miércoles, 16 de julio de 2014

El Escapulario de la Virgen del Carmen

Tomado de corazones.org

La Devoción del Monte Carmelo se origina desde el siglo VIII antes de Cristo, cuando el profeta Elías ascendió el monte santo del Carmelo en Palestina, y comenzó la larga tradición de la vida contemplativa, de oración y penitencia.

De esto surgen los Carmelitas, que eran un grupo de ermitaños que vivían en el Monte Carmelo en Palestina. Ellos se creían ser los hijos espirituales de Elías el profeta, e imitaban su estilo de vida contemplativa. Pero no solo tenían influencia de la espiritualidad de Elías (oración y penitencia), sino que a los Carmelitas se les conocía cuando llegaron a Europa por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella veían el complimiento del ideal de Elías. Llegaron incluso a llamárseles: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo".
Cuando hacían su profesión religiosa ellos se consagraban a Dios y a Maria, y el hábito que tomaban era en honor a la Virgen y como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a Ella.
Por la invasión de los serracenos los Carmelitas se vieron obligados a irse del Mt. Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y Ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar.
Los Carmelitas fueron encontrando bastante oposición en los lugares que deseaban fundar. En el año 1246, nombraron a St. Simon Stock como el general de la Orden. Este sabía que si no había una intervención de la Virgen, a la orden le quedaba muy poco tiempo para sobrevivir. Simón fue a Maria a ponerle la orden bajo su amparo ya que ellos le pertenecían. En su oración la llamo "La flor del Carmelo" y la "Estrella del Mar", le suplico la protección para toda la comunidad. En respuesta a esta ferviente oración, en 1251 se le aparece la Virgen y le da el escapulario para la orden: "Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno"
¿QUÉ ES EL ESCAPULARIO CARMELITA?
Es parte del hábito de los Carmelitas y es una réplica miniatura de ese hábito. Consiste en dos piezas de tela café conectada con unas cintas y que se utiliza bajo la ropa. Una pieza debe colgar por la espalda y la otra por el frente. Junto con el rosario y la medalla milagrosa el escapulario es uno de los más importantes sacramentales marianos.
Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia haya instituido para motivarnos a una vida más santa, piadosa y para aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado incluso al venial.
Por lo tanto, el escapulario al ser un sacramental, no nos da gracias por sí mismo, sino que las gracias se nos dan por el aumento de amor a Dios, y por la verdadera contrición del pecado, al cual el sacramental nos debe motivar. Si por el uso de un sacramental crecemos en amor a Dios y en santidad, entonces recibimos gracias.
Aunque el escapulario fue dado a los carmelitas, poco a poco muchos laicos fueron sintiendo el llamado de vivir una vida más comprometida con la espiritualidad carmelita y así se comenzó la cofradía del escapulario, donde se agregaban muchos laicos por medio de la devoción a la Virgen y al uso del escapulario.
¿PORQUE LE LLAMAMOS ESCAPULARIO?
La palabra escapulario viene del Latín "scapulae" que significa "hombros". Y como el escapulario cae de los hombros es que se le ha dado este nombre.
Significado Espiritual del Escapulario:
Es evidente que Maria quiere revelarnos de manera especial el escapulario. En las apariciones de Fatima, reporta Lucia, hoy Hermana Maria del Inmaculado Corazón, que en la última, la Virgen se apareció vestida con el hábito carmelita y con el escapulario en la mano. Y recordó que los verdaderos hijos de Ella lo usaran y que lo llevaran con reverencia. También que los que se consagraran a ella lo usaran como signo de dicha consagración.
El escapulariotiene 3 significados:
1) El amor y la protección maternal de Maria: el signo es una tela o manto pequeño. Vemos como Maria cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos. Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos. Nos cubre de la ignominia de nuestra desnudes espiritual.
Vemos en la Biblia:
*Dios cubrió con un manto a Adán y Eva después de que pecaron. (Manto signo de perdón)
*Jonás le dio su manto a David: símbolo de amistad
*Elías dio su manto a Eliseo y lo lleno de su espíritu en su partida.
*S. Pablo: revístanse de Cristo: vestirnos con el manto de sus virtudes.
2) Le pertenecemos a Ella: Llevamos una marca que nos hace sus hijos escogidos. El escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a Maria. Consagración: `pertenecer a Maria'. Reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, ensenar, moldear por Ella y en su corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo.
En 1950 Papa Pio XII escribió acerca del escapulario: "que sea tu signo de consagración al Inmaculado Corazón de María, lo cual estamos particularmente necesitando en estos tiempos tan peligrosos"
3) El suave yugo de Cristo: "Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontraran alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". (Mt 11:29 30)
El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar pero que Maria nos ayuda a llevar.
La Promesa:
"Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno".
Explicación de la Promesa:
Muchos Papas, santos y teólogos católicos han explicado que esta promesa significa que quien tenga la devoción al escapulario y lo use, recibirá de ella a la hora de la muerte: la gracia de la perseverancia en el estado de gracia o la gracia de la contrición. O sea que el escapulario no es una barita mágica que nos libra del infierno, sino que Maria como dispensadora de gracias, nos ayudara a morir en estado de gracia o sea sin pecado grave o morir habiendo tenido un auténtico arrepentimiento.
Testimonio: “un sacerdote de Chicago fue llamado para ir a asistir a un moribundo que había estado lejos de su fe y de los sacramentos por muchos anos. El moribundo no quiso recibirlo, ni hablar con él. Pero el sacerdote insistió y le enseñó el escapulario que llevaba. Le pregunto si le permitiría ponérselo. El hombre acepto con tal que el sacerdote lo dejara en paz. Una hora más tarde el moribundo mando a llamar al sacerdote pues deseaba confesarse y morir en gracia y amistad con Dios"
El mismo día que S. Simon Stock recibió de Maria el escapulario y la promesa, él fue llamado a asistir a un moribundo que estaba desesperado. Cuando llego puso el escapulario sobre el hombre, pidiéndole a la Virgen que mantuviera la promesa que le acababa de hacer. Inmediatamente el hombre se arrepintió, se confesó y murió en gracia de Dios"
Alerta:
Los Papas y Santos han muchas veces alertado acerca de no abusar de la promesa de nuestra madre y usar el escapulario como una manera fácil de evadir la conversión. El Papa Pio XI: "aunque es cierto que la Virgen Maria ama de manera especial a quienes son devotos de ella, aquellos que desean tenerla como auxilio a la hora de la muerte, deben en vida ganarse dicho privilegio con una vida de rechazo al pecado y viviendo para darle honor"
Es inconcebible que alguien quien deliberadamente comete pecado, contando en la Promesa del Escapulario de salvarlo, moriría usándolo. Vivir en pecado y usar el escapulario como ancla de salvación es cometer pecado de presunción.
Testimonio: Durante la guerra civil en 1930, siete comunistas fueron sentenciados a muerte por sus crímenes. Un sacerdote Carmelita trato de prepararlos. Ellos se negaron. Después de tratar de hacerlo a través de visitas amistosas, él les pregunto: ¿me dejarían ponerles unos escapularios? seis de ellos aceptaron pero uno no. Los seis fueron a confesión excepto el séptimo que no quiso usarlo. Cuando llego el momento de la ejecución, el séptimo hombre dijo claramente que él no deseaba hablar con ningún sacerdote, aunque andaba colgado el escapulario. Finalmente, dispararon y siete hombres sin vida cayeron al suelo. Misteriosamente, un escapulario fue encontrado aproximadamente a 50 pasos de los cuerpos. Al revisar los cuerpos, seis hombres murieron con el escapulario, menos el séptimo.
El Beato Claudio de Colombiere (director de St. Margarita Maria) nos explica: 'tu preguntas ¿y si yo quisiera morir con mis pecados?, yo te respondo, `entonces morirás en pecado' pero no morirás con tu escapulario".
El Privilegio Sabatino: (sábado)
Este privilegio se basa en una bula o edicto que fue proclamada por el Papa Juan XXII en Marzo 3, 1322. Este privilegio le fue anunciado en una aparición que el Papa recibió de la Virgen y consiste en la liberación del purgatorio el primer sábado (día que la Iglesia ha dedicado a la Virgen) después de la muerte a través de una intercesión especial de la Virgen.
Condiciones: (para que aplique este privilegio)
1) que usen el escapulario con fidelidad
2) observar castidad de acuerdo al estado de vida
3) rezo del oficio de la Virgen (oraciones y lecturas en honor a la Virgen) o rezar diariamente 5 décadas del rosario.
El Papa Pablo V confirmo en una proclamación oficial que se podía ensenar acerca del privilegio sabatino a todos los creyentes.
Imposición del Escapulario:
El primer escapulario debe ser bendecido por un sacerdote e impuesto por el mientras dice: "recibe este escapulario bendito y pide a la Virgen Santísima que por sus méritos, lo lleves sin ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve a la vida eterna"
San Alfonso Liguori: "heréticos modernos se burlan del escapulario como si fuera algo anticuado y sin sentido"
Pero todos sabemos que muchos Papas lo han aprobado y recomendado. Gregorio X fue enterrado con su escapulario. 600 años más tarde cuando abrieron su tumba, su escapulario estaba intacto.
S. Alfonso Liguori y S. Juan Bosco: tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y usaban el escapulario. Cuando murieron los enterraron con sus vestiduras sacerdotales y con su escapulario. Muchos anos después cuando abrieron sus tumbas encontraron que todo era ceniza, excepto sus escapularios, estaban intactos.
Recordemos si, que el escapulario es un signo del amor y protección maternal de Maria y de su llamada a una vida de santidad y sin pecado.
Usar el escapulario es una respuesta de amor a la Madre que vino a darnos un regalo de su misericordia. Debemos usarlo como recordatorio que le pertenecemos a ella, que deseamos imitarla y vivir en gracia bajo su manto protector.

sábado, 24 de mayo de 2014

¿Quién es quien entre los cristianos de Tierra Santa?

Tomado de Infocatólica
Pequeña guía para conocer mejor la presencia cristiana en Tierra Santa
El peregrino que llega a Tierra Santa se puede sentir confundido por la variedad y diversidad de iglesias, ritos, vestiduras y ornamentos litúrgicos y hasta tipos de escritura que puede encontrar, sobre todo en Jerusalén. Debido al interés por la presencia cristiana en esta región que está despertando la visita del Papa Francisco, puede ser oportuno contar con un resumen de las comunidades cristianas presentes en la tierra de Jesús.
(Alfa y Omega) Latinos que rezan en árabe, ortodoxos, sacerdotes orientales barbudos y con llamativos ornamentos de colores pero que están en comunión con Roma, comunidades que siguen rezando en el idioma de Jesús... Ante la visita del Papa Francisco a Tierra Santa, Alfa y Omega ofrece una pequeña guía para conocer mejor la presencia cristiana en Tierra Santa.
Las denominaciones cristianas en Tierra Santa se dividen en cuatro grandes grupos. Por un lado, se encuentra la Iglesia católica, representada tanto por el Patriarcado Latino y la Custodia Franciscana (de rito romano) como por cinco Iglesias católicas de rito oriental (greco-melquitas, maronitas, siro-católicos, armenios y caldeos).
Un segundo grupo son las Iglesias monofisistas, las primeras en separarse de la comunión eclesial, a raíz de las disputas teológicas en torno a los concilios de Éfeso (431) y Calcedonia (451). Estas iglesias sostienen que en Cristo existe la naturaleza divina y la humana sin separación, pero que la humana se pierde en la divina.
El tercer gran grupo son las Iglesias ortodoxas, separadas tras el Cisma de Oriente (1054), sobre todo la ortodoxa griega y la ortodoxa rusa.
Un cuarto grupo, el de presencia más reciente, son las comunidades eclesiales surgidas de la Reforma protestante.
Varias de estas iglesias tienen al frente a un patriarca. Otras dependen de un obispo, ya sea con esa denominación o la de arzobispo, o exarca -término que se puede referir a una posición intermedia entre el patriarca y el metropolitano, o bien como equivalente a un vicario apostólico-. La mayoría de los cabezas de estas Iglesias integran el grupo que se reúne cada dos meses para reflexionar y buscar posiciones comunes, y que, desde 1994, elabora un mensaje conjunto para todos los fieles en Navidad y Pascua.

Iglesia católica

Patriarcado Latino de Jerusalén
Fieles: 82.000 (incluye 45.000 inmigrantes asiáticos)
Cabeza: Su Beatitud Fuad Twal
El Patriarcado Latino se estableció por primera vez en Tierra Santa en 1099, durante las Cruzadas, aunque sólo sobrevivió 90 años. Fue reestablecido en 1847 por Pío IX. Los católicos de rito latino son sobre todo árabes palestinos, aunque es el grupo cristiano que más está aumentando, gracias a la llegada de inmigrantes de Asia e Hispanoamérica. El Patriarcado tiene también un vicario dedicado a la pastoral en hebreo, que atiende a los judíos conversos, católicos casados con judíos e inmigrantes que se han integrado en la sociedad y la cultura hebrea.
Custodia de Tierra Santa (Franciscanos)
Cabeza: Padre Pierbattista Pizzaballa, Custodio
Debido al interés de los Franciscanos por Tierra Santa (región que san Francisco visitó entre 1219 y 1220), un siglo más tarde (1342) el Papa Clemente VI otorgó a los frailes menores la custodia de Tierra Santa. Su sede central está en el monasterio de San Salvador, al lado de la Puerta Nueva. Se trata, además, de la única parroquia latina de la Ciudad Vieja. También tienen la posesión de alguna capilla del Santo Sepulcro.
Además de los franciscanos, en Tierra Santa tienen presencia cien congregaciones religiosas, 70 femeninas y 30 masculinas.
Iglesia católica greco-melquita
Fieles: 77.000
Cabeza: monseñor Joseph - Jules Zerey, vicario patriarcal en Jerusalén
La palabra melquita significa legitimista, realista. Forman la segunda Iglesia más grande de Tierra Santa, aunque están presentes, sobre todo en Galilea; en Jerusalén sólo hay una pequeña comunidad. Comparten la liturgia bizantina de la Iglesia ortodoxa griega, que abandonaron para volver a la comunión con Roma en 1724.
En Jerusalén, destaca su iglesia partriarcal de la Anunciación, dentro de la Puerta de Jaffa, cubierta totalmente por frescos.
Iglesia maronita
Fieles: 7.250
Cabeza: monseñor Paul Nabil Sayah, arzobispo de Haifa y Tierra Santa
La Iglesia maronita es la comunidad cristiana más importante del Líbano, y es la única Iglesia oriental que siempre ha estado en comunión con Roma. Fue fundada por san Marón, un eremita sirio del siglo V. Utilizan el arameo en la liturgia. En Israel, los maronitas están presentes sobre todo en Galilea, por la proximidad con el Líbano; aunque tienen un vicariato en la Ciudad Vieja de Jerusalén.
Iglesia siro-católica
Fieles: 330
Cabeza: Su Gracia Gregor Peter Malki, exarca
Los siro-católicos se desvincularon de la Iglesia Siria -con la que comparten el origen y la liturgia en arameo- y están en comunión con Roma desde la década de 1780.
Iglesia católica armenia
Fieles: 350
Cabeza: Su Excelencia Raphael Minassian, exarca
Los católicos armenios volvieron a la comunión con Roma en 1742, y conservan gran parte de su liturgia. En Jerusalén, la sede del exarcado patriarcal se encuentra en la tercera estación de la Vía Dolorosa.
Iglesia caldea
Fieles: datos no disponbiles
La Iglesia caldea, separada de la Iglesia oriental asiria en 1552, es la Iglesia mayoritaria en Iraq e Iran, donde vive la mayoría de sus miembros. Hay una comunidad importante de inmigrantes en Jordania, y tienen un exarcado en Jerusalén, establecido en 1908, aunque ahora está vacante y no tienen representante en el grupo de cabezas de las Iglesias.

Iglesias ortodoxas

Iglesia greco-ortodoxa
Fieles: 66.000
Cabeza: Teófilo III, Patriarca de Jerusalén
Su Patriarca afirma ser sucesor directo del apóstol Santiago, primer obispo de Jerusalén. Los sacerdotes son casados, procedentes de Grecia en el Estado de Israel, y Árabe en Jordania y Siria. Sus fieles son árabes en su mayoría.
Tienen gran parte de los derechos sobre las basílicas del Santo Sepulcro y de la Natividad. La iglesia de San Juan Bautista, de Jerusalén, es uno de los templos más antiguos de la ciudad, pues fue construido originalmente en el siglo V.
Iglesia ortodoxa rusa
A pesar de haber peregrinos rusos en Tierra Santa desde el siglo XI, no fue hasta el siglo XIX cuando el Patriarcado de Moscú estableció sus propias instituciones en la región. Las peregrinaciones hoy siguen siendo muy numerosas. Los principales templos ortodoxos rusos son la iglesia de Santa María Magdalena en el Monte de los Olivos, identificable sobre todo por sus doradas cúpulas de cebolla, y la catedral de la Santísima Trinidad, en el Recinto Ruso, en Jerusalén.
También hay en Tierra Santa un pequeño grupo de clérigos ortodoxos rumanos, responsables de la atención pastoral a los inmigrantes de esta nacionalidad.

Iglesias monofisistas

Iglesia armenia
Fieles: 3.150
Cabeza: Su Beatitud Nourhan Manougian, Patriarca de Jerusalén
Es la Iglesia nacional más antigua, puesto que Armenia fue la primera nación en convertirse al cristianismo, en el año 301 d.C. Dicen ser la Iglesia que ha estado más tiempo presente en Jerusalén de forma ininterrumpida.
El barrio armenio ocupa un sexto de la Ciudad Vieja. Entre sus principales templos, está la catedral de Santiago, construida sobre la antigua iglesia en la que los armenios creen que está enterrada la cabeza de Santiago el Mayor.
Iglesia copta
Fieles: 2.000
Cabeza: Su Gracia Dr. Anba Abraham, Patriarca de Jerusalén y Oriente Medio
Se trata de la Iglesia cristiana más grande de Oriente Medio. Su origen está en Alejandría (actual Egipto), y en el evangelista san Marcos. Celebran la liturgia en copto, la antigua lengua de Egipto, con las lecturas en árabe.
En Jerusalén, sus templos más importantes son la iglesia de San Antonio, cerca de la novena estación de la Vía Dolorosa, y la minúscula capilla en la parte de atrás de la tumba de Cristo, en el Santo Sepulcro.
Iglesia etíope
Fieles: 200
Cabeza: Su Gracia Abba Kwestos, arzobispo
Según la tradición, el cristianismo llegó a Etiopía a través del eunuco bautizado por el diácono Felipe en los Hechos de los Apóstoles (Hch. 8, 26-40). Pero ya había judíos en Etiopía desde antes, supuestamente por influencia de la reina de Saba, que visitó al rey Salomón. Por eso, la Iglesia etíope conserva algunas prácticas judías, como la circuncisión y el usar pan recién cocido para la comunión.
Su iglesia más grande en Jerusalén es el monasterio circular Dabra Gannat, y también tienen dos capillas, muy humildes, en el Santo Sepulcro.
Iglesia siria-ortodoxa
Fieles: 1.350
Cabeza: Su Gracia Mar Swerios Malki Murad, arzobispo
Sus orígenes están en la comunidad de Antioquía (de Siria, hoy parte de Turquía), existente ya desde el siglo I. También afirman que su primer patriarca fue el apóstol Pedro, que estuvo en esa ciudad antes de dirigirse a Roma.
La denominación sirio no es un indicador geográfico, sino que se refiere al uso del idioma siro-arameo, dialecto de la lengua utilizada en la Palestina del siglo I.
Uno de sus principales templos es la iglesia de San Marcos, que -afirman- está construida sobre el lugar donde estaba el Cenáculo.

Comunidades reformadas

Iglesia luterana
Fieles: 1.850
Cabeza: obispo Munib A. Younan
En 1841, anglicanos y luteranos acordaron crear una diócesis compartida en Oriente Medio, de carácter misionero. El intento terminó en 1886. Hoy ambas iglesias tienen su propio obispo, en ambos casos árabe palestino. Tienen cinco comunidades entre Jerusalén, Ramala y Belén, y una en Amán. No están presentes en el Santo Sepulcro de Jerusalén, aunque a finales del siglo XIX construyeron, cerca de él, la iglesia del Redentor. El terreno para ello fue un regalo que hizo, en 1869, el sultán otomano Abdulá al kaiser Guillermo I, que fue quien inauguró el templo en 1892.
Iglesia anglicana
Fieles: 1.500
Cabeza: obispo Suheil Dawani
En Tierra Santa, los anglicanos tienen la catedral y la facultad de San Jorge. Otra iglesia importante es la iglesia del Cristo, terminado en 1849 y que es el primer templo de la Reforma en Tierra Santa.
En Tierra Santa tiene presencia otras comunidades reformadas, como los baptistas, la Iglesia de Escocia (presbiterianos), pentecostales y adventistas.

martes, 11 de marzo de 2014

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2014

 

Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9)

Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de san Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de san Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?
La gracia de Cristo
Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se “vació”, para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).
La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice san Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica. ¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, san Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).
¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura. La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su “yugo llevadero”, nos invita a enriquecernos con esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).
Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.
Nuestro testimonio
Podríamos pensar que este “camino” de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.
A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual. La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.
No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente. Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.
El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza! Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.
Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.
Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.

Vaticano, 26 de diciembre de 2013
Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir

FRANCISCO

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