lunes, 30 de mayo de 2011

DIALOGO ENTRE LA IGLESIA CATOLICA Y LA COMUNION ANGLICANA

CIUDAD DEL VATICANO, 28 MAY 2011 (VIS).-La Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana ha completado el primer encuentro de su nueva fase de diálogo (ARCIC III) en el Monasterio de Bose, en el norte de Italia (17-27 mayo 2011).
Según un comunicado del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, “la Comisión estaba presidida por el arzobispo David Moxon (arzobispo anglicano de la diócesis de Nueva Zelanda) y por el arzobispo Bernard Longley (arzobispo católico de Birmingham) y la componían dieciocho teólogos de todo el mundo”.

“En respuesta al programa propuesto por Benedicto XVI y el arzobispo Rowan Williams en su Declaración Común de 2006, las discusiones se centraron en: la Iglesia como comunión local y universal, y en cómo, en la comunión, la Iglesia local y universal llega a discernir la justa enseñanza ética. Asimismo, la Comisión volvió a examinar el modo en que el compromiso a favor del objetivo común de la restauración de la completa comunión en la fe y en la vida sacramental debe ser entendido y seguido hoy, y sobre cómo presentar el trabajo de ARCIC II con las observaciones convenientes para ayudar a su recepción”.

“La Comisión -sigue el comunicado- tratará de desarrollar una interpretación teológica de la persona, de la sociedad humana y de la nueva vida de gracia en Cristo. Esta será la base adecuada para estudiar la forma en que la justa enseñanza ética se determina a nivel universal y local. ARCIC basará este estudio en las Escrituras, la tradición y la razón y en el trabajo previo de la Comisión. Examinará algunas cuestiones particulares para dilucidar la actitud de nuestras dos Comuniones al tomar decisiones de naturaleza moral, y el modo de resolver las áreas de tensión entre anglicanos y católicos, aprendiendo unos de otros.

La Comisión continuará su trabajo en la línea de lo que se ha propuesto, para preparar la próxima reunión prevista en 2012”.
CON-UC/ VIS 20110530 (320)

domingo, 29 de mayo de 2011

Los laicos y las reformas en la Iglesia

Tomado de Reforma o Apostasía



–¿Y qué podemos hacer nosotros, los laicos, sin autoridad alguna en la Iglesia, para colaborar en las reformas que necesita, tanto en lo doctrinal como en lo disciplinar? Nada. Nada de nada.
–Está usted muy equivocado.
Los buenos laicos cristianos colaboran de mil modos a las reformas de la Iglesia. Es cierto que son los Pastores sagrados quienes encabezan las acciones más específicamente orientadas a las reformas necesarias. Pero es muy importante que en esa tarea sobre-humana se vean ayudados por todo el pueblo cristiano: en primer lugar por las personas especialmente consagradas, sacerdotes y religiosos, pero también por los padres de familia, profesores, artistas, escritores, administrativos, empresarios y obreros, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, trabajadores y jubilados.
Estamos en guerra. Los cristianos han de tener siempre presente la enseñanza de Cristo, recordada por el concilio Vaticano II: «toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y ciertamente dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas» (GS 13b). «A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final» (37b). Estamos en guerra, y la guerra la hace todo el pueblo, encabezado por sus generales y capitanes. Dentro de este campo bélico, Pastores y fieles, bien unidos, han de «vigilar en todo tiempo y orar» (Lc 21,36), para no ser engañados y vencidos en el combate. Todos ellos, unos y otros, están gloriosamente llamados a luchar en esta gran batalla, cada uno a su modo, «según el don y la vocación que el Señor les dió» (1Cor 7,17).
Pastores y fieles han de luchar juntos contra la mentira y el pecado. Los laicos cristianos, muy especialmente los padres de familia, colaboran en las reformas necesarias guardando fidelidad a la doctrina y disciplina de la Iglesia, lo que supondrá para ellos no pocas veces actitudes heroicas, colaboran teniendo hijos, educándolos bien en el Evangelio, dándoles buen ejemplo, vacunándoles contra las herejías del tiempo, ayudándoles a liberarse de tantas ocasiones próximas de pecado (modas, TV, playas, internet, viajes peligrosos, etc.), que muchas familias cristianas aceptan sin lucha, cuidando bien su oración y su catequesis, su escolarización, los grupos en que se integran, sus lecturas y actividades, procurando que todo lo vayan configurando a la luz del Evangelio, y no según el mundo: los horarios, los modos de vestir, los trabajos y las vacaciones, las celebraciones, etc.
En todo eso y en tantas cosas más, los laicos están colaborando con Cristo y con sus mejores capitanes en la lucha contra los deformadores y también contra los moderados –lo que a veces será más difícil, pues éstos pasan por buenos, y lo son en muchos aspectos de sus vidas y acciones–. Y así están contribuyendo muy eficazmente a las reformas que la Iglesia necesita. Si hubiéramos de expresar en dos palabras su contribución principal a la obra de reforma, nos limitaríamos a las dos palabras elegidas por la Virgen María en La Salette, Lourdes, Fátima y en tantos otros lugares: oración y penitencia.
Pero aquí me detendré un poco más indicando otro medio también importante que tienen los laicos para contribuir a las reformas que la Iglesia necesita:
Los laicos han de denunciar los errores doctrinales y los abusos morales y disciplinares. Dentro de la Iglesia, en parroquias, catequesis, colegios, publicaciones, Universidades, congregaciones religiosas, hay ciertos males que, por su naturaleza, difícilmente pueden ser combatidos directamente por los laicos. Y esto es así por diversas causas: porque carecen para ello de misión específica, porque no se les tendrá en cuenta, porque no tienen los medios de acción precisos, porque les faltan a veces conocimientos teológicos y canónicos para argumentar, y por otras causas. Pero, sin embargo, la denuncia de esos errores y abusos siempre está al alcance, o casi siempre, de los fieles.
Jesucristo. El Maestro enseñó a los discípulos que los errores y males internos en la comunidad eclesial deben ser denunciados, y que la corrección fraterna ha de hacerse con una discreta gradualidad, llena de humildad, caridad y prudencia. La corrección se hará primero en privado, advirtiendo de sus errores y abusos a la persona o al grupo desviados. Si esto no basta, convendrá reiterar el intento en compañía de otros fieles. Y «si los desoyere, comunícalo a la Iglesia, y si a la Iglesia desoye, sea para ti como gentil o publicano» (Mt 18,15-17).
Vaticano II. La Iglesia quiere que todos sus hijos sean verdaderos confesores activos de la fe católica, y que no soporten pasivamente la presencia impune de herejías y sacrilegios dentro de la comunidad eclesial. Con eso ellos, unidos a sus Pastores, están procurando ciertamente las reformas en la Iglesia.
«Los laicos, como todos los fieles cristianos, tienen el derecho de recibir con abundancia de los sagrados Pastores los auxilios de los bienes espirituales de la Iglesia, en particular la palabra de Dios y los sacramentos. Manifiéstenles [a sus Pastores] sus necesidades y sus deseos con la libertad y confianza que conviene a los hijos de Dios y a los hermanos en Cristo. Conforme a la ciencia, la competencia y el prestigio que poseen, tienen la facultad, más aún, a veces el deber, de exponer su parecer acerca de los asuntos concernientes al bien de la Iglesia. Hágase esto, si las circunstancias lo requieren, a través de instituciones establecidas para ello por la Iglesia, y siempre con veracidad, fortaleza y prudencia, con reverencia y caridad hacia aquellos que, por razón de su sagrado ministerio, personifican a Cristo» (LG 37a).
«Por su parte, los sagrados Pastores reconozcan y promuevan la dignidad y responsabilidad de los laicos en la Iglesia. Recurran gustosamente a su prudente consejo […] Consideren atentamente ante Cristo, con paterno amor, las iniciativas, los ruegos y los deseos provenientes de los laicos […] Ayudados por la experiencia de los laicos, están en condiciones de juzgar con más precisión y objetividad tanto los asuntos espirituales como los temporales, de forma que la Iglesia entera, fortalecida por todos sus miembros, cumpla con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo» (ib. 37cd).
Y no olvidemos en esto que muchas veces el Padre celestial, también entre los hijos que forman su Iglesia, revela a los más pequeños verdades que quedan ocultas a los más sabios y eruditos (Lc 10,31; 1Cor 1,26-29).
Código de Derecho Canónico. La Iglesia, en los cánones 211-213, da forma imperativa y disciplinar a esa misma enseñanza del Vaticano II que acabo de citar, empleando sus mismas palabras. Y añade algo importante:
«Los fieles tienen derecho a tributar culto a Dios según las normas del propio rito aprobado por los legítimos Pastores de la Iglesia, y a practicar su propia forma de vida espiritual, siempre que sea conforme con la doctrina de la Iglesia» (c. 214).
Actualmente hay comunidades parroquiales que, sometidas a un párroco modernista, se ven obligadas a sufrir durante años una violencia enorme, mucho mayor, por ejemplo, que si les obligaran a cambiar de rito, pasando del rito católico al maronita –aunque éste sea un rito ortodoxo y unido a Roma–. Ahora bien, si la Autoridad pastoral no puede cambiar de rito a una comunidad parroquial, menos aún puede permitirse atropellarla sometiéndola a un pastor modernista en doctrina, moral y liturgia. Y los fieles católicos, reclamando su derecho, resistiendo este abusointolerable, contribuyen mucho a la reforma de la Iglesia.
Redemptionis Sacramentum. Esta instrucción de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos (25-III-2004), del tiempo de Juan Pablo II, quiere que los fieles laicos contribuyan activamente en la lucha por la dignidad de la liturgia católica. Y perdonen que les ponga un ejemplo: si hace falta, grabando discretamente una Misa sacrílega, para denunciarla a la Autoridad diocesana pertinente.
«Cuantas veces la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos tenga noticia, al menos propable, de un delito o abuso que se refiere a la santísima Eucaristía [o a otra partes esencial de la sagrada Liturgia, obviamente], se lo hará saber al Ordinario, para que investigue el hecho. Cuando resulte un hecho grave, el Ordinario envíe cuanto antes a este Dicasterio un ejemplar de las actas de la investigación realizada y, cuando sea el caso, de la pena impuesta» (n.181).
«De forma muy especial, todos procuren, según sus medios, que el santísimo sacramento de la Eucaristía sea defendido de toda irreverencia y deformación, y que todos los abusos sean completamente corregidos. Esto, por lo tanto, es una tarea gravísima para todos y cada uno, y excluida toda acepción de personas, todos están obligados a cumplir esta labor» (n.183).
«Cualquier católico, sea sacerdote, sea diácono, sea fiel laico, tiene derecho a exponer una queja por un abuso litúrgico [o por una herejía manifiesta] ante el Obispo diocesano o el Ordinario competente, o ante la Sede Apostólica, en virtud del primado del Romano Pontífice [can. 1417]. Conviene, sin embargo, que, en cuanto sea posible, la reclamación o queja sea expuesta primero al Obispo diocesano» (n.184).
En otras ocasiones, con el favor de Dios, hemos de considerar más detenidamente las armas apostólicas, espirituales y también canónicas que la Iglesia pone en manos de los fieles laicos para afirmar la ortodoxia y para rechazar la heterodoxia.
José María Iraburu, sacerdote
*Post post. (Si post data es lo añadido a una carta o escrito, bien podemos llamar post post a lo que en un blog se añade a un post ¿no?). Pues bien, díganme ustedes, y permítanme que elija este ejemplo: ¿www.infocatolica.com es dentro de la Iglesia una publicación deformadora? No, ciertamente. ¿Y es moderada, es decir, tolerante con los deformadores? En absoluto. InfoCatólica es un portal católico iniciado y mantenido en la web principalmente por laicos católicos con una finalidad ciertamente reformadora. Se le ve la intención siempre que se presenta la ocasión. Y a veces sin ella. Ahí tienen ustedes en este portal católico un medio fuerte para trabajar por la reforma. Ayúdennos, pues: oración y penitencia, colaboración y ayuda económica. Marchando.

domingo, 22 de mayo de 2011

Diario que apoya a candidato Humala acusa a ACI Prensa de "homofobia"

LIMA, 19 May. 11 / 08:08 pm (ACI)

Bajo el título de "Homofobia clerical" el periódico limeño Diario 16 publicó el miércoles 18 de mayo una nota a página completa en la que ataca a ACI Prensa por informar sobre el apoyo de grupos de activistas homosexuales y abortistas a la candidatura presidencial de Ollanta Humala.

"Una de las facciones más conservadoras de la Iglesia Católica ha puesto de manifiesto su homofobia clerical al atacar a Ollanta Humala. El portal ACI Prensa, vinculada al Sodálite (sic), acusa a un ‘lobby gay’ y a ‘las principales organizaciones abortistas’ del país de apoyar la candidatura del candidato nacionalista", sostiene el diario ignorando que ACI Prensa no está vinculada a organización religiosa alguna, fue fundada por el misionero comboniano Adalberto Maria Mohn en 1980 y tiene un directorio compuesto por laicos.
El diario copia extractos de la nota "Lobby gay y promotores de aborto en Perú quieren a Humala presidente" que ACI Prensa publicó el martes 17 de mayo sobre un análisis de la campaña electoral en Perú elaborado por la Oficina para América Latina del Population Research Institute (PRI).
En su más reciente boletín informativo, el PRI sostiene que las organizaciones feministas que promueven el aborto en Perú como "Manuela Ramos, Flora Tristán, Demus, PROMSEX, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos" junto a al Movimiento de Homosexuales de Lima (MHOL) y el denominado Colectivo Contranaturas "han convertido sus opciones sexuales e ideológicas en una campaña política a favor de Ollanta Humala, candidato a la presidencia del Perú".
Además, Diario 16 cuestiona a ACI Prensa por analizar el plan de gobierno de Humala y publicar los puntos en los que colisiona con la defensa de la vida.
"Pero eso no fue todo. ACI Prensa también se dio tiempo para analizar el Plan de Gobierno de Gana Perú y anexar en su publicación los temas referidos a las políticas para la equidad de género, el pleno ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de todas las mujeres. También los puntos sobre el acceso a métodos de planificación familiar, protección contra el SIDA y la despenalización del aborto", agrega el diario.
Al mismo tiempo, Diario 16 cita a María Ysabel Cedano, representante de la agrupación feminista abortista DEMUS quien acusa a ACI Prensa de ser "una organización anti derechos, pues considera que el Estado debe legislar en bases religiosas y no en base a los derechos humanos como los derechos de la mujer".
Cedano, una de las feministas más comprometidas en la despenalización del aborto en Perú, critica a ACI Prensa por apoyar la candidatura de "congresistas afines a sus ideas religiosas" y asegura que las feministas "solo defendemos los derechos reproductivos".
Sin memoria
El director de la Oficina para América Latina del PRI, Carlos Polo, declaró hoy a ACI Prensa que tanto DEMUS –en la que Cedano dice militar desde sus inicios- como las organizaciones feministas Manuela Ramos y Flora Tristán participaron del abusivo programa de planificación familiar del gobierno de Alberto Fujimori, en el que se practicaron miles de esterilizaciones forzadas a mujeres pobres.
En la campaña electoral por la segunda vuelta presidencial que enfrenta a Humala con Keiko Fujimori, los grupos feministas fustigan a quienes votarán por esta candidata acusándolos de validar los atropellos contra los derechos humanos cometidos en el gobierno de su padre bajo el polémico programa de planificación familiar.
Sin embargo, Polo recuerda que fue la Iglesia Católica -a través de los obispos- la primera en enfrentarse sin tapujos a Alberto Fujimori por los abusos de la planificación familiar.
"La campaña de esterilización masiva se paralizó por la denuncia de la Iglesia -no de las feministas-, la prensa y por la investigación de campo que el PRI presentó en Estados Unidos que permitió que el gobierno estadounidense cortara la cooperación internacional al régimen. Esto fue lo que obligó a Fujimori parar las esterilizaciones en 1998".
"Cuando la Iglesia denunciaba las esterilizaciones forzosas, las feministas aún participaban de una Mesa Tripartita con el Ministerio de Salud de Fujimori sobre los planes de control natal y solo cuando estalló el escándalo decidieron investigar el tema y marcar distancia, pero siempre defendieron la ideología anti-vida detrás del programa de planificación familiar", agregó Polo.
Diario 16 ha publicado un resumen de la nota contra ACI Prensa enhttp://diario16.pe/noticia/5014-homofobia-clerical-contra-ollanta-humala 

martes, 17 de mayo de 2011

Vaticano: contra la pederastia clerical, reglas claras

Tomado de Sacro y Profano

Los abusos sexuales contra menores son crímenes y la Iglesia debe colaborar con las autoridades civiles para combatirlos. No importa si los culpables son sacerdotes, religiosos o empleados de instituciones católicas. Deben rendir cuentas, no hay vuelta de hoja. Esta directiva es una de tantas incluida en la Carta Circular que ayer publicó El Vaticano y por la cual los obispos de los diversos países están obligados a redactar sus planes nacionales contra la pederastia clerical.
Como lo anticipamos aquí el texto preparado por la Congregación para la Doctrina de la Fe lleva por título: “Carta circular para ayudar a las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas guía para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte del clero”.
El objetivo del documento: auxiliar a los obispos a seguirprocedimientos claros y coordinados cuando se tienen que tratar los casos de abusos sexuales contra menores, teniendo en cuenta las situaciones concretas de las diversas regiones en las que se ejercitan su jurisdicción episcopal.
El texto, hay que decirlo, no constituye una “revolución copernicana”. Ya desde antes de su publicación no era previsible un cambio de ruta sustancial, simplemente porque la política vaticana sobre el tema ya es clara y fue establecida por el mismo Benedicto XVI, el Papa que se ha referido públicamente al asunto más veces que todos sus predecesores juntos.

Con gestos concretos (como reunirse con las víctimas o encargarse personalmente del problema irlandés) e indicaciones precisas (incluidas, por ejemplo, la carta a los católicos de Irlanda de 2009), el pontífice ha marcado el camino a seguir en la Iglesia para contrastar el flagelo de la pederastia. El sendero establecido por el Papa es retomado justamente por la carta circular.
La fórmula se puede resumir en los siguientes términos: atención prioritaria a las víctimas de abuso sexual y a sus familias, desarrollo de programas de prevención, formación de los futuros sacerdotes y religiosos, intercambio de información sobre los candidatos al sacerdocio o a la vida religiosa que se trasladan, acompañamiento de los sacerdotes y la cooperación con las autoridades civiles.
Si las normas reunidas en la circular ya existían entonces: ¿cuál es la verdadera importancia del texto? La primera y principal: El Vaticano puso las reglas claras. Muchos de los escándalos que tanto mal han dejado a la Iglesia y a los católicos han sido producto de la ignorancia o la mala fe de los obispos. A partir de ahora no habrá excusas porque, ante todo (como siempre ha sido) la responsabilidad directa por los feligreses a su cargo es del pastor. Ya basta de “vamos a Roma a entregar papas calientes”.
Por eso el documento no sólo ofrece indicaciones y sugerencias, es muy preciso en establecer un tiempo de 12 meses para la redacción de “líneas-guía” en cada país, tarea de las conferencias episcopales. Las naciones mayoritariamente católicas como Brasil o México que carecían de un manual de prevención y combate a los abusos sexuales de parte de clérigos están en tiempo de descuento. Según la circular todos deberán armonizarse y tener su propia reglamentación. Lo mismo vale para las congregaciones religiosas.
El objetivo es simple: mayor transparencia y que cada quien asuma su responsabilidad. Así ya a nadie se le permita especular con delitos sobre la fe de los católicos.
Documentos Sacros:

viernes, 13 de mayo de 2011

NOTA EXPLICATIVA SOBRE LA INSTRUCCIÓN UNIVERSAE ECCLESIAE



Con el motu proprio Summorum Pontificum, del 7 de julio de 2007, que entró en vigor el 14 de septiembre de ese mismo año (AAS 99 [2007] 777-781), el Santo Padre promulgó una ley universal para la Iglesia con el fin de reglamentar el uso de la Liturgia romana en vigor en el año 1962, ilustrando de forma autorizada las razones de su decisión en la Carta a los obispos que acompañaba la publicación del motu proprio sobre el uso de la Liturgia romana anterior a la Reforma efectuada en el año 1970 (AAS 99 [2007] 795-799).
En dicha Carta el Santo Padre pidió a los hermanos en el episcopado que enviaran a la Santa Sede un informe tres años después de la entrada en vigor del motu proprio (cf. par. n. 11). Teniendo en cuenta las observaciones de los pastores de la Iglesia de todo el mundo, y habiendo recogido preguntas de clarificación y peticiones de indicaciones específicas, se publica ahora la siguiente Instrucción, que comienza con las palabras latinas: Universae Ecclesiae. La Instrucción fue aprobada por el propio Pontífice en la audiencia concedida al cardenal presidente el 8 de abril de 2011, y lleva la fecha del 30 de abril de 2011, memoria litúrgica de San Pío v, Papa.
En el texto de la Instrucción, después de algunas observaciones introductorias y de tipo histórico (Parte I, nn. 1-8), se explicitan ante todo las tareas de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei (Parte II, nn. 9-11), estableciendo a continuación, de acuerdo con lo indicado en el motu propriopontificio, algunas normas y disposiciones específicas (Parte III, nn. 12-35), ante todo las relativas a la competencia propia del obispo diocesano (nn. 13-14). Luego se ilustran los derechos y deberes de los fieles que componen un coetus fidelium interesado (nn. 15-19), así como del sacerdote considerado idóneo para celebrar la forma extraordinaria del Rito romano (sacerdos idoneus, nn. 20-23). Se regulan algunas cuestiones relativas a la disciplina litúrgica y eclesiástica (nn. 24-28), especificando en particular las normas relativas a la celebración de la Confirmación y del Orden sagrado (nn. 29-31), al uso del Breviarium Romanum (n. 32), de los libros litúrgicos propios de las Órdenes religiosas (n. 34), del Pontificale Romanum y del Rituale Romanum (n. 35), que estaban en vigor en el año 1962, así como a la celebración del Triduo pascual (n. 33).
La Pontificia Comisión Ecclesia Dei alberga la viva esperanza de que la observancia de las normas y disposiciones de la Instrucción, que regulan el usus antiquior del Rito Romano y se encomiendan a la caridad pastoral y a la prudente vigilancia de los pastores de la Iglesia, contribuya, como estímulo y guía, a la reconciliación y a la unidad, de acuerdo con el deseo expresado por el Santo Padre (cf. Carta a los obispos del 7 de julio de 2007, par. 7-8).

INSTRUCCIÓN SOBRE MOTU PROPRIO "SUMMORUM PONTIFICUM"


PONTIFICIA COMISIÓN «ECCESIA DEI»
INSTRUCCIÓN
"UNIVERSAE ECCLESIAE"
sobre la aplicación de la carta apostólica
motu proprio data «Summorum Pontificum» 
de Su Santidad Benedicto XVI

I.
Introducción
1. La carta apostólica motu proprio data «Summorum Pontificum» del Sumo Pontífice Benedicto XVI, del 7 de julio de 2007, que entró en vigor el 14 de septiembre de 2007, ha hecho más accesible a la Iglesia universal la riqueza de la Liturgia romana.
2. Con tal motu proprio el Sumo Pontífice Benedicto XVI ha promulgado una ley universal para la Iglesia, con la intención de dar una nueva reglamentación para el uso de la Liturgia romana vigente en 1962.
3. El Santo Padre, después de haber recordado la solicitud que los Sumos Pontífices han demostrado en el cuidado de la Sagrada Liturgia y la aprobación de los libros litúrgicos, reafirma el principio tradicional, reconocido desde tiempo inmemorial, y que se ha de conservar en el porvenir, según el cual «cada Iglesia particular debe concordar con la Iglesia universal, no solo en cuanto a la doctrina de la fe y a los signos sacramentales, sino también respecto a los usos universalmente aceptados de la ininterrumpida tradición apostólica, que deben observarse no solo para evitar errores, sino también para transmitir la integridad de la fe, para que la ley de la oración de la Iglesia corresponda a su ley de fe»1.
4. El Santo Padre ha hecho memoria, además, de los Romanos Pontífices que, de modo particular, se han comprometido en esta tarea, especialmente de san Gregorio Magno y san Pío v. El Papa subraya asimismo que, entre los sagrados libros litúrgicos, el Missale Romanum ha tenido un relieve histórico particular, y a lo largo de los años ha sido objeto de distintas actualizaciones hasta el pontificado del beato Juan XXIII. Con la reforma litúrgica que siguió al concilio Vaticano II, en 1970 el Papa Pablo VI aprobó un nuevo Misal para la Iglesia de rito latino, traducido posteriormente en distintas lenguas. En el año 2000 el Papa Juan Pablo II promulgó la tercera edición del mismo.
5. Muchos fieles, formados en el espíritu de las formas litúrgicas anteriores al concilio Vaticano II, han expresado el vivo deseo de conservar la tradición antigua. Por este motivo, el Papa Juan Pablo II, con el indulto especial Quattuor abhinc annos, emanado en 1984 por la Sagrada Congregación para el culto divino, concedió, bajo determinadas condiciones, la facultad de volver a usar el Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII. Además, Juan Pablo II, con el motu proprio Ecclesia Dei, de 1988, exhortó a los obispos a que fueran generosos en conceder dicha facultad a todos los fieles que la pidieran. El Papa Benedicto XVI ha seguido la misma línea a través del motu proprio Summorum Pontificum, en el cual se indican algunos criterios esenciales para el usus antiquior del Rito Romano, que conviene recordar aquí.
6. Los textos del Misal Romano del Papa Pablo VI y del Misal que se remonta a la última edición del Papa Juan XXIII, son dos formas de la Liturgia romana, definidas respectivamente ordinaria yextraordinaria: son dos usos del único Rito romano, que se colocan uno al lado del otro. Ambas formas son expresión de la misma lex orandi de la Iglesia. Por su uso venerable y antiguo, laforma extraordinaria debe conservarse con el honor debido.
7. El motu proprio Summorum Pontificum está acompañado por una carta del Santo Padre a los obispos, que lleva la misma fecha del motu proprio (7 de julio de 2007). Con ella se ofrecen ulteriores aclaraciones sobre la oportunidad y necesidad del mismo motu proprio; es decir, se trataba de colmar una laguna, dando una nueva normativa para el uso de la Liturgia romana vigente en 1962. Tal normativa se hacía especialmente necesaria por el hecho de que, en el momento de la introducción del nuevo Misal, no pareció necesario emanar disposiciones que reglamentaran el uso de la Liturgia vigente desde 1962. Debido al aumento de los que piden poder usar la forma extraordinaria, se ha hecho necesario dar algunas normas al respecto.
Entre otras cosas el Papa Benedicto XVI afirma: «No hay ninguna contradicción entre una y otra edición del Missale Romanum. En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser de improviso totalmente prohibido o incluso perjudicial»2.
8. El motu proprio Summorum Pontificum constituye una relevante expresión del magisterio del Romano Pontífice y del munus que le es propio, es decir, regular y ordenar la Sagrada Liturgia de la Iglesia3, y manifiesta su preocupación como Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal4. El documento tiene como objetivo:
a) ofrecer a todos los fieles la Liturgia romana en el usus antiquior, considerada como un tesoro precioso que hay que conservar;
b) garantizar y asegurar realmente el uso de la forma extraordinaria a quienes lo pidan, considerando que el uso la Liturgia romana que entró en vigor en 1962 es una facultad concedida para el bien de los fieles y, por lo tanto, debe interpretarse en sentido favorable a los fieles, que son sus principales destinatarios;
c) favorecer la reconciliación en el seno de la Iglesia.
II. 

Tareas de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei»

9. El Sumo Pontífice ha conferido a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei potestad ordinaria vicaria para la materia de su competencia, especialmente para supervisar la observancia y aplicación de las disposiciones del motu proprio Summorum Pontificum (cf. art. 12).
10. § 1. La Pontificia Comisión ejerce tal potestad a través de las facultades precedentemente concedidas por el Papa Juan Pablo II y confirmadas por el Papa Benedicto XVI (cf. motu proprioSummorum Pontificum, art. 11-12), y también a través del poder de decidir sobre los recursos que legítimamente se le presenten, como superior jerárquico, contra una eventual medida administrativa del Ordinario que parezca contraria al motu proprio.
2. Los decretos con los que la Pontificia Comisión decide sobre los recursos podrán ser impugnados ad normam iuris ante el Tribunal supremo de la Signatura apostólica.
11. Compete a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, previa aprobación de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, la tarea de ocuparse de la eventual edición de los textos litúrgicos relacionados con la forma extraordinaria del Rito romano.
III. 

Normas específicas

12. Esta Pontificia Comisión, en virtud de la autoridad que le ha sido atribuida y de las facultades de las que goza, después de la consulta realizada entre los obispos de todo el mundo, para garantizar la correcta interpretación y la recta aplicación del motu proprio «Summorum Pontificum», emana la siguiente Instrucción, a tenor del can. 34 del Código de derecho canónico.
La competencia de los obispos diocesanos
13. Los obispos diocesanos, según el Código de derecho canónico, deben vigilar en materia litúrgica en atención al bien común y para que todo se desarrolle dignamente, en paz y serenidad en sus diócesis5, de acuerdo siempre con la mens del Romano Pontífice, claramente expresada en el motu proprio Summorum Pontificum6. En caso de controversias o dudas fundadas acerca de la celebración en la forma extraordinaria, decidirá la Pontificia Comisión Ecclesia Dei.
14. Es tarea del obispo diocesano adoptar las medidas necesarias para garantizar el respeto de laforma extraordinaria del Rito Romano, a tenor del motu proprio Summorum Pontificum.
El «coetus fidelium» (cf. motu proprio «Summorum Pontificum», art. 5 § 1)
15. Un coetus fidelium se puede definir stabiliter existens, a tenor el art. 5 § 1 del motu proprioSummorum Pontificum, cuando esté constituido por algunas personas de una determinada parroquia que, incluso después de la publicación del motu proprio, se hayan unido a causa de la veneración por la Liturgia según el usus antiquior, las cuales solicitan que esta se celebre en la iglesia parroquial o en un oratorio o capilla; tal coetus puede estar también compuesto por personas que provengan de diferentes parroquias o diócesis y que, para tal fin, se reúnan en una determinada parroquia o en un oratorio o capilla.
16. En caso de que un sacerdote se presente ocasionalmente con algunas personas en una iglesia parroquial o en un oratorio, con la intención de celebrar según la forma extraordinaria, como está previsto en los art. 2 y 4 del motu proprio Summorum Pontificum, el párroco o el rector de una iglesia o el sacerdote responsable admitan tal celebración, respetando las exigencias de horarios de las celebraciones litúrgicas de la misma iglesia.
17. § 1. Con el fin de decidir en cada caso, el párroco, el rector o el sacerdote responsable de una iglesia se comportará según su prudencia, dejándose guiar por el celo pastoral y un espíritu de generosa hospitalidad.
§ 2. En los casos de grupos numéricamente menos consistentes, habrá que dirigirse al Ordinario del lugar para encontrar una iglesia en la que dichos fieles puedan reunirse para asistir a tales celebraciones y garantizar así una participación más fácil y una celebración más digna de la santa misa.
18. También en los santuarios y lugares de peregrinación se ofrezca la posibilidad de celebrar en laforma extraordinaria a los grupos de peregrinos que lo requieran (cf. motu proprio Summorum Pontificum, art. 5 § 3), si hay un sacerdote idóneo.
19. Los fieles que piden la celebración en la forma extraordinaria no deben sostener o pertenecer de ninguna manera a grupos que se manifiesten contrarios a la validez o legitimidad de la santa misa o de los sacramentos celebrados en la forma ordinaria o al Romano Pontífice como Pastor supremo de la Iglesia universal.
El «sacerdos idoneus» (cf. motu proprio «Summorum Pontificum», art. 5 § 4)
20. Sobre los requisitos necesarios para que un sacerdote sea considerado idóneo para celebrar en la forma extraordinaria, se establece cuanto sigue:
a) cualquier sacerdote que no esté impedido a tenor del Derecho Canónico se considera sacerdote idóneo para celebrar la santa misa en la forma extraordinaria7;
b) en relación al uso de la lengua latina, es necesario un conocimiento suficiente que permita pronunciar correctamente las palabras y entender su significado;
c) en lo que respecta al conocimiento del desarrollo del rito, se presumen idóneos los sacerdotes que se presenten espontáneamente para celebrar en la forma extraordinaria y la hayan usado anteriormente.
21. Se exhorta a los Ordinarios a que ofrezcan al clero la posibilidad de adquirir una preparación adecuada para las celebraciones en la forma extraordinaria. Esto vale también para los seminarios, donde se deberá proveer a que los futuros sacerdotes tengan una formación conveniente en el estudio del latín8 y, según las exigencias pastorales, ofrecer la oportunidad de aprender la forma extraordinaria del rito.
22. En las diócesis donde no haya sacerdotes idóneos, los obispos diocesanos pueden solicitar la colaboración de los sacerdotes de los institutos erigidos por la Pontificia Comisión Ecclesia Dei o de quienes conozcan la forma extraordinaria del rito, tanto para su celebración como para su eventual aprendizaje.
23. La facultad para celebrar la misa sine populo (o con la participación del solo ministro) en laforma extraordinaria del Rito Romano es concedida por el motu proprio a todos los sacerdotes diocesanos y religiosos (cf. motu proprio Summorum Pontificum, art. 2). Por lo tanto, en tales celebraciones, los sacerdotes, en conformidad con el motu proprio Summorum Pontificum, no necesitan ningún permiso especial de sus Ordinarios o superiores.
La disciplina litúrgica y eclesiástica
24. Los libros litúrgicos de la forma extraordinaria han de usarse tal como son. Todos aquellos que deseen celebrar según la forma extraordinaria del Rito Romano deben conocer las correspondientes rúbricas y están obligados a observarlas correctamente en las celebraciones.
25. En el Misal de 1962 se podrán y deberán insertar nuevos santos y algunos de los nuevos prefacios9, según la normativa que se indicará más adelante.
26. Como prevé el art. 6 del motu proprio Summorum Pontificum, se precisa que las lecturas de la santa misa del Misal de 1962 pueden ser proclamadas exclusivamente en lengua latina, o bien en lengua latina seguida de la traducción en lengua vernácula o, en las misas leídas, también sólo en lengua vernácula.
27. Con respecto a las normas disciplinarias relativas a la celebración, se aplica la disciplina eclesiástica contenida en el Código de derecho canónico de 1983.
28. Además, en virtud de su carácter de ley especial, dentro de su ámbito propio, el motu proprioSummorum Pontificum deroga aquellas medidas legislativas inherentes a los ritos sagrados, promulgadas a partir de 1962, que sean incompatibles con las rúbricas de los libros litúrgicos vigentes en 1962.
Confirmación y Orden sagrado
29. La concesión de utilizar la antigua fórmula para el rito de la Confirmación fue confirmada por el motu proprio Summorum Pontificum (cf. art. 9 § 2). Por lo tanto, no es necesario utilizar para laforma extraordinaria la fórmula renovada del Ritual de la Confirmación promulgado por el Papa Pablo VI.
30. Con respecto a la tonsura, órdenes menores y subdiaconado, el motu proprio Summorum Pontificum no introduce ningún cambio en la disciplina del Código de derecho canónico de 1983; por lo tanto, en los institutos de vida consagrada y en las sociedades de vida apostólica que dependen de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, el profeso con votos perpetuos en un instituto religioso o incorporado definitivamente a una sociedad clerical de vida apostólica, al recibir el diaconado queda incardinado como clérigo en ese instituto o sociedad (cf. can. 266 § 2 delCódigo de derecho canónico).
31. Sólo en los institutos de vida consagrada y en las sociedades de vida apostólica que dependen de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei y en aquellos donde se mantiene el uso de los libros litúrgicos de la forma extraordinaria se permite el uso del Pontificale Romanum de 1962 para conferir las órdenes menores y mayores.
Breviarium Romanum
32. Se concede a los clérigos la facultad de usar el Breviarium Romanum en vigor en 1962, según el art. 9 § 3 del motu proprio Summorum Pontificum. El mismo se recita integralmente en lengua latina.
El Triduo pascual
33. El coetus fidelium que sigue la tradición litúrgica anterior, si hubiese un sacerdote idóneo, puede celebrar también el Triduo pascual en la forma extraordinaria. Donde no haya una iglesia u oratorio previstos exclusivamente para estas celebraciones, el párroco o el Ordinario, de acuerdo con el sacerdote idóneo, dispongan para ellas las modalidades más favorables, sin excluir la posibilidad de una repetición de las celebraciones del Triduo pascual en la misma iglesia.
Los Ritos de las Órdenes religiosas
34. Se permite el uso de los libros litúrgicos propios de las Órdenes religiosas vigente en 1962.
Pontificale Romanum y Rituale Romanum
35. Se permite el uso del Pontificale Romanum y del Rituale Romanum, así como delCaeremoniale Episcoporum vigente en 1962, a tenor del n. 28 de esta Instrucción, quedando en vigor lo dispuesto en el n. 31 de la misma.
El Sumo Pontífice Benedicto XVI, en la audiencia del día 8 de abril de 2011, concedida al suscrito cardenal presidente de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei», ha aprobado la presente Instrucción y ha ordenado su publicación.
Dado en Roma, en la sede de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, el 30 de abril de 2011, memoria de san Pío V.
William Cardenal Levada
Presidente
Monseñor Guido Pozzo
Secretario


1 Benedicto XVI, Carta apostólica motu proprio data «Summorum Pontificum», I, en AAS 99 (2007) 777; cf. Instrucción general del Misal Romano, tercera edición, 2002, n. 397.
2 Benedicto XVI, Carta a los obispos que acompaña la Carta apostólica motu proprio data«Summorum Pontificum» sobre el uso de la Liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, en AAS 99 (2007) 798.
3 Cf. Código de derecho canónico, can. 838 § 1 y § 2.
4 Cf. Código de derecho canónico, can 331.
5 Cf. Código de derecho canónico, cann. 223 § 2; 838 § 1 y § 4.
6 Cf. Benedicto XVI, Carta a los obispos que acompaña la Carta apostólica motu proprio data «Summorum Pontificum» sobre el uso de la Liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, en AAS 99 (2007) 799.
7 Cf. Código de derecho canónico, can. 900 § 2.
8 Cf. Código de derecho canónico, can. 249; cf. concilio Vaticano II, constitución Sacrosanctum Concilium, n. 36; declaración Optatam totius, n. 13.
9 Cf. Benedicto XVI, Carta a los obispos que acompaña la Carta apostólica motu proprio data«Summorum Pontificum» sobre el uso de la Liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, en AAS 99 (2007) 797.

martes, 10 de mayo de 2011

Vaticano: una circular mundial contra la pederastia

Tomado de Sacro y Profano

Es inminente. En cuestión de días El Vaticano publicará una carta circular dirigida a todos los obispos católicos del mundo. El documento instará a los prelados a establecer normas estrictas contra la pederastia clerical y ofrecerá una serie de recomendaciones basadas en las dolorosas experiencias de países como Estados Unidos, Irlanda y Alemania.
En ese documento la Congregación para la Doctrina de la Fe lleva trabajando ya varios años. En julio de 2010, cuando fue presentada la actualización de las normas eclesiásticas contra los delitos graves de los sacerdotes (graviora delicta), el vocero papal Federico Lombardi había anticipado algunos detalles de la iniciativa.
“Se está estudiando cómo ayudar a los episcopados del mundo aformular y desarrollar en modo coherente y eficaz las indicaciones y directivas necesarias para afrontar la problemática de los abusos sexuales menores de parte de miembros del clero o en el ámbito de actividades e instituciones vinculadas con la Iglesia”, dijo en esa ocasión el sacerdote jesuita.
Del tema se habló también en noviembre pasado durante un encuentro de reflexión que sostuvieron en El Vaticano más de 100 cardenales con el Papa Benedicto XVI, en la vigilia de un Consistorio en el cual Ratzinger creó nuevos purpurados. En esa reunión el prefecto para la Doctrina de la Fe, Wiliam Levada, informó sobre los avances de la carta.
Ahora el documento está listo y los episcopados del mundo deberán adecuarse con normativas especiales. Así deberá ser en México, donde la conferencia de obispos no ha discutido todavía el establecimiento de reglas particulares encaminadas a la prevención y al contraste de los abusos sexuales contra menores.
En una de las últimas asambleas generales del episcopado mexicano se distribuyó a todos los prelados del país un resumen de los documentos emitidos por El Vaticano en la materia, para que cada quien se regule según lo establecido por Roma. Es hora de dar un paso más.
Serafines susurran.- Que este día El Vaticano anunció un enroque de puestos en el primer nivel de la Curia Romana. Benedicto XVI decidió cambiar al sustituto para los Asuntos Generales, algo así como el “número tres” de la Sede Apostólica.
Quien desde 2007 se venía desempeñando en ese puesto, Fernando Filoni, fue designado como nuevo prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos(Propaganda Fide) en sustitución del cardenal Iván Dias, quien dejó el cargo tras haber cumplido los 75 años, edad de retiro obligatorio.
Como nuevo sustituto llegó Giovanni Angelo Becciu, hasta ahora nuncio apostólico en Cuba y un personaje clave en las negociaciones que llevaron a la liberación de los presos políticos por parte del gobierno de Raúl Castro.
Para nadie es un secreto que Filoni nunca fue “el hombre” del secretario de Estado vaticano, Tarcisio Bertone. El cardenal hubiera preferido en ese puesto a su amigo Giuseppe Bertello, que en 2007 era nuncio apostólico en México y ahora ocupa ese mismo puesto en Italia.
En diversos momentos del actual pontificado Filoni y Bertone tuvieron serios desacuerdos. La salida del primero llevaba meses como un secreto a voces, pero no lograba cuajarse. Con la llegada de Becciu es probable que se armonicen las posiciones en la Secretaría de Estado, al menos sería lo esperable.

El Papa hace importantes cambios en curia vaticana y evaluará candidatos para Nuncio en Cuba

VATICANO, 10 May. 11 / 11:52 am (ACI/EWTN Noticias)

El Papa Benedicto XVI decidió hoy dos importantes cambios en la Curia del Vaticano con el nombramiento de un nuevo Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y un nuevo Sustituto para los Asuntos General de la Secretaría de Estado.
El Santo Padre nombró al Arzobispo Fernando Filoni, hasta ahora Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, como nuevo Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Sucede así al Cardenal Ivan Dias, cuya renuncia al cargo fue aceptada por límite de edad, es decir, por haber llegado a los 75 años como dispone el Código de Derecho Canónico.
Con este nombramiento, el Papa decidió nombrar en reemplazo del Arzobispo Filoni en el cargo de Sustituto para los Asuntos General de la Secretaría de Estado Vaticano al hasta ahora Nuncio Apostólico en Cuba, el Arzobispo Giovanni Angelo Becciu.
En los próximos días Benedicto XVI deberá decidir al sucesor de Mons. Becciu en la Nunciatura Apostólica en Cuba, para lo cual debe evaluar a los candidatos para esta representación diplomática en la isla.
El Papa también nombró a Mons. Giuseppe Pinto, hasta ahora Nuncio Apostólico en Chile, como nuevo Nuncio Apostólico en Filipinas. En los próximos días el Santo Padre deberá evaluar a los candidatos para suceder a Mons. Pinto en el país sudamericano.

Salvación o condenación –y II

Tomado de Reforma o Apostasía



–Pues si no se predica el Evangelio cuando se silencia sistemáticamente el tema salvación o condenación, eso significa que hoy el Evangelio apenas se predica.
–Efectivamente, apenas se predica en nuestras parroquias, catequesis y misiones. Bueno, ya se entiende que estas afirmaciones requieren muchos matices: en ciertas Iglesia locales, etc. Digamos que se predica, pero muy deficientemente, con muy poca fuerza para suscitar en los hombres de hoy la fe y para motivarles a conversión.
Los pecadores, la descendencia de Adán, están en un error mortalpiensan que pueden hacer de su vida lo que les dé la gana, sin que pase nada, es decir, sin sufrir castigos en ésta y en la otra vida. Con una ceguera espiritual insolente, llena de soberbia, creen los pecadores que, impunemente, pueden gobernarse por sí mismos, sin sujeción alguna al Señor Creador. Piensan que ellos mismos son dioses, capaces de decidir qué es bueno o malo (Gén 3,5), y que por tanto pueden renunciar al pensamiento racional, autorizándose al absurdo y abandonándose a las pensaciones. Estiman que pueden legalizar el aborto, los matrimonios homosexuales y lo que les venga en gana. Creen igualmente que pueden autorizarse a vivir en el lujo, matando a otros hombres que, sin su ayuda, mueren de hambre y enfermedad. Piensan que en esta vida es perfectamente lícito no dedicarse a «hacer el bien», sino a «pasarlo bien». No temen, en fin, que su conducta les acarree penalidades tremendas en este mundo y eternas en el otro.


Ignoran que la maldad del hombre pecador es diabólica, en su origen y en su persistencia: es una cautividad del Maligno. Y no saben que «la maldad da muerte al malvado» (Sal 33,22). Por eso, porque el Padre de la Mentira les mantiene engañados, por eso siguen pecando. Tranquilamente.
«Vosotros –les dice Cristo– sois de vuestro Padre, el diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro Padre. Éste es homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y Padre de la Mentira. Pero a mí, porque os digo la verdad, no me creéis» (Jn 8,44).
Estos pobres pecadores, sujetos al Padre de la Mentira, piensan que, una de dos, o no hay otra vida tras la muerte, o si la hay, ha de ser necesariamente feliz y no desgraciada. Pero en todo caso, lo que les resulta inadmisible es que, finalmente, hayan de responder de la bondad o maldad de sus propias obras. Lo que se niegan a creer es que sus obras del tiempo presente –tan pequeñas, condicionadas, efímeras, aunque sean innumerables– puedan tener una repercusión eterna de premio o de castigo. Nadie sabe nada cierto –ni filósofías ni religiones– sobre lo que pueda haber después de la muerte. En el caso de que haya una pervivencia, los pecadores no tienen especiales dificultades para creer en un cielo posible. Pero en lo que no quieren creer en absoluto es en el infierno, pues ello les obligaría a cambiar totalmente su vida: su modo de pensar y su modo de obrar.

Jesucristo salva a los hombres diciéndoles la verdad por el Evangelio. Si procedente del Diablo, es la mentira la que introduce a todos los hombres pecadores por la «puerta ancha y el camino espacioso», que lleva a una perdición temporal y eterna (Mt 7,13), será Jesucristo, la Verdad, el único Camino que puede llevarles a la vida verdadera y a la salvación eterna. Por eso, compadecido Dios de la suerte temporal y eterna de la humanidad, envía con todo amor a su Hijo: «tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga la vida eterna» (Jn 3,16). Él ha venido al mundo «para dar testimonio de la verdad» (18,37), sabiendo que solo ella puede hacernos libres (8,32), libres del Diablo, del mundo y de nosotros mismos.
Predica Jesús una verdad que para los hombres será vida, y para Él muerteEs, pues, el amor a los hombres lo que mueve a Cristo a decirles que no sigan pecando, que por ese camino van derechamente a su perdición temporal y eterna. Él ha venido a buscar a los pecadores, y para salvarlos de los terribles males que les aplastan y les amenazan después en la vida eterna, les habla «con frecuencia» del infierno, como dice el Catecismo de la Iglesia (n.1034), y como ya lo comprobamos aquí nosotros en el número anterior, recordando más de cincuenta citas del Evangelio.

Cristo revela a los pecadores con palabra fuerte y clara 1.- que hay después de la muerte una existencia eterna; 2.- que los actos humanos, conscientes y libres, realizados en la vida presente, tienen una repercusión eterna de salvación o de condenación, de felicidad o de desgracia. Y sabe Jesús que este Evangelio va a ocasionar su muerte.

Cristo es rechazado hoy, como hace veinte siglos, porque amenaza con el infierno a los pecadores, llamándoles a conversión. Si Cristo hubiera desdramatizado la oferta de su Evangelio, si hubiera dado a éste una orientación solamente «positiva» –exhortando al amor de Dios y de los hombres, a la justicia, a la solidaridad y a la paz, a la vida digna y noble–, en fin, si hubiera silenciado cautelosamente toda alusión trágica a las consecuencias infinitamente graves que necesariamente vendrán del rechazo de la Verdad, los hombres le habrían recibido, o al menos lo hubieran dejado a un lado, pero no se hubieran obstinado en matarlo, como lo hicieron entonces y lo siguen haciendo ahora.

El rechazo de Cristo Salvador es antes que nada un rechazo insolente de la mera posibilidad del infierno. El hombre pecador quiere mantenerse firme e inquebrantable en su convicción fundamental de que puede hacer de su vida lo que le dé la gana, sin tener que responder ante Nadie. Y sin que por eso pase nada. Al menos nada catastrófico. En otras palabras, rechaza a Cristo, afirmando que no necesita ser salvado de nada.
A Cristo lo matan por avisar del peligro del infierno con tanta insistencia. No entienden los hombres, es decir, los pecadores, que, precisamente por eso, hay que ver siempre el Evangelio de Cristo como una «epifanía del amor de Dios hacia los hombres» (Tit 3,4), lo mismo cuando les declara el amor inmenso que les tiene Dios misericordioso, como cuando les manda amar a Dios con todas las fuerzas del alma, o cuando les ordena temer «a quien tiene poder para destruir alma y cuerpo en la gehena» (Mt 10,28).
Ésta es la explicación principal de que hoy en tantas partes la predicación del infierno sea sistemáticamente silenciada. El horror a la Cruz. De ahí se derivan la infidelidad de tantos cristianos, que han perdido el temor de Dios, la ausencia de vocaciones y la no-conversión de los pecadores, que persisten tranquilamente en sus pecados.
La predicación de los Apóstoles es la misma de Jesús. Ellos también, dando testimonio pleno de la verdad, vivificaron a los hombres y ocasionaron su propia muerte. Según esta visión, San Pablo distingue entre aquellos que «están en vías de perdición» y aquellos que, gracias a la cruz de Cristo, «están en vías de salvación» (1Cor 1,18). En su enseñanza, como en la del Maestro, siempre está como un trasfondo el tema de la salvación o la condenación:
«Vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados, en los que en otro tiempo habéis vivido, siguiendo el espíritu de este mundo [mundo], bajo el príncipe de las potestades aéreas, bajo el espíritu que actúa en los hijos rebeldes [demonio]; entre los cuales todos nosotros fuimos también contados en otro tiempo, y seguimos los deseos de nuestra carne, cumpliendo la voluntad de ella y sus depravados deseos, siendo por nuestra conducta hijos de ira, como los demás [carne]. Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos, por nuestros delitos, nos dió vida por Cristo: de gracia habéis sido salvados» (Éf 2,1-5).

La existencia del infierno ha sido afirmada por el Magisterio apostólico en repetidas ocasiones, también recientemente en el concilio Vaticano II (LG 48d). Y el Catecismo de la Iglesia Católica, concretamente, recogiendo las enseñanzas bíblicas y magisteriales, dice así:
«Morir en pecado mortal, sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra “infierno”» (n.1033). «Jesús habla con frecuencia de la “gehenna” y del “fuego que nunca se apaga” (cf. Mt 5,22.29; 13,42.50; Mc 9,43-48), reservado a los que hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf. Mt 10,28). Jesús anuncia en términos graves que “enviará a sus ángeles, que recogerán a todos los autores de iniquidad… y los arrojarán al horno ardiendo” (Mt 13,41-42), y que pronunciará la condenación: “¡alejaos de mí, malditos, al fuego eterno!”» (Mt 25,41) (n.1034).
¿Un infierno vacío? La hipótesis de un teólogo famoso –que felizmente no fue creado Cardenal–, según la cual el infierno sería una mera posibilidad, por la misericordia de Dios nunca cumplida, es inconciliable con la fe católica. Es cierto que la Iglesia nunca podrá declarar que determinados hombres están en el infierno, como declara infaliblemente, en las canonizaciones, que otros están en el cielo. Y es también cierto que la voluntad salvífica universal de Dios puede salvar a muchos hombres, aparentemente perdidos, «por los caminos que Él sabe» (Vaticano II,AG 7; cf. Dominus Iesus 20-22). Pero también sabe la Iglesia que algunos hombres se condenarán, porque Cristo lo anuncia en el Evangelio. Tanto en Oriente como en Occidente, de forma unánime durante veinte siglos, las palabras de Cristo se han entendido siempre comoprofecías de lo que realmente sucederá.
Es importante saber en esto –escribe el P. Cándido Pozo, S. J.– que, en el concilio Vaticano II, «con motivo de la petición de un Padre que deseaba una declaración de que hay condenados de hecho (para que el infierno no permaneciera con un sentido de mera hipótesis), la Comisión teológicainsistiera en la forma gramatical futura (y no condicional) que poseen los textos evangélicos que se aducen en el número 48 [de la constitución Gaudium et spes] al hablar del infierno [saldrán, irán]. Esta respuesta de la Comisión teológica excluye una interpretación meramente hipotética del infierno» (En Teología del más allá, BAC 282, 19812, 555; cf. 455, el autor afirma que esa respuesta es «una interpretación oficial» de la doctrina conciliar; cf. J. A. Sayés, Más allá de la muerte, San Pablo, Madrid 1996,157).
Reforma o apostasía. No nos engañemos. Sin avisar claramente de la posibilidad de una salvación o de una condenación eternas, es absolutamente imposible evangelizar a los hombres, que seguirán pecando sin temor a nada. Si se les da un Evangelio despojado de su intrínseca dimensión soteriológica, se les predica un Evangelio falsificado, sin poder de salvación. No se les da la verdad, la única que puede salvarlos de la cautividad del Padre de la Mentira (Jn 8,45). La Iglesia dejaría de ser «sacramento universal de salvación» para transformarse en una gran Obra universal de beneficencia.
Pensando, pues, en la evangelización del mundo de la misiones, pensando en la reevangelizacióndel Occidente descristianizado, recordemos el amor heroico de Cristo hacia los hombres, que no temió entregar por ellos su vida en la cruz, con tal de darles la Verdad, la única que, con Su gracia, puede hacerles libres del pecado, del mundo y del demonio.
José María Iraburu, sacerdote

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