La
sensibilidad que el Santo
Padre tiene hacia las Liturgias del Oriente Cristiano nace del trato que
tuvo en Argentina con los diversos Ritos allí presentes. El Papa
Francisco
fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires el 3 de junio de 1997 y, tras
la muerte del Cardenal Quarracino, se convirtió en el Arzobispo Primado de
Argentina el 28
de febrero de 1998; será este mismo año cuando reciba el
nombramiento de "Ordinario de los Fieles de Rito Oriental" en
Argentina.† El Combate Espiritual
Apologética, Liturgia, Oraciones, Magisterio, Formación Católica y Noticias.
lunes, 20 de mayo de 2013
El Papa Francisco y las Liturgias Orientales
Tomado de Lex orandi
La
sensibilidad que el Santo
Padre tiene hacia las Liturgias del Oriente Cristiano nace del trato que
tuvo en Argentina con los diversos Ritos allí presentes. El Papa
Francisco
fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires el 3 de junio de 1997 y, tras
la muerte del Cardenal Quarracino, se convirtió en el Arzobispo Primado de
Argentina el 28
de febrero de 1998; será este mismo año cuando reciba el
nombramiento de "Ordinario de los Fieles de Rito Oriental" en
Argentina.
Esta "diócesis" tiene
jurisdicción sobre los fieles de Rito Oriental que no tienen un "ordinario
propio" en todo el pais. En la actualidad, por ejemplo, tienen ordinario propio los fieles
greco-católicos ucranianos. Sviatoslav Ševčuk, actual Arzobispo Mayor
de Kiev-Halyč, es decir, de los Greco-Católicos ucranianos, era uno de estos
dos Ordinarios; fue nombrado por el Papa Benedicto XVI, el 14 de enero de 2009,
como Obispo titular de Castra de Galba y auxiliar de la Eparquia de Santa
María del Patrocinio de Buenos Aires.
La
sensibilidad que el Santo
Padre tiene hacia las Liturgias del Oriente Cristiano nace del trato que
tuvo en Argentina con los diversos Ritos allí presentes. El Papa
Francisco
fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires el 3 de junio de 1997 y, tras
la muerte del Cardenal Quarracino, se convirtió en el Arzobispo Primado de
Argentina el 28
de febrero de 1998; será este mismo año cuando reciba el
nombramiento de "Ordinario de los Fieles de Rito Oriental" en
Argentina.lunes, 13 de mayo de 2013
EL PAPA RECIBE AL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DE COLOMBIA: PROSEGUIR LAS NEGOCIACIONES PARA EL PROCESO DE PAZ
Ciudad
del Vaticano, 13 mayo 2013
(VIS).- Esta mañana el Santo Padre Francisco ha recibido en
audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano, al Presidente de la
República de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón. Sucesivamente,
el Presidente Santos ha encontrado al cardenal Tarcisio Bertone,
Secretario de Estado, a quien acompañaba el arzobispo Dominique
Mamberti, Secretario para las Relaciones con los Estados.
En
el curso de las conversaciones, que se han desarrollado en una
atmósfera de cordialidad, se ha hablado de la figura de la Madre
Laura Montoya Upegui, primera santa colombiana y fecunda intérprete
de las raíces cristianas del País, canonizada ayer domingo, en la
Plaza de San Pedro. También se ha hablado de la aportación de la
Iglesia a la promoción de la “cultura del encuentro” y de sus
obras al servicio del progreso humano y espiritual del País, en
particular, de los más necesitados y de los jóvenes.
Se
han analizado los retos a los que el País se enfrenta, sobre todo
por lo que respecta a las desigualdades sociales. Tampoco ha faltado
una referencia al proceso de paz en curso y a las víctimas del
conflicto, y se ha manifestado el deseo de que las partes implicadas
prosigan las negociaciones, animadas por una sincera búsqueda del
bien común y de la reconciliación.
Por
último se ha reiterado el compromiso de la Iglesia en favor de la
vida y de la familia
domingo, 12 de mayo de 2013
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO CON OCASIÓN DE LAS CANONIZACIONES DEL 12 MAYO 2013.
Queridos hermanos y hermanas:
En este séptimo domingo del Tiempo Pascual, nos reunimos con alegría para celebrar una fiesta de la santidad. Damos gracias a Dios que ha hecho resplandecer su gloria, la gloria del Amor, en los Mártires de Otranto, la Madre Laura Montoya y la Madre María Guadalupe García Zavala. Saludo a todos los que habéis venido a esta fiesta —de Italia, Colombia, México y otros países— y os lo agradezco. Miremos a los nuevos santos a la luz de la Palabra de Dios que ha sido proclamada. Una palabra que nos invita a la fidelidad a Cristo, incluso hasta el martirio; nos ha llamado a la urgencia y la hermosura de llevar a Cristo y su Evangelio a todos; y nos ha hablado del testimonio de la caridad, sin la cual, incluso el martirio y la misión pierden su sabor cristiano.
1. Los Hechos de los Apóstoles, cuando hablan del diácono Esteban, el protomártir, insisten en decir que él era un hombre «lleno del Espíritu Santo» (6,5; 7,55). ¿Qué significa esto? Significa que estaba lleno del amor de Dios, que toda su persona, su vida, estaba animada por el Espíritu de Cristo resucitado hasta el punto de seguir a Jesús con fidelidad total, hasta hasta la entrega de sí mismo.
Hoy la Iglesia propone a nuestra veneración una multitud de mártires, que en 1480 fueron llamados juntos al supremo testimonio del Evangelio. Casi 800 personas, supervivientes del asedio y la invasión de Otranto, fueron decapitadas en las afueras de la ciudad. No quisieron renegar de la propia fe y murieron confesando a Cristo resucitado. ¿Dónde encontraron la fuerza para permanecer fieles? Precisamente en la fe, que nos hace ver más allá de los límites de nuestra mirada humana, más allá de la vida terrena; hace que contemplemos «los cielos abiertos» –como dice san Esteban – y a Cristo vivo a la derecha del Padre. Queridos amigos, conservemos la fe que hemos recibido y que es nuestro verdadero tesoro, renovemos nuestra fidelidad al Señor, incluso en medio de los obstáculos y las incomprensiones. Dios no dejará que nos falten las fuerzas ni la serenidad. Mientras veneramos a los Mártires de Otranto, pidamos a Dios que sostenga a tantos cristianos que, precisamente en estos tiempos, ahora, y en tantas partes del mundo, todavía sufren violencia, y les dé el valor de ser fieles y de responder al mal con el bien.
2. La segunda idea la podemos extraer de las palabras de Jesús que hemos escuchado en el Evangelio: «Ruego por los que creerán en mí por la palabra de ellos, para que sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros» (Jn 17,20). Santa Laura Montoya fue instrumento de evangelización primero como maestra y después como madre espiritual de los indígenas, a los que infundió esperanza, acogiéndolos con ese amor aprendido de Dios, y llevándolos a Él con una eficaz pedagogía que respetaba su cultura y no se contraponía a ella. En su obra de evangelización Madre Laura se hizo verdaderamente toda a todos, según la expresión de san Pablo (cf. 1 Co 9,22). También hoy sus hijas espirituales viven y llevan el Evangelio a los lugares más recónditos y necesitados, como una especie de vanguardia de la Iglesia.
Esta primera santa nacida en la hermosa tierra colombiana nos enseña a ser generosos con Dios, a no vivir la fe solitariamente - como si fuera posible vivir la fe aisladamente -, sino a comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida allá donde nos encontremos. En cualquier lugar donde estemos, irradiar esa vida del Evangelio. Nos enseña a ver el rostro de Jesús reflejado en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo, que corroe las comunidades cristianas y corroe nuestro propio corazón, y nos enseña acoger a todos sin prejuicios, sin discriminación, sin reticencia, con auténtico amor, dándoles lo mejor de nosotros mismos y, sobre todo, compartiendo con ellos lo más valioso que tenemos, que no son nuestras obras o nuestras organizaciones, no. Lo más valioso que tenemos es Cristo y su Evangelio.
3. Por último, una tercera idea. En el Evangelio de hoy, Jesús reza al Padre con estas palabras: «Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos y yo en ellos» (Jn 17,26). La fidelidad hasta la muerte de los mártires, la proclamación del Evangelio a todos se enraízan, tienen su raíz, en el amor de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (cf. Rm 5,5), y en el testimonio que hemos de dar de este amor en nuestra vida diaria. Santa Guadalupe García Zavala lo sabía bien. Renunciando a una vida cómoda – cuánto daño hace la vida cómoda, el bienestar; el aburguesamiento del corazón nos paraliza – y, renunciando a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús, enseñaba a amar la pobreza, para poder amar más a los pobres y los enfermos. Madre Lupita se arrodillaba en el suelo del hospital ante los enfermos y ante los abandonados para servirles con ternura y compasión. Y esto se llama «tocar la carne de Cristo». Los pobres, los abandonados, los enfermos, los marginados son la carne de Cristo. Y Madre Lupita tocaba la carne de Cristo y nos enseñaba esta conducta: non avergonzarnos, no tener miedo, no tener repugnancia a tocar la carne de Cristo. Madre Lupita había entendido que significa eso de «tocar la carne de Cristo». También hoy sus hijas espirituales buscan reflejar el amor de Dios en las obras de caridad, sin ahorrar sacrificios y afrontando con mansedumbre, con constancia apostólica (hypomonē), soportando con valentía cualquier obstáculo.
Esta nueva santa mexicana nos invita a amar como Jesús nos ha amado, y esto conlleva no encerrarse en uno mismo, en los propios problemas, en las propias ideas, en los propios intereses, en ese pequeño mundito que nos hace tanto daño, sino salir e ir al encuentro de quien tiene necesidad de atención, compresión y ayuda, para llevarle la cálida cercanía del amor de Dios, a través de gestos concretos de delicadeza y de afecto sincero y de amor.
Fidelidad a Jesucristo y a su Evangelio, para anunciarlo con la palabra y con la vida, dando testimonio del amor de Dios con nuestro amor, con nuestra caridad hacia todos: los santos que hemos proclamado hoy son ejemplos luminosos de esto, y esto nos ofrecer sus enseñanzas, pero que también cuestionan nuestra vida de cristianos: ¿Cómo es mi fidelidad al Señor? Llevemos con nosotros esta pregunta para pensarla durante la jornada: ¿Cómo es mi fidelidad a Cristo? ¿Soy capaz de «hacer ver» mi fe con respeto, pero también con valentía? ¿Estoy atento a los otros? ¿Me percato del que padece necesidad? ¿Veo a los demás como hermanos y hermanas a los que debo amar? Por intercesión de la Santísima Virgen María y de los nuevos santos, pidamos que el Señor colme nuestra vida con la alegría de su amor. Así sea.
En este séptimo domingo del Tiempo Pascual, nos reunimos con alegría para celebrar una fiesta de la santidad. Damos gracias a Dios que ha hecho resplandecer su gloria, la gloria del Amor, en los Mártires de Otranto, la Madre Laura Montoya y la Madre María Guadalupe García Zavala. Saludo a todos los que habéis venido a esta fiesta —de Italia, Colombia, México y otros países— y os lo agradezco. Miremos a los nuevos santos a la luz de la Palabra de Dios que ha sido proclamada. Una palabra que nos invita a la fidelidad a Cristo, incluso hasta el martirio; nos ha llamado a la urgencia y la hermosura de llevar a Cristo y su Evangelio a todos; y nos ha hablado del testimonio de la caridad, sin la cual, incluso el martirio y la misión pierden su sabor cristiano.
1. Los Hechos de los Apóstoles, cuando hablan del diácono Esteban, el protomártir, insisten en decir que él era un hombre «lleno del Espíritu Santo» (6,5; 7,55). ¿Qué significa esto? Significa que estaba lleno del amor de Dios, que toda su persona, su vida, estaba animada por el Espíritu de Cristo resucitado hasta el punto de seguir a Jesús con fidelidad total, hasta hasta la entrega de sí mismo.
Hoy la Iglesia propone a nuestra veneración una multitud de mártires, que en 1480 fueron llamados juntos al supremo testimonio del Evangelio. Casi 800 personas, supervivientes del asedio y la invasión de Otranto, fueron decapitadas en las afueras de la ciudad. No quisieron renegar de la propia fe y murieron confesando a Cristo resucitado. ¿Dónde encontraron la fuerza para permanecer fieles? Precisamente en la fe, que nos hace ver más allá de los límites de nuestra mirada humana, más allá de la vida terrena; hace que contemplemos «los cielos abiertos» –como dice san Esteban – y a Cristo vivo a la derecha del Padre. Queridos amigos, conservemos la fe que hemos recibido y que es nuestro verdadero tesoro, renovemos nuestra fidelidad al Señor, incluso en medio de los obstáculos y las incomprensiones. Dios no dejará que nos falten las fuerzas ni la serenidad. Mientras veneramos a los Mártires de Otranto, pidamos a Dios que sostenga a tantos cristianos que, precisamente en estos tiempos, ahora, y en tantas partes del mundo, todavía sufren violencia, y les dé el valor de ser fieles y de responder al mal con el bien.
2. La segunda idea la podemos extraer de las palabras de Jesús que hemos escuchado en el Evangelio: «Ruego por los que creerán en mí por la palabra de ellos, para que sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros» (Jn 17,20). Santa Laura Montoya fue instrumento de evangelización primero como maestra y después como madre espiritual de los indígenas, a los que infundió esperanza, acogiéndolos con ese amor aprendido de Dios, y llevándolos a Él con una eficaz pedagogía que respetaba su cultura y no se contraponía a ella. En su obra de evangelización Madre Laura se hizo verdaderamente toda a todos, según la expresión de san Pablo (cf. 1 Co 9,22). También hoy sus hijas espirituales viven y llevan el Evangelio a los lugares más recónditos y necesitados, como una especie de vanguardia de la Iglesia.
Esta primera santa nacida en la hermosa tierra colombiana nos enseña a ser generosos con Dios, a no vivir la fe solitariamente - como si fuera posible vivir la fe aisladamente -, sino a comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida allá donde nos encontremos. En cualquier lugar donde estemos, irradiar esa vida del Evangelio. Nos enseña a ver el rostro de Jesús reflejado en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo, que corroe las comunidades cristianas y corroe nuestro propio corazón, y nos enseña acoger a todos sin prejuicios, sin discriminación, sin reticencia, con auténtico amor, dándoles lo mejor de nosotros mismos y, sobre todo, compartiendo con ellos lo más valioso que tenemos, que no son nuestras obras o nuestras organizaciones, no. Lo más valioso que tenemos es Cristo y su Evangelio.
3. Por último, una tercera idea. En el Evangelio de hoy, Jesús reza al Padre con estas palabras: «Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos y yo en ellos» (Jn 17,26). La fidelidad hasta la muerte de los mártires, la proclamación del Evangelio a todos se enraízan, tienen su raíz, en el amor de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (cf. Rm 5,5), y en el testimonio que hemos de dar de este amor en nuestra vida diaria. Santa Guadalupe García Zavala lo sabía bien. Renunciando a una vida cómoda – cuánto daño hace la vida cómoda, el bienestar; el aburguesamiento del corazón nos paraliza – y, renunciando a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús, enseñaba a amar la pobreza, para poder amar más a los pobres y los enfermos. Madre Lupita se arrodillaba en el suelo del hospital ante los enfermos y ante los abandonados para servirles con ternura y compasión. Y esto se llama «tocar la carne de Cristo». Los pobres, los abandonados, los enfermos, los marginados son la carne de Cristo. Y Madre Lupita tocaba la carne de Cristo y nos enseñaba esta conducta: non avergonzarnos, no tener miedo, no tener repugnancia a tocar la carne de Cristo. Madre Lupita había entendido que significa eso de «tocar la carne de Cristo». También hoy sus hijas espirituales buscan reflejar el amor de Dios en las obras de caridad, sin ahorrar sacrificios y afrontando con mansedumbre, con constancia apostólica (hypomonē), soportando con valentía cualquier obstáculo.
Esta nueva santa mexicana nos invita a amar como Jesús nos ha amado, y esto conlleva no encerrarse en uno mismo, en los propios problemas, en las propias ideas, en los propios intereses, en ese pequeño mundito que nos hace tanto daño, sino salir e ir al encuentro de quien tiene necesidad de atención, compresión y ayuda, para llevarle la cálida cercanía del amor de Dios, a través de gestos concretos de delicadeza y de afecto sincero y de amor.
Fidelidad a Jesucristo y a su Evangelio, para anunciarlo con la palabra y con la vida, dando testimonio del amor de Dios con nuestro amor, con nuestra caridad hacia todos: los santos que hemos proclamado hoy son ejemplos luminosos de esto, y esto nos ofrecer sus enseñanzas, pero que también cuestionan nuestra vida de cristianos: ¿Cómo es mi fidelidad al Señor? Llevemos con nosotros esta pregunta para pensarla durante la jornada: ¿Cómo es mi fidelidad a Cristo? ¿Soy capaz de «hacer ver» mi fe con respeto, pero también con valentía? ¿Estoy atento a los otros? ¿Me percato del que padece necesidad? ¿Veo a los demás como hermanos y hermanas a los que debo amar? Por intercesión de la Santísima Virgen María y de los nuevos santos, pidamos que el Señor colme nuestra vida con la alegría de su amor. Así sea.
Benedicto XV, ese gran desconocido del siglo XX
Tomado de Temas de Historia de la Iglesia

UN PONTÍFICE MÁS FUERTE DE LO QUE SE ESPERABA
En el cónclave que comenzó el 1 de septiembre de 1914 para elegir al sucesor de San Pío X participaron 57 cardenales de los 65 que entonces formaban parte del Colegio Cardenalicio e hicieron falta 10 votaciones en tres días para llegar a un resultado. Había que elegir entre la línea más progresista de León XIII y aquella más conservadora del Papa Sarto y no faltaron tampoco intentos de influenciar la votación por parte de algunas naciones, como fue el caso del imperio austro-húngaro a través de una nota enviada por el ministro austriaco a su embajador en el Vaticano, aunque el difunto Pontífice había amenazado con excomunión al que aceptase dichas influencias.De hecho, Pío X, elegido que había sido elegido quizá gracias al veto austríaco al cardenal Rampolla, para evitar que en sucesivos cónclaves se hiciera uso del derecho de veto, había promulgado la constitución Commissum nobis, de 20 de enero de 1904, en la que se declaraba nulo y absolutamente prohibido el derecho de exclusiva o veto, aun cuando fuera expresado como deseo o mera indicación de la voluntad de cualquier potestad civil.
En
dicha constitución, Pío X dispuso bajo pena de pecado mortal y de
excomunión latae sententiae reservada al Papa, que ningún cardenal, ni
el secretario del cónclave, ni ninguno de cuántos intervienen en el
mismo: 1º, aceptaran de ningún poder civil el encargo de proponer el
veto o exclusiva, aunque se presentara en forma de simple deseo; 2º,
que, de cualquier manera que llegara a su conocimiento, lo dieran a
conocer de palabra, o por escrito, directa ni indirectamente, a todo el
Sacro Colegio reunido, ni a los cardenales en particular; 3º, que
cooperaran de alguno de esos modos o cualesquiera otros con las
intercesiones que las potestades civiles ejercitaran con la pretensión
de inmiscuirse en la elección del Romano Pontífice.Llegase o no la nota del ministro de exteriores austriaco a los cardenales reunidos en cónclave, no parece que influyera en los votantes. Lo cierto es que en la mente de todos ellos estaba el clima de guerra que ya reinaba en Europa y se procuró llegar a una conclusión rápida de la sede vacante. Sin embargo, la elección del Espíritu Santo no dejó de sorprender a muchos, que después de ver a un Papa lleno de energía como Giuseppe Sarto, vieron al recién elegido, Giacomo della Chiesa, no solamente de poca presencia -“il piccoleto” lo llamaban en la Curia- sino también de poca salud, pues tenía escoliosis, era pálido de rostro y en general tenía aspecto de poca salud.
Parece ser que algunos votaron por él precisamente por su aspecto y salud que hacían pensar en un pontificado breve y de transición, pero pronto se dieron cuenta que el recién elegido tenía mucha más energía de lo que parecía. Así, cuando pocos días después de comenzar su pontificado sustituyó a Merry del Val como Secretario de Estado nombrando al Cardenal Domenico Ferrata, filo-francés y de muy diferente estilo, no faltó quien en la Curia dijo aquella frase que se ha hecho famosa” “Abbiamo un Papa già ‘professo’, non un Papa ‘novizio’”.
Giacomo Della Chiesa había nacido en Génova el 21 de noviembre de 1854, en el seno de una familia de la alta nobleza: El padre, marqués, descendía de Berengario II y Calixto II; la madre era de una familia muy conocida del lugar, los Migliorati, y entre sus antepasados estaba Inocencio VII. Giacomo se licenció en leyes en su ciudad natal en 1875 y ese mismo año ingresó en el Colegio Capranica de Roma. Ordenado sacerdote en 1878, estudió en la Academia Eclesiástica (entonces Academia de Nobles), para pasar desde ella a ser secretario del Cardenal Rampolla, del que aprendió los intríngulis de la política vaticana. Cuando Rampolla fue nombrado nuncio en Madrid en 1883, se lo llevó con él, y, cuando como secretario de Estado fue llamado a Roma en 1887, de nuevo se lo llevó consigo a la Curia como minutante. Della Chiesa cumplió fielmente este cargo durante mucho tiempo.
En 1901, fue nombrado sustituto de la Secretaría de Estado y era a la vez profesor de la Academia de Nobles en la que se había formado como diplomático y todo parecían indicar que iba a ser Nuncio en Madrid, cuando Pío X le “bloqueó” la carrera enviándolo de arzobispo a Bologna. No faltaban voces malintencionadas que lo presentaban como no demasiado contundente en la condena del modernismo y de hecho, como explica Lorenzo Capelletti, en un magnífico artículo sobre Benedicto XV en 30Días, “sin duda se le dio aquel destino por la estima que se tenía de él, pero quizá también para ver cómo se movía en una diócesis dirigida hasta aquel momento por el arzobispo Domenico Svampa, a quien se le atribuían simpatías modernistas y democrático-cristianas por haber protegido entre otros a don Giulio Belvederi y don Alfonso Manaresi.”
El hábil diplomático se mostró también un sabio pastor de almas. Fue nombrado Cardenal, pero tarde, en el último consistorio convocado por Pío X. Cappelleti explica que “quizá no es casualidad que el capelo cardenalicio le llegara solo tras la muerte de Rampolla, ocurrida en el mes de diciembre precedente. Probablemente no se quería que en el Sagrado Colegio se reconstruyera y tuviera peso la buena relación entre ambos”. El caso es que le duró poco el cardenalato, pues poco más de tres meses después ya era Papa. No le sirvió ninguna de las sotanas preparadas para el futuro Papa por el sastre pontificio, que utvo que usar la más pequeña y adaptarla con alfileres. El nuevo Papa demostró una línea diferente ya desde su ceremonia de coronación, que no quiso celebrar el la basílica de San Pedro sino en la capilla Sixtina, sin solemnidades.
La primera guerra mundial condicionó su pontificado, y contra ella habló con una fuerza inusitada: Ya el 8 de septiembre de 1914 la denominó “flagelo de la ira de Dios”, y en 1915 la calificó de “horrible carnicería que deshonra a Europa”, continente del que dijo que se había convertido en “hospital y osario”. Llamó también a la guerra en 1916 “suicidio de la Europa civilizada” y “la tragedia más oscura del odio humano y de la demencia humana”. Se declaró imparcial, como “un padre común que ama con igual afecto a todos los hijos”, lo cual le conllevó durante la guerra no pocas críticas de una y otra parte. En el campo francés se le trató con desprecio llamándolo “pape boche”, adjetivo que usaban para los soldados alemanes. Realmente, dichas críticas tenían una cierta explicación, pues históricamente no era normal que el Papa fuese neutral ante una guerra en Europa. Eran tiempos nuevos y la Iglesia optaba por un estilo nuevo, lo cual algunos tardaron tiempo en entender.
Era una nueva línea de actuación consagrada por sus sucesores, que incluyó esfuerzos serios de mediar entre las partes, y que en aquel momento hizo sufrir no poco a Benedicto XV, al cual, finalizada la guerra, le llovieron las alabanzas por su actuación serena y valiente durante la contienda. Pues, de hecho, el Pontífice, además de hablar sin tapujos, trabajó seriamente durante la guerra en el campo de la caridad: Organizó a través de obispados y nunciaturas la ayuda a los soldados en el frente y a las familias de las víctimas, usando toda una red de información que hizo llegar noticias de sus seres queridos a más de 700.000 personas. A través del nuevo Secretario de Estado, el cardenal Gasparri, organizó ayudas económicas que llegaron a damnificados de ambos bandos.
Acabada la guerra, el Papa, cuya salud le acompañaba más de lo que se había esperado, trabajó por la inserción de los católicos en la vida pública de Italia, que en tiempos de León XIII habían recibido un “non expedit” que les impedía por parte de la Iglesia participar en muchos sectores de la vida pública italiana. Eliminada dicha prohibición en 1919, se abría una nueva etapa para la Iglesia italiana, que culminaría 10 años después con la firma, por parte de su sucesor y de Mussolini, de los Pactos Lateranenses. Pero Benedicto XV no llegó tan lejos, una pulmonía se lo llevó en solo cuatro días el 22 de enero de 1922. Fue enterrado en las grutas vaticanas justo enfrente de su predecesor, que tan diferente fue, hasta que se le trasladó a la Capilla de la Presentación, en la Basílica de San Pedro.
lunes, 29 de abril de 2013
AVISO
El blogger se tomará un descanso de 15 días; tiempo durante el cual el blog no será actualizado.
PAX
PAX
martes, 23 de abril de 2013
Papa Francisco Domingo IV de Pascua 2013.
Fotos Tomadas de Mons. Guido Marini
Observen esta hermosa imágen del Papa Francisco en las recientes ordenaciones presbiterales en el Vaticano, las primeras de su Pontificado.
Nótese que usa la férula de Pablo VI, el anillo del pescador del día de su entronización y unos espléndidos ornamentos... que personalmente me han dejado cautivado. Si consiguen una foto detallada de esa casulla (sobre todo la parte "ocultada" por el palio) se los agradecería.
El cirio pascual: verdadero cirio que se consume.
Tomado de Corazón Eucarístico de Jesús. El Sagrario
El
cirio, hermoso, nuevo cada año (¡qué cicatería reutilizar año
tras año
el mismo cirio raspando sólo el año!) brilla encendido en la Misa y en
el Oficio de Laudes y Vísperas... simplemente porque es Pascua. Debe
encenderse y consumirse en honor del Señor. Ya lo canta el pregón
pascual: "ardiendo en llama viva para gloria de Dios", "Te rogamos,
Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin
apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda
agradable, se asocie a las lumbreras del cielo".
“El cirio pascual, que
tiene su lugar propio junto al ambón o junto al altar, enciéndase al
menos en todas las celebraciones litúrgicas de una cierta solemnidad de
este tiempo, tanto en la misa como en Laudes y Vísperas, hasta el
domingo de Pentecostés. Después ha de trasladarse al bautisterio y
mantenerlo con todo honor, para encender en él el cirio de los nuevos
bautizados. En las exequias, el cirio pascual se ha de colocar junto al
féretro, para indicar que la muerte del cristiano es su propia Pascua.
El cirio pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio”.
(Cong. Culto Divino, Carta sobre la preparación
y celebración de las fiestas pascuales, n. 99).
El cirio pascual es uno de los grandes signos de la Pascua.
La
Tradición litúrgica poco a poco le fue dando cada vez mayor realce
encendiéndolo de un fuego nuevo en la Vigilia pascual y anunciando la
Pascua con la laus cerei o praeconium paschale. El cirio, hermoso,
relativamente grande, era depositado en un hermoso candelabro, bien
labrado, embellecido con buenos materiales.
En
el cirio destacan la cruz, el Alfa y la Omega y el año en curso, junto a
los cinco granos de incienso (éstos, opcionales): revela así cómo
Cristo es el Señor de la historia, el Señor del tiempo (Cronócrator),
que ha hecho de la historia un tiempo nuevo abierto a la escatología,
llegando con Él la plenitud de los tiempos. Nada, ni pinturas, ni
láminas, ni dibujos, deben ocultar o disminuir la importancia de la Cruz
con el año que debe resaltar sobre todo.
El
cirio pascual, tal como lo evoca el pregón pascual, recuerda la columna
de fuego que guiaba a Israel en el Éxodo; aquí es Cristo mismo quien
guía a su pueblo, el nuevo Israel: ¿acaso no fue el cirio el primero en
la procesión del lucernario de la Vigilia pascual? ¿Acaso el cirio no
entró el primero en el templo a oscuras y rompió las tinieblas? Además
el cirio plasma la afirmación de Cristo: "Yo soy la Luz del mundo".
El
candelabro puede muy bien adornarse con un ramo de flores al pie, o tal
vez una cadeneta de flores enroscada en el candelabro: se trata de
expresar la importancia de este signo pascual y homenajear al Señor Resucitado.
El
cirio "nunca estorba" por lo cual no debe arrinconarse o retirarse en
función de que los niños de primera comunión suban y bajen por el
presbiterio (además que no es ese su lugar, porque son fieles, no
presbíteros), o para no romper la estética de las flores en las bodas, o
...
El
cirio tiene su lugar propio junto al ambón. Cristo Luz ilumina la
Revelación entera, y todo el Antiguo Testamento cobra su luz en Cristo, y
la Luz se hace Palabra que se comunica a su Iglesia. Entendemos todas
las Escrituras porque la Santa Resurrección de Cristo, porque Él es la
clave de sentido.
P. Javier Sánchez Martínez.
martes, 16 de abril de 2013
La férula y el anillo.
Tomado de Acción Litúrgica.
Secretum meum mihi
Inter vestibulum et altare
Su Santidad el Papa Francisco alternará el uso de las férulas usadas por
Pablo VI y de Benedicto XVI, en los actos litúrgicos, según ha
anunciado la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Santo Padre.
Secretum meum mihi
Sobre el hecho de que Francisco I alterne también los anillos en las celebraciones, la web Inter vestibulum et altare
ha publicado un esclarecedor artículo, que demuestra que el Romano
Pontífice no hace nada diferente a lo realizado por otros Papas.
Inter vestibulum et altare
domingo, 14 de abril de 2013
Houston, we have a problem.
Tomado de lexorandi
Adolfo Ivorra
NOTA: El P. Ivorra ha actualizado su artículo con la siguiente aclaración:
Con palabras similares se expresó un astronauta del Apolo 13 en medio de
lo que se convertiría en un caos. Por poco no sobreviven. Es lo que
está pasando hoy con la liturgia papal. Y cuando digo hoy, me refiero a hoy Jueves Santo.
He vuelto de mis misas de Jueves Santo, una de ellas
en la que he tenido que decir a una señora que el lavatorio de los pies
es un rito para varones, que así lo ponen las rúbricas del misal, etc.
Yo mismo escribí hace seis años el sentido teológico y litúrgico de que
sean varones, pues este rito se inserta en la liturgia y participa de la
teología del memorial. Hace un par de años lo colgué en este blog. Transcribo nuevamente las rúbricas:
6. Los
varones designados, acompañados por los ministros, van a ocupar los
asientos preparados para ellos en un lugar visible a los fieles. El
sacerdote (dejada la casulla, si es necesario) se acerca a cada una de
las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los
pies y se los seca. (Misal Romano: reimpresión actualizada de 2008, p. 263).
Lotio pedum
10. Completa homilia proceditur, ubi ratio pastoralis id suadeat, ad lotionem pedum.
11. Viri
selecti deducuntur a ministris ad sedilia loco apto parata. Tunc
sacerdos (deposita, si necesse sit, casula) accedit ad singulos, eisque
fundit aquam super pedes et abstergit, adiuvantibus ministris. (Missale Romanum, a. 2002)
Desde que salió por el balcón de la plaza de San Pedro, son ya muchos
los lectores de este blog -entre ellos reputados liturgistas- que
preguntan o expresan su estupor ante un cambio de 180 grados en las
formas, etc. Creo que decir que cada obispo tiene su "estilo" no
solventa las dudas. Personalmente me da igual que el papa vista de
barroco o de parroquia de los setenta. Me da igual el color de sus
zapatos, si usa tal o cual cruz o tal o cual anillo. Lo que me preocupa
grandemente es que el primero en no obedecer las rúbricas sea el
"patriarca" de nuestro rito, el romano.
Tenemos un serio problema, sobre todo en el catolicismo latino, con
respecto a la correcta apreciación de los signos litúrgicos. De ser
ventanas al misterio han pasado a ser "ceremonias" que se tienen que
hacer porque toca y, más recientemente, a "cosas" que no solo no nos
acercan a Cristo sino que su materialidad nos puede llegar a
escandalizar. El problema de la correcta hermenéutica del signo
litúrgico es lo que se demuestra al desobedecer las rúbricas y resituar
este gesto del Jesús histórico como un mero acto de humildad. El
problema es todavía mayor si comprendemos que hoy el papa no solo ha
lavado los pies a dos mujeres, sino una de ellas no era católica, sino
musulmana.
Tal y como expresó brillantemente Benedicto XVI, siendo todavía teólogo,
en su libro "La fraternidad de los cristianos", la caridad cristiana no
es un principio estóico que se pueda aplicar a cualquiera, sino que hay
gestos y expresiones que se realizan y comprenden en su justo sentido
dentro de la comunidad cristiana. Hace unos meses también ahondaba en
este blog acerca del pensamiento de Joseph Ratzinger sobre esta
cuestión. Adjunto nuevamente estos textos de Benedicto XVI en su libro:
"...a pesar de la supresión de barreras y
del universalismo, el concepto de fraternidad no se generaliza por
completo. Todos los hombres pueden ser cristianos, pero sólo es hermano el que realmente lo es. La repercusión de esta situación se observa en la terminología ética del Apóstol. La actitud de ἀγάπη (amor) ha de ser para con todos los hombres, pero la φίλαδελφία (amor de fraternidad) sólo para con el hermano, para con el cristiano que es uno" (p. 54).
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Hasta el siglo III "el bautismo es el
momento preciso en el que el creyente es hecho hermano. El bautismo, en
cuanto nuevo nacimiento, media la "hermandad" cristiana, que es el
nombre que así mismo se da la comunidad [...] En las comunidades
monásticas es donde pervive ahora el concepto de hermano y hermana,
mientras desaparece en la Iglesia universal" (p. 57-59).
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"El cristianismo no sólo implica supresión
de límites, sino que él mismo crea una nueva frontera: entre los
cristianos y los no cristianos. Por consiguiente, el cristiano es
inmediatamente sólo hermano del cristiano, pero no del no cristiano. Su
deber de amar tiene que ver, al margen de esto, con el necesitado que
precisa de él; sin embargo sigue en pie la necesidad urgente de
construir y conservar una fraternidad profunda dentro de la comunidad
cristiana" (p. 85).
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"Hermanos en sentido verdadero son pues únicamente los cristianos: frente a ellos, todos los demás son οἱ ἒξω, los que están fuera. Este concepto reducido es el único cristiano; la superación de este límite corresponde a la Ilustración" (p. 87).
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Con estos textos quiero hacer ver que podemos volver a apartar el lavatorio de la liturgia, desvincularlo del memorial litúrgico y abrir la posibilidad a que se haga hombres y mujeres. Sin embargo, nunca podemos hacer de él un "gesto" políticamente correcto: Jesucristo lo hizo a sus discípulos, judíos igual que él, fundamentos de la Iglesia naciente.
Con estos textos quiero hacer ver que podemos volver a apartar el lavatorio de la liturgia, desvincularlo del memorial litúrgico y abrir la posibilidad a que se haga hombres y mujeres. Sin embargo, nunca podemos hacer de él un "gesto" políticamente correcto: Jesucristo lo hizo a sus discípulos, judíos igual que él, fundamentos de la Iglesia naciente.
Es muy probable que en años sucesivos el papa siga haciendo lo mismo que
hoy. Además de los problemas teólogicos que indico arriba, el gran
problema que se nos viene encima es el referente al munus regendi,
o dicho en un lenguaje secular, a no poder seguir las normas por quedar
desautorizados por una instancia mayor. O dicho en palabras de un
colega liturgista: el caos litúrgico, donde todo vale porque todo es
"relativo". El relativismo se nos mete en casa. Por favor, Santidad, le
pido que siga fielmente las rúbricas de su propio rito, el romano, y dé
ejemplo a los demás sacerdotes y obispos de fidelidad a las normas de la
Iglesia. El papa no es un monarca absoluto al modo de los gobernantes
seculares, sino que reconoce, como ya decía Benedicto XVI, que la
liturgia es una realidad que le viene dada y que no reconstruye según
sus gustos. El primado del obispo de Roma no es tarea fácil. Roguemos al
Señor para que el mismo papa Francisco o alguno de sus colaboradores
hagan ver a Su Santidad la importancia de estos sagrados ritos.
NOTA: El P. Ivorra ha actualizado su artículo con la siguiente aclaración:
Ruego a los lectores de esta entrada que lean también mi aclaración de intenciones con respecto a la misma.
viernes, 12 de abril de 2013
EL PAPA A LA COMISIÓN BÍBLICA: EL CENTRO DE NUESTRA FE NO ES SOLO UN LIBRO, SINO UNA HISTORIA DE SALVACIÓN
Ciudad
del Vaticano, 12 abril 2013
(VIS).-Los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, -que preside
el arzobispo Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe- han sido recibidos esta mañana por el
Santo Padre, al final de su asamblea plenaria anual cuyo tema ha sido
“Inspiración y verdad en la Biblia”.
En
el discurso que les ha dirigido, el Papa ha subrayado que ese
argumento “atañe no solamente al creyente sino a toda la Iglesia
porque la vida y la misión de la Iglesia se fundan sobre la Palabra
de Dios, que es el alma de la teología y, a la vez, la inspiradora
de la existencia cristiana”.
“Las
Sagradas Escrituras - ha reafirmado- son el testimonio escrito de la
Palabra divina, el memorial canónico que atestigua el acontecimiento
de la Revelación. Por lo tanto, la Palabra de Dios precede a la
Biblia y la sobrepasa. Por eso el centro de nuestra fe no es
solamente un libro, sino una historia de salvación y sobre todo una
persona, Jesucristo, la Palabra de Dios que se hizo carne.
Precisamente porque el horizonte de la Palabra divina abraza las
Escrituras y se extiende más allá de ellas, es necesaria la
presencia constante del Espíritu Santo que “guía a toda la
verdad”. Es necesario situarse en la corriente de la gran Tradición
que, con la ayuda del Espíritu Santo y la guía del Magisterio, ha
reconocido los escritos canónicos como Palabra dirigida por Dios a
su pueblo y no ha cesado nunca de meditarlos y descubrir su riqueza
inagotable”.
El
pontífice ha recordado que el Concilio Vaticano II lo ha reafirmado
con claridad en la constitución dogmática “Dei Verbum”: “Porque
todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura,
está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el
mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la
palabra de Dios”. “De hecho -ha explicado- la Sagrada Escritura
es Palabra de Dios en cuanto se le ha dado forma escrita bajo la
inspiración del Espíritu Santo; en cambio la sagrada Tradición
transmite integralmente la Palabra de Dios, confiada por Cristo Señor
y por el Espíritu Santo a los apóstoles, a sus sucesores, para que
éstos, iluminados por el Espíritu de verdad, con su predicación la
conserven con fidelidad, la expliquen y la difundan”.
“La
interpretación de las Sagradas Escrituras no puede ser solamente una
labor científica individual, sino que siempre debe ser confrontada,
insertada y autenticada con la tradición viva de la Iglesia. Esta
norma es decisiva para precisar la relación correcta y recíproca
entre la exegesis y el Magisterio de la Iglesia. Los textos
inspirados por Dios han sido confiados a la Comunidad de los
creyentes, a la Iglesia de Cristo para alimentar la fe y guiar a la
vida de caridad”.
El
Obispo de Roma se ha despedido de los miembros de la Comisión
Bíblica agradeciéndoles su trabajo y manifestando el deseo de que
en este Año de la fe, “contribuya a que resplandezca la luz de la
Sagrada Escritura en el corazón de los fieles”.
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