sábado, 20 de agosto de 2011

Benedicto XVI anuncia que proclamará a San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia


Al finalizar la Misa que ha oficiado en la Catedral de La Almudena con miles de seminaristas de todo el mundo, el Papa Benedicto XVI ha anunciado la proclamación de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia. Así se cumple con lo anunciado el pasado mes de mayo, cuando la Congregación para la Causa de los Santos abordó la posibilidad de nombrar doctor de la Iglesia al conocido como Apóstol de Andalucía y auténtico reformador. Su influencia en el Concilio de Trento fue fundamental para la institución de los Seminarios.
(Alberto Royo Mejía/InfoCatólica) San Juan de Ávila nació el 6 de enero de 1499 (o 1500) en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), de una familia profundamente cristiana. Sus padres, Alfonso de Ávila (de ascendencia israelita) y Catalina Jijón, poseían unas minas de plata en Sierra Morena, y supieron dar al niño una formación cristiana de sacrificio y amor al prójimo.
Estudió filosofía y teología en la Universidad de Alcalá y fue considerado como uno de las más influyentes y elocuentes figuras religiosas de la España del siglo XVI. Fue amigo de San Ignacio de Loyola y consejero espiritual de Santa Teresa, además de San Francisco de Borja. Como sacerdote mostró tal elocuencia, que el Arzobispo de Sevilla le pidió que se dedicara a la evangelización en su región. Trabajó durante 9 años en las misiones de Andalucía.
Famoso predicador, fue acusado ante la Santa Inquisición de Sevilla por predicar el rigorismo y la exclusión de los ricos del Reino de los Cielos. Luego de ser liberado, se dedicó a misionar en todas las regiones de España, principalmente en las ciudades. Los más famosos de sus escritos son sus cartas y el tratado: "Audi Filia". Fallecido en Montilla en 1569, fue beatificado en 1894, declarado Patrono del clero secular español por Pío XII en 1946 y canonizado por Pablo VI en 1970. La Compañía de Jesús celebra su fiesta como si se tratase de uno de sus miembros, ya que Juan veneró siempre a esta orden y a su fundador.

Reformador

El magisterio de Juan de Ávila no terminó con su vida. Sus abundantes escritos han influido notablemente en la historia de la espiritualidad y de la renovación eclesial. En la Biblioteca de Autores Cristianos sus obras conocidas ocupan varios volúmenes. Se enumeran no menos de catorce ediciones generales españolas y tres en otras lenguas, en distintas épocas. De obras por separado son numerosas las ediciones y versiones a distintos idiomas. De su Epistolario hay al menos veintitrés ediciones extranjeras. El tratado "Audi Filia" es un clásico de la espiritualidad. Se tradujo muy pronto al italiano, francés, alemán e inglés. Los católicos perseguidos en Inglaterra encontraban en él un gran aliento. Fray Luis de Granada afirmaba: "Lo tengo en la cabeza por haberlo leído muchas veces". Felipe II lo tenía de libro de cabecera. El Cardenal Astorga, arzobispo de Toledo, decía: "este libro ha convertido más almas que letras tiene".
Su influencia en el Concilio de Trento ha sido puesta de manifiesto por los especialistas. No pudo participar en él por su precaria salud. Pero a través del Arzobispo de Granada, D. Pedro Guerrero, envió dos Memoriales, que fueron acogidos en el aula conciliar con aplauso general.Sus criterios influyeron en los acuerdos de este Concilio en temas de tanta importancia como la institución de los Seminarios, la reforma del estado eclesiástico o la catequesis, de modo que Pablo VI pudo decir en la homilía de canonización que "el Concilio de Trento adoptó decisiones que él había preconizado mucho tiempo antes".
El Maestro Ávila pertenece a ese grupo de verdaderos reformadores que alentaron e iluminaron la renovación de la Iglesia en aquellos tiempos recios del siglo XVI. Su influencia se puede comprobar también en varios Concilios provinciales de aplicación de Trento: en los de Toledo, Granada, Santiago de Compostela, Valencia y, pasando al Nuevo Mundo, en el tercer Concilio de Lima y de México.

viernes, 19 de agosto de 2011

«Queridos jóvenes, escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros espíritu y vida»

PRIMERA HOMILÍA DEL PAPA EN MADRID
Emocionante y por momentos apoteósico ha sido el primer encuentro del Papa Benedicto XVI con los jóvenes peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud que está teniendo lugar en Madrid. Tras haber recibido las llaves de la ciudad y atravesar a pie la emblemática Puerta de Alcalá, el Santo Padre ha presidido la Celebración de la Palabra en la plaza de Cibeles. El Papa ha saludado a los jóvenes en varios idiomas y tras escuchar el Evangelio ha predicado su primera homilía, en la que ha exhortado a los fieles a escuchar las palabras de Cristo, «el único Amigo que no defrauda».
(Luis F. Pérez/InfoCatólica) Benedicto XVI ha hablado en diversos idiomas a los fieles jóvenes reunidos en Cibeles. Estas han sido sus palabras en español:
Queridos jóvenes amigos
Es una inmensa alegría encontrarme aquí con vosotros, en el centro de esta bella ciudad de Madrid, cuyas llaves ha tenido la amabilidad de entregarme el Señor Alcalde. Hoy es también capital de los jóvenes del mundo y donde toda la Iglesia tiene puestos sus ojos. El Señor nos ha congregado para vivir en estos días la hermosa experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud. Con vuestra presencia y la participación en las celebraciones, el nombre de Cristo resonará por todos los rincones de esta ilustre Villa. Y recemos para que su mensaje de esperanza y amor tenga eco también en el corazón de los que no creen o se han alejado de la Iglesia. Muchas gracias por la espléndida acogida que me habéis dispensado al entrar en la ciudad, signo de vuestro amor y cercanía al Sucesor de Pedro.
Saludo al Señor Cardenal Stanisław Ryłko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, y a sus colaboradores en ese Dicasterio, agradeciendo todo el trabajo realizado. Asimismo, doy las gracias al Señor Cardenal Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de Madrid, por sus amables palabras y el esfuerzo de su archidiócesis, junto con las demás diócesis de España, en preparar esta Jornada Mundial de la Juventud, para la que se ha trabajado con generosidad también en tantas otras Iglesias particulares del mundo entero.
Agradezco a las autoridades nacionales, autonómicas y locales su amable presencia y su generosa colaboración para el buen desarrollo de este gran acontecimiento. Gracias a los hermanos en el episcopado, a los sacerdotes, seminaristas, personas consagradas y fieles que están aquí presentes y han venido acompañando a los jóvenes para vivir estos días intensos de peregrinación al encuentro con Cristo. A todos os saludo cordialmente en el Señor y os reitero que es una gran dicha estar aquí con todos vosotros. Que la llama del amor de Cristo nunca se apague en vuestros corazones.

Homilía

Tras la proclamación del Evangelio, el Papa ha predicado su primera homilía en esta JMJ. Benedicto XVI ha asegurado que “hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; otras instruyen la mente en algunos aspectos; las de Jesús, en cambio, han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida. Sin esto, se quedan vacías y se vuelven efímeras. No nos acercan a Él. Y, de este modo, Cristo sigue siendo lejano, como una voz entre otras muchas que nos rodean y a las que estamos tan acostumbrados”.
“Queridos jóvenes”, ha proclamado el Papa, “escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros «espíritu y vida» (Jn 6,63), raíces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo, siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz. Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda y con el que queremos compartir el camino de la vida”.
El Papa ha animado a los presentes a aprovechar “estos días para conocer mejor a Cristo y cercioraros de que, enraizados en Él, vuestro entusiasmo y alegría, vuestros deseos de ir a más, de llegar a lo más alto, hasta Dios, tienen siempre futuro cierto, porque la vida en plenitud ya se ha aposentado dentro de vuestro ser. Hacedla crecer con la gracia divina, generosamente y sin mediocridad, planteándoos seriamente la meta de la santidad”.

Dios perdona

El Santo Padre ha recordado que “ante nuestras flaquezas, que a veces nos abruman, contamos también con la misericordia del Señor, siempre dispuesto a darnos de nuevo la mano y que nos ofrece el perdón en el sacramento de la Penitencia”.
Benedicho XVI ha afirmado que “hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento”.
“Estas tentaciones siempre están al acecho”, ha advertido el Santo Padre y ha dicho que “es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios. Nosotros,en cambio, sabemos bien que hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la búsqueda de la verdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos, colaboradores creativos en la tarea de cultivar y embellecer la obra de la creación”.

Sed prudentes y sabios

El Vicario de Cristo ha exhortado a los jóvenes para que sean prudentes y sabios: “edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz. Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás”.
De obrar así, ha afirmado el Papa, “se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo. Él murió por nosotros y resucitó para que tuviéramos vida y ahora, desde el trono del Padre, sigue vivo y cercano a todos los hombres, velando continuamente con amor por cada uno de nosotros”.
El Obispo de Roma ha finalizado su homilía encomendando “los frutos de esta Jornada Mundial de la Juventud a la Santísima Virgen María, que supo decir «sí» a la voluntad de Dios, y nos enseña como nadie la fidelidad a su divino Hijo, al que siguió hasta su muerte en la cruz. Meditaremos todo esto más detenidamente en las diversas estaciones del Via crucis. Y pidamos que, como Ella, nuestro «sí» de hoy a Cristo sea también un «sí» incondicional a su amistad, al final de esta Jornada y durante toda nuestra vida”.
Tras la homilía, los fieles han cantado el Padrenuestro en latín. Finalmente el Papa ha dado su bendición a los presentes y se ha cantado el Salve Regina y el Mesías de Haendel.

martes, 16 de agosto de 2011

Comienza la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011

«¡No lo dudéis! Jesucristo os muestra el camino y la meta de la verdadera felicidad»


EL CARDENAL ROUCO CELEBRA LA MISA QUE INAUGURA LA JMJ
La misa inaugural de la JMJ –también llamada «de acogida»- se está celebrando en la plaza de Cibeles, frente al Ayuntamiento de Madrid. Con este acto comienza oficialmente la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011. La celebración ha sido oficiada por el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid y presidente del Comité Organizador Local de la JMJ, y ha estado dedicada litúrgicamente al beato Juan Pablo II. El prelado ha destacado la identidad católica de España y ha animado a los jóvenes a encontrar en Cristo el camino hacia la verdadera felicidad.
(Luis F. Pérez/InfoCatólica) Junto con el cardenal Rouco han concelebrado cerca de 800 obispos, arzobispos y cardenales venidos de todo el mundo, así como unos 8.000 sacerdotes.

España, nación católica

Durante su homilía, el Arzobispo de Madrid se ha dirigido a los jóvenes que han venido de todo el mundo, recordándoles que han sido recibidos por los españoles con una actitud "de brazos abiertos y de cálida simpatía", la cual "tiene que ver profundamente con el hecho vivo de un viejo país formado por una comunidad de pueblos: ¡España!, cuya principal seña de identidad histórica, ¡de su cultura y modo de ser!, es la profesión de la fe cristiana de sus hijas e hijos en la comunión de la Iglesia Católica".
El cardenal ha asegurado que “la personalidad histórica de España se forja con rasgos inconfundibles en torno a la visión cristiana del hombre y de la vida desde los albores mismos de su historia, iniciada en gran medida con la primera andadura de la predicación apostólica en suelo español hace casi dos mil años" y ha citado a Julián Marías, quien en uno de sus libros escribió que “España se constituye animada por un proyecto histórico que es su identificación con el cristianismo”.

Beato Juan Pablo II, el Papa de los jóvenes

El purpurado ha tenido un grato recuerdo para el Beato Juan Pablo II, “¡El Papa de los jóvenes! Con Juan Pablo II se inicia un periodo histórico nuevo, ¡inédito!, en la relación del Sucesor de Pedro con la juventud, y, consecuentemente, una hasta entonces desconocida relación de la Iglesia con sus jóvenes”. Una relación “directa, inmediata, de corazón a corazón, impregnada de una fe en el Señor, en Jesucristo, entusiasta, esperanzada, alegre, contagiosa”.
El cardenal Rouco ha destacado que “la santidad personal de Juan Pablo II brilla con un atractivo singular precisamente en la evangelización de los jóvenes contemporáneos”. Su “amor apasionado a Jesucristo es precisamente lo que fascinaba y cautivaba a los jóvenes", ha constatado el prelado. Para el cardenal, los jóvenes “omprendían que de este modo ellos eran queridos y amados por el Papa de verdad: sin halagos, ni disimulos; ni interesada, engañosa o superficialmente; sino con toda la autenticidad del que sólo buscaba su bien, el bien de sus vidas: ¡su felicidad!, ¡su salvación! Y lo buscaba entregando, sin reservase nada, la propia vida”.

La generación de Benedicto XVI

Sin embargo, el arzobispo de Madrid les ha dicho a los participantes en la actual JMJ que “sois la generación de Benedicto XVI. No es la misma que la de Juan Pablo II. Vuestro sitio en la vida tiene sus peculiaridades. Vuestros problemas y circunstancias vitales se han modificado. La globalización, las nuevas tecnologías de la comunicación, la crisis económica, etc., os condicionan para bien y, en muchas ocasiones, para mal”.
En ese sentido, el cardenal ha afirmado que “a los jóvenes de hoy, con raíces existenciales debilitadas por un rampante relativismo espiritual y moral", se les “tienta poderosamente hasta los límites” de hacerles “perder la orientación en el camino de la vida”. “¿Cómo no va a vacilar a veces vuestra fe?” ha preguntado el cardenal Rouco a los asistentes.

La juventud necesita a Cristo

“La juventud del siglo XXI” ha constatado el purupurado, “necesita, tanto o más que las generaciones precedentes, encontrar al Señor por la única vía que se ha demostrado espiritualmente eficaz: la del  peregrino humilde y sencillo que busca su rostro”.
El cardenal Rouco les ha dicho a los jóvenes que “la intención del Papa, que tanto os quiere, va justamente en esta dirección: que experimentéis en la Comunión Católica de la Iglesia la verdad y la imperiosa urgencia de hacer vida vuestra el lema de la Jornada Mundial de la Juventud 2011: `arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe´”.
Y ha proclamado: “Queridos jóvenes: ¡vivid, pues, esta celebración eucarística de la inauguración de la Jornada Mundial de la Juventud agradeciendo al Señor el sentiros llamados desde este mismo momento a ser sus discípulos y testigos! ¡No lo dudéis! Jesucristo os muestra el camino y la meta de la verdadera felicidad”.
El cardenal y arzobispo de Madrid ha confiado la JMJ 2011 “al cuidado maternal de la Virgen María, Madre del Señor y Madre de la Iglesia.¡Que vele muy especialmente estos días por vosotros, los jóvenes de esta Jornada Mundial de la Juventud del 2011, peregrinos a esta ciudad eminentemente mariana que es Madrid para el encuentro con el Santo Padre! ¡Que os cuide como sólo ella sabe hacerlo!

jueves, 11 de agosto de 2011

El Papa concede la indulgencia plenaria a los peregrinos de la JMJ

DEBERÁN CONFESARSE, COMULGAR Y REZAR POR LAS INTENCIONES DEL SANTO PADRE
La Penitenciaría Apostólica del Vaticano ha informado en un comunicado publicado este jueves que el Papa concederá a todos los participantes de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid la 'indulgencia plenaria', es decir, la reducción o eliminación de la llamada 'pena temporal' de los pecados que permanece después de la comisión de un pecado. Para lograrla, los peregrinos que participen en la Jornada Mundial de la Juventud tendrán que confesarse y comulgar siete días antes o después de este evento y también rezar por las intenciones del Papa.
(EP) Según explica el Código de Derecho Canónico, la indulgencia plenaria es "la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia".
La Penitenciaría Apostólica ha explicado que el arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela pidió a la Santa Sede que concediese la indulgencia plenaria a los peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud.
Además, el Pontífice concederá también la llamada'indulgencia parcial' a los fieles que recen por los frutos de la JMJ, que consiste en la reducción de la 'pena temporal' de los pecados cometidos. Benedicto XVI ya concedió la indulgencia plenaria a los participantes de la JMJ de Colonia en 2005 y de Sidney en 2008.
(infocatólica)

lunes, 8 de agosto de 2011

Alquiladas instalaciones de la Arquidiócesis de Bogotá para retiro nueva era

Tomado de Secretum Meum Mihi

No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas.
Ef 5, 11

El Centro de Estudios Pastorales Cardenal Anibal Muñoz Duque se autodefine en su sitio de internet de la siguiente manera:
El CEPCAM es una institución de la Arquidiócesis de Bogotá al servicio de la vida consagrada y del laicado, para contribuir a su formación espiritual y pastoral...
Según la información suministrada en ese mismo sitio, cuenta con unas muy modernas y cómodas instalaciones, las cuales ponen a disposición de terceros para que realicen eventos sociales y empresariales de todo órden, conferencias, convenciones etc...; y no es de extrañarse, tienen que financiar su sostenimiento de alguna manera, lo que si es de extrañar es que se ayude a financiar su sostenimiento alquilándolo para un retiro nueva era en el cual se anuncia a una “líder espiritual” que enseñará que “se puede vivir sin alimento material” (ver información de prensa aquí).

Los propios organizadores del evento lo anuncian en el blogcreado para la ocasión (ver recuadro rojo en la imágen):
JASMUHEEN EN COLOMBIA MUY PRONTO....
CAMINOS DE PAZ Y VIVIENDO DE PRANA.
“12 CAMINOS HACIA LA PAZ PERMANENTE”
JASMUHEEN EN BOGOTA
Lugar
CEPCAM
Calle 119 No. 5-25 Usaquén

BOGOTA, AGOSTO 12,13 14 2011

[...]
¿Habrá alguien con autoridad en la Arquidiócesis de Bogotá que le interese no ayudar al enemigo a perder las almas?

Con información enviada vía correo electrónico por un católico de Bogotá, Colombia.

jueves, 4 de agosto de 2011

El Sacramento del Bautismo (I)

En el
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Artículo 1 EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO
1213 El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu ("vitae spiritualis ianua") y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (cf Cc. de Florencia: DS 1314; CIC, can 204,1; 849; CCEO 675,1): "Baptismus est sacramentum regenerationis per aquam in verbo" ("El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra", Cath. R. 2,2,5).
I EL NOMBRE DE ESTE SACRAMENTO
1214 Este sacramento recibe el nombre de Bautismo en razón del carácter del rito central mediante el que se celebra: bautizar (baptizein en griego) significa "sumergir", "introducir dentro del agua"; la "inmersión" en el agua simboliza el acto de sepultar al catecúmeno en la muerte de Cristo de donde sale por la resurrección con El (cf Rm 6,3–4; Col 2,12) como "nueva criatura" (2 Co 5,17; Ga 6,15).
1215 Este sacramento es llamado también “baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo” (Tt 3,5), porque significa y realiza ese nacimiento del agua y del Espíritu sin el cual "nadie puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3,5).
1216 "Este baño es llamado iluminación porque quienes reciben esta enseñanza (catequética) su espíritu es iluminado..." (S. Justino, Apol. 1,61,12). Habiendo recibido en el Bautismo al Verbo, "la luz verdadera que ilumina a todo hombre" (Jn 1,9), el bautizado, "tras haber sido iluminado" (Hb 10,32), se convierte en "hijo de la luz" (1 Ts 5,5), y en "luz" él mismo (Ef 5,8):

El Bautismo es el más bello y magnífico de los dones de Dios...lo llamamos don, gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todo lo más precioso que hay. Don, porque es conferido a los que no aportan nada; gracia, porque, es dado incluso a culpables; bautismo, porque el pecado es sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real (tales son los que son ungidos); iluminación, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos guarda y es el signo de la soberanía de Dios (S. Gregorio Nacianceno, Or. 40,3–4).

II EL BAUTISMO EN LA ECONOMIA DE LA SALVACION
Las prefiguraciones del Bautismo en la Antigua Alianza
1217 En la Liturgia de la Noche Pascual,cuando se bendice el agua bautismal, la Iglesia hace solemnemente memoria de los grandes acontecimientos de la historia de la salvación que prefiguraban ya el misterio del Bautismo: 
¡Oh Dios!, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para significar la gracia del bautismo (MR, Vigilia Pascual, bendición del agua bautismal, 42)
1218 Desde el origen del mundo, el agua, criatura humilde y admirable, es la fuente de la vida y de la fecundidad. La Sagrada Escritura dice que el Espíritu de Dios "se cernía" sobre ella (cf Gn 1,2):
¡Oh Dios!, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar (MR, ibid.).
1219 La Iglesia ha visto en el Arca de Noé una prefiguración de la salvación por el bautismo. En efecto, por medio de ella "unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvados a través del agua" (1 P 3,20):
¡Oh Dios!, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad (MR, ibid.).
1220 Si el agua de manantial simboliza la vida, el agua del mar es un símbolo de la muerte. Por lo cual, pudo ser símbolo del misterio de la Cruz. Por este simbolismo el bautismo significa la comunión con la muerte de Cristo.
1221 Sobre todo el paso del Mar Rojo, verdadera liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, es el que anuncia la liberación obrada por el bautismo:
¡Oh Dios!, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo s los hijos de Abraham, para que el pueblo liberado de la esclavitud del faraón fuera imagen de la familia de los bautizados (MR, ibid.).
1222 Finalmente, el Bautismo es prefigurado en el paso del Jordán, por el que el pueblo de Dios recibe el don de la tierra prometida a la descendencia de Abraham, imagen de la vida eterna. La promesa de esta herencia bienaventurada se cumple en la nueva Alianza.
El Bautismo de Cristo
1223 Todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo Jesús. Comienza su vida pública después de hacerse bautizar por S. Juan el Bautista en el Jordán (cf. Mt 3,13 ), y, después de su Resurrección, confiere esta misión a sus Apóstoles: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado" (Mt 28,19–20; cf Mc 16,15–16).
1224 Nuestro Señor se sometió voluntariamente al Bautismo de S. Juan, destinado a los pecadores, para "cumplir toda justicia" (Mt 3,15). Este gesto de Jesús es una manifestación de su "anonadamiento" (Flp 2,7). El Espíritu que se cernía sobre las aguas de la primera creación desciende entonces sobre Cristo, como preludio de la nueva creación, y el Padre manifiesta a Jesús como su "Hijo amado" (Mt 3,16–17).
1225 En su Pascua, Cristo abrió a todos los hombres las fuentes del Bautismo. En efecto, había hablado ya de su pasión que iba a sufrir en Jerusalén como de un "Bautismo" con que debía ser bautizado (Mc 10,38; cf Lc 12,50). La sangre y el agua que brotaron del costado traspasado de Jesús crucificado (cf. Jn 19,34) son figuras del Bautismo y de la Eucaristía, sacramentos de la vida nueva (cf 1 Jn 5,6–8): desde entonces, es posible "nacer del agua y del Espíritu" para entrar en el Reino de Dios (Jn 3,5).

Considera donde eres bautizado, de donde viene el Bautismo: de la cruz de Cristo, de la muerte de Cristo. Ahí está todo el misterio: El padeció por ti. En él eres rescatado, en él eres salvado. (S. Ambrosio, sacr. 2,6).

El bautismo en la Iglesia
1226 Desde el día de Pentecostés la Iglesia ha celebrado y administrado el santo Bautismo. En efecto, S. Pedro declara a la multitud conmovida por su predicación: "Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch 2,38). Los Apóstoles y sus colaboradores ofrecen el bautismo a quien crea en Jesús: judíos, hombres temerosos de Dios, paganos (Hch 2,41; 8,12–13; 10,48; 16,15). El Bautismo aparece siempre ligado a la fe: "Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa", declara S. Pablo a su carcelero en Filipos. El relato continúa: "el carcelero inmediatamente recibió el bautismo, él y todos los suyos" (Hch 16,31–33).
1227 Según el apóstol S. Pablo, por el Bautismo el creyente participa en la muerte de Cristo; es sepultado y resucita con él:
¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva (Rm 6,3–4; cf Col 2,12).
Los bautizados se han "revestido de Cristo" (Ga 3,27). Por el Espíritu Santo, el Bautismo es un baño que purifica, santifica y justifica (cf 1 Co 6,11; 12,13).
1228 El Bautismo es, pues, un baño de agua en el que la "semilla incorruptible" de la Palabra de Dios produce su efecto vivificador (cf. 1 P 1,23; Ef 5,26). S. Agustín dirá del Bautismo: "Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum" ("Se une la palabra a la materia, y se hace el sacramento", ev. Io. 80,3).

miércoles, 3 de agosto de 2011

“No creo en Dios”, “Soy ateo”

El ateismo, algunas reflexiones
Por Alejo Fernández Pérez

Sin venir a cuento, en medio de una conversación intrascendente, un amiguete nos suelta: “Es que yo soy ateo”. “Bueno, ¿y a nosotros qué? Como si quieres ser budista, musulmán o del Real Madrid”, contesta otro contertulio. El ateo empezó a desinflarse al notar nuestra indiferencia por su postura “religiosa”, de la que parecía querer presumir. Con este motivo, el personal se enzarzó en una discusión variopinta, con un vocabulario de andar por casa, y sin meterse en profundidades filosóficas o teológicas. Como el grupo era de un nivel cultural medio-alto, las ideas barajadas pudieran interesar a más de uno:
Quedó claro que ateo es el que no cree en la existencia de Dios. Demostradme que Dios existe, exigió el ateo. Demuéstranos tú que no existe, le replicó otro. Demostrar “racionalmente” la existencia de Dios al modo de las ciencias exactas es imposible, pero más imposible aún es demostrar que no existe. Para el creyente Dios está fuera del tiempo y del espacio, por tanto no existe como existen las demás cosas, pero existe, y se manifieste en esas cosas. El descreído, en cambio, excluye de sus consideraciones lo que no está en el tiempo ni en el espacio.
Lejos de mi intentar convencer a nadie “con razones“ en temas de religión, política partidista o forofos de fútbol, sería perfectamente inútil. En estas materias o nos convencemos solitos o no nos convence nadie. Nos limitamos a poner encima de la mesa algunos razonamientos, siempre deficientes, por si les sirven a alguien.
El ateo corriente es un creyente con una fe: cree que “lo existente se explica por sí mismo”, cosa que la ciencia no ha justificado nunca. Cualquier encadenamiento de razones aboca siempre a principios indemostrables, y las mismas matemáticas, se levanta sobre postulados o proposiciones cuya verdades son indemostrables. Si la ciencia se basa en principio indemostrables, ¿por qué exigimos demostración para aceptar la existencia de Dios? ¿No es suficiente la observación de las maravillas del universo o de los seres que lo habitan? ¿No son suficientes los millones de almas que viven sólo por y para su Dios? ¿Están todos equivocados? Mire uno adonde mire aparecen los indicios de Dios: Iglesias, Catedrales, cruces en los caminos, libros, cuadros, poesía, música; además, lo sentimos en nuestro corazón. Chesterton afirmaba que “cuando un hombre deja de creer en Dios, pasa a creer en cualquier cosa”. Vista la experiencia, algo de verdad debe de haber en el aserto.
La fe tiene poco que ver con la razón, sobrepasa a esta, así que no perdamos el tiempo intentando demostrar con lógica las verdades de ninguna religión. Si en la tierra desconocemos casi todo: no sabemos lo que es la electricidad, el átomo, la fuerza, el hombre, la paloma… significa que desconocemos y no conoceremos jamás la verdad última de cualquier ser o fenómeno. Otra cosa es que conozcamos y aprovechemos algunas de sus propiedades como las de la electricidad o la fuerza. El hombre no puede obtener la fe por sí mismo. La da Dios a quien la pide con humildad. El ateismo, desde hace miles de años se debate entre un “no” que le deja insatisfecho y un futuro sin ninguna luz. Su raíz es negativa: ¡No! Y sobre esta raíz no crece la hierba.
San Agustín decía que “El hombre es un saco de deseos”. Desde el principio de la Historia, el sentimiento religioso ha frenado esa tendencia a los deseos: no matar, no mentir, no cometer actos impuros… Las restricciones y los mandatos positivos: “Amarás a Dios y a los hombres” aparecen como mandatos de Dios. Negar a Dios implica serias consecuencias imprevisibles:
a) Si no hay Dios, si Cristo no existió, si sus Evangelios no son válidos, si sus mandamientos no obligan; entonces ¡todo es posible! Eliminado el sentimiento de Dios, desaparece el de culpa, y con él, el deber de autocontención. Los deseos de uno tropiezan con los de otros, exponiéndose a represalias. Además los cristianos tendríamos que reformar dos mil años de historia.
b) Nadie puede comportarse del todo como si no hubiera Dios. Pues los deseos desatados de cada uno chocan con los ajenos, y su satisfacción exigiría tiranizar al prójimo. La sociedad se convertiría en el albergue del crimen generalizado. Por otra parte, los deseos liberados provocan, con su multiplicidad y contradicción entre ellos, un aumento paralelo del temor y la angustia, hasta desgarrar la psique del individuo. Ambos efectos manifiestan el castigo de los dioses.
c) En democracia se pueden imponer normas que regulen las relaciones humanas. Sobre este problema ha girado gran parte del pensamiento occidental. Pero las normas, quitado su referente religioso, serían meras convenciones sociales, que se pueden poner, quitar o cambiar. Las normas divinas son esencialmente eternas. El hombre débil aceptaría las convenciones, por miedo a la sanción social, pero el hombre fuerte y audaz podría rechazarlas. Podría recurrir a la violencia. Al no tener las normas otra base que la convención, salta a la vista la posibilidad de sustituirlas por otras arbitrariamente. Pero Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” . Cuando se prescinde de El, desaparece el norte para nuestras brújulas morales, y la angustia existencial se apodera de los hombres y mujeres de hoy.
d) El relativismo sobre lo que es verdad o no, bueno o malo, bello o feo… del pensamiento actual ha conducido en gran parte al alejamiento de Dios. La verdad absoluta no existiría, los medios de comunicación han certificado su defunción. Sin embargo, hay verdades absolutas: 2+2=4; Cristo existió; además, el relativismo presenta una contradicción insuperable. Cuando se dice “Todo es relativo” se expresa una afirmación de carácter absoluto. Si aseveramos que “todo es relativo”, entonces la misma frase es relativa y queda sin significado; se autodestruye, perdiendo su validez. Como la civilización judeo-cristiana, occidental o europea está empapada de cristianismo, la negación de Cristo obligaría honestamente a sustituirla por otra civilización. ¿Por cuál?
e) En realidad, los ateos integrales son y han sido muy pocos a lo largo de la historia. Personalmente no creo que no crean en un Dios, sino que no quieren creer, pues ello conduciría a unos cuantos a cambiar de forma de vida, a lo cual muchos no estarían dispuestos. No creen hasta que los atenaza la desgracia o se les aproxima la muerte; entonces, casi todos levantan sus ojos al cielo o piden confesión. Los ejemplos son numerosos.

Alejo Fernández Pérez
Mérida, 15 de diciembre de 2002

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