domingo, 2 de diciembre de 2012

LA REFORMA LITÚRGICA DEL VATICANO II (V)


LOS EXPERIMENTOS LITÚRGICOS

En cierto modo los experimentos litúrgicos estaban indicados en los nn. 40 y 44 de la constitución Sacrosanctum concilium. En el artículo 40, numero 2, se dice: "Para que la adap­tación se realice con la necesaria cautela, si es preciso, la Sede apostólica concederá a la misma autoridad eclesiástica territorial la facultad de permitir y dirigir las experiencias previas necesarias en algunos grupos preparados para ello y por un tiempo determinado". En el artículo 44, que trata de la comisión litúrgica, dice al final: "La comisión tendrá como tarea encauzar dentro de su territorio la acción pastoral litúrgica, bajo la dirección de la autoridad territorial eclesiástica arriba mencionada, y promover los estudios y experiencias necesarios cuando se trate de adaptaciones que deben proponerse a la Sede Apostólica".

Se trataba de un procedimiento ordenado, tem­poral, limitado y bajo la autoridad de la Sede Apostólica y de los obispos. Pero hubo algunos (liturgistas, obispos, pastoralistas) que se creyeron verdaderos Consiliums o Congregaciones romanas para hacer y deshacer a su antojo y lo peor es que aún lo siguen haciendo. Decían que ayudaban a la Iglesia, pues esta podría escoger luego los ritos que mas le agradasen de cuantos ellos estaban ensayando por iniciativa propia. Esto comenzó a realizarse en 1964.
Cómo se estaría poniendo fea la cosa para que el 15 de febrero de 1965 saliese al paso de tales desbordamientos el mismo padre Bugnini, secretario del Consilium -defensor de una idea de reforma de claro contraste con la tradición y uno de los principales causantes de la apertura de esa especia de caja de Pandora que se había abierto en el ámbito litúrgico- que en un trabajo publicado en "Notitiae" se preguntaba: Quo vadis, liturgia? y decia: "¿Adónde vas, liturgia, o mejor, adonde la están llevando liturgistas y pastoralistas? El camino de la liturgia, seguro, luminoso, amplio, expansivo, es el indicado por la Iglesia y por el supremo Pastor. Cualquier otro camino es falso". Parece ser que al final algo había entendido el buen prelado, pero ya la cosa se había desbordado y aún hoy, con lo mucho que han cambiado los tiempos, todavía no lo han entendido algunos, incluso obispos y cardenales, que celebran la liturgia quebrantando las normas de la competente jerarquía de la Iglesia.

El problema fue tratado por el Consilium en varias ocasiones (cf. "Notitiae" [1966] 259; [1967] 290-292). También el Papa, como luego diremos, habló en diversas ocasiones sobre este punto, que tanto le angustió (cf "Notitiae" [1967] 127-128; [1968] 344-345). Imprudentes falsos liturgis­tas hacían alarde de una reforma litúrgica desquiciada. Esto entorpecía y perjudicaba a la re­forma litúrgica autentica de la Iglesia, pues los que la veían con prejuicios se fundaban en dichas extralimitaciones para atacarla. Fueron unos momentos difíciles, que todavía no han terminado. Son bien expresivos estos títulos de "Notitiae": Cuestiones desde Holanda (1970, 41), Autenticidad, hibridismo (ib, 72), Degradación de la litur­gia (ib, 102), Renovación con orden (1971, 49), ¿En que sentido debe ser renovada la liturgia? (1973, 288), etc. Hay que decir, a modo de comentarios, que el tener que preguntar en el 1973, tantos años después de la Sacrosanctum Concilium, en una revista oficial de la Santa Sede como es "Notitiae", en qué sentido había que renovar la liturgia, indica la confusión a la que se había llegado por entonces. No hay exageración. La realidad fue y es más alarmante hasta llegar a casos de verdaderos sacrilegios. Los ladrones sacrílegos son menos culpables que esos falsos liturgistas y pastoralistas, pues aquellos iban solo por el lucro, sin fijarse en lo sagrado, y estos con sus iniciativas han inferido graves ofensas a la sagrada Eucaristía por razones "pastorales", abusivas y monstruosas.

Por parte de la competente autoridad eclesiástica se tomaron todas las precauciones necesarias, pero el desbordamiento comenzó un poco en todas partes. Por eso en junio de 1965 el Consilium hizo unas declaraciones censurando el hecho de esa anarquía en materia litúrgica y puntualizaba concretamente los permisos que se habían concedido, dados a la autoridad eclesiástica territorial, para grupos determinados y por algún tiempo. En diciembre de 1966 la revista "Paris Match" publicaba unas fotografías de celebraciones eucarísticas domesticas que alarmaron al Vaticano. La Sede Apostólica creyó conveniente denunciar la arbitrariedad y el mal espíritu que esto reflejaba. Así lo hicieron la Congregación de Ritos y el Consilium (cf. "Notitiae" [1966] 37-49). El 5 de septiembre de 1970 se publicó la tercera instrucción Liturgicae instaurationes, y en ella se trataba una vez mas de los experimentos en materia litúrgica. Después de recordar los principios antes indicados, se decía: "Por lo que respecta a la Misa, todas las facultades concedidas con vistas a la reforma han de considerarse caducadas. Publicado el Misal romano, las normas y la forma de la celebración eucarística son las establecidas por la Instrucción general y por el Ordo missae". Sin embargo, se volvió a crear no poca confusión al permitir a las Conferencias episcopales conceder el permiso para experimentar aquellas adaptaciones previstas en los libros litúrgicos que han de ser estable­cidas por las respectivas Conferencias episcopales y confirmadas por la Sede Apostólica. Las normas de esas experiencias litúrgicas estaban dadas con bastante claridad, pero en los mismos centros de experimentación designados por el Consilium y la autoridad eclesiástica territorial no se observaron las condiciones propuestas, sino que se obró con gran arbitrariedad y sin criterio litúrgico alguno.

Las voces de la Jerarquía se elevaban, pero nunca mejor dicho, como una voz en el desierto (desierto de obediencia, de amor a la Iglesia e incluso de sentido común). El 30 de junio de 1965 el cardenal Lercaro, presidente del Consilium, escribió una carta a los presidentes de las Conferencias episcopales contra las experiencias e iniciativas personales y arbitrarias, por su individualismo y su oposición a las tareas del Consilium. En diciembre de 1966 la revista "Notitiae", ógano oficial del Consilium y luego de la Congre­gación para el Culto divino, repetía la misma censura, ya que, después de veinte meses de la carta del cardenal Lercaro, la situación no solo no había cambiado, sino que había empeorado. El 29 de diciembre del mismo año apareció una declaración conjunta de ambas instituciones, la Congregación de Ritos y del Consilium condenando enérgicamente toda celebración arbitraria de la liturgia, principalmente la sagrada Eucaristía.

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