sábado, 31 de julio de 2010

Mis primeros premios

Luego de no visitar estos lares por tres días, me he encontrado con la grata sorpresa de que he sido doblemente   premiado: por un lado, he recibido de manos de Ara el premio DESEO ETERNO, y de Rafa el premio DARDOS.

He de aclarar que no había tenido contacto alguno con Ara o  con Rafa (que se nos ha unido siguiéndonos) y que hasta ahora he conocido sus bitácoras, es decir, nos seguían de incógnito o nos leían periódicamente, con lo que les estoy muy agradecido deseando que el Señor, Dios Omnipotente los bendiga.


El Premio DESEO ETERNO, nos es entregado con la condición de que se conteste esta pregunta: ¿Cual es lo más creativo de su blog? a los que se contesta:

Creo que el nombre, o la causa (dar a conocer en forma concisa la doctrina católica y previniendo de errores que se divulgan dentro del pueblo de Dios) no son nada míos. el Combate Espiritual lo ha ganado Cristo abriendo las puertas del cielo y la fe católica no es más si no la verdad que es Cristo mismo.
Entonces, la originalidad de este blog creo que radica en tratar de ser lo más sencillo y didáctico posible (en particular en el tema litúrgico) y ser un sitio de consulta habitual de un católico del común sobre de lo mucho que se habla de la doctrina de Fulano, de Mengano, de Sultano o de Juancho Polo y de decir cual es la Cristo, siempre de un modo humilde y sometido como es natural al Magisterio, real intérprete de la Tradición Predicada y Escrita.

También pide el premio compartirlo con otros cinco blogs, y aquí están:

y el Premio DARDOS, al que me permito hacerle algunas modificaciones. Ya que no exige una pregunta yo he de incluirla.
Con el dardo en la mano ¿A qué apuntas con tu blog?
Me ha salido muy difícil e igualmente creo que es muy exagerado darlo a quince personas, y dado que aprecio mucho y quiero expresar sencilla y sinceramente mi apoyo a estas bitácoras, las he de nominar de nuevo,

 doblete de premios dejando el número de nuevo en cinco a compartir.
Y,  las preguntas son libres de ser contestadas o no, recibanlo con cariño en Cristo y María.

San Ignacio de Loyola, Fundador de la Compañía de Jesús.

Cortesía de Corazones.org
Fundador de la Compañía de Jesús (Jesuitas)
(1491 - 1556)
Fiesta: 31 de julio

"Ad Majorem Dei Gloriam"
"Para mayor gloria de Dios" 
(Lema de San Ignacio)
 


El amor de Dios es la fuente del entusiasmo de Ignacio por la salvación de las almas, por las que emprendió tantas y tan grandes cosas y a las que consagró sus vigilias, oraciones, lágrimas y trabajos.
Se hizo todo a todos para ganarlos a todos y al prójimo le dio por su lado a fin de atraerlo al suyo. Recibía con extraordinaria bondad a los pecadores sinceramente arrepentidos; con frecuencia se imponía una parte de la penitencia que hubiese debido darles y los exhortaba a ofrecerse en perfecto holocausto a Dios, diciéndoles que es imposible imaginar los tesoros de gracia que Dios reserva a quienes se le entregan de todo corazón.
El santo proponía a los pecadores esta oración, que él solía repetir: "Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Vos me lo disteis; a vos Señor, lo torno. Disponed a toda vuestra voluntad y dadme amor y gracia, que esto me basta, sin que os pida otra cosa".



Nació el año 1491 en Loyola, en las provincias vascongadas; su vida transcurrió primero entre la corte real y la milicia; luego se convirtió y estudió teología en París, donde se le juntaron los primeros compañeros con los que había de fundar más tarde, en Roma, la Compañía de Jesús. Ejerció un fecundo apostolado con sus escritos y con la formación de discípulos, que habían de trabajar intensamente por la reforma de la Iglesia. Murió en Roma el año 1556. -Liturgia de la Horas
Cronología de La Vida de San Ignacio De Loyola
1491- Año probable del nacimiento de Ignacio de Loyola1521- Colabora en la defensa de Pamplona acosada por el rey de Francia. Es herido en la pierna derecha y enviado a Loyola, donde pasa la convalecencia. En este tiempo caen en sus manos algunos libros piadosos que le hacen descubrir, en la vida de Jesús y de los Santos, un nuevo horizonte en su vida. Se produce en Ignacio una primera conversión. Experimenta, igualmente, una lucha interior entre deseos piadosos y deseos mundanos.1522- San Ignacio comienza una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Montserrat. Una vez en Montserrat, hace una confesión general y deja sus vestidos y su espada. Continúa el camino hacia Manresa donde da comienzo a una vida de pobreza, oración, y penitencia. Después de un tiempo de turbación, escrúpulos, dudas y angustias, vivirá una singular experiencia de Dios que recordará toda la vida: "la ilustración del Cardoner". Igualmente comenzará a formular su experiencia espiritual con lo que da comienzo a lo que más adelante será el libro de los Ejercicios Espirituales.
1527-
A lo largo de este año Ignacio vivirá dos procesamientos más y será encarcelado. Al salir de la prisión viaja a Salamanca. Nuevamente tendrá procesos inquisitoriales, se le prohibe predicar y enseñar materias teológicas por no haber hecho suficientes estudios. Ignacio decide marchar de Salamanca, pasa por Barcelona y se encamina a París.1538- San Ignacio celebra su primera misa en la iglesia de ¨Santa María la Maggiore¨.1540- Paulo III confirma la fundación de la Compañía de Jesús.1541- Ignacio comienza la redacción de las Constituciones de la Compañía y es elegido superior general de la misma. A partir de este momento Ignacio vivirá permanentemente en Roma.1556- Muerte de San Ignacio de Loyola. Es enterrado en el lugar donde actualmente está la iglesia del Gesú en Roma.1609- El Papa Paulo V beatifica a Ignacio de Loyola.1622- Canonización de Ignacio de Loyola por el Papa Gregorio XV.

Reflexiones claves del Diario Espiritual de San Ignacio De Loyola

- Dios me ama más que yo a mí mismo.
- ¡Siguiéndoos, Jesús, no me puedo perder!
- Dios proveerá lo que le parezca mejor.
- ¡Señor, soy un niño! ¿A dónde me lleváis?
- ¡Jesús, por nada del mundo te dejaría!
- ¿Qué queréis, Señor, de mí?
- ¡Señor, sostenedme con vuestra gracia!
- ¡No merezco, Señor, cuanto recibo!
- ¡Dadme, Señor, vuestro amor y gracia, éstas me bastan!
- Jesús, sé mi guía, condúceme.

Vida de San Ignacio de Loyola
SAN IGNACIO nació probablemente, en 1491, en el castillo de Loyola en Azpeitia, población de Guipúzcoa, cerca de los Pirineos. Su padre, don Bertrán, era señor de Ofiaz y de Loyola, jefe de una de las familias más antiguas y nobles de la región. Y no era menos ilustre el linaje de su madre, Marina Sáenz de Licona y Balda. Iñigo (pues ése fue el nombre que recibió el santo en el bautismo) era el más joven de los ocho hijos y tres hijas de la noble pareja. Iñigo luchó contra los franceses en el norte de Castilla. Pero su breve carrera militar terminó abruptamente el 20 de mayo de 1521, cuando una bala de cañón le rompió la pierna durante la lucha en defensa del castillo de Pamplona. Después de que Iñigo fue herido, la guarnición española capituló.
Los franceses no abusaron de la victoria y enviaron al herido en una litera al castillo de Loyola (su hogar). Como los huesos de la pierna soldaron mal, los médicos consideraron necesario quebrarlos nuevamente. Iñigo se decidió a favor de la operación y la soportó estoicamente ya que anhelaba regresar a sus anteriores andanzas a todo costo.  Pero, como consecuencia, tuvo un fuerte ataque de fiebre con tales complicaciones que los médicos pensaron que el enfermo moriría antes del amanecer de la fiesta de San Pedro y San Pablo. Sin embargo empezó a mejorar, aunque la convalecencia duró varios meses. No obstante la operación de la rodilla rota presentaba todavía una deformidad. Iñigo insistió en que los cirujanos cortasen la protuberancia y, pese a éstos le advirtieron que la operación sería muy dolorosa, no quiso que le atasen ni le sostuviesen y soportó la despiadada carnicería sin una queja. Para evitar que la pierna derecha se acortase demasiado, Iñigo permaneció varios días con ella estirada mediante unas pesas. Con tales métodos, nada tiene de extraño que haya quedado cojo para el resto de su vida.
Con el objeto de distraerse durante la convalecencia, Iñigo pidió algunos libros de caballería (aventuras de caballeros en la guerra), a los que siempre había sido muy afecto. Pero lo único que se encontró en el castillo de Loyola fue una historia de Cristo y un volumen de vidas de santos. Iñigo los comenzó a leer para pasar el tiempo, pero poco a poco empezó a interesarse tanto que pasaba días enteros dedicado a la lectura. Y se decía: "Si esos hombres estaban hechos del mismo barro que yo, bien yo puedo hacer lo que ellos hicieron". Inflamado por el fervor, se proponía ir en peregrinación a un santuario de Nuestra Señora y entrar como hermano lego a un convento de cartujos. Pero tales ideas eran intermitentes, pues su ansiedad de gloria y su amor por una dama, ocupaban todavía sus pensamientos. Sin embargo, cuando volvía a abrir el libro de la vida de los santos, comprendía la futilidad de la gloria mundana y presentía que sólo Dios podía satisfacer su corazón. Las fluctuaciones duraron algún tiempo. Ello permitió a Iñigo observar una diferencia: en tanto que los pensamientos que procedían de Dios le dejaban lleno de consuelo, paz y tranquilidad, los pensamientos vanos le procuraban cierto deleite, pero no le dejaban sino amargura y vacío. Finalmente, Iñigo resolvió imitar a los santos y empezó por hacer toda penitencia corporal posible y llorar sus pecados.
Le visita la Virgen; purificación en Manresa
Una noche, se le apareció la Madre de Dios, rodeada de luz y llevando en los brazos a Su Hijo. La visión consoló profundamente a Ignacio. Al terminar la convalecencia, hizo una peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Montserrat, donde determinó llevar vida de penitente. Su propósito era llegar a Tierra Santa y para ello debía embarcarse en Barcelona que está muy cerca de Montserrat.  La ciudad se encontraba cerrada por miedo a la peste que azotaba la región. Así tuvo que esperar en el pueblecito de Manresa, no lejos de Barcelona y a tres leguas de Montserrat. El Señor tenía otros designios más urgentes para Ignacio en ese momento de su vida.  Lo quería llevar a la profundidad de la entrega en oración y total pobreza. Se hospedó ahí, unas veces en el convento de los dominicos y otras en un hospicio de pobres. Para orar y hacer penitencia, se retiraba a una cueva de los alrededores. Así vivió durante casi un año.
"A fin de imitar a Cristo nuestro Señor y asemejarme a El, de verdad, cada vez más; quiero y escojo la pobreza con Cristo, pobre más que la riqueza; las humillaciones con Cristo humillado, más que los honores, y prefiero ser tenido por idiota y loco por Cristo, el primero que ha pasado por tal, antes que como sabio y prudente en este mundo". Se decidió a "escoger el Camino de Dios, en vez del camino del mundo"...hasta lograr alcanzar su santidad.
A las consolaciones de los primeros tiempos sucedió un período de aridez espiritual; ni la oración, ni la penitencia conseguían ahuyentar la sensación de vacío que encontraba en los sacramentos y la tristeza que le abrumaba. A ello se añadía una violenta tempestad de escrúpulos que le hacían creer que todo era pecado y le llevaron al borde de la desesperación. En esa época, Ignacio empezó a anotar algunas experiencias que iban a servirle para el libro de los "Ejercicios Espirituales". Finalmente, el santo salió de aquella noche oscura y el más profundo gozo espiritual sucedió a la tristeza. Aquella experiencia dio a Ignacio una habilidad singular para ayudar a los escrupulosos y un gran discernimiento en materia de dirección espiritual. Más tarde, confesó al P. Laínez que, en una hora de oración en Manresa, había aprendido más de lo que pudiesen haberle enseñado todos los maestros en las universidades. Sin embargo, al principio de su conversión, Ignacio estaba tan sugestionado por la mentalidad del mundo que, al oír a un moro blasfemar de la Santísima Virgen, se preguntó si su deber de caballero cristiano no consistía en dar muerte al blasfemo, y sólo la intervención de la Providencia le libró de cometer ese crimen.
Tierra Santa
En febrero de 1523, Ignacio por fin partió en peregrinación a Tierra Santa. Pidió limosna en el camino, se embarcó en Barcelona, pasó la Pascua en Roma, tomó otra nave en Venecia con rumbo a Chipre y de ahí se trasladó a Jaffa. Del puerto, a lomo de mula, se dirigió a Jerusalén, donde tenía el firme propósito de establecerse. Pero, al fin de su peregrinación por los Santos Lugares, el franciscano encargado de guardarlos le ordenó que abandonase Palestina, temeroso de que los mahometanos, enfurecidos por el proselitismo de Ignacio, le raptasen y pidiesen rescate por él. Por lo tanto, el joven renunció a su proyecto y obedeció, aunque no tenía la menor idea de lo que iba a hacer al regresar a Europa. Otra vez, la Divina Providencia tenía designios para esta alma tan generosa.
De nuevo en España donde es encarcelado por la inquisición.
En 1524, llegó de nuevo a España, donde se dedicó a estudiar, pues "pensaba que eso le serviría para ayudar a las almas". Una piadosa dama de Barcelona, llamada Isabel Roser, le asistió mientras estudiaba la gramática latina en la escuela. Ignacio tenía entonces treinta y tres años, y no es difícil imaginar lo penoso que debe ser estudiar la gramática a esa edad. Al principio, Ignacio estaba tan absorto en Dios, que olvidaba todo lo demás; así, la conjugación del verbo latino "amare" se convertía en un simple pretexto para pensar: "Amo a Dios. Dios me ama". Sin embargo, el santo hizo ciertos progresos en el estudio, aunque seguía practicando las austeridades y dedicándose a la contemplación y soportaba con paciencia y buen humor las burlas de sus compañeros de escuela, que eran mucho más jóvenes que él.
Al cabo de dos años de estudios en Barcelona, pasó a la Universidad de Alcalá a estudiar lógica, física y teología; pero la multiplicidad de materias no hizo más que confundirle, a pesar de que estudiaba noche y día. Se alojaba en un hospicio, vivía de limosna y vestía un áspero hábito gris. Además de estudiar, instruía a los niños, organizaba reuniones de personas espirituales en el hospicio y convertía a numerosos pecadores con sus reprensiones llenas de mansedumbre.
Había en España muchas desviaciones de la devoción. Como Ignacio carecía de los estudios y la autoridad para enseñar, fue acusado ante el vicario general del obispo, quien le tuvo prisionero durante cuarenta y dos días, hasta que, finalmente, absolvió de toda culpa a Ignacio y sus compañeros, pero les prohibió llevar un hábito particular y enseñar durante los tres años siguientes. Ignacio se trasladó entonces con sus compañeros a Salamanca. Pero pronto fue nuevamente acusado de introducir doctrinas peligrosas. Después de tres semanas de prisión, los inquisidores le declararon inocente. Ignacio consideraba la prisión, los sufrimientos y la ignominia como pruebas que Dios le mandaba para purificarle y santificarle. Cuando recuperó la libertad, resolvió abandonar España. En pleno invierno, hizo el viaje a París, a donde llegó en febrero de 1528.
Estudios en París
Los dos primeros años los dedicó a perfeccionarse en el latín, por su cuenta. Durante el verano iba a Flandes y aun a Inglaterra a pedir limosna a los comerciantes españoles establecidos en esas regiones. Con esa ayuda y la de sus amigos de Barcelona, podía estudiar durante el año. Pasó tres años y medio en el Colegio de Santa Bárbara, dedicado a la filosofía. Ahí indujo a muchos de sus compañeros a consagrar los domingos y días de fiesta a la oración y a practicar con mayor fervor la vida cristiana. Pero el maestro Peña juzgó que con aquellas prédicas impedía a sus compañeros estudiar y predispuso contra Ignacio al doctor Guvea, rector del colegio, quien condenó a Ignacio a ser azotado para desprestigiarle entre sus compañeros. Ignacio no temía al sufrimiento ni a la humillación, pero, con la idea de que el ignominioso castigo podía apartar del camino del bien a aquéllos a quienes había ganado, fue a ver al rector y le expuso modestamente las razones de su conducta. Guvea no respondió, pero tomó a Ignacio por la mano, le condujo al salón en que se hallaban reunidos todos los alumnos y le pidió públicamente perdón por haber prestado oídos, con ligereza, a los falsos rumores. En 1534, a los cuarenta y tres años de edad, Ignacio obtuvo el título de maestro en artes de la Universidad de París.
El Señor le da compañeros
Las palabras fervorosas de Ignacio, llenas del Espíritu Santo, abrió los corazones de algunos compañeros. Por aquella época, se unieron a Ignacio otros seis estudiantes de teología: Pedro Fabro, que era sacerdote de Saboya; Francisco Javier, un navarro; Laínez y Salmerón, que brillaban mucho en los estudios; Simón Rodríguez, originario de Portugal y Nicolás Bobadilla. Movidos por las exhortaciones de Ignacio, aquellos fervorosos estudiantes hicieron voto de pobreza, de castidad y de ir a predicar el Evangelio en Palestina, o, si esto último resultaba imposible, de ofrecerse al Papa para que los emplease en el servicio de Dios como mejor lo juzgase. La ceremonia tuvo lugar en una capilla de Montmartre, donde todos recibieron la comunión de manos de Pedro Fabro, quien acababa de ordenarse sacerdote. Era el día de la Asunción de la Virgen de 1534. Ignacio mantuvo entre sus compañeros el fervor, mediante frecuentes conversaciones espirituales y la adopción de una sencilla regla de vida. Poco después, hubo de interrumpir sus estudios de teología, pues el médico le ordenó que fuese a tomar un poco los aires natales, ya que su salud dejaba mucho que desear. Ignacio partió de París, en la primavera de 1535. Su familia le recibió con gran gozo, pero el santo se negó a habitar en el castillo de Loyola y se hospedó en una pobre casa de Azpeitia.
Bendición del Papa; aparición del Señor
Dos años más tarde, se reunió con sus compañeros en Venecia. Pero la guerra entre venecianos y turcos les impidió embarcarse hacia Palestina. Los compañeros de Ignacio, que eran ya diez, se trasladaron a Roma; Paulo III los recibió muy bien y concedió a los que todavía no eran sacerdotes el privilegio de recibir las órdenes sagradas de manos de cualquier obispo. Después de la ordenación, se retiraron a una casa de las cercanías de Venecia a fin de prepararse para los ministerios apostólicos. Los nuevos sacerdotes celebraron la primera misa entre septiembre y octubre, excepto Ignacio, quien la difirió más de un año con el objeto de prepararse mejor para ella. Como no había ninguna probabilidad de que pudiesen trasladarse a Tierra Santa, quedó decidido finalmente que Ignacio, Fabro y Laínez irían a Roma a ofrecer sus servicios al Papa. También resolvieron que, si alguien les preguntaba el nombre de su asociación, responderían que pertenecían a la Compañía de Jesús (San Ignacio no empleó nunca el nombre de "jesuita". Este nombre comenzó como un apodo), porque estaban decididos a luchar contra el vicio y el error bajo el estandarte de Cristo. Durante el viaje a Roma, mientras oraba en la capilla de "La Storta", el Señor se apareció a Ignacio, rodeado por un halo de luz inefable, pero cargado con una pesada cruz. Cristo le dijo: "Ego vobis Romae propitius ero" (Os seré propicio en Roma). Paulo III nombró al padre Fabro profesor en la Universidad de la Sapienza y confió a Laínez el cargo de explicar la Sagrada Escritura. Por su parte, Ignacio se dedicó a predicar los Ejercicios y a catequizar al pueblo. El resto de sus compañeros trabajaba en forma semejante, a pesar de que ninguno de ellos dominaba todavía el italiano.
La Compañía de Jesús
Ignacio y sus compañeros decidieron formar una congregación religiosa para perpetuar su obra. A los votos de pobreza y castidad debía añadirse el de obediencia para imitar más de cerca al Hijo de Dios, que se hizo obediente hasta la muerte. Además, había que nombrar a un superior general a quien todos obedecerían, el cual ejercería el cargo de por vida y con autoridad absoluta, sujeto en todo a la Santa Sede. A los tres votos arriba mencionados, se agregaría el de ir a trabajar por el bien de las almas adondequiera que el Papa lo ordenase. La obligación de cantar en común el oficio divino no existiría en la nueva orden, "para que eso no distraiga de las obras de caridad a las que nos hemos consagrado". No por eso descuidaban la oración que debía tomar al menos una hora diaria.
La primera de las obras de caridad consistiría en "enseñar a los niños y a todos los hombres los mandamientos de Dios". La comisión de cardenales que el Papa nombró para estudiar el asunto se mostró adversa al principio, con la idea de que ya había en la Iglesia bastantes órdenes religiosas, pero un año más tarde, cambió de opinión, y Paulo III aprobó la Compañía de Jesús por una bula emitida el 27 de septiembre de 1540. Ignacio fue elegido primer general de la nueva orden y su confesor le impuso, por obediencia, que aceptase el cargo. Empezó a ejercerlo el día de Pascua de 1541 y, algunos días más tarde, todos los miembros hicieron los votos en la basílica de San Pablo Extramuros.
Ignacio pasó el resto de su vida en Roma, consagrado a la colosal tarea de dirigir la orden que había fundado. Entre otras cosas, fundó una casa para alojar a los neófitos judíos durante el período de la catequesis y otra casa para mujeres arrepentidas. En cierta ocasión, alguien le hizo notar que la conversión de tales pecadoras rara vez es sincera, a lo que Ignacio respondió: "Estaría yo dispuesto a sufrir cualquier cosa por el gozo de evitar un solo pecado". Rodríguez y Francisco Javier habían partido a Portugal en 1540. Con la ayuda del rey Juan III, Javier se trasladó a la India, donde empezó a ganar un nuevo mundo para Cristo. Los padres Goncalves y Juan Nuñez Barreto fueron enviados a Marruecos a instruir y asistir a los esclavos cristianos. Otros cuatro misioneros partieron al Congo; algunos más fueron a Etiopía y a las colonias portuguesas de América del Sur.
Un baluarte de verdad y orden ante el protestantismo
El Papa Paulo III nombró como teólogos suyos, en el Concilio de Trento, a los padres Laínez y Salmerón. Antes de su partida, San Ignacio les ordenó que visitasen a los enfermos y a los pobres y que, en las disputas se mostrasen modestos y humildes y se abstuviesen de desplegar presuntuosa- mente su ciencia y de discutir demasiado. Pero, sin duda que entre los primeros discípulos de Ignacio el que llegó a ser más famoso en Europa, por su saber y virtud, fue San Pedro Canisio, a quien la Iglesia venera actualmente como Doctor. En 1550, San Francisco de Borja regaló una suma considerable para la construcción del Colegio Romano. San Ignacio hizo de aquel colegio el modelo de todos los otros de su orden y se preocupó por darle los mejores maestros y facilitar lo más posible el progreso de la ciencia. El santo dirigió también la fundación del Colegio Germánico de Roma, en el que se preparaban los sacerdotes que iban a trabajar en los países invadidos por el protestantismo. En vida del santo se fundaron universidades, seminarios y colegios en diversas naciones. Puede decirse que San Ignacio echó los fundamentos de la obra educativa que había de distinguir a la Compañía de Jesús y que tanto iba a desarrollarse con el tiempo.
En 1542, desembarcaron en Irlanda los dos primeros misioneros jesuitas, pero el intento fracasó. Ignacio ordenó que se hiciesen oraciones por la conversión de Inglaterra, y entre los mártires de Gran Bretaña se cuentan veintinueve jesuitas. La actividad de la Compañía de Jesús en Inglaterra es un buen ejemplo del importantísimo papel que desempeñó en la contrarreforma. Ese movimiento tenía el doble fin de dar nuevo vigor a la vida de la Iglesia y de oponerse al protestantismo. "La Compañía de Jesús era exactamente lo que se necesitaba en el siglo XVI para contrarrestar la Reforma. La revolución y el desorden eran las características de la Reforma. La Compañía de Jesús tenía por características la obediencia y la más sólida cohesión. Se puede afirmar, sin pecar contra la verdad histórica, que los jesuitas atacaron, rechazaron y derrotaron la revolución de Lutero y, con su predicación y dirección espiritual, reconquistaron a las almas, porque predicaban sólo a Cristo y a Cristo crucificado. Tal era el mensaje de la Compañía de Jesús, y con él, mereció y obtuvo la confianza y la obediencia de las almas" (cardenal Manning). A este propósito citaremos las, instrucciones que San Ignacio dio a los padres que iban a fundar un colegio en Ingolstadt, acerca de sus relaciones con los protestantes: "Tened gran cuidado en predicar la verdad de tal modo que, si acaso hay entre los oyentes un hereje, le sirva de ejemplo de caridad y moderación cristianas. No uséis de palabras duras ni mostréis desprecio por sus errores". El santo escribió en el mismo tono a los padres Broet y Salmerón cuando se aprestaban a partir para Irlanda.
Una de las obras más famosas y fecundas de Ignacio fue el libro de los Los Ejercicios Espirituales. Es la obra maestra de la ciencia del discernimiento. Empezó a escribirlo en Manresa y lo publicó por primera vez en Roma, en 1548, con la aprobación del Papa. Los Ejercicios cuadran perfectamente con la tradición de santidad de la Iglesia. Desde los primeros tiempos, hubo cristianos que se retiraron del mundo para servir a Dios, y la práctica de la meditación es tan antigua como la Iglesia. Lo nuevo en el libro de San Ignacio es el orden y el sistema de las meditaciones. Si bien las principales reglas y consejos que da el santo se hallan diseminados en las obras de los Padres de la Iglesia, San Ignacio tuvo el mérito de ordenarlos metódicamente y de formularlos con perfecta claridad.
La prudencia y caridad del gobierno de San Ignacio le ganó el corazón de sus súbditos. Era con ellos afectuoso como un padre, especialmente con los enfermos, a los que se encargaba de asistir personalmente procurándoles el mayor bienestar material y espiritual posible. Aunque San Ignacio era superior, sabía escuchar con mansedumbre a sus subordinados, sin perder por ello nada de su autoridad. En las cosas en que no veía claro se atenía humildemente al juicio de otros. Era gran enemigo del empleo de los superlativos y de las afirmaciones demasiado categóricas en la conversación. Sabía sobrellevar con alegría las críticas, pero también sabía reprender a sus súbditos cuando veía que lo necesitaban. En particular, reprendía a aquéllos a quienes el estudio volvía orgullosos o tibios en el servicio de Dios, pero fomentaba, por otra parte, el estudio y deseaba que los profesores, predicadores y misioneros, fuesen hombres de gran ciencia. La corona de las virtudes de San Ignacio era su gran amor a Dios. Con frecuencia repetía estas palabras, que son el lema de su orden: "A la mayor gloria de Dios". A ese fin refería el santo todas sus acciones y toda la actividad de la Compañía de Jesús. También decía frecuentemente: "Señor, ¿qué puedo desear fuera de Ti?" Quien ama verdaderamente no está nunca ocioso. San Ignacio ponía su felicidad en trabajar por Dios y sufrir por su causa. Tal vez se ha exagerado algunas veces el "espíritu militar" de Ignacio y de la Compañía de Jesús y se ha olvidado la simpatía y el don de amistad del santo por admirar su energía y espíritu de empresa.
Durante los quince años que duró el gobierno de San Ignacio, la orden aumentó de diez a mil miembros y se extendió en nueve países europeos, en la India y el Brasil. Como en esos quince años el santo había estado enfermo quince veces, nadie se alarmó cuando enfermó una vez más. Murió súbitamente el 31 de julio de 1556, sin haber tenido siquiera tiempo de recibir los últimos sacramentos.
Fue canonizado en 1622, y Pío XI le proclamó patrono de los ejercicios espirituales y retiros.
-Adaptado del trabajo de Alban Butler et all, edición en español de R.P. Wilfredo Guinea. La Vida de los Santos de Butler, vol. 3. (Chicago USA: Rand McNally, 1965) pg.222-228.

San Ignacio es el gran maestro del discernimiento de espíritus.
Juan Pablo II: "Ignacio supo obedecer cuando, en pleno restablecimiento de sus heridas, la voz de Dios resonó con fuerza en su corazón. Fue sensible a la inspiración del Espíritu Santo..."
Por el discernimiento de espíritu entendemos la capacidad de distinguir cuando nos habla el Espíritu Santo y cuando los espíritus malos.
Luis Goncalves de Cámara escribió "Los Hechos de San Ignacio" recogiéndolos de los labios del mismo santo:
Ignacio era muy aficionado a los llamados libros de caballerías, narraciones llenas de historias fabulosas e imaginarias. Cuando se sintió restablecido, pidió que le trajeran algunos de esos libros para entretenerse, pero no se halló en su casa ninguno; entonces le dieron para leer un libro llamado Vida de Cristo y otro que tenía por título Flos sanctórum, escritos en su lengua materna.

Con la frecuente lectura de estas obras, empezó a sentir algún interés por las cosas que en ellas se trataban. A intervalos volvía su pensamiento a lo que había leído en tiempos pasados y entretenía su imaginación con el recuerdo de las vanidades que habitualmente retenían su atención durante su vida anterior.

Pero, entretanto, iba actuando también la misericordia divina, inspirando en su ánimo otros pensamientos, además de los que suscitaba en su mente lo que acababa de leer. En efecto, al leer la vida de Jesucristo o de los santos, a veces se ponía a pensar y se preguntaba a sí mismo:
"¿Y si yo hiciera lo mismo que San Francisco o que Santo Domingo?"

Y, así, su mente estaba siempre activa. Estos pensamientos duraban mucho tiempo, hasta que, distraído por cualquier motivo, volvía a pensar, también por largo tiempo, en las cosas vanas y mundanas. Esta sucesión de pensamientos duró bastante tiempo.
Pero había una diferencia; y es que, cuando pensaba en las cosas del mundo, ello le producía de momento un gran placer; pero cuando, hastiado, volvía a la realidad, se sentía triste y árido de espíritu; por el contrario, cuando pensaba en la posibilidad de imitar las austeridades de los santos, no sólo entonces experimentaba un intenso gozo, sino que además tales pensamientos lo dejaban lleno de alegría. De esta diferencia él no se daba cuenta ni le daba importancia, hasta que un día se le abrieron los ojos del alma y comenzó a admirarse de esta diferencia que experimentaba en sí mismo, que, mientras una clase de pensamientos lo dejaban triste, otros, en cambio, alegre. Y así fue como empezó a reflexionar seriamente en las cosas de Dios. Más tarde, cuando se dedicó a las prácticas espirituales, esta experiencia suya le ayudó mucho a comprender lo que sobre la discreción de espíritus enseñaría luego a los suyos. 
El fin específico de los Ejercicios es llevar al hombre a un estado de serenidad y despego de las cosas pasajeras para que pueda elegir "sin dejarse llevar del placer o la repugnancia, ya sea acerca del curso general de su vida, ya acerca de un asunto particular. Así, el principio que guía la elección es únicamente la consideración de lo que más conduce a la gloria de Dios y a la perfección del alma".
Como lo dice Pío XI, el método ignaciano de oración "guía al hombre por el camino de la propia abnegación y del dominio de los malos hábitos a las más altas cumbres de la contemplación y el amor divino".
Los Ejercicios Espirituales son el instrumento del que ha servido El Señor para comunicar su Espíritu a innumerables personas y llevarlas a la santidad.
Comienzan reflexionando sobre el "Principio y Fundamento" de todas las cosas. Nos enseña la verdad fundamental en la que debemos edificar nuestra vida:.
¿Cuál es el origen de esta existencia?, ¿Cuál es su sentido?, ¿Cuál su valor? Esta es la pregunta capital que me debo preguntar. La respuesta nos la da Dios: Génesis 1: 26  "Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra"  Y como Dios es amor (1Juan 4:16), el hombre que es su imagen, ha sido creado para amar con su corazón, que es como el de Dios.  Dios creó al hombre para amar con todo su corazón, toda su mente y toda su fuerza (Deut. 6:4-9).
El hombre ama a Dios ante todo alabándole, adorándole y sirviéndole. En esta línea debo ordenar mi existencia. Pero el amor es más que esto. Por su propia naturaleza, el amor busca unión. Dios nos creó para ser sus hijos adoptivos en Jesucristo y por Jesucristo.
El plan de Dios consiste en hacernos partícipes en la tierra (por medio de la fe y la gracia) y por toda la eternidad de la vida de la Trinidad que es amor.
El principio y fundamento de nuestra vida es este: Hemos sido creados para Alabar y Servir a Dios y mediante esto salvar nuestra alma.
Conociendo este principio y ordenando toda nuestra vida en El, podremos construir sobre roca para que las tormentas no destruyan nuestra casa. 

Oración
"Señor, Dios nuestro, que has suscitado en tu Iglesia a San Ignacio de Loyola para extender la gloria de tu nombre,
concédenos que después de combatir en la tierra, bajo su protección y siguiendo su ejemplo, merezcamos compartir con él la gloria del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo."

martes, 27 de julio de 2010

Avisos para quienes deseen vivir una vida religiosa

Por Ricardo García. visto en Apologética Católica
¿Has sido llamado a la vida religiosa o al sacerdocio?
O quizás ya estás en una orden religiosa. Pero en cualquier caso sería bueno que tomaras algunas precauciones para proseguir en la santidad. El diablo sabe que perdería muchas almas si nos deja progresar en nuestro amor por Cristo. Así que está tratando todo lo que puede para detenernos.
Pare ayudarnos en este camino a la perfección, Dios nos ha dado algunos avisos, tanto por boca como por carta de muchos santos. No he podido leer mucho, pero aquí hay algunos de los avisos que pude entender, en mis propias palabras.
Sobre la Humildad
Sean humildes, antes que cualquier cosa. Porque todo lo que son, es gracias a Dios. Vean cómo era Salomón cuando cayó en pecado! Y también lo podrían ser ustedes, si no tienen cuidado de insultar a Dios!
Imagínense como esto: Un árbol, con sus raíces en el río de la Vida Eterna. Ahora, al pecar, se alejan de ese río, y empiezan a gustar de lo que está lejos de él, hasta terminar plantados en un pantano. Y qué tipo de frutos puede tener este árbol echado a perder?
Procuren estar en paz con todos y progresen en la santidad, pues sin ella nadie verá al Señor.
Tengan cuidado; podría ser que alguno de ustedes, después de perder la gracia de Dios, envenene a todos, como la planta venenosa que produce brotes y hace daño."
(Heb 12,14-15)
Recuerden no rezar como el fariseo en el Templo, sino como el Publicano. Porque nadie es justo a los ojos de Dios, siempre tenemos uno que otro pecadillo, que no por ser pequeño deja de ser pecado. Aunque parezcan vasos agua muy limpia comparados con los demás, al ver estos vasos bajo la luz divina, siempre habrá suciedad que ver. Por eso, aspiren a ser perfectos, porque nunca podemos dejar de mejorarnos.
En su libro, "Vida", c. 13,10, Sta Teresa nos da un más que excelente aviso en la humildad:
"Pues procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que veamos en los demás, y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados. Esta manera de hacer las cosas, que aunque no se haga perfectamente, nos hace ganar una gran virtud, que es ver que todos son mejores que nosotros, y por quí empezamos a ganar el favor de Dios, que es importante en todo, y cuando falta, se excusan todas las medidas y súplicas de que nos de ésta virtud, que al hacerlas no dañamos a nadie."
Otras cosas que debemos tener encuenta si estamos "por encima" de los demás.
Si ven que su alma es más 'pura' que la de otra persona, no deben decir "qué bien, estoy a salvo." Porque el diablo nunca descansa en esta batalla espiritual, y no deberían ustedes descansar tampoco. Recuerden lo que dice la escritura: "No sea que se llene de orgullo y caiga en la misma condenación que cayó el demonio" (1Tim 3:6)
Y qué si hemos caído en el pecado? ¿Significa que estamos definitivamente perdidos? ¡Claro que NO! Al contrario, debemos poner un MAYOR esfuerzo en salirnos, y orar, orar, orar! La oración es MUY importante para salirnos de cualquier vicio. Si piensan que subir por esta escalera al cielo sería más peligroso por el peligro de caer, recuerden! Es mejor caer y tratar de nuevo, que NUNCA alcanzar el tope. Y cada paso que demos, debemos hacerlo con seguridad y fe de que el Señor está a nuestro lado.
Les digo nuevamente: NO tengan miedo de empezar a rezar, porque NUNCA es peligroso empezar esta excelente costumbre que es la oración. Ningún mal puede nacer del bien, y bien sabemos que la oración es buena. Imaginen sus almas como una fortaleza contra el mal, con Dios cuidándola desde el interior (mientras estamos en Gracia). Y la oración es la entrada a este hermoso castillo. ¿Ahora, qué sería mejor? Entrar a este castillo, o quedarse afuera, con todos los males rondando?
Así, que para evitar caer en el pecado, debemos de ser muy cuidadosos de nuestro comportamiento, y notar cuándo nos estaríamos alejando.
Tentaciones que debemos evitar
  • Falsa humildad.
    Podríamos pensar que ir tan lejos como algunos santos, seguir su ejemplo, o incluso pensar en ser mártires de Cristo, sería soberbia. Desde luego que no. Esta falsa humildad es sólo un truco para que no queramos obedecer a Dios. Porque, ¡qué mejor que dejar de ser esclavos del pecado y pasar a ser esclavos del Amor? Y querer solamente que obedezcamos a nuestro Señor siempre Amoroso, en todo? ¿Es esto soberbia? Para nada (desde luego, antes de siquiera pensar en ser mártires, debemos alcanzar la perfección en el amor y humildad, honrar a nuestro padre y madre, estudiar mucho en la escuela, ayudar a otros y hacer obras de caridad... hay tantas cosas que podemos hacer por Dios! Pero tristemente, muchos prefieren quedarse en casa y ver la TV, y hasta se quejan de qué tan aburrida es la vida...
  • Desear que todos sean espirituales
    Cuando nos damos cuenta de qué tan bueno es ser espiritual, podríamos querer que todos pudieran ser así. Esto no es malo, incluso podemos pedirle a Dios que los ayude a ser espirituales. Pero muy diferente es tratar de hacerlo por nosotros mismos. ¡Recuerden! Sin Dios, no somos nada. Si tratamos de motivar a otros a ser como somos, podríamos caer en estas faltas:
    1. Pensar que somos mejores que los otros, y caer en el orgullo. Fíjense mucho en lo que Jesús dijo: "Aquel que se enorgullezca, será humillado, y el que se humille, será enorgullecido." (Lc 14,11)¡Recuerden! La humildad ante todo.
    2. Querer que los otros nos imiten en todo, sin cuidarnos de nuestras propias faltas. Si nuestro comportamiento deja algo que desear, podríamos llevar a los otros a cometer nuestros mismos errores, y sumirlos en el pecado en vez de levantarlos.
  • Hacer demasiada penitencia para nuestros cuerpos o mentes
    Dios no quiere que seamos tristes, sino todo lo contrario: Que seamos felices, TANTO en esta vida, como en la otra. De este modo, no pensemos en rezar 4 o 5 horas diarias cuando apenas estamos preparados para una hora a lo mucho, y ayunar demasiado, cuando ni siquiera estamos listos para ayunar tantito. (Desde luego que hay gentes que no sé como le hacen pero sí pueden, pero hablamos de casos aislados). Incluso hay santos que recomiendan empezar los primeros meses con sólo ratitos de estar rezando y ayunando... (es como dice el dicho. Querer correr el maratón antes de empezar a caminar media hora a la semana)... Si queremos 'agradar' a Dios por hacer muchos sacrificios, y pensar que por eso nos va a ver como 'buenos', sepan que por ahí no va la cosa. Esto nos podría hacer caer en lugar de ayudarnos a obedecer a Dios, pues en primer lugar, nos llenaríamos de orgullo. En segundo lugar, en algún momento, nos hartaríamos tanto de esta penitencia que dejaríamos todo. Pues es mejor caminar y ser constante, que correr y terminar exhausto.
  • Quedarse con malas compañías y bienes materiales.
    Es muy importante no quedarse con los malos amigos o con riquezas. Todas estas cosas ahogan nuestro deseo de tener a Dios en nosotros, y en vez de eso deseamos [ ni Dios lo quiera ] quedarnos con nuestras riquezas, placeres, y malas amistades.
Porque, ¿cómo piensan que progresaremos, si estamos pero tan cerca de pecar? Nos haremos esclavos de nuestros propios vicios, y el sermón del domingo hará poca cosa por nosotros. Nuestro Señor Jesucristo bien nos previno contra estos placeres:
El sembrador salió a sembrar. Al ir sembrando, algunas semillas caen cerca del camino; bienen las aves y se las comen. Otras caen entre rocas, y porque no hay mucha tierra, crecen pronto. Pero al salir el sol, las quema, y por no tener raíces se secan. Otras semillas caen entre las espinas, entonces las espinas crecen y las ahogan. Otras, finalmente, caen en buena tierra y producen muchos frutos.
La semilla entre espinos es la persona que escucha la palabra, pero las preocupaciones materiales y la ceguera de las riquezas sofocan la palabra, y no puede dar ningún fruto.
¿Ven ahora, por qué tienen que alejarse de las tentaciones, malos amigos y riquezas? Si no lo hacen, no podrán acercarse a Dios.
Hay muchos consejos que les podrían beneficiar, pero es muy importante escuchar a estos primero. Y recuerden que leer muchos buenos libros (los que escribieron los Santos y religiosos) es bueno, pero amar a sus prójimos es mucho mejor para sus almas.

lunes, 26 de julio de 2010

Preguntas y respuestas frecuentes sobre el Islam

Cortesía de ACI Prensa


1.-¿Qué significa la palabra Islam y cuándo aparece el Islam?
La palabra Islam quiere decir entrega, abandono de sí mismo a Allah. El Islam es la sumisión a Allah. El Islam aparece en el año 610 de la era cristiana en el desierto arábico. Fue fundado por Mahoma, aunque los musulmanes no aceptan esto; para ellos no es Mahoma sino Allah quien fundó el Islam a través de él. Mahoma no es el equivalente de Cristo. Jamás Mahoma afirmó ser Dios, sino el transmisor de la revelación que Allah trae a los hombres. El nombre Mahoma significa en español: el elogiado, el ensalzado.
2.- ¿Los musulmanes son cristianos?
No. Ellos no creen que Jesucristo es Dios. Para los musulmanes Dios solamente es uno, por tanto no aceptan, ni jamás aceptarán la Santísima Trinidad, a la que consideran como una blasfemia contra Allah, el Único. A Jesús sólo lo aceptan como a un profeta anterior a Mahoma.
3.- ¿En qué creen? ¿Tienen algún credo?
Ellos creen por encima de todo que hay un solo y único Dios. Tienen una especie de credo que lo proclaman cinco veces al día: el almuecín que dice: "¡No hay ningún dios a excepción de Allah. Muhammad es el Enviado de Allah!" Esto es lo que tiene que creer una persona para convertirse en musulmán. En árabe Dios se dice Allah.
4.- ¿Por qué se ve tan frecuentemente el color verde en el Islam?
El color verde es el color del Islam. Mahoma lo elogia y los musulmanes creen que las almas de los mártires del Islam entrarán al Paraíso bajo la forma de aves de color verde.
5.- ¿Tienen alguna escritura sagrada?
Sí, el Corán. La palabra Corán significa lectura, proclamación. Para los creyentes musulmanes el Corán es el libro sagrado donde se recogen las palabras de Allah, comunicada a Mahoma por el arcángel Gabriel como mediador. El Corán está formado por 114 suras o capítulos y tiene 6.226 aya, aleyas o versículos. Los capítulos del Corán están ordenados de mayor a menor, excepto la primera sura que es una súplica a Allah y las dos últimas, que son fórmulas mágicas para proteger el texto sagrado. Las suras o capítulos no tienen un orden ni lógico ni histórico. Se tratan muchos temas e incluso hace referencia a acontecimientos del Antiguo Testamento de la Biblia. El Corán se imprimió por primera vez en Europa en el siglo XVI, y en tierras musulmanas, en el año 1787. En el año 1923 en el Cairo se fijó el Corán actual para todo el mundo islámico; lo hizo el rey Fuad I, es la llamada edición del rey Fuad. A los musulmanes no les gusta que el Corán sea traducido a otras lenguas ya que, según ellos, esto hace perder el hechizo misterioso que le da la lengua árabe.
6.- ¿Por qué siempre vemos esa unidad entre Islam y política?
En esto hay una diferencia grande con nosotros los cristianos. Para nosotros la fe es una opción personal y una gracia de Dios, en cambio, en el mundo musulmán Islam y política es lo mismo, van unidos. Tienen en este aspecto un sistema que intenta ser teocrático.
7.- ¿El Islam tiene sacerdotes, iglesias, sacramentos, como en la Iglesia católica?
No. No existe ningún tipo de sacerdocio ni sacramentos ni casta sacerdotal. Los laicos son los que realizan las distintas acciones del ritual islámico. No tienen ninguna jerarquía ni ningún magisterio. Cuando oímos hablar de visires, ayatollahs, muftíes, cadíes, imanes, ulemas, jeques y almuecines, etc. nos están hablando de personas que para el mundo musulmán ostentan un poder y un prestigio espiritual muy real, pero no podemos concebirles como sacerdotes. No tienen iglesias. Tienen mezquitas que son lugares de reunión para adorar y lugares de postración. Un musulmán va a la mezquita no sólo a orar o a escuchar la predicación coránica, sino también puede ir para discutir de política, para echarse una siesta o a cambiar impresiones sobre diversos asuntos, incluso cosas sin mayor importancia. Para los musulmanes tiene gran importancia el sentido de pertenencia a una comunidad: la del mundo musulmán.
8.- ¿Qué calendario usan los musulmanes?
Existen varios calendarios. Los cristianos usamos el calendario gregoriano que es el solar. Los musulmanes utilizan el calendario musulmán, que es lunar. Ellos cuentan los años a partir de la Hégira (la Hégira es el viaje que Mahoma hace de la Meca a Medina) en el año 622 de nuestra era. Para los musulmanes el calendario hegiriano comienza el 16 de julio del 622. Para pasar de un calendario a otro hay que hacer unos simples cálculos. Para pasar del calendario musulmán al calendario gregoriano (al nuestro), se multiplica la cifra del año por 0,97 (diferencia entre el año lunar y el solar) y se añade 622. Veamos un ejemplo: El año 1420 de la era hegiriana es el 1420 x 0,97 = 1377 + 622 = 1999 de nuestra era. Pasar del calendario gregoriano al calendario musulmán se hace de la siguiente manera: se resta 622 de la cifra del año y se divide por 0,97: El año 1999 de la era cristiana es el 1999-622 = 1377:0,97 = 1420 de la era hegiriana.
9.- ¿Cómo se convierte una persona al Islam? ¿Tienen también el bautismo o algún rito de iniciación?
No tienen ningún tipo de bautismo para formar parte de la fe musulmana. Solamente hace falta que una persona recite el credo musulmán que es muy sencillo y muy simple de recordar y que dice: "No hay más dios que Allah y Mahoma es su Enviado" (7,158). Esto es suficiente. En esto, ya lo hemos visto, es lo que cree el Islam como su base y único dogma. Cuando una persona recita este credo ante dos testigos y expresa su voluntad de ser islámico ya forma parte de esa comunidad.
10.- En materia religiosa, ¿qué piensan los musulmanes de los cristianos?
Ellos creen de nosotros que adoramos a tres dioses (Misterio de la Santísima Trinidad). Entienden que el cristianismo es una deformación; es más, los musulmanes creen que ellos son los auténticos discípulos de Jesús, los únicos que han comprendido su doctrina y que le son fieles. En varios países islámicos está prohibida la edición, la comercialización e incluso la lectura de la Biblia bajo pena de cárcel. El buscar adeptos para el cristianismo está castigado incluso con la pena de muerte. Los musulmanes dicen que nosotros hemos falsificado la palabra de Dios.
11.- ¿Cuál es la ley por la que se rige el mundo musulmán?
Ellos tienen una ley a la que llaman la Sharia. En muchos países árabes han institucionalizado la Sharia como única y exclusiva ley que rige la vida de los habitantes y de los visitantes de ese lugar. Sharia significa el camino o la calle. Es por tanto el camino por el cual va un creyente para hacer la voluntad de Allah. Son como una especie de mandamientos que los musulmanes tienen que cumplir. Muchas personas no musulmanas se extrañan cuando ven las prescripciones hasta en las más mínimas cosas, que tiene que realizar un creyente en Allah. La Sharia tiene su base en el Corán. Para las cosas que no vienen indicadas en el libro sagrado, ellos disponen de la Sunna o tradición, que es la que tiene que ver qué debe hacer cada musulmán en los actos no previstos en el Corán. La ley la administran los teólogos, en especial en los países que han adoptado la Sharia como ley.
12.- ¿Qué obligaciones tiene un creyente musulmán?
Tienen cinco obligaciones:
1. Recitar la shahada o credo musulmán: "¡No hay más dios que Allah y Mahoma es el enviado de Allah!" Los almuecines la proclaman desde los minaretes cinco veces al día. Los creyentes tienen que repetirla a lo largo de la jornada.
2. Hacer las plegarias al alba, al mediodía, al anochecer y por la noche. Las plegarias se hacen individualmente, excepto el viernes a mediodía , que es cuando los hombres deben de reunirse en la mezquita. Se debe hacer en lengua árabe, sobre una alfombra, descalzo y orientado hacia la Meca. Hay que purificarse lavándose con agua o arena. El estado de impureza legal de la mujer -la menstruación- la dispensa de rezar, de hacer el remadán y de la peregrinación. Los viernes al mediodía los hombres van a la mezquita para la plegaria, presidida ordinariamente por un imán, que es como un delegado de la comunidad. El imán de cada mezquita es elegido por la gente del barrio.
3. Dar la limosna legal. Hay tres clases de limosnas:
- limosna legal: es la única obligatoria, que viene a ser como una especie de impuesto religioso.
- limosna privada: el Corán habla de ella con frecuencia y que se tiene que dar incluso a un no creyente musulmán.
- las donaciones que se hacen para favorecer al Islam: construir mezquitas, escuelas coránicas, beneficencia, etc.
4. El ramadán. El ayuno anual. Durante el mes del ramadán los musulmanes tienen el deber de hacer ayuno, o sea, no comer, ni beber, ni fumar, ni mantener relaciones sexuales, desde el amanecer hasta el ocaso. A partir de este momento, el ayuno finaliza y todo lo prohibido vuelve a estar permitido. El ayuno tiene casi el mismo sentido que la limosna: el desprenderse de los bienes de este mundo por la privación.
5. La peregrinación a la Meca. La debe hacer todo musulmán que tenga buena salud y que disponga de medios económicos, por lo menos una vez en la vida. Allí realizan tres ritos fundamentales:
- Dan siete vueltas al santuario en sentido contrario al recorrido solar y luego recorren siete veces en camino de ida y vuelta el espacio que separa las dos colinas que la rodean.
- A los ocho días van a la llanura de Arafa,t a 25 kms. de la Meca , donde pasan rezando todo el noveno día. Por la noche van al torrente de Mina y allí todo el mundo lapida tres estelas que representan al Diablo lapidado. Luego se sacrifican los corderos.
- La veneración de la Piedra Negra.
Para muchos musulmanes hay, además de estas cinco prescripciones, una más: la llamada al-yihad o Guerra Santa. No todos los musulmanes piensan así. La Guerra Santa se considera como una obligación del conjunto de la comunidad musulmana y no como un deber individual.
13.- ¿Qué otras diferencias existen entre los musulmanes y los cristianos?
Son muchas las perspectivas y la forma de entender a la persona humana. Ambas religiones parten de postulados totalmente distintos, por eso las diferencias son muy acentuadas. Veamos algunas de ellas:
  • El Islam no mira nada bien la soltería, incluso desfavorece el celibato y lo ve como algo negativo. La sexualidad está para pasarlo bien, sobre todo el hombre. La soltería es sinónimo de egoísmo y de esterilidad. Los musulmanes piensan que en el Paraíso en el más allá, cada hombre musulmán disfrutará eternamente de cuatro bellas huríes.
  • Los matrimonios no son ni un sacramento ni un matrimonio civil. Se parece más a un contrato de compraventa. No olvides que el Islam también le da al placer carnal un sentido religioso. Tienen un matrimonio forzado, donde la mujer no elige a su marido sino que es un tercero quien les une. La mujer sólo puede heredar la mitad en relación al hombre. El marido puede repudiar a la mujer cuando le plazca y no tiene que dar cuentas a nadie de tal decisión. Tienen también un tipo de matrimonio que podríamos denominar temporal, ya que se puede contraer por meses, semanas o días.

  • A las mujeres musulmanas se les prohibe contraer matrimonio con un no musulmán. Si una musulmana enamorada de un cristiano se quiere casar con él, el cristiano debe antes hacerse musulmán.

  • Los hombres musulmanes pueden casarse con una mujer judía o cristiana. El cristiano en cambio no puede casarse con una musulmana.

  • Se valora mucho la familia que es el núcleo fuerte del Corán.

  • Aceptan la poligamia.

  • En el derecho musulmán, un cristiano no hereda jamás de un musulmán; recíprocamente, el marido musulmán no será nunca el heredero de su mujer cristiana.
14.- Otros elementos que diferencia al mundo musulmán y cristiano.
La lapidación a la mujer en caso de adulterio probado.
La mujer islámica está obligada a llevar el velo (el hiyab o shador); el motivo es para que la mujer musulmana esté protegida de la mirada perversa del hombre. En los países fundamentalistas es totalmente obligatorio, ya que creen que las mujeres que no lo llevan son depravadas, como es el caso de las cristianas.
Todo en el mundo musulmán tiene un componente netamente religioso. El comer también. Ellos distinguen entre alimentos puros e impuros. No comen carne de cerdo ni sus derivados, en especial su grasa.
No toman bebidas alcohólicas ni, por supuesto, drogas.
A los ladrones se les corta las manos.
La apostasía del Islam es un hecho grave sancionado con la pena de muerte.
15. ¿Qué es lo que dice la Iglesia con respecto al mundo musulmán?
La Iglesia mira también con aprecio a los Musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran también someterse con toda el alma, como se sometió a Dios Abraham con quien la fe islámica gustosamente se relaciona. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María su Madre virginal y a veces también la invocan devotamente. Esperan además el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por tanto aprecian la vida moral y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno.
Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y Musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren sinceramente la mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y libertad para todos los hombres.

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