sábado, 24 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN DE LOS GOZOS DE LA NOVENA DE NAVIDAD IV


¡Oh, lumbre de Oriente, sol de eternos rayos,
que entre las tinieblas tu esplendor veamos!
Niño tan precioso, dicha del cristiano,
luzca la sonrisa de tus dulces labios.


Es decir: en medio de las tinieblas de este mundo, sólo Jesús es nuestra luz.
Son muchas las veces en que la Palabra de Dios identifica a Jesús con la luz, de las que destaca particularmente una:
"Por la entrañable misericordia de Dios, nos visitará EL SOL QUE NACE DE LO ALTO para iluminar a los que viven en tiniebla y sombra de muerte" (Lc 1, 78-79) que son las palabras de Zacarías al ser inspirado a profetizar por la fuerza del Espíritu Santo.
El sol, es para nosotros la fuente de la mayor luz, desde el momento en que se asoma como "lumbre" (luz) de oriente, es decir, al amanecer. Se parece un poco esta imagen, al encuentro de Dios con el hombre; luego de vivir un tiempo en la oscuridad del pecado, viene Jesús que es nuestra luz y nos visita, tal como luego de la oscuridad de la noche, aparece el sol por el oriente.
Pero la diferencia entre el sol y Jesús es que nuestro sol no brilla por siempre, sino que pasadas las horas vuelve a ocultarse; en cambio Jesús, una vez le permitimos iluminar nuestra vida, nos enciende tanto el corazón que no le abandonaremos aún cuando venga la peor de las tempestades... esta forma de actuar tiene dos nombres, que ya conocemos: FE (seguir creyendo aunque no "sintamos" nada) y ESPERANZA (confiar en que incluso en la peor de las dificultades, venceremos de la mano de Dios). La luz de Cristo no es temporal, porque Él es un sol de rayos eternos y permanecerá en nuestro corazón permanentemente, aunque nuestra vida atraviese "noches espirituales".
¿Cómo saber si Jesús es nuestra luz?
Jesús es nuestra luz si actuamos siempre como en plena luz del día: radiantes, sin ocultar nada, y sin dar la espalda a nada, con la particular señal de la iluminación: la alegría, ya que Jesús es para cada cristiano, motivo de gozo.

viernes, 23 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN DE LOS GOZOS DE LA NOVENA DE NAVIDAD III


"¡Del débil auxilio, del doliente amparo,
consuelo del triste, luz del desterrado!
¡Vida de mi vida, mi dueño adorado,
mi constante amigo, mi divino hermano!"


Es decir: Jesús es a quien debemos acudir siempre.
Él mismo nos dice "vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, que yo les daré descanso" (Mt 11, 28) ya que su yugo es "llevadero y su carga ligera".
Con frecuencia, vemos en las Escrituras la imagen de un Dios que defiende a los que sufren y a los débiles: huérfanos, viudas, leprosos, etc. Ya hemos visto como prefiere a los humildes en lugar de los soberbios, "a los hambrientos los colma de bienes mientras que a los ricos los despide vacíos" (Lc 1, 53) y en esa bella imagen del Antiguo Testamento: "los que antes tenían de sobra, ahora se alquilan por un pedazo de pan; pero los que tenían hambre, ahora ya no la tienen. La mujer que no podía tener hijos, ha dado a luz siete veces; pero la que tenía muchos hijos, ahora está completamente marchita." (1 Sam 2, 5). De esta manera Dios nos hace ver que es sensible con nuestros dolores, auxilia nuestra debilidad, nos consuela en nuestras tristezas, es nuestra luz cuando estamos lejos, es nuestra vida, nuestro amigo y nuestro compañero de camino.
Pero al Padre no le bastó con decirnos que sabe lo que es el dolor, sino que envió a su propio hijo, quien experimentó desde su propio nacimiento el dolor humano: nació en un establo con animales de granja, fue desplazado por la violencia de Herodes hacia tierra extranjera, fue despreciado, torturado, negado por sus propios amigos y muerto de forma injusta. Jesús sabe lo mucho que sufrimos porque él mismo lo experimentó, y no nos deja solos sino que ofrece acompañarnos en este caminar por este mundo, que muchas veces es un "valle de lágrimas".
Cuando nos sintamos tristes, traicionados, enfermos y deprimidos, no olvidemos que en la oración nos encontramos con Jesús, que es nuestro "constante amigo y divino hermano".

jueves, 22 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN DE LOS GOZOS DE LA NOVENA DE NAVIDAD II


"¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano,
que a infantil alcance te rebajas sacro!
¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos
la prudencia que hace verdaderos sabios!"

Es decir: La sabiduría de Dios, con el nacimiento de Jesús, se hace cercana al hombre humilde. Es la sabiduría un especial atributo de Dios, es también don del Espíritu Santo y era la cualidad más madura en el sucesor del Rey David: Salomón.
La "sapiencia suma", es decir "el máximo conocimiento" de Dios "soberano" (todopoderoso) se expresa con toda su plenitud en la pequeñez de un niño. Esto debido a que Dios suele hacer sabios a las personas humildes, no a las orgullosas. El Señor "que ha ocultado estos misterios a los entendidos y los ha revelado a los sencillos" (Lc 10, 21) prefiere a los que piensan con sencillez, como los niños, de quienes es el reino de los cielos.
Dicen que algunas cosas o personas, aparecen en nuestra vida cuando no las estamos buscando... y de tal manera actúa Dios: da obsequios espirituales a sus hijos humildes (que no esperan nada) y no a los orgullosos (que creen que todo se lo merecen), porque los humildes al recibirlos se volverán agradecidos, en cambio los orgullosos al recibirlos se volverán soberbios.
Los ejemplos más hermosos de este misterio los encontramos en María y José. En María, la mujer más sencilla de todas se fija Dios para hacerla Madre del Salvador, y en José, un hombre discreto, que no hizo escándalo con el embarazo de su esposa, sino que decidió actuar "en secreto", se cumple aquello de que sólo la prudencia hace verdaderos sabios.

MEDITACIÓN DE LOS GOZOS DE LA NOVENA DE NAVIDAD I


Durante estos días haremos una pequeña meditación en torno a los hermosos "gozos" que los niños dicen en las novenas de Navidad, de una manera que podamos sacarle un provecho espiritual.
"¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro,
De Israel anhelo Pastor del rebaño!
¡Niño que apacientas con suave cayado
ya la oveja arisca, ya el cordero manso!"

Es decir: Jesús, el salvador que va a nacer, será REY de todas las naciones. Jesús es rey de Israel, porque por la linea de su padre adoptivo José, es el heredero del trono de David, primer rey de Israel.
Por eso se le identifica como "anhelo de Israel", ya que ese pueblo esperaba con ansías al Mesías que los salvara. Además, lo llamamos "pastor del rebaño" ya que ese era el oficio al que se dedicaba David antes de ser ungido como rey, entendiendo ahora como el rebaño, a todas las personas del pueblo.
Esta imagen hermosa del pastor "que apacienta con un cayado suave, tanto la oveja que es arisca como el cordero que es manso" es la imagen viva del Enmanuel (Dios con nosotros) lleno de amor; que trata con cariño y afecto a todos sus hijos, tanto los que siempre son obedientes como los que se revelan contra él.
Acudamos a ese tierno niño, que nació por nosotros, las ovejas de su rebaño.

lunes, 12 de septiembre de 2016

LOS PASTORES QUE SE APACIENTAN A SÍ MISMOS


Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores
(Sermón 46, 3-4: CCL 41, 530-531)

Veamos, pues, lo que dice a los pastores que se apacientan a sí mismos la palabra divina que a nadie adula: Os bebéis su leche, os vestís con su lana; y matáis a las mejor alimentadas, pero no apacentáis las ovejas. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis las descarriadas ni buscáis a las perdidas, y las habéis dominado con crueldad y violencia. Al no tener pastor, se desperdigaron mis ovejas.

De estos pastores que se apacientan a sí mismos y no a las ovejas se dice aquí lo que buscan y lo que, por el contrario, olvidan. ¿Qué es lo que buscan? Os bebéis su leche, os vestís con su lana. Sobre ello dice el Apóstol: ¿Quién planta una viña y no come de su fruto? ¿Quién apacienta un rebaño y no se aprovecha de la leche? Los bienes, por tanto, que el pueblo ofrece para el sustento de la vida corporal de sus prelados son como la leche del rebaño. Pues de esto precisamente hablaba el Apóstol en el lugar que os he recordado.

Si bien el Apóstol eligió para sí trabajar con sus propias manos, con el fin de no tener que buscar ni tan sólo la leche de sus ovejas, afirmó, con todo, que tenía derecho a recibir esta leche, como lo había establecido el Señor al decir que quienes anuncian el Evangelio vivan del Evangelio; y en otro lugar afirma también que otros coapóstoles suyos usaron de este derecho que les había sido dado y que no habían usurpado. Al renunciar él a este su derecho fue más allá de su obligación, pero no exigió que los otros hicieran lo mismo. Quizá se refiera también a esto mismo aquello que se nos dice del buen samaritano que condujo al que había encontrado herido a la posada y dijo al posadero: Si gastas algo más, ya te lo abonaré a mi vuelta.

¿Qué más debemos añadir sobre estos pastores que no andan tras la leche de sus rebaños? Sin duda debemos afirmar que son más misericordiosos o, mejor dicho, que realizan con más largueza su deber de mostrar misericordia. Pueden obrar así y, según esta posibilidad que tienen, así obran. Alabemos a los que actúan de esta manera, pero no condenemos a los que se comportan de otro modo. Ya que el mismo Apóstol, aunque no buscaba los bienes que se le ofrecían, deseaba, sin embargo, que las ovejas dieran su fruto y no las quería estériles ni sin leche.

RESPONSORIO    Ez 34, 15-16

R. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -dice el Señor-. * Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas.
V. Curaré a las enfermas y cuidaré de las fuertes y robustas.
R. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros tus ojos de bondad y haz que te sirvamos con todo el corazón, para que experimentemos los efectos de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

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