sábado, 25 de junio de 2011

El Patriarca de Lisboa se opone públicamente a la doctrina católica sobre el sacerdocio y las mujeres

ASEGURA QUE NO ESTUVO BIEN COMO RESOLVIÓ EL TEMA JUAN PABLO II
Habrá mujeres sacerdote «cuando Dios quiera», por el momento es mejor «no causar polémica». Pero no «hay ningún obstáculo fundamental» desde el punto de vista teológico para que las mujeres suban al altar a decir misa. Se trata, en cambio de «una tradición» que data de los tempo de Jesús. Lo dijo el cardenal José da Cruz Policarpo, patriarca de Lisboa de setenta y cinco años, y apenas confirmado por otros tres años en la dirección de la diócesis de la capital portuguesa.
(Vatican Insider) El cardenal Policarpo respondió a una larga entrevista que le hizo la revista “OA”, que publica la orden de los abogados de Portugal. Explicó que, con respecto al sacerdocio femenino, «la posición de la Iglesia católica se basa mucho en el Evangelio, no tiene la autonomía de un partido o de un gobierno. Se basa en la fidelidad hacia el Evangelio, hacia la persona de Jesús y hacia una tradición muy fuerte que proviene de los apóstoles».
«Juan Pablo II – continuó Policarpo – en cierto momento pareció dirimir la cuestión». La referencia a la carta apostólica “Ordinatio sacerdotalis” (1994), uno de los documentos más breves de Juan Pablo II, con el que el Papa, tras la decisión de la comunión anglicana de permitir el sacerdocio a las mujeres, sostenía que la Iglesia católica no lo habría hecho nunca.
«Pienso – dijo el cardinal Policarpo – que la cuestión no se puede resolver así. Teológicamente no hay ningún obstáculo fundamental; existe esta tradición, digamos: no se ha hecho nunca en otro modo».
A las preguntas de la entrevistadora, llevada por la afirmación del purpurado sobre el hecho de que no existen razones teológicas contra las mujeres sacerdote, Policarpo respondió: «Pienso que no hay ningún obstáculo fundamental. Es una igualdad fundamental de todos los miembros de la Iglesia. El problema consiste en una fuerte tradición, que viene desde Jesús y desde la facilidad con la que las Iglesias reformadas han concedido el sacerdocio a las mujeres».
Las afirmaciones del purpurado portugués tienen como objetivo abrir la discusión. Un año después de esa carta de Juan Pablo II se planteó una duda (dubium) ante la Congregación para la doctrina de la fe, entonces dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger y Tarcisio Bertone. Se preguntaba si «la doctrina, según la que la Iglesia no tiene la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, propuesta en la Carta apostólica “Ordinatio sacerdotalis”, debía considerarse de manera definitiva, y perteneciente al depósito de la fe». La respuesta, aprobada por Papa Wojtyla, fue afirmativa.
La Congregación explicó que «esta doctrina exige un asenso definitivo ya que, como se funda en la Palabra de Dios escrita y conservada en la Tradición de la Iglesia desde el inicio, fue propuesta infaliblemente por el magisterio ordinario y universal», por lo que «hay que considerarla siempre, donde sea y por quien sea, puesto que pertenece al depósito de la fe».

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