dios, y por la verdadera contrición del pecado, al cual el sacramental nos debe motivar. Si por el uso de un sacramental crecemos en amor a Dios y en santidad, entonces recibimos gracias.
Aunque el escapulario fue dado a los carmelitas, poco a poco muchos laicos fueron sintiendo el llamado de vivir una vida más comprometida con la espiritualidad carmelita y así se comenzó la cofradía del escapulario, donde se agregaban muchos laicos por medio de la devoción a la Virgen y al uso del escapulario.
¿PORQUE LE LLAMAMOS ESCAPULARIO?
La palabra escapulario viene del Latín "scapulae" que significa "hombros". Y como el escapulario cae de los hombros es que se le ha dado este nombre.
Significado Espiritual del Escapulario:
Es evidente que Maria quiere revelarnos de manera especial el escapulario. En las apariciones de Fatima, reporta Lucia, hoy Hermana Maria del Inmaculado Corazón, que en la última, la Virgen se apareció vestida con el hábito carmelita y con el escapulario en la mano. Y recordó que los verdaderos hijos de Ella lo usaran y que lo llevaran con reverencia. También que los que se consagraran a ella lo usaran como signo de dicha consagración.
El escapulariotiene 3 significados:
1) El amor y la protección maternal de Maria: el signo es una tela o manto pequeño. Vemos como Maria cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos. Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos. Nos cubre de la ignominia de nuestra desnudes espiritual.
Vemos en la Biblia:
*Dios cubrió con un manto a Adán y Eva después de que pecaron. (Manto signo de perdón)
*Jonás le dio su manto a David: símbolo de amistad
*Elías dio su manto a Eliseo y lo lleno de su espíritu en su partida.
*S. Pablo: revístanse de Cristo: vestirnos con el manto de sus virtudes.
2) Le pertenecemos a Ella: Llevamos una marca que nos hace sus hijos escogidos. El escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a Maria. Consagración: `pertenecer a Maria'. Reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, ensenar, moldear por Ella y en su corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo.
En 1950 Papa Pio XII escribió acerca del escapulario: "que sea tu signo de consagración al Inmaculado Corazón de María, lo cual estamos particularmente necesitando en estos tiempos tan peligrosos"
3) El suave yugo de Cristo: "Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontraran alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". (Mt 11:29 30)
El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar pero que Maria nos ayuda a llevar.
La Promesa:
"Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno".
Explicación de la Promesa:
Muchos Papas, santos y teólogos católicos han explicado que esta promesa significa que quien tenga la devoción al escapulario y lo use, recibirá de ella a la hora de la muerte: la gracia de la perseverancia en el estado de gracia o la gracia de la contrición. O sea que el escapulario no es una barita mágica que nos libra del infierno, sino que Maria como dispensadora de gracias, nos ayudara a morir en estado de gracia o sea sin pecado grave o morir habiendo tenido un auténtico arrepentimiento.
Testimonio: “un sacerdote de Chicago fue llamado para ir a asistir a un moribundo que había estado lejos de su fe y de los sacramentos por muchos anos. El moribundo no quiso recibirlo, ni hablar con él. Pero el sacerdote insistió y le enseñó el escapulario que llevaba. Le pregunto si le permitiría ponérselo. El hombre acepto con tal que el sacerdote lo dejara en paz. Una hora más tarde el moribundo mando a llamar al sacerdote pues deseaba confesarse y morir en gracia y amistad con Dios"
El mismo día que S. Simon Stock recibió de Maria el escapulario y la promesa, él fue llamado a asistir a un moribundo que estaba desesperado. Cuando llego puso el escapulario sobre el hombre, pidiéndole a la Virgen que mantuviera la promesa que le acababa de hacer. Inmediatamente el hombre se arrepintió, se confesó y murió en gracia de Dios"
Alerta:
Los Papas y Santos han muchas veces alertado acerca de no abusar de la promesa de nuestra madre y usar el escapulario como una manera fácil de evadir la conversión. El Papa Pio XI: "aunque es cierto que la Virgen Maria ama de manera especial a quienes son devotos de ella, aquellos que desean tenerla como auxilio a la hora de la muerte, deben en vida ganarse dicho privilegio con una vida de rechazo al pecado y viviendo para darle honor"
Es inconcebible que alguien quien deliberadamente comete pecado, contando en la Promesa del Escapulario de salvarlo, moriría usándolo. Vivir en pecado y usar el escapulario como ancla de salvación es cometer pecado de presunción.
Testimonio: Durante la guerra civil en 1930, siete comunistas fueron sentenciados a muerte por sus crímenes. Un sacerdote Carmelita trato de prepararlos. Ellos se negaron. Después de tratar de hacerlo a través de visitas amistosas, él les pregunto: ¿me dejarían ponerles unos escapularios? seis de ellos aceptaron pero uno no. Los seis fueron a confesión excepto el séptimo que no quiso usarlo. Cuando llego el momento de la ejecución, el séptimo hombre dijo claramente que él no deseaba hablar con ningún sacerdote, aunque andaba colgado el escapulario. Finalmente, dispararon y siete hombres sin vida cayeron al suelo. Misteriosamente, un escapulario fue encontrado aproximadamente a 50 pasos de los cuerpos. Al revisar los cuerpos, seis hombres murieron con el escapulario, menos el séptimo.
El Beato Claudio de Colombiere (director de St. Margarita Maria) nos explica: 'tu preguntas ¿y si yo quisiera morir con mis pecados?, yo te respondo, `entonces morirás en pecado' pero no morirás con tu escapulario".
El Privilegio Sabatino: (sábado)
Este privilegio se basa en una bula o edicto que fue proclamada por el Papa Juan XXII en Marzo 3, 1322. Este privilegio le fue anunciado en una aparición que el Papa recibió de la Virgen y consiste en la liberación del purgatorio el primer sábado (día que la Iglesia ha dedicado a la Virgen) después de la muerte a través de una intercesión especial de la Virgen.
Condiciones: (para que aplique este privilegio)
1) que usen el escapulario con fidelidad
2) observar castidad de acuerdo al estado de vida
3) rezo del oficio de la Virgen (oraciones y lecturas en honor a la Virgen) o rezar diariamente 5 décadas del rosario.
El Papa Pablo V confirmo en una proclamación oficial que se podía ensenar acerca del privilegio sabatino a todos los creyentes.
Imposición del Escapulario:
El primer escapulario debe ser bendecido por un sacerdote e impuesto por el mientras dice: "recibe este escapulario bendito y pide a la Virgen Santísima que por sus méritos, lo lleves sin ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve a la vida eterna"
San Alfonso Liguori: "heréticos modernos se burlan del escapulario como si fuera algo anticuado y sin sentido"
Pero todos sabemos que muchos Papas lo han aprobado y recomendado. Gregorio X fue enterrado con su escapulario. 600 años más tarde cuando abrieron su tumba, su escapulario estaba intacto.
S. Alfonso Liguori y S. Juan Bosco: tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y usaban el escapulario. Cuando murieron los enterraron con sus vestiduras sacerdotales y con su escapulario. Muchos anos después cuando abrieron sus tumbas encontraron que todo era ceniza, excepto sus escapularios, estaban intactos.
Recordemos si, que el escapulario es un signo del amor y protección maternal de Maria y de su llamada a una vida de santidad y sin pecado.
Usar el escapulario es una respuesta de amor a la Madre que vino a darnos un regalo de su misericordia. Debemos usarlo como recordatorio que le pertenecemos a ella, que deseamos imitarla y vivir en gracia bajo su manto protector.

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