viernes, 22 de septiembre de 2017

PREPÁRATE PARA LAS PRUEBAS

Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores
(Sermón 46, 10-11: CCL 41, 536-538)

Oísteis ya qué cosas buscan los malos pastores. Considerad ahora también lo que descuidan. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas, es decir, a las que sufren; no recogéis las descarriadas, ni buscáis a las perdidas y maltratáis brutalmente a las fuertes, destrozándolas y llevándolas a la muerte. Pues si la oveja está enferma, es decir, si tiene el corazón enfermo, y se presenta ante ella un hombre incauto y mal preparado, la oveja puede caer en la tentación.

El pastor negligente cuando se presenta la prueba no dice a la oveja: Hijo mío, si te llegas a servir al Señor, prepárate para las pruebas; mantén el corazón firme, sé valiente. Quien de esta forma habla da ánimo al débil y hace fuerte al que flaqueaba, afianzándole de tal modo en la fe que ya no pone más su esperanza en los éxitos de este mundo. Pues si se acostumbrara a poner su esperanza en los éxitos de este mundo, estos mismos éxitos lo llevarían a la perdición, ya que al sobrevenir las adversidades se conturbaría ante ellas y aun quizá decaería totalmente.

Este tal no construye ciertamente sobre roca firme, sino sobre arena movediza. La roca, en efecto, era Cristo. Por ello los cristianos deben imitar los sufrimientos de Cristo y no ir nunca tras las delicias del mundo. El débil queda confortado cuando oye que le dicen: «No te faltarán en este mundo las pruebas, pero, si tu corazón no se aparta del Señor, él te librará de todos tus males. Pues fue para confortar tu corazón que vino el Señor al mundo y por ti quiso padecer y morir; por ti recibió salivazos en su rostro y fue coronado de espinas; por ti recibió oprobios y murió finalmente en una cruz. Todo esto quiso sufrirlo por ti sin que tú hicieras nada, y él quiso sufrir todas estas cosas no para su propio bien, sino pensando sólo en ti.»

¿Te imaginas qué clase de pastores son aquellos que, para no disgustar a sus oyentes, dejan no sólo de prepararlos para las pruebas, sino que incluso llegan a prometerles una felicidad que ni el mismo Señor jamás prometió? El Señor anunció sufrimientos y trabajos sin medida hasta el fin de los tiempos, y tú, ¿pretendes que el cristiano puede vivir exento del sufrimiento? Por el solo hecho de ser cristiano el hombre sufrirá en este mundo más que sus semejantes.

En efecto, el Apóstol dice: Todos los que aspiran a vivir en Cristo Jesús, en conformidad con la voluntad de Dios, padecerán persecuciones. Si, pues, te agrada así, insensato pastor que buscas tus intereses personales, no los de Cristo Jesús, deja a tu Señor que diga: Todos los que aspiran a vivir en Cristo Jesús, en conformidad con la voluntad de Dios, padecerán persecuciones, y tú vas diciendo: «Si vives en Cristo Jesús, en conformidad con la voluntad de Dios, abundarás en toda clase de bienes: si no tienes hijos, los tendrás y podrás alimentarlos opíparamente y ninguno de ellos se te morirá.» ¿Es ésta tu manera de edificar? Fíjate bien cómo construyes, qué fundamentos pones. Estás edificando sobre arena. Caerá la lluvia, se precipitarán los torrentes, soplarán los vientos y darán sobre esta casa que se derrumbará con la ruina más completa.

Arranca, pues, a tus ovejas de este fundamento de arena y colócalas sobre la roca; quien desee ser cristiano debe estar cimentado sobre Cristo. Espere, pues, los sufrimientos humillantes de Cristo, esté atento a imitar a aquel, que, sin haber cometido pecado, no devolvió mal por mal, y escuche la Escritura que le dice: El Señor azota a todo el que por hijo acoge. Que el cristiano, pues, o bien se prepare para ser azotado, o bien renuncie a ser acogido.

RESPONSORIO    1Ts 2, 4. 3

R. Así como hemos sido juzgados aptos por Dios para confiarnos el Evangelio, así lo predicamos. * No buscamos agradar a los hombres, sino a Dios.
V. Nuestra exhortación no procede del error, ni de la impureza, ni con engaño.
R. No buscamos agradar a los hombres, sino a Dios.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Lectura espiritual: JESÚS LO VIO Y, PORQUE LO AMÓ, LO ELIGIÓ

De las Homilías de san Beda el Venerable, presbítero
(Homilía 21: CCL 122, 149-151) 

Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme. «Sígueme», que quiere decir: «imítame.» Le dijo: «Sígueme», más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que está siempre en Cristo debe andar de continuo como él anduvo. 

Él -continúa el texto sagrado- se levantó y lo siguió. No hay que extrañarse del hecho de que aquel recaudador de impuestos, a la primera indicación imperativa del Señor, abandonase su preocupación por las ganancias terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhiriese al grupo que acompañaba a aquel que él veía carecer en absoluto de bienes. Es que el Señor, que lo llamaba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en su mente la luz de la gracia espiritual, para que comprendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el cielo un tesoro incorruptible. 

Y sucedió que, estando Jesús a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores vinieron a colocarse junto a él y a sus discípulos. La conversión de un solo publicano fue una muestra de penitencia y de perdón para muchos otros publicanos y pecadores. Ello fue un hermoso y verdadero presagio, ya que Mateo, que estaba destinado a ser apóstol y maestro de los gentiles, en su primer trato con el Señor arrastró en pos de sí por el camino de la salvación a un considerable grupo de pecadores. De este modo, ya en los inicios de su fe, comienza su ministerio de evangelizador que luego, llegado a la madurez en la virtud, había de desempeñar. Pero, si deseamos penetrar más profundamente el significado de estos hechos, debemos observar que Mateo no sólo ofreció al Señor un banquete corporal en su casa terrena, sino que le preparó, por su fe y por su amor, otro banquete mucho más grato en la casa de su interior, según aquellas palabras del Apocalipsis: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre la puerta entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.

Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado prestamos nuestra asentimiento a sus advertencias, ya vengan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra lo que conocemos que es voluntad suya. Él entra para cenar con nosotros y nosotros con él, porque por el don de su amor habita en el corazón de los elegidos para saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas celestiales y deleitándose él mismo en estos deseos como en un manjar sabrosísimo.

RESPONSORIO     

R. fue Mateo un hábil escriba, doctísimo en la ley del Dios del cielo, * adiestró su corazón para investigar la ley del Señor, para practicar y enseñar sus mandatos, según el don que él le otorgó misericordiosamente.
V. A él fue confiado el Evangelio de la gloria de Dios.
R. Adiestró su corazón para investigar la ley del Señor, para practicar y enseñar sus mandatos, según el don que él le otorgó misericordiosamente.

sábado, 24 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN DE LOS GOZOS DE LA NOVENA DE NAVIDAD IV


¡Oh, lumbre de Oriente, sol de eternos rayos,
que entre las tinieblas tu esplendor veamos!
Niño tan precioso, dicha del cristiano,
luzca la sonrisa de tus dulces labios.


Es decir: en medio de las tinieblas de este mundo, sólo Jesús es nuestra luz.
Son muchas las veces en que la Palabra de Dios identifica a Jesús con la luz, de las que destaca particularmente una:
"Por la entrañable misericordia de Dios, nos visitará EL SOL QUE NACE DE LO ALTO para iluminar a los que viven en tiniebla y sombra de muerte" (Lc 1, 78-79) que son las palabras de Zacarías al ser inspirado a profetizar por la fuerza del Espíritu Santo.
El sol, es para nosotros la fuente de la mayor luz, desde el momento en que se asoma como "lumbre" (luz) de oriente, es decir, al amanecer. Se parece un poco esta imagen, al encuentro de Dios con el hombre; luego de vivir un tiempo en la oscuridad del pecado, viene Jesús que es nuestra luz y nos visita, tal como luego de la oscuridad de la noche, aparece el sol por el oriente.
Pero la diferencia entre el sol y Jesús es que nuestro sol no brilla por siempre, sino que pasadas las horas vuelve a ocultarse; en cambio Jesús, una vez le permitimos iluminar nuestra vida, nos enciende tanto el corazón que no le abandonaremos aún cuando venga la peor de las tempestades... esta forma de actuar tiene dos nombres, que ya conocemos: FE (seguir creyendo aunque no "sintamos" nada) y ESPERANZA (confiar en que incluso en la peor de las dificultades, venceremos de la mano de Dios). La luz de Cristo no es temporal, porque Él es un sol de rayos eternos y permanecerá en nuestro corazón permanentemente, aunque nuestra vida atraviese "noches espirituales".
¿Cómo saber si Jesús es nuestra luz?
Jesús es nuestra luz si actuamos siempre como en plena luz del día: radiantes, sin ocultar nada, y sin dar la espalda a nada, con la particular señal de la iluminación: la alegría, ya que Jesús es para cada cristiano, motivo de gozo.

viernes, 23 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN DE LOS GOZOS DE LA NOVENA DE NAVIDAD III


"¡Del débil auxilio, del doliente amparo,
consuelo del triste, luz del desterrado!
¡Vida de mi vida, mi dueño adorado,
mi constante amigo, mi divino hermano!"


Es decir: Jesús es a quien debemos acudir siempre.
Él mismo nos dice "vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, que yo les daré descanso" (Mt 11, 28) ya que su yugo es "llevadero y su carga ligera".
Con frecuencia, vemos en las Escrituras la imagen de un Dios que defiende a los que sufren y a los débiles: huérfanos, viudas, leprosos, etc. Ya hemos visto como prefiere a los humildes en lugar de los soberbios, "a los hambrientos los colma de bienes mientras que a los ricos los despide vacíos" (Lc 1, 53) y en esa bella imagen del Antiguo Testamento: "los que antes tenían de sobra, ahora se alquilan por un pedazo de pan; pero los que tenían hambre, ahora ya no la tienen. La mujer que no podía tener hijos, ha dado a luz siete veces; pero la que tenía muchos hijos, ahora está completamente marchita." (1 Sam 2, 5). De esta manera Dios nos hace ver que es sensible con nuestros dolores, auxilia nuestra debilidad, nos consuela en nuestras tristezas, es nuestra luz cuando estamos lejos, es nuestra vida, nuestro amigo y nuestro compañero de camino.
Pero al Padre no le bastó con decirnos que sabe lo que es el dolor, sino que envió a su propio hijo, quien experimentó desde su propio nacimiento el dolor humano: nació en un establo con animales de granja, fue desplazado por la violencia de Herodes hacia tierra extranjera, fue despreciado, torturado, negado por sus propios amigos y muerto de forma injusta. Jesús sabe lo mucho que sufrimos porque él mismo lo experimentó, y no nos deja solos sino que ofrece acompañarnos en este caminar por este mundo, que muchas veces es un "valle de lágrimas".
Cuando nos sintamos tristes, traicionados, enfermos y deprimidos, no olvidemos que en la oración nos encontramos con Jesús, que es nuestro "constante amigo y divino hermano".

jueves, 22 de diciembre de 2016

MEDITACIÓN DE LOS GOZOS DE LA NOVENA DE NAVIDAD II


"¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano,
que a infantil alcance te rebajas sacro!
¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos
la prudencia que hace verdaderos sabios!"

Es decir: La sabiduría de Dios, con el nacimiento de Jesús, se hace cercana al hombre humilde. Es la sabiduría un especial atributo de Dios, es también don del Espíritu Santo y era la cualidad más madura en el sucesor del Rey David: Salomón.
La "sapiencia suma", es decir "el máximo conocimiento" de Dios "soberano" (todopoderoso) se expresa con toda su plenitud en la pequeñez de un niño. Esto debido a que Dios suele hacer sabios a las personas humildes, no a las orgullosas. El Señor "que ha ocultado estos misterios a los entendidos y los ha revelado a los sencillos" (Lc 10, 21) prefiere a los que piensan con sencillez, como los niños, de quienes es el reino de los cielos.
Dicen que algunas cosas o personas, aparecen en nuestra vida cuando no las estamos buscando... y de tal manera actúa Dios: da obsequios espirituales a sus hijos humildes (que no esperan nada) y no a los orgullosos (que creen que todo se lo merecen), porque los humildes al recibirlos se volverán agradecidos, en cambio los orgullosos al recibirlos se volverán soberbios.
Los ejemplos más hermosos de este misterio los encontramos en María y José. En María, la mujer más sencilla de todas se fija Dios para hacerla Madre del Salvador, y en José, un hombre discreto, que no hizo escándalo con el embarazo de su esposa, sino que decidió actuar "en secreto", se cumple aquello de que sólo la prudencia hace verdaderos sabios.

Compartir