martes, 13 de agosto de 2013

Adolescentes eclesiales

No acabo de ver la razón última. Pero el hecho es que me encuentro con relativa frecuencia con lo que se me ha ocurrido llamar “adolescentes eclesiales”, es decir, personas maduras, sensatas, serias, responsables y de una trayectoria profesional impecable, pero que cuando se trata de cosas de fe, moral o vida de la iglesia retornan a la más pura adolescencia.
Una de las características más claras del adolescente es la de ser rebelde porque sí. Rechaza autoridad, relativiza, afirma su personalidad en permanente confrontación con sus padres. No tiene demasiadas ideas propias. Vive por oposición a lo establecido como forma de ser él mismo.
Por eso me resulta curioso ir encontrando a gente inserta en grupos y comunidades populares, grandes profesionales en lo suyo como digo, pero perpetuos adolescentes en la iglesia. Se entiende fácil.
Por ejemplo. Un arquitecto, antes de comenzar un proyecto, lo primero que hace es estudiar la normativa y pedir la cédula urbanística para saber exactamente lo que puede y no puede construir. Ese mismo arquitecto no necesita las normas litúrgicas para criticar una celebración, organizar una oración o preparar un bautizo. Un catedrático jamás osará presentarse en un solemne acto académico sin toga y birrete, pero afirma que una casulla es un trapo más sin demasiada importancia. Un empleado de banca sabe perfectamente cómo son las cosas, conoce exactamente las normas y bien que se atiene a lo mandado. Pero llega a su grupo cristiano y todo vale: ahí no hacen falta ni reglamentos, ni circulares, ni normas ni la opinión del director.
Adolescencia. Falta de formación. Muy abundante. Es lo que nos toca. Gente que aún sigue en el “me apetece", “me gusta”, “me mola", “me da la gana” y encima lo quieren vender como la madurez comprensiva, la obediencia motivada, la fidelidad sensata y la opción personal ponderada. Como sor Teresa Forcades, por ejemplo, a la que por fin ha salido un cardenal con el báculo en su sitio. No en España, por supuesto.
Ya era hora.

P.D. ¿La primavera?

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