martes, 17 de mayo de 2011

Vaticano: contra la pederastia clerical, reglas claras

Tomado de Sacro y Profano

Los abusos sexuales contra menores son crímenes y la Iglesia debe colaborar con las autoridades civiles para combatirlos. No importa si los culpables son sacerdotes, religiosos o empleados de instituciones católicas. Deben rendir cuentas, no hay vuelta de hoja. Esta directiva es una de tantas incluida en la Carta Circular que ayer publicó El Vaticano y por la cual los obispos de los diversos países están obligados a redactar sus planes nacionales contra la pederastia clerical.
Como lo anticipamos aquí el texto preparado por la Congregación para la Doctrina de la Fe lleva por título: “Carta circular para ayudar a las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas guía para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte del clero”.
El objetivo del documento: auxiliar a los obispos a seguirprocedimientos claros y coordinados cuando se tienen que tratar los casos de abusos sexuales contra menores, teniendo en cuenta las situaciones concretas de las diversas regiones en las que se ejercitan su jurisdicción episcopal.
El texto, hay que decirlo, no constituye una “revolución copernicana”. Ya desde antes de su publicación no era previsible un cambio de ruta sustancial, simplemente porque la política vaticana sobre el tema ya es clara y fue establecida por el mismo Benedicto XVI, el Papa que se ha referido públicamente al asunto más veces que todos sus predecesores juntos.

Con gestos concretos (como reunirse con las víctimas o encargarse personalmente del problema irlandés) e indicaciones precisas (incluidas, por ejemplo, la carta a los católicos de Irlanda de 2009), el pontífice ha marcado el camino a seguir en la Iglesia para contrastar el flagelo de la pederastia. El sendero establecido por el Papa es retomado justamente por la carta circular.
La fórmula se puede resumir en los siguientes términos: atención prioritaria a las víctimas de abuso sexual y a sus familias, desarrollo de programas de prevención, formación de los futuros sacerdotes y religiosos, intercambio de información sobre los candidatos al sacerdocio o a la vida religiosa que se trasladan, acompañamiento de los sacerdotes y la cooperación con las autoridades civiles.
Si las normas reunidas en la circular ya existían entonces: ¿cuál es la verdadera importancia del texto? La primera y principal: El Vaticano puso las reglas claras. Muchos de los escándalos que tanto mal han dejado a la Iglesia y a los católicos han sido producto de la ignorancia o la mala fe de los obispos. A partir de ahora no habrá excusas porque, ante todo (como siempre ha sido) la responsabilidad directa por los feligreses a su cargo es del pastor. Ya basta de “vamos a Roma a entregar papas calientes”.
Por eso el documento no sólo ofrece indicaciones y sugerencias, es muy preciso en establecer un tiempo de 12 meses para la redacción de “líneas-guía” en cada país, tarea de las conferencias episcopales. Las naciones mayoritariamente católicas como Brasil o México que carecían de un manual de prevención y combate a los abusos sexuales de parte de clérigos están en tiempo de descuento. Según la circular todos deberán armonizarse y tener su propia reglamentación. Lo mismo vale para las congregaciones religiosas.
El objetivo es simple: mayor transparencia y que cada quien asuma su responsabilidad. Así ya a nadie se le permita especular con delitos sobre la fe de los católicos.
Documentos Sacros:

2 comentarios:

Angelo dijo...

Muy necesario este documento. A ver que dicen ahora los que critican al Papa de no hacer nada.
Un abrazo

Angelus dijo...

Ese es una de las cosas que achacan al Papa que más me duelen: "El papa es un estirado, le falta carisma, es un pusilánime" comparándole de una forma muy injusta con Juan Pablo II.

Él se ha apersonado de los muchos problemas de la Iglesia actual, acentuados durante estos últimos años y coincidiendo con el deterioro progresivo de la salud del beato Juan Pablo, que por razones obvias, no gobernada ya la Iglesia del mismo modo y con el mismo vigor.

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