lunes, 29 de abril de 2013

martes, 23 de abril de 2013

Papa Francisco Domingo IV de Pascua 2013.

Fotos Tomadas de Mons. Guido Marini


Observen esta hermosa imágen del Papa Francisco en las recientes ordenaciones presbiterales en el Vaticano, las primeras de su Pontificado.
Nótese que usa la férula de Pablo VI, el anillo del pescador del día de su entronización y unos espléndidos ornamentos... que personalmente me han dejado cautivado. Si consiguen una foto detallada de esa casulla (sobre todo la parte "ocultada" por el palio) se los agradecería.


El cirio pascual: verdadero cirio que se consume.

Tomado de Corazón Eucarístico de Jesús. El Sagrario

“El cirio pascual, que tiene su lugar propio junto al ambón o junto al altar, enciéndase al menos en todas las celebraciones litúrgicas de una cierta solemnidad de este tiempo, tanto en la misa como en Laudes y Vísperas, hasta el domingo de Pentecostés. Después ha de trasladarse al bautisterio y mantenerlo con todo honor, para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias, el cirio pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte del cristiano es su propia Pascua.

    El cirio pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio”.
 

(Cong. Culto Divino, Carta sobre la preparación
y celebración de las fiestas pascuales, n. 99).


El cirio pascual es uno de los grandes signos de la Pascua.

La Tradición litúrgica poco a poco le fue dando cada vez mayor realce encendiéndolo de un fuego nuevo en la Vigilia pascual y anunciando la Pascua con la laus cerei o praeconium paschale. El cirio, hermoso, relativamente grande, era depositado en un hermoso candelabro, bien labrado, embellecido con buenos materiales.

En el cirio destacan la cruz, el Alfa y la Omega y el año en curso, junto a los cinco granos de incienso (éstos, opcionales): revela así cómo Cristo es el Señor de la historia, el Señor del tiempo (Cronócrator), que ha hecho de la historia un tiempo nuevo abierto a la escatología, llegando con Él la plenitud de los tiempos. Nada, ni pinturas, ni láminas, ni dibujos, deben ocultar o disminuir la importancia de la Cruz con el año que debe resaltar sobre todo.

El cirio pascual, tal como lo evoca el pregón pascual, recuerda la columna de fuego que guiaba a Israel en el Éxodo; aquí es Cristo mismo quien guía a su pueblo, el nuevo Israel: ¿acaso no fue el cirio el primero en la procesión del lucernario de la Vigilia pascual? ¿Acaso el cirio no entró el primero en el templo a oscuras y rompió las tinieblas? Además el cirio plasma la afirmación de Cristo: "Yo soy la Luz del mundo".

El cirio, hermoso, nuevo cada año (¡qué cicatería reutilizar año tras año el mismo cirio raspando sólo el año!) brilla encendido en la Misa y en el Oficio de Laudes y Vísperas... simplemente porque es Pascua. Debe encenderse y consumirse en honor del Señor. Ya lo canta el pregón pascual: "ardiendo en llama viva para gloria de Dios", "Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo".

El candelabro puede muy bien adornarse con un ramo de flores al pie, o tal vez una cadeneta de flores enroscada en el candelabro: se trata de expresar la importancia de este signo pascual y homenajear al Señor Resucitado.

El cirio "nunca estorba" por lo cual no debe arrinconarse o retirarse en función de que los niños de primera comunión suban y bajen por el presbiterio (además que no es ese su lugar, porque son fieles, no presbíteros), o para no romper la estética de las flores en las bodas, o ... 

El cirio tiene su lugar propio junto al ambón. Cristo Luz ilumina la Revelación entera, y todo el Antiguo Testamento cobra su luz en Cristo, y la Luz se hace Palabra que se comunica a su Iglesia. Entendemos todas las Escrituras porque la Santa Resurrección de Cristo, porque Él es la clave de sentido.
 
P. Javier Sánchez Martínez.

martes, 16 de abril de 2013

La férula y el anillo.

Tomado de Acción Litúrgica.

Su Santidad el Papa Francisco alternará el uso de las férulas usadas por Pablo VI y de Benedicto XVI, en los actos litúrgicos, según ha anunciado la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Santo Padre.

Secretum meum mihi


Sobre el hecho de que Francisco I alterne también los anillos en las celebraciones, la web Inter vestibulum et altare ha publicado un esclarecedor artículo, que demuestra que el Romano Pontífice no hace nada diferente a lo realizado por otros Papas.

Inter vestibulum et altare

domingo, 14 de abril de 2013

Houston, we have a problem.

Tomado de lexorandi
Con palabras similares se expresó un astronauta del Apolo 13 en medio de lo que se convertiría en un caos. Por poco no sobreviven. Es lo que está pasando hoy con la liturgia papal. Y cuando digo hoy, me refiero a hoy Jueves Santo.
He vuelto de mis misas de Jueves Santo, una de ellas en la que he tenido que decir a una señora que el lavatorio de los pies es un rito para varones, que así lo ponen las rúbricas del misal, etc. Yo mismo escribí hace seis años el sentido teológico y litúrgico de que sean varones, pues este rito se inserta en la liturgia y participa de la teología del memorial. Hace un par de años lo colgué en este blog. Transcribo nuevamente las rúbricas:


6. Los varones designados, acompañados por los ministros, van a ocupar los asientos preparados para ellos en un lugar visible a los fieles. El sacerdote (dejada la casulla, si es necesario) se acerca a cada una de las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca. (Misal Romano: reimpresión actualizada de 2008, p. 263).

Lotio pedum
10. Completa homilia proceditur, ubi ratio pastoralis id suadeat, ad lotionem pedum.
11. Viri selecti deducuntur a ministris ad sedilia loco apto parata. Tunc sacerdos (deposita, si necesse sit, casula) accedit ad singulos, eisque fundit aquam super pedes et abstergit, adiuvantibus ministris. (Missale Romanum, a. 2002)

Desde que salió por el balcón de la plaza de San Pedro, son ya muchos los lectores de este blog -entre ellos reputados liturgistas- que preguntan o expresan su estupor ante un cambio de 180 grados en las formas, etc. Creo que decir que cada obispo tiene su "estilo" no solventa las dudas. Personalmente me da igual que el papa vista de barroco o de parroquia de los setenta. Me da igual el color de sus zapatos, si usa tal o cual cruz o tal o cual anillo. Lo que me preocupa grandemente es que el primero en no obedecer las rúbricas sea el "patriarca" de nuestro rito, el romano.
Tenemos un serio problema, sobre todo en el catolicismo latino, con respecto a la correcta apreciación de los signos litúrgicos. De ser ventanas al misterio han pasado a ser "ceremonias" que se tienen que hacer porque toca y, más recientemente, a "cosas" que no solo no nos acercan a Cristo sino que su materialidad nos puede llegar a escandalizar. El problema de la correcta hermenéutica del signo litúrgico es lo que se demuestra al desobedecer las rúbricas y resituar este gesto del Jesús histórico como un mero acto de humildad. El problema es todavía mayor si comprendemos que hoy el papa no solo ha lavado los pies a dos mujeres, sino una de ellas no era católica, sino musulmana.
Tal y como expresó brillantemente Benedicto XVI, siendo todavía teólogo, en su libro "La fraternidad de los cristianos", la caridad cristiana no es un principio estóico que se pueda aplicar a cualquiera, sino que hay gestos y expresiones que se realizan y comprenden en su justo sentido dentro de la comunidad cristiana. Hace unos meses también ahondaba en este blog acerca del pensamiento de Joseph Ratzinger sobre esta cuestión. Adjunto nuevamente estos textos de Benedicto XVI en su libro:

"...a pesar de la supresión de barreras y del universalismo, el concepto de fraternidad no se generaliza por completo. Todos los hombres pueden ser cristianos, pero sólo es hermano el que realmente lo es. La repercusión de esta situación se observa en la terminología ética del Apóstol. La actitud de ἀγάπη (amor) ha de ser para con todos los hombres, pero la φίλαδελφία (amor de fraternidad) sólo para con el hermano, para con el cristiano que es uno" (p. 54).
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Hasta el siglo III "el bautismo es el momento preciso en el que el creyente es hecho hermano. El bautismo, en cuanto nuevo nacimiento, media la "hermandad" cristiana, que es el nombre que así mismo se da la comunidad [...] En las comunidades monásticas es donde pervive ahora el concepto de hermano y hermana, mientras desaparece en la Iglesia universal" (p. 57-59).
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"El cristianismo no sólo implica supresión de límites, sino que él mismo crea una nueva frontera: entre los cristianos y los no cristianos. Por consiguiente, el cristiano es inmediatamente sólo hermano del cristiano, pero no del no cristiano. Su deber de amar tiene que ver, al margen de esto, con el necesitado que precisa de él; sin embargo sigue en pie la necesidad urgente de construir y conservar una fraternidad profunda dentro de la comunidad cristiana" (p. 85).
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"Hermanos en sentido verdadero son pues únicamente los cristianos: frente a ellos, todos los demás son οἱ ἒξω, los que están fuera. Este concepto reducido es el único cristiano; la superación de este límite corresponde a la Ilustración" (p. 87).
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Con estos textos quiero hacer ver que podemos volver a apartar el lavatorio de la liturgia, desvincularlo del memorial litúrgico y abrir la posibilidad a que se haga hombres y mujeres. Sin embargo, nunca podemos hacer de él un "gesto" políticamente correcto: Jesucristo lo hizo a sus discípulos, judíos igual que él, fundamentos de la Iglesia naciente.
Es muy probable que en años sucesivos el papa siga haciendo lo mismo que hoy. Además de los problemas teólogicos que indico arriba, el gran problema que se nos viene encima es el referente al munus regendi, o dicho en un lenguaje secular, a no poder seguir las normas por quedar desautorizados por una instancia mayor. O dicho en palabras de un colega liturgista: el caos litúrgico, donde todo vale porque todo es "relativo". El relativismo se nos mete en casa. Por favor, Santidad, le pido que siga fielmente las rúbricas de su propio rito, el romano, y dé ejemplo a los demás sacerdotes y obispos de fidelidad a las normas de la Iglesia. El papa no es un monarca absoluto al modo de los gobernantes seculares, sino que reconoce, como ya decía Benedicto XVI, que la liturgia es una realidad que le viene dada y que no reconstruye según sus gustos. El primado del obispo de Roma no es tarea fácil. Roguemos al Señor para que el mismo papa Francisco o alguno de sus colaboradores hagan ver a Su Santidad la importancia de estos sagrados ritos.


Adolfo Ivorra


NOTA: El P. Ivorra ha actualizado su artículo con la siguiente aclaración:
Ruego a los lectores de esta entrada que lean también mi aclaración de intenciones con respecto a la misma.

viernes, 12 de abril de 2013

EL PAPA A LA COMISIÓN BÍBLICA: EL CENTRO DE NUESTRA FE NO ES SOLO UN LIBRO, SINO UNA HISTORIA DE SALVACIÓN

Ciudad del Vaticano, 12 abril 2013 (VIS).-Los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, -que preside el arzobispo Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe- han sido recibidos esta mañana por el Santo Padre, al final de su asamblea plenaria anual cuyo tema ha sido “Inspiración y verdad en la Biblia”.

En el discurso que les ha dirigido, el Papa ha subrayado que ese argumento “atañe no solamente al creyente sino a toda la Iglesia porque la vida y la misión de la Iglesia se fundan sobre la Palabra de Dios, que es el alma de la teología y, a la vez, la inspiradora de la existencia cristiana”.

“Las Sagradas Escrituras - ha reafirmado- son el testimonio escrito de la Palabra divina, el memorial canónico que atestigua el acontecimiento de la Revelación. Por lo tanto, la Palabra de Dios precede a la Biblia y la sobrepasa. Por eso el centro de nuestra fe no es solamente un libro, sino una historia de salvación y sobre todo una persona, Jesucristo, la Palabra de Dios que se hizo carne. Precisamente porque el horizonte de la Palabra divina abraza las Escrituras y se extiende más allá de ellas, es necesaria la presencia constante del Espíritu Santo que “guía a toda la verdad”. Es necesario situarse en la corriente de la gran Tradición que, con la ayuda del Espíritu Santo y la guía del Magisterio, ha reconocido los escritos canónicos como Palabra dirigida por Dios a su pueblo y no ha cesado nunca de meditarlos y descubrir su riqueza inagotable”.

El pontífice ha recordado que el Concilio Vaticano II lo ha reafirmado con claridad en la constitución dogmática “Dei Verbum”: “Porque todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios”. “De hecho -ha explicado- la Sagrada Escritura es Palabra de Dios en cuanto se le ha dado forma escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo; en cambio la sagrada Tradición transmite integralmente la Palabra de Dios, confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo a los apóstoles, a sus sucesores, para que éstos, iluminados por el Espíritu de verdad, con su predicación la conserven con fidelidad, la expliquen y la difundan”.

“La interpretación de las Sagradas Escrituras no puede ser solamente una labor científica individual, sino que siempre debe ser confrontada, insertada y autenticada con la tradición viva de la Iglesia. Esta norma es decisiva para precisar la relación correcta y recíproca entre la exegesis y el Magisterio de la Iglesia. Los textos inspirados por Dios han sido confiados a la Comunidad de los creyentes, a la Iglesia de Cristo para alimentar la fe y guiar a la vida de caridad”.

El Obispo de Roma se ha despedido de los miembros de la Comisión Bíblica agradeciéndoles su trabajo y manifestando el deseo de que en este Año de la fe, “contribuya a que resplandezca la luz de la Sagrada Escritura en el corazón de los fieles”.

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