lunes, 23 de diciembre de 2013

El Adviento de los Franciscanos de la Inmaculada.

Tomado de Caritas in Veritate



-¿La mula?
-Señor, la mula
está cansada y se duerme,
ya no puede dar al niño
un aliento que no tiene.

-¿La paja?
-Señor, la paja
bajo su cuerpo se extiende
como una pequeña cruz
dorada pero doliente.

-¿La Virgen?
-Señor, la Virgen
sigue llorando.

-¿La nieve?
-Sigue cayendo; hace frío
entre la mula y el buey.

-¿Y el niño?
-Señor, el niño
ya empieza a mortalecerse
y está temblando en la cuna
como el junco en la corriente.
-Todo está bien.
-Señor, pero…
-Todo está bien.
Lentamente
el ángel plegó sus alas
y volvió junto al pesebre.

Del Retablo de Navidad, de Luis Rosales (1940)(*)
…………………………

 


Hay situaciones en que para uno lo más fácil, lo primero que viene a la mente y al corazón, es buscar culpables, enojarnos e indignarnos, apelando a la Justicia, porque sobran las preguntas y faltan las palabras.

Una de esas situaciones, pienso que es la que atraviesan los frailes, hermanas y laicos de la Tercera Orden de los Franciscanos de la Inmaculada, junto a muchísimos fieles en el mundo católico, que con mayor o menor conocimiento de ellos, los hemos aprendido a apreciar profundamente, valorando el sinfín de gracias que por medio de ellos Nuestro Señor viene derramando en su Iglesia. Parece un sueño ver a este grupo de hombres y mujeres que viven la Regla original de San Francisco con una radicalidad asombrosa, conquistando asimismo numerosas almas jóvenes a su paso, sedientas de frescura, coherencia y abnegación sin límites. Ellos predican a un Cristo crucificado…y aman de verdad la Cruz, se vista ella de pobreza, de frío o de calor, de enfermedad, de humillaciones o de noches oscuras. Por sobre todo, en mí han hecho esta impresión: están perdidamente enamorados de la Cruz.

Saben que no hay piedra más preciosa, y que es la llave de oro de las almas, y del Cielo.
Aunque no conozcan a Pemán, una de las primeras verdades que imprimen en sus jóvenes -¡siempre alegres como un sol!- es

“porque con inmenso amor
Acaricias con dolor
a las almas que más quieres
Bendita sea Señor
la mano con que me hieres”.


Y el Señor les responde, porque El es fiel. Ellos descubrieron el Tesoro, y El se lo está prodigando a manos llenas.

No recuerdo qué santo era (¿san Vicente Ferrer o S. Luis María de Montfort?), que cuando un obispo que solía hacerle la vida imposible, le ponía una nueva “zancadilla”, él solía detener las voces que se levantaban indignadas, para advertirles: “una cosa es lo que quiere de mí mi obispo, y otra cosa es lo que Dios quiere de mí a través de él.

Y entonces me pregunto: ¿hay algo más importante en el mundo que buscar y tratar de que se cumpla la Voluntad de Dios?…¿Y hay algo más importante y perentorio, que rogar a El que nos conceda, sobre todo, sacerdotes y religiosas santos, que se abracen a Ella a toda costa?
Algunos me dirán que estoy contradiciéndome con otros artículos, y que aquí pregono el quietismo, pero no: estoy convencida de que en este caso, se impone con fuerza, una visión estrictamente sobrenatural de los hechos. Yo también creo que es muy “extraño” todo esto que les viene sucediendo, que suena, sí, a persecución, tratándolos como si fuesen religiosos desviados y relajados, cuando por otra parte las Forcades y Caram siguen bailando la Conga de la heterodoxia, y tantas congregaciones tienen escándalos “como pa’ hacer dulce” y seguimos esperando medidas ejemplares, encontrando sólo alegatos de paciencia.

Pero resulta que somos un Cuerpo, no un partido de fútbol con equipos diversos, sino con miembros diferentes, y Cristo, Cabeza de este cuerpo, no está distraído.

Es tiempo de Adviento, en que el Bautista nos habla de “preparar los caminos”, y todos queremos preparar los corazones con bonetes de Papá Noel, pero pocos están dispuestos a poner su cabeza sobre la bandeja para que Cristo reine.

¿No es acaso coherente que habiendo tantas almas en peligro -¡tantas!- para salvar todavía, urgentemente, se valga Nuestro Señor de las más fieles para ofrecerlas como Víctimas por aquellas otras, tan empedernidas? ¿Y no es lógico que elija para ello a las más puras, a las más conscientes y lúcidas para aceptar el holocausto necesario…? Parece oportuno recordar que el martirio es una gracia para toda la Iglesia -que siempre necesita abonar su santidad con purificaciones-, y no sólo puede ser cruento, sino incruento.

La verdad es que no terminamos de convencernos de que hay pecados que nos pertenecen a todos, sí, a todos, y que todos debemos “pagar el pato”, hacer penitencia. Justos por injustos, sobre todo, porque “esa es la lógica” que debe guiarnos si comprendemos de veras el significado de la Comunión de los Santos.

Por eso creo necesario advertir que en este momento, pese a todos nuestros “impulsos”, podemos sin querer estar haciéndole el juego al enemigo, maravillosamente, sacando la espada para herir a Malco, sin mirar un poco más allá. Como si renegásemos del dolor de parto, evitando que nazca una criatura. Pues tal parece que la Iglesia está hoy “pariendo santos” entre estos hijos suyos Franciscanos, de los cuales su fundador, el p. Stefano María Manelli, lleva la delantera como anciano, enfermo y ahora privado de confesar y celebrar Misa, nada menos. Si hasta nuestros cabellos están contados, ¿puede esto escapársele a Nuestro Padre del Cielo, si no fuese para nuestro mayor bien?…

Hay, sin duda, aquí, hilos que escapan a nuestra vista, y tal vez hasta al p. Volpi
, Comisario Apostólico designado para visitar esta Congregación, pero creemos que sería un grave error leer todo esto desde un punto de vista meramente humano o terrenal, como si viésemos una película de la mafia italiana. No le hacemos el menor bien a los padres y hermanas Franciscanos de la Inmaculada, y mucho menos a la Iglesia, por supuesto.

Uno de los patronos de la Congregación -junto a S.Francisco, Sta. Clara y el Sto. Padre Pío- es justamente San Maximiliano Kolbe, el “Caballero de la Inmaculada”, quien con lucidez responde a los masones -a quienes desenmascara en muchas ocasiones - en uno de sus escritos:

“Nosotros somos un ejército, cuyo “Comandante” os conoce uno a uno, ha observado y observa cada una de sus acciones escucha cada una de sus palabras, más aún… ni siquiera uno de vuestros pensamientos escapa a su atención. Decid vosotros mismos: en tales condiciones, ¿se puede hablar de secreto en los planes, de clandestinidad y de invisibilidad?: es la Inmaculada, el refugio de los pecadores, pero también la reveladora de la serpiente infernal. ¡Ella aplastará su cabeza!.

Ella es la misma que con inigualable ternura consuela a S. Juan Diego: “Pon esto en tu corazón, mi pequeño hijo: no temas. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿No te encuentras bajo mi sombra, a mi cobijo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás tú en el pliegue de mi manto, en el cruce de mis brazos?… No te apene ni te inquiete cosa alguna”.

Por favor, supliquemos a Ella que reordene las cosas, y no cesemos de pedir fortaleza, fidelidad y lucidez en esta prueba para los Franciscanos de la Inmaculada.


(*) Luis Rosales Camacho (Granada, 31 de mayo de 1910 – Madrid, 24 de octubre de 1992) poeta y ensayista español de la generación de 1936. Miembro de la Real Academia Española y de la Hispanic Society of America desde 1962, obtuvo el Premio Cervantes en 1982 por el conjunto de su obra literaria.

Participando del «Adviento» con los Evangelios.

Tomado de lexorandi.es (en el blog del autor, esta entrada es la última de un conjunto de tres artículos)
 
La venida histórica de nuestro Salvador

Unimos las aportaciones III y IV en este único post, dado que este año las ferias privilegiadas comenzarán, Deo mediante, en martes, de modo que para mantener cierta simetría en la composición de bitácora, os ofrecemos el material unido. Esperemos que hayan sido de ayuda en estos días previos a la celebración del Mysterium Incarnationis.

17 de diciembre                       Mt 1,1-17        Los orígenes de Jesús
18 de diciembre                       Mt 1,18-24      Anunciación a José
19 de diciembre                       Lc 1,5-25        Anunciación a Zacarías
20 de diciembre                       Lc 1,26-38      Anunciación a María Virgen
21 de diciembre                       Lc 1,39-45      Encuentro entre las Matriarcas
22 de diciembre (*)                  Lc 1,46-55      Cántico de María Virgen
23 de diciembre                       Lc 1,57-66      Nacimiento de Juan
24 de diciembre. Matutina       Lc 1,67-79      Cántico de Zacarías

La Liturgia romana ha dispuesto, ya desde antiguo, ocho días de preparativos para el Nacimiento de Cristo. En la secuencia de evangelios, el Adviento ha seleccionado el primer capítulo de los Evangelios Primero y Tercero, para presentar los misterios propios de estos días, ferias privilegiadas, que conforman un Octavario previo a la solemnidad de la Natividad del Señor. Por un lado tenemos el árbol genealógico de Jesús de monótona redacción que solamente viene interrumpida por algunas alusiones históricas o personales. Como ya es conocido el interés del Adviento en el octavario previo a la solemnidad del Nacimiento del Señor desea introducirnos en aquellos elementos bíblico-históricos que nos disponen a reproducir la misma situación espiritual de aquellos años del siglo I, aunque desde la mirada de la Iglesia que confiesa la unidad unius Christi Mysterii. Precisamente en Adviento, partimos del origen histórico de Jesús: nace en una familia que tiene origen davídico (Mt 1,1-18), aunque su nacimiento necesita de una explicación del todo singular, ya que el nacimiento de Jesús es el Nacimiento del Enmanuel, prometido en Isaías (Mt 1,18-25), donde se muestra no sólo el milagro propio de la Encarnación de la Persona divina del Hijo, sino las decisiones que a favor de Cristo tuvieron que hacer ya María (Lc 1,26-38) y José (Mt 1,18-25), Zacarías (Lc 1,5-25) e Isabel (Lc 1,26-45), superando sus categorías humano-religiosas acogiendo un Don del todo superior: la virtud teologal de la fe, aceptando las revelaciones de Dios por medio de ángeles. Concluimos el Octavario de ferias adventuales con los dos cánticos que la Iglesia ha retomado en las celebraciones litúrgicas de la Mañana (Ad Laudes matutinas) y de la Tarde (Ad Vesperas), a saber el Magnificat de la Virgen María (Lc 1,46-55) y el Benedictus de Zacarías (Lc 1,68-79).

1. La preparación del Adviento culmina en la fe teologal. La importancia de la Navidad y su preparación litúrgica natural, que es el Adviento, no radica en la selección de una serie de sentimientos reservados sólo para los días del invierno, traducidos en una especial sensibilidad por el sufrimiento de nuestros congéneres; agilizar un esfuerzo más singular por recibir a nuestros familiares, etc., que deben ser absolutamente mantenidas e implementadas. Con todo, lo que define a la Navidad y que es fundamento de dichas buenas obras es la fe teológica, es decir, la adhesión de inteligencia y voluntad ante la Encarnación del Hijo de Dios Padre en el seno virginal de santa María, sin concurso de varón, y que tiene por misión morir en la cruz por nosotros para darnos la vida eterna y gozar de la visión de Dios mismo. Y de una generosidad tan grande, no sólo atendemos a nuestros prójimos materialmente más urgidos de ayuda, sino que mantenemos viva la identidad de la fe que apoya dicha ayuda. Pensemos que sin esta fe de Dios, las ayudas se extinguirán, y no se comprenderá la Navidad en su sentido más genuino y auténtico.

2. Notas de piedad adventual. El Adviento, en esta segunda fase, nos presenta dos ejes de piedad litúrgica que nos ayudarán a celebrar con una más «fresca» y «espiritualmente intensa» participación los misterios de la Navidad

a.) Piedad mariana. Se ha insistido recientemente en el marcado carácter mariano de este tiempo litúrgico, sobre todo enfocado en el misterio de la Maternidad divina de María, que se remarcará en el domingo IV de Adviento. La fe de la Virgen María es una fe grande, que no se detiene en la letra de la revelación del ángel, sino que acoge al Verbo de quien hacen referencia. Como se afirmaba en los responsorios monacales del tiempo de Adviento, María concibió por el oído, haciendo referencia a Rm 10,17, cuando dice Pablo: Fides ex auditu, la fe viene por escuchar.

b.) Piedad josefina. José de Nazaret ha pasado a un muy último plano en la vida litúrgico-eclesial, aunque se ha mantenido una solemnidad externa y otra mención facultativa el 1 de mayo. Con todo, la repercusión de la devoción por su figura ha sido redimensionado y en parte olvidada. Pero el Adviento, en las ferias privilegiadas, resalta por su piedad al modo de san José, que tuvo que modificarse con todo su ser para poder acoger al Hijo de Dios en un ambiente que se le antojaría adverso y con unos parámetros para nada humanos: la medida de Dios. La respuesta de José es generosa, y su silencio es un silencio activo, de conversión a Cristo y de una fe activa.

3. Conversión eclesial a Dios de nuestro Pueblo.

a.) Intensificar la virtud de la fe y la caridad. Creceremos en amor de Dios con actos intensos, como lo sucedió con José y María frente al Misterio de la Encarnación que les cambió la vida y la mentalidad, además de ser los «albores de nuestra redención».

b.) Un silencio contemplativo. Los patriarcas bíblicos de nuestra fe neotestamentaria se caracterizan por la reciedumbre de su espíritu, que ante la revelación de Dios la primera reacción es el silencio, no un callarse por no tener nada que decir, sino que es un silencio de adoración de Dios, de reconocimiento de la Omnipotencia de nuestro Salvador. Adviento nos invita a callarnos, a hacer silencio en nuestro ambiente para dar espacio a la escucha de la fe (fides ex auditu).

c.) Luchar por una presencia religiosa activa. Nuestro Pueblo, nuestra sociedad, necesita de nuestra ayuda caritativa y social. La labor de Cáritas a diversos niveles es altamente reconocida y valorada. Con todo, debemos hacer notar que nuestro quehacer tiene que ver con nuestro Ser, que tiene a Dios por horizonte y referente: Origen, Guía y Meta de nuestro ser, existir y actuar. En Adviento, se nos recuerda que la Navidad necesita de una sociedad que acoja al Dios encarnado y a sus mensajeros, y en la medida en que se restrinja el derecho a la libertad de religión y de culto, queda menoscabada nuestro dignidad personal y ciudadana. Y el Evangelio de Cristo tiene eco social y también a nuestros dirigentes tiene palabras para ellos. De ellos dependerá recibirlas como Zacarías o como Herodes. Oremos a Dios por ellos y por nosotros.


Marcos Aceituno Donoso

domingo, 1 de diciembre de 2013

Liturgia del Adviento.

He estado publicando en la página de Facebook de este blog (que anda últimamente más activa que el blog mismo) unos "estados" acerca de las peculiaridades litúrgicas del Adviento en nuestro Rito Romano. He notado que juntando todas las publicaciones sale un breve (brevísimo) artículo. A continuación les dejo el resultado.

El tiempo de #Adviento tiene 4 domingos y aproximadamente 4 semanas contadas a partir de la Natividad del Señor (25 diciembre) 4 domingos hacia atrás.
Los domingos se siguen con un sacramental llamado Corona de #Adviento que tiene 4 velas: 3 moradas y una rosada. Esta última representa el domingo 3° en el que usan ornamentos de ese color y significa una pausa en la austeridad del #Adviento.
Durante el #Adviento se usa el color morado, se guarda moderación en el canto y la ornamentacion del altar y no se canta o dice el himno "Gloria" de los ritos iniciales. El "aleluya" no se omite.
El #Adviento tiene dos momentos:
-Desde el Domingo I hasta el 16 de diciembre las lecturas y el propio de la Misa se centran en la espera a la segunda venida (que es lo que significa la palabra Adviento) del Señor.
-desde el 17 al 24 de diciembre siguen las "ferias del Adviento" que se centran en la preparación a la primera venida del Señor en el seno de María.
  
 
 

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