viernes, 22 de junio de 2012

De monjas descarriadas y ojos que no quieren ver.

RESPETUOSA RÉPLICA AL ARTÍCULO "MONJAS FUERA DE CONTROL"

Hoy en el diario El Espectador, el columnista Juan Carlos Botero hace una crítica a los "venerables jefes de la Iglesia" a los que acusa de ser los causantes de la huída en masa de los fieles de la Iglesia católica. A mi modo de ver, Botero en el fondo ha identificado la causa: la retrógrada jerarquía de la Iglesia se empeña mantener la impunidad y el oscurantismo contra el sentir de los fieles del mundo, que día a día "despiertan" y abandonan la Iglesia.

El señor Botero usa la clásica argumentación de mezclar mentiras con verdades. Esa argumentación tan de moda la usa el columnista para decir lo que sigue:
Por un lado, Margaret Farley, de 77 años, monja y profesora emérita de la cátedra de Divinidad en Yale, publicó un libro en 2006 sobre el amor y el sexo. Ahí, la autora defiende la masturbación y acepta el divorcio, las segundas nupcias y el homosexualismo. Critica el maltrato de niños, define la violación como un crimen injustificable, y la sexualidad como una actividad válida no sólo para procrear sino para fortalecer el amor y el vínculo de la pareja. Tras seis años de debates, el Vaticano denunció el libro y el papa aprobó su censura.
He ahí la mentira: Margaret Farley hablá en su libro de lo admisible de la masturbación, sexo prematrimonial, homosexualismo, segunda nupcias y también condena el maltrato y violación infantil, y el matrimonio no sólo con un fin procreativo sino también con un fin de fortalecer el amor y el vínculo de la pareja (es decir, un fin unitivo). Si el Vaticano condena el libro significaría que: rechaza la aceptación moral a la masturbación, el homosexualismo y las segundas nupcias, al tiempo que aprobaría o "no condenaría" la violación y el maltrato infantil...  si condena el libro significa que cree todo lo contrario a lo que en él se expone... o por lo menos eso parece en esta extraña lógica.
Lo increible del caso es que la idea de que al fin procreativo le secunda el fin unitivo (que Botero la tribuye a la autoría de Farley) es precisamente la doctrina católica:
"La alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges así como a la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad de sacramento" Catecismo 1660
 El fin unitivo (subordinado el procreativo) son precisamente los fines del matrimonio cristiano. Ni que decir de la definición tan cerrada de la sexualidad que le asigna Botero a la Iglesia. Es evidente que la sexualidad es un concepto más amplio que procrear, porque vivir la propia sexualidad es un llamado a todos las personas; sean célibes, casadas o simplemente solteras.
La crítica continúa respecto a que el Vaticano cuestiona el accionar de la monjas en Estados Unidos que se dedican "únicamente a combatir la pobreza y menos a condenar el aborto" como si fuera un secreto que la misión más importante de la Iglesia y a la que debe darse prioridad es a la evangelización. Jesucristo no nos ha llamado a hacer obras sociales, sino a evangelizar. La Iglesia más que una ONG o una fundación caritativa es una portadora del mensaje de salvación que nos ha dejado el Señor. Y salta a la lógica que si Farley piensa una doctrina a su manera tiene todo el derecho a promoverla; pero no bajo los auspicios de la Iglesia ni con su aquiescencia. Faltaba más.
Sepa el señor Botero que la organización caritativa más grande del mundo (más que la Cruz Roja, o cualquier ONG) es Cáritas, una organización católica fundada por nada más y nada menos que por un Papa. Si no lo sabía ya lo puede ir consultando por este oceano de información que es internet.
Y, finalmente, Botero se cuestiona (con indignación al parecer) el porqué la Iglesia persigue y censura con dureza la "libertad de expresión" de las monjitas y en cambio no lo hace con los abusos sexuales por parte de sacerdotes a menores, como si el Papa jamás y nunca los hubiera condenado con la suficiente energía o como si la Iglesia no hiciera nada al respecto por andar persiguiendo herejes al peor estilo de la Inquisición de la leyenda negra medieval.
Me pregunto si Botero no ha leído las imnumerables homilías y cartas del Papa, o las disposiciones que ponen en cintura a los sacerdotes que cometan tan aberrantes actos. El columnista cita sin contexto una homilía del Papa en la que lo hace decir que la causa de los abusos "es un misterio" cuando el Papa está haciendo referencia al porqué permitiría Dios cosa semejante en el seno de la Iglesia.
Los errores de los sacerdotes, por los que se ha pedido perdón muchas veces, y la voluntad actual de la Iglesia en que se conozca la verdad no bastan a Botero. El quisiera ver al Papa arrastrado y humillandose públicamente o aceptando su concepción moral de Iglesia. Como si no hubiera casos de abusos sexuales en otra institución del mundo, o como si la causa fuese la disciplina del celibato... que no lo dijo pero sospecho que también lo cree.
Mezclar mentiras con verdades y crear un monstruo sin querer o por ignorancia es muy poco creíble en personas tan inteligentes como Botero; más bien se trata de ver lo que conviene ver. Sentencia con razón el refrán: "no hay peor sordo que el que no quiere ver".

lunes, 18 de junio de 2012

El sacramento de la Confirmación I

En el
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACION

1285 Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los "sacramentos de la iniciación cristiana", cuya unidad debe ser salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal (cf OCf, Praenotanda 1). En efecto, a los bautizados "el sacramento de la confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma se comprometen mucho más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras" (LG 11; cf OCf, Praenotanda 2):

I LA CONFIRMACION EN LA ECONOMIA DE LA SALVACION

1286 En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado (cf. Is 11,2) para realizar su misión salvífica (cf Lc 4,16–22; Is 61,1). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios (Mt 3,13–17; Jn 1,33–34). Habiendo sido concedido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre le da "sin medida" (Jn 3,34).

1287 Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico (cf Ez 36,25–27; Jl 3,1–2). En repetidas ocasiones Cristo prometió esta efusión del Espíritu (cf Lc 12,12; Jn 3,5–8; 7,37–39; 16,7–15; Hch 1,8), promesa que realizó primero el día de Pascua (Jn 20,22) y luego, de manera más manifiesta el día de Pentecostés (cf Hch 2,1–4). Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar "las maravillas de Dios" (Hch 2,11) y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos (cf Hch 2, 17–18). Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cf Hch 2,38).

1288 "Desde aquel tiempo, los Apóstoles, en cumplimiento de la voluntad de Cristo, comunicaban a los neófitos, mediante la imposición de las manos, el don del Espíritu Santo, destinado a completar la gracia del Bautismo (cf Hch 8,15–17; 19,5–6). Esto explica por qué en la Carta a los Hebreos se recuerda, entre los primeros elementos de la formación cristiana, la doctrina del bautismo y de la la imposición de las manos (cf Hb 6,2). Es esta imposición de las manos la ha sido con toda razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen del sacramento de la Confirmación, el cual perpetúa, en cierto modo, en la Iglesia, la gracia de Pentecostés" (Pablo VI, const. apost. "Divinae consortium naturae").

1289 Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma). Esta unción ilustra el nombre de "cristiano" que significa "ungido" y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que "Dios ungió con el Espíritu Santo" (Hch 10,38). Y este rito de la unción existe hasta nuestros días tanto en Oriente como en Occidente. Por eso en Oriente, se llama a este sacramento crismación, unción con el crisma, o myron, que significa "crisma". En Occidente el nombre de Confirmación sugiere a la vez la "confirmación" del Bautismo, que completa la iniciación cristiana, y el robustecimiento de la gracia bautismal, frutos todos ellos del Espíritu Santo.

Dos tradiciones: Oriente y Occidente

1290 En los primeros siglos la Confirmación constituye generalmente una única celebración con el Bautismo, y forma con éste, según la expresión de S. Cipriano, un "sacramento doble. Entre otras razones, la multiplicación de los bautismos de niños, durante todo el tiempo del año, y la multiplicación de las parroquias (rurales), que agrandaron las diócesis, ya no permite la presencia del obispo en todas las celebraciones bautismales. En Occidente, por el deseo de reservar al obispo el acto de conferir la plenitud al Bautismo, se establece la separación temporal de ambos sacramentos. El Oriente ha conservado unidos los dos sacramentos, de modo que la Confirmación es dada por el presbítero que bautiza. Este, sin embargo, sólo puede hacerlo con el "myron" consagrado por un obispo (cf CCEO, can. 695,1; 696,1).

1291 Una costumbre de la Iglesia de Roma facilitó el desarrollo de la práctica occidental; había una doble unción con el santo crisma después del Bautismo: realizada ya una por el presbítero al neófito al salir del baño bautismal, es completada por una segunda unción hecha por el obispo en la frente de cada uno de los recién bautizados (véase S. Hipólito de Roma, Trad. Ap. 21). La primera unción con el santo crisma, la que daba el sacerdote, quedó unida al rito bautismal; significa la participación del bautizado en las funciones profética, sacerdotal y real de Cristo. Si el Bautismo es conferido a un adulto, sólo hay una unción postbautismal: la de la Confirmación.

1292 La práctica de las Iglesias de Oriente destaca más la unidad de la iniciación cristiana. La de la Iglesia latina expresa más netamente la comunión del nuevo cristiano con su obispo, garante y servidor de la unidad de su Iglesia, de su catolicidad y su apostolicidad, y por ello, el vínculo con los orígenes apostólicos de la Iglesia de Cristo.


II LOS SIGNOS Y EL RITO DE LA CONFIRMACION

1293 En el rito de este sacramento conviene considerar el signo de la unción y lo que la unción designa e imprime: el sello espiritual.

La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones: el aceite es signo de abundancia (cf Dt 11,14, etc.) y de alegría (cf Sal 23,5; 104,15); purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad (la unción de los atletas y de los luchadores); es signo de curación, pues suaviza las contusiones y las heridas (cf Is 1,6; Lc 10,34) y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza.

1294 Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran en la vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el óleo de los catecúmenos significa purificación y fortaleza; la unción de los enfermos expresa curación y el consuelo. La unción del santo crisma después del Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una consagración. Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda "el buen olor de Cristo" (cf 2 Co 2,15).

1295 Por medio de esta unción, el confirmando recibe "la marca", el sello del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona (cf Gn 38,18; Ct 8,9), signo de su autoridad (cf Gn 41,42), de su propiedad sobre un objeto (cf. Dt 32,34) –por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el de su señor–; autentifica un acto jurídico (cf 1 R 21,8) o un documento (cf Jr 32,10) y lo hace, si es preciso, secreto (cf Is 29,11).

1296 Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre (cf Jn 6,27). El cristiano también está marcado con un sello: "Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones" (2 Co 1,22; cf Ef 1,13; 4,30). Este sello del Espíritu Santo, marca la pertenencia total a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, pero indica también la promesa de la protección divina en la gran prueba escatológica (cf Ap 7,2–3; 9,4; Ez 9,4–6).


La celebración de la Confirmación

1297 Un momento importante que precede a la celebración de la Confirmación, pero que, en cierta manera forma parte de ella, es la consagración del santo crisma. Es el obispo quien, el Jueves Santo, en el transcurso de la Misa crismal, consagra el santo crisma para toda su Diócesis. En las Iglesias de Oriente, esta consagración está reservada al Patriarca:

La liturgia siriaca de Antioquía expresa así la epíclesis de la consagración del santo crisma (myron): " (Padre...envía tu Espíritu Santo) sobre nosotros y sobre este aceite que está delante de nosotros y conságralo, de modo que sea para todos los que sean ungidos y marcados con él, myron santo, myron sacerdotal, myron real, unción de alegría, vestidura de la luz, manto de salvación, don espiritual, santificación de las almas y de los cuerpos, dicha imperecedera, sello indeleble, escudo de la fe y casco terrible contra todas las obras del Adversario".

1298 Cuando la Confirmación se celebra separadamente del Bautismo, como es el caso en el rito romano, la liturgia del sacramento comienza con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos. Así aparece claramente que la Confirmación constituye una prolongación del Bautismo (cf SC 71). Cuando es bautizado un adulto, recibe inmediatamente la Confirmación y participa en la Eucaristía (cf CIC can.866).

1299 En el rito romano, el obispo extiende las manos sobre todos los confirmandos, gesto que, desde el tiempo de los apóstoles, es el signo del don del Espíritu. Y el obispo invoca así la efusión del Espíritu:

Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo, a estos siervos tuyos y los libraste del pecado: escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito; llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad; y cólmalos del espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo nuestro Señor.

1300 Sigue el rito esencial del sacramento. En el rito latino, "el sacramento de la confirmación es conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: 'Accipe signaculum doni Spiritus Sancti'" ("Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo, Pablo VI, con. ap. "Divinae consortium naturae"). En las Iglesias orientales, la unción del myron se hace después de una oración de epíclesis, sobre las partes más significativas del cuerpo: la frente, los ojos, la nariz, los oídos, los labios, el pecho, la espalda, las manos y los pies, y cada unción va acompañada de la fórmula: "Sello del don que es el Espíritu Santo".

1301 El beso de paz con el que concluye el rito del sacramento significa y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles (cf S. Hipólito, Trad. ap. 21).


III LOS EFECTOS DE LA CONFIRMACION

1302 De la celebración se deduce que el efecto del sacramento es la efusión plena del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés.

1303 Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal:

– nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir "Abbá, Padre" (Rm 8,15).;

– nos une más firmemente a Cristo;

– aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo;

– hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia (cf LG 11);

– nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza de la cruz (cf DS 1319; LG 11,12):

Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu (S. Ambrosio, Myst. 7,42).

1304 La Confirmación, como el Bautismo del que es la plenitud, sólo se da una vez. La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el "carácter" (cf DS 1609), que es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto para que sea su testigo (cf Lc 24,48–49).

1305 El "carácter" perfecciona el sacerdocio común de los fieles, recibido en el Bautismo, y "el confirmado recibe el poder de confesar la fe de Cristo públicamente, y como en virtud de un cargo (quasi ex officio)" (S. Tomás de A., s.th. 3, 72,5, ad 2).


domingo, 10 de junio de 2012

Breve reseña del origen de la fiesta del Corpus Christi


A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.

Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

miércoles, 6 de junio de 2012

Exsecuestrados de las FARC participan en audiencia con el Papa Benedicto XVI


ROMA, 06 Jun. 12 / 12:02 pm (ACI/EWTN Noticias).- Un grupo de militares y policías, que estuvieron secuestrados por la guerrilla narcoterrorista de las FARC por más de 10 años en Colombia, agradecieron hoy al Papa Benedicto XVI su apoyo y oraciones, que permitieron sobrellevar el sufrimiento y finalmente recuperar la libertad.
Según señala el diario vaticano L’Osservatore Romano (LOR), los uniformados que participaron en la audiencia general de hoy en la Plaza de San Pedro, tenían el deseo de agradecer al Papa por su constante apoyo.
Los militares y policías fueron secuestrados por las FARC a finales de los 90s’ y liberados en abril de este año. LOR señala que "contaron al Pontífice el calvario vivido en la selva, donde transcurrieron una larga temporada con una cadena siempre puesta en el cuello".
Al respecto, señala la agencia Efe, el embajador de Colombia ante la Santa Sede, César Mauricio Velásquez, señaló que el de hoy ha sido "un encuentro conmovedor para los uniformados y los familiares que los acompañan. Ellos vienen a agradecer al Papa su constante oración que les permitió soportar el suplicio del secuestro y recuperar la libertad".
Velásquez dijo luego que espera "que este gesto marque una pauta importante también para la reconciliación, porque cuando se ha sufrido mucho, también se crece en el amor y, en consecuencia, en la capacidad de perdonar".
Los uniformados que están en Roma son el general de la Policía Luis Ernesto Mendieta, quien estuvo secuestrado por las FARC durante más de diez años y trabaja actualmente como agregado de policía en España.
También estuvieron los suboficiales de la policía José Libardo Forero y Jorge Trujillo Solarte, y los suboficiales del Ejército Luis Alfredo Moreno, Luis Arturo Arcia, Luis Alfonso Beltrán y Robinson Salcedo. El grupo de militares tiene previsto visitar la localidad de Asís, ciudad natal de San Francisco.

lunes, 4 de junio de 2012

NOTA DE LA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE


Ciudad del Vaticano, 4 junio 2012 (VIS).-La Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado hoy una Nota sobre el libro “Just Love. A Framework for Christian Sexual Ethics”, de Sor Margaret A. Farley, R.S.M. En ella, advierte a los fieles que el libro “no está en conformidad con la doctrina de la Iglesia Católica. Por lo tanto, no puede ser usado como si fuese una válida expresión de las enseñanzas de la Iglesia para las sesiones de orientación o formación, ni tampoco para el diálogo ecuménico o interreligioso”. La Nota, firmada por el Prefecto de la Congregación, el Cardenal William Levada, ha sido aprobada por el Santo Padre.

Ya en 2010, la Congregación se dirigió a Sor Margaret Farley para para transmitirle una valoración preliminar de su libro e indicarle los problemas doctrinales que presenta. Su respuesta no fue satisfactoria, por lo que la Congregación decidió emprender un Examen con procedimiento urgente. La evaluación realizada por una comisión de expertos, reunida en 2011, confirmó que el libro contenía “proposiciones erróneas cuya divulgación podía causar grave daño a los fieles”. Se hizo llegar a la autora la lista de las proposiciones erróneas, invitándola a corregirlas. A juicio de los miembros de la Congregación, la respuesta de Sor Farley a esta petición “no clarifica adecuadamente los problemas contenidos en su libro”, por lo que han decidido proceder a la publicación de la presente Nota, de la que ofrecemos a continuación algunos extractos:

“La autora no entiende correctamente el papel del Magisterio de la Iglesia, que es expresión de la autoridad de los Obispos para enseñar en comunión con el Sucesor de Pedro, que guía a la Iglesia a una comprensión siempre más profunda de la Palabra de Dios que se encuentra en la Sagrada Escritura (…). Sor Farley trata argumentos de carácter moral ignorando la enseñanza constante del Magisterio, y cuando ocasionalmente lo menciona, lo trata como a una opinión más. (…) Revela también una comprensión defectuosa del carácter objetivo de la ley moral natural”.

“Entre los numerosos errores y ambigüedades del libro, se encuentran sus opiniones acerca de la masturbación, los actos homosexuales, las uniones homosexuales, la indisolubilidad del matrimonio y el problema del divorcio seguido de nuevas nupcias”.

“Escribe Sor Farley: «La masturbación (...) generalmente no implica ningún problema de carácter moral». (…) Sus afirmaciones no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia Católica: «Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado. (…) El goce sexual es buscado aquí al margen de la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero»”. (...)

“Escribe Sor Farley: «Desde mi punto de vista (…), las relaciones y los actos homosexuales pueden ser justificados de acuerdo con la misma ética sexual de las relaciones y los actos heterosexuales». (…) Dicha posición no es aceptable. La Iglesia Católica, en efecto, distingue entre personas con tendencias homosexuales y actos homosexuales. En cuanto a las personas con tendencias homosexuales, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que deben ser acogidas «con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta» . En cuanto a los actos homosexuales, en cambio, el Catecismo afirma: «Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida.
No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso»”.

Frente al apoyo de Sor Farley al matrimonio homosexual, la Nota recuerda que “«La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a (...) la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. (...) No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta»”.

“Escribe Sor Farley: «Mi posición personal es que el compromiso matrimonial está sujeto a disolución» (…) Dicha opinión está en contradicción con la doctrina católica sobre la indisolubilidad del matrimonio: «El amor conyugal exige de los esposos, por su misma naturaleza, una fidelidad inviolable. Esto es consecuencia del don de sí mismos que se hacen mutuamente los esposos. El auténtico amor tiende por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero. Esta íntima unión, en cuanto donación mutua de dos personas, así como el bien de los hijos, exigen la fidelidad de los cónyuges y urgen su indisoluble unidad. (…) El Señor Jesús insiste en la intención original del Creador que quería un matrimonio indisoluble, y deroga la tolerancia que se había introducido en la ley antigua»”.

En opinión de Sor Farley, los divorciados pueden volver a casarse. “Dicha opinión contradice la doctrina católica que excluye la posibilidad de segundas nupcias después del divorcio. (…) La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo (...) (Mc 10,11-12), que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el primer matrimonio”. (…)

“Con esta Notificación, la Congregación para la Doctrina de la Fe lamenta profundamente que un miembro de un Instituto de Vida Consagrada, Sor Margaret A. Farley, R.S.M., haga afirmaciones que están en contraste directo con la doctrina católica en el ámbito de la moral sexual. (…) La Congregación desea, además, alentar a los teólogos para que cumplan con sus tareas de estudio y enseñanza de la teología moral en plena conformidad con los principios de la doctrina católica”.

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