jueves, 26 de julio de 2012

Mons Müller: «No se pueden pronunciar los tres votos religiosos y después no tomarlos en serio»

Mons. Müller, recientemente nombrado Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha concedido una entrevista a L’Osservatore Romano. El prelado explica que la función de su dicasterio es «la de anunciar el Evangelio y de exponer de modo concreto la doctrina de la Iglesia». El Prefecto de la CDF aborda también la cuestión de las discusiones con los lefebvrianos y con las monjas estadounidenses.
(LOR/VI/InfoCatólica) Mons. Müller asegura al periódico vaticano que «tenemos el problema de los grupos –de derecha o de izquierda, como se suele decir– que ocupan mucho de nuestro tiempo y de nuestra atención. Aquí nace fácilmente el peligro de perder un poco de vista nuestra tarea principal, que es la de anunciar el Evangelio y de exponer de modo concreto la doctrina de la Iglesia. Estamos convencidos de que no existe alternativa a la revelación de Dios en Jesucristo. La Revelación responde a las grandes preguntas de los hombres de todos los tiempos...».
Al responder a una pregunta sobre la transformación del Santo Oficio en la Congregación para la Doctrina de la Fe, por voluntad de Pablo VI, el nuevo Prefecto observó que: «La Iglesia es, sobre todo, una comunidad de fe; luego, la fe es el bien más importante, que debemos transmitir, anunciar y custodiar. Jesús confió a Pedro y a sus sucesores el magisterio universal, y es a este que el dicasterio debe servir... Creo que el aspecto más importante de la transformación del dicasterio» haya sido «la orientación principal de su trabajo. El Papa Pablo VI quería que el aspecto positivo estuviera en primer plano: la Congregación debe, sobre todo, promover y hacer comprensible la fe, y este es el factor decisivo. Se añade, además, el hecho de que la fe debe ser defendida de errores y envilecimientos. Justamente en el tiempo presente, necesitamos esperanza y señales para volver a empezar. Si vemos el mundo, sobre todo nuestros países europeos, que naturalmente son los que conozco mejor, vemos muchos políticos y economistas que hacen cosas extraordinarias, pero no son los primeros a los que hay que dirigirse cuando se trata de transmitir esperanza y confianza».

Teología de la liberación

Mons. Müller también habla de su experiencia en Iberoamérica, que conoce bien, así como la vida de muchas personas pobres y la experiencia de la Iglesia comprometida en su favor: «He ido a menudo a América Latina, a Perú, pero también a otros países. En 1988 me enviaron para participar en un seminario con Gustavo Gutiérrez. Fui con algunas reservas, como teólogo alemán, incluso porque conocía las dos declaraciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la teología de la liberación publicadas en 1984 y en 1986. Sin embargo, pude constatar que hay que distinguir entre una teología de la liberación equivocada y otra correcta. Considero que cualquier teología buena tiene que ver con la libertad y la gloria de los hijos de Dios. Aunque, claramente, una mezcla de la doctrina de una auto-redención marxista con la salvación de Dios hay que rechazarla».
«Por otra parte –afirma Mons. Müller– debemos preguntarnos sinceramente: ¿cómo podemos hablar del amor y de la misericordia de Dios ante el sufrimiento de tantas personas que no tienen comida, agua, asistencia sanitaria, que no saben cómo ofrecer un futuro a sus hijos, en el que falta verdaderamente la dignidad humana, en donde los derechos humanos son ignorados por los poderosos?»

Monjas EEUU y FSSPX

Al final, el nuevo Prefecto de la CDF respondió a una pregunta sobre las discusiones con los lefebvrianos y con las monjas estadounidenses. «Por el futuro de la Iglesia –dijo– es importante superar los choques ideológicos de donde provengan. Existe una única revelación de Dios en Jesucristo, que fue confiada a toda la Iglesia. Por ello no hay negociaciones sobre la Palabra de Dios y no se puede creer y al mismo tiempo no creer. No se pueden pronunciar los tres votos religiosos y después no tomarlos en serio. No puedo citar la tradición de la Iglesia y después aceptar tan solo algunas de sus partes. La vía de la Iglesia impulsa y todos están invitados a no encerrarse en una mentalidad autoreferencial, sino a aceptar la vida plena y la fe plena de la Iglesia».
«Para la Iglesia católica –dijo el Prefecto– es completamente evidente que el hombre y la mujer tienen el mismo valor: lo dice la narración de la Creación y lo confirma la orden de la Salvación. El ser humano no necesita emanciparse, o bien crearse o inventarse solo. Es liberado y emancipado a través de la Gracia de Dios. Muchas declaraciones sobre la admisión de las mujeres al sacramento de la Orden ignoran un aspecto importante del ministerio sacerdotal. Ser sacerdote no significa crearse una posición. No se puede considerar el ministerio sacerdotal como una especie de posición de poder terrenal y creer que la emancipación se dé cuando todos pueden ocuparla. La fe católica sabe que no somos nosotros los que dictamos las condiciones para la admisión al ministerio sacerdotal y que detrás del ser sacerdote siempre están la voluntad y el llamado de Cristo. Invito a renunciar a las polémicas y a la ideología y a sumergirse en la doctrina de la Iglesia. Justamente en Estados Unidos, las religiosas y los religiosos han hecho cosas extraordinarias para la Iglesia, para la educación y la formación de los jóvenes. Cristo necesita jóvenes que prosigan este camino y que se identifiquen con la propia elección fundamental. El Concilio Vaticano II afirma cosas maravillosas para la renovación de la vida religiosa, como también sobre la vocación común a la santidad. Es importante reforzar la confianza recíproca, más que trabajar unos contra otros».

Entrevista entera

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