lunes, 31 de mayo de 2010

Objeciones contra la existencia de Dios (2)


En esta segunda parte del artículo plantearé otras dos objeciones usuales contra la existencia de Dios. Si bien ambas podrían ser consideradas como casos particulares de la “objeción lógica” (tratada en el numeral 3 de la primera parte), ameritan ser analizadas en detalle.
7) ¿Dios puede auto-aniquilarse?
Presentación: ¿Dios puede aniquilarse a Sí mismo? Si puede hacerlo, entonces Dios puede no ser y por lo tanto no es un Ser necesario; si no puede hacerlo, entonces hay algo que Dios no puede hacer y por lo tanto no es un Ser omnipotente. Por lo tanto, Dios no es necesario y omnipotente a la vez. O sea, no existe un Dios con los atributos del Dios de los cristianos. En suma, Dios no existe.
Refutación: Con respecto a cualquier ente X podemos plantear las siguientes tres preguntas:
• La pregunta acerca de su existencia: ¿X es o no es?
• La pregunta acerca de su posibilidad: ¿X puede ser o no puede ser?
• La pregunta acerca de su contingencia: ¿X puede no ser o no puede no ser?

Es fácil ver que cualquier ente puede ser clasificado en principio en una de las siguientes cuatro categorías (que luego reduciré a tres):
• Los entes que son y pueden no ser (entes contingentes).
• Los entes que son y no pueden no ser (entes necesarios).
• Los entes que no son y pueden ser (entes posibles en sentido estricto).
• Los entes que no son y no pueden ser (entes imposibles).

Nótese que, con respecto a los entes que son (contingentes o necesarios), la pregunta acerca de su posibilidad no aporta nada nuevo. Si un ente es, entonces puede ser. Análogamente, con respecto a los entes que no son (posibles o imposibles), la pregunta acerca de su contingencia no aporta nada nuevo. Si un ente no es, entonces puede no ser.
Nótese además que es posible simplificar las definiciones de los entes necesarios y de los entes imposibles: si un ente no puede no ser, entonces es; si un ente no puede ser, entonces no es. Por lo tanto los entes necesarios son aquellos que no pueden no ser y los entes imposibles son aquellos que no pueden ser.
Por consiguiente, los entes que pueden ser (entes posibles en sentido amplio) se dividen en entes que son (entes existentes) y entes que pueden ser y no son (entes posibles en sentido estricto). Los entes existentes se dividen a su vez en entes contingentes y entes necesarios. La filosofía tomista demuestra que existe un único ente necesario (Dios) y que todos los demás entes existentes son contingentes y creados por Dios.
Un ente puede ser si su esencia no implica contradicción. Los centauros y los unicornios son entes posibles (en sentido estricto) porque no existen, pero pueden existir, porque sus respectivas esencias no implican contradicción. Por lo tanto podrían existir en el futuro si Dios quisiere crearlos o podrían haber existido en el pasado si Dios hubiese querido crearlos.
Un ente no puede ser si su esencia implica contradicción. Un círculo cuadrado es un ente imposible porque no existe ni puede existir, dado que su misma esencia implica una contradicción. El principio de no-contradicción rige en cualquier mundo posible. Otro ejemplo de ente imposible: una posición del juego de ajedrez en la cual falte uno de los dos reyes. Una posición así es imposible porque contradice las reglas del ajedrez; si se da, entonces no se trata de ajedrez, sino de algún otro juego. En definitiva, los “entes imposibles” ni siquiera son entes, porque no son ni pueden ser. Son ideas absurdas, propiamente inconcebibles; es decir, son “nada".
Después de este breve análisis ontológico, estamos en condiciones de refutar la objeción planteada al principio. Dios no puede aniquilarse a Sí mismo, porque es el Ser necesario. Sin embargo, esto no implica que Dios no sea omnipotente, porque no hay “algo” que Dios no pueda hacer. La absurda idea de la auto-aniquilación de Dios no es “algo", sino que es “nada". Dios no puede hacer que algo que no puede ser sea, porque entonces ese “algo” podría ser y -a la vez y en el mismo sentido- no podría ser, lo cual es contradictorio. Dios puede crear cualquier ente posible de la nada, pero no puede hacer que la nada sea, porque la nada no es. Si la nada fuera, no sería “nada” sino “algo", es decir, no sería lo que es, lo cual es absurdo.
La omnipotencia de Dios abarca todo el ámbito de lo posible en sentido amplio (lo que puede ser) y excluye sólo el ámbito de lo imposible (lo que no puede ser porque es en sí mismo contradictorio). Esta exclusión, como es obvio, no limita en modo alguno la omnipotencia divina, porque lo excluido equivale a la nada.
8. ¿Quién creó a Dios?
Presentación: La doctrina cristiana acerca de Dios creador del mundo es inconsistente. A partir del principio de que todo ente tiene una causa, los cristianos deducen que el mundo ha sido creado por Dios. Pero entonces, ¿quién creó a Dios? Frente a esta pregunta sólo caben tres respuestas posibles, todas ellas inadmisibles:
• Dios fue creado por otro ser distinto de Él. En este caso Dios no sería el Ser Supremo de la religión cristiana.
• Dios se creó a Sí mismo. Esto es absurdo, porque nadie puede crearse a sí mismo.
• La creación de Dios es un misterio sobrenatural, incomprensible para el hombre. Esto equivale a eludir arbitrariamente la dificultad que supone dar una respuesta racional a la cuestión.

(Según los que plantean esta objeción, la respuesta cristiana oscilaría entre la segunda y la tercera alternativas).
De esto se deduce que la noción de Dios es absurda, por lo cual Dios no existe.
Refutación: Las pruebas clásicas de la existencia de Dios (las “cinco vías” de Santo Tomás de Aquino) están basadas en dos principios metafísicos evidentes: el principio de razón de ser y el principio de causalidad. Ninguno de ambos afirma que “todo ente tiene una causa", como suponen los objetantes. De hecho, la proposición “todo ente tiene una causa” es falsa.
Según el principio de razón de ser, todo ente (incluso Dios) tiene una razón de ser. Un ente puede tener su razón de ser en sí mismo o en otro ente. Si un ente tiene su razón de ser en otro ente (su causa) entonces es causado (por definición). Si un ente tiene su razón de ser en sí mismo, entonces no tiene ni necesita tener una causa. En este caso es incausado (por definición).
Según el principio de causalidad, en cambio, todo ente contingente tiene una causa.
Es fácil demostrar que:
• Todo ente incausado es necesario y todo ente necesario es incausado.
• Todo ente causado es contingente y todo ente contingente es causado.

Cada una de las “cinco vías” parte de un dato de la experiencia: existen entes con características tales que denotan su contingencia. A partir de este dato, aplicando sistemáticamente el principio metafísico de causalidad y excluyendo una regresión infinita en la sucesión de causas actualmente subordinadas, se deduce que existe un Ser necesario, al que llamamos “Dios", y que es la Causa Primera de todo ente contingente. Se demuestra además que este Dios es el Ser absoluto, el Ser que existe por Sí mismo, el Ser cuya existencia coincide con su esencia, que es único, que es el Creador del mundo, etc.
Dado que Dios es el Ser necesario, es también el Ser incausado. Puesto que Dios no es contingente, no se le puede aplicar el principio de causalidad. Dios no tiene ni necesita una causa porque existe por Sí mismo. Él es su propia razón de ser. Por lo mismo, es también el Ser increado.
Ahora podemos apreciar que la pregunta “¿Quién creó a Dios?” (o su versión más filosófica: “¿Cuál es la causa del ser de Dios?") admite una cuarta respuesta posible, la verdadera respuesta cristiana: Nada ni nadie creó a Dios ni causó el ser de Dios, porque Dios es el Ser incausado e increado.
Es verdad que Dios no pudo crearse a Sí mismo ni ser la causa de su propio ser (causa sui). La auto-creación y la auto-causación son conceptos contradictorios, absurdos. En términos tomistas, estos conceptos suponen que un mismo ente podría ser, a la vez y en el mismo sentido, un ser en acto y un ser en potencia, lo cual es imposible. Jean-Paul Sartre se equivocó totalmente al creer que la noción de Dios como causa sui era propia de la teología escolástica medieval. Él ignoraba que esta noción provenía de la teología racionalista del siglo XVII.
También es verdad que debemos dar una respuesta racional a la objeción presentada y no escudarnos en el misterio de Dios para eludirla. Pero la respuesta correcta no es que Dios fue creado quién sabe cómo, sino que no fue creado ni necesitó ser creado.
La pregunta-objeción “¿Quién creó a Dios?” (tan clásica y tan infantil a la vez) supone una profunda incomprensión de la teología cristiana. Quien objeta esto ni siquiera ha comenzado a comprender el significado cristiano de la palabra “Dios".
Daniel Iglesias Grèzes
El presente artículo es una versión retocada de: Daniel Iglesias Grèzes, Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica, Montevideo 2008, 3ª edición, Capítulo 2 – Objeciones contra la existencia de Dios, pp. 30-38.

Ese libro (prologado por Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola, miembro de la Pontificia Comisión Bíblica) está disponible aquí.

domingo, 30 de mayo de 2010

Objeciones contra la existencia de Dios (1)


En la primera parte de este artículo consideraré seis de las principales objeciones contra la existencia de Dios planteadas por los no creyentes. Para cada una de ellas seguiré el mismo esquema: primero presentaré la objeción en forma de silogismo y luego presentaré su refutación. En cada una de esas seis objeciones, la premisa mayor es falsa. Por lo tanto, aunque la premisa menor es verdadera y el razonamiento está bien construido, la conclusión es inválida. Para refutar esos silogismos, se debe refutar las correspondientes premisas mayores.
1) La objeción materialista
Presentación: Todo lo que existe es material. Dios no es material. Por lo tanto, Dios no existe.
Refutación: El axioma básico del materialismo ("todo es material") debe ser rechazado, al menos por las siguientes dos razones:
• Esa afirmación del materialista acerca del “todo” es completamente infundada, por lo cual se debe aplicar aquí la conocida regla dialéctica de los escolásticos: “Gratis asseritur, gratis negatur” (lo que se afirma sin prueba, se puede rechazar sin prueba).
• Hay muchas realidades (por ejemplo, el conocimiento humano, la libertad humana, la información, las leyes naturales, etc.) acerca de las cuales no se puede alegar con algún sentido que sean materiales. Es decir, no existe ninguna noción válida de “materia” que abarque esa clase de realidades.

2) La objeción cientificista (o positivista)
Presentación: Todo lo que existe es susceptible de verificación por medio del método científico. La existencia de Dios no es científicamente verificable. Por lo tanto, Dios no existe.
Refutación: De la premisa mayor de la objeción cientificista se deduce fácilmente esta otra afirmación: “Sólo el conocimiento científico es verdadero conocimiento". Ahora bien, esta afirmación es auto-contradictoria y, por lo tanto, falsa. El concepto de “ciencia” utilizado por el cientificista incluye sólo las ciencias particulares (matemática, física, química, biología, etc.), excluyendo las ciencias universales (filosofía y teología). Al negar la existencia de afirmaciones verdaderas no fundadas en la ciencia, se está haciendo una afirmación (supuestamente verdadera) no fundada en la ciencia, sino en una falsa filosofía. Es decir, ninguna ciencia particular demuestra ni puede demostrar que el único conocimiento válido es el conocimiento científico. La falsedad de la premisa mayor de la objeción cientificista se deduce pues de su reducción al absurdo.
Por otra parte, la objeción cientificista puede reducirse a la objeción materialista, ya refutada en el numeral anterior.
3) La objeción lógica
Presentación: La noción de “Ser infinito” es absurda, porque implica la predicación simultánea de atributos contradictorios. La noción de “Dios” incluye la noción de “Ser infinito". Por lo tanto, Dios no existe.
Refutación: La premisa mayor de la objeción lógica sólo tiene validez en contra de la noción panteísta del Ser infinito, no en contra de la correspondiente noción cristiana. El Ser infinito de la fe cristiana no es el conjunto de todos los entes, sino la Causa primera (incausada) del ser y del devenir de todos los demás entes (los entes creados). Los entes creados son realmente distintos de Dios, por lo cual no hay ninguna razón para afirmar que Dios sea a la vez (por ejemplo) sabio e ignorante, misericordioso y cruel, poderoso y débil, etc.
Entre el ser de Dios y el ser de las criaturas hay analogía, es decir, semejanza en un sentido y desemejanza en otro sentido. Las propiedades trascendentales del ser (unidad, verdad, bondad, belleza) corresponden también a Dios, pero no conocemos el modo infinito que estas propiedades tienen en Dios. Por estas razones, hay tres vías para el conocimiento de los atributos divinos: causalidad, negación y eminencia. Veamos un ejemplo:

• Causalidad: La bondad de Dios es la causa primera de la bondad de las criaturas. Hay una semejanza entre la causa y el efecto. Por lo tanto, Dios es bueno.
• Negación: La bondad de Dios no es igual a la bondad de las criaturas. Entre Dios y las criaturas, la desemejanza es siempre mayor que la semejanza.
• Eminencia: La bondad de Dios es eminente, infinita.

No hay nada absurdo en esta noción de Dios.
4) La objeción cosmológica
Presentación: Si Dios existe, no puede existir un mundo imperfecto. El mundo es imperfecto. Por lo tanto, Dios no existe.
Refutación: Lo cierto es precisamente lo contrario a lo afirmado por la premisa mayor de esta objeción. Dios no puede crear un mundo absolutamente perfecto, porque un ser absolutamente perfecto (perfectísimo) es un ser divino. Si Dios hubiese creado un mundo perfectísimo, habría creado un segundo Dios. Pero no puede haber dos dioses distintos, porque entonces ninguno de ellos sería Dios, el Ser perfectísimo, ya que a cada uno de ellos le faltaría algo de la perfección del otro. Por lo tanto, si Dios crea un mundo, necesariamente debe crear un mundo con alguna clase de imperfección.
Además, Dios no puede crear otro Dios porque la misma noción de “Dios creado” es absurda, dado que un Dios creado debería ser a la vez incausado y causado. Esto no supone ninguna limitación de la omnipotencia divina, porque ésta abarca todo lo posible, es decir todo lo que en sí mismo no implica contradicción.
5) La objeción moral
Presentación: Si Dios existe, no puede existir el mal. El mal existe. Por lo tanto, Dios no existe.
Refutación: La premisa mayor de esta objeción sólo sería válida si se considerara al mal como algo creado por Dios, lo cual no es el caso en la filosofía cristiana, como se verá a continuación.
El mal es una imperfección, pero no cualquier imperfección es un mal. Se denomina “mal” a aquella imperfección que priva a un ser de una perfección que en principio le correspondería según su naturaleza. Así, por ejemplo, carecer de vista no es un mal para una piedra, pero es un mal para un león.
El mal no es un ser, sino una carencia o privación de ser. Existen dos grandes clases de males: los males físicos (como el dolor y la muerte) y los males morales (los pecados o actos humanos malos).

Todo lo que Dios ha creado es bueno. Dios no es el autor del mal, pero permite el mal, por razones que Él, en su infinita sabiduría, puede juzgar muchísimo mejor que nosotros. Carece de sentido que el hombre pretenda erigirse en juez de la obra creadora de Dios.

Podemos comprender algunas de las razones por las cuales Dios permite el mal (físico o moral):
• En el orden biológico, el dolor cumple la finalidad de informar al ser vivo acerca de realidades amenazadoras. 
• La muerte de las plantas y de los animales irracionales no frustra el cumplimiento de su función en el cosmos. 
• La muerte del ser humano no es su aniquilación, sino su entrada en la vida eterna, que da pleno sentido a su vida terrena.
• Exceptuando el caso particularísimo de Jesús de Nazaret, podemos decir que, tal como las cosas son de hecho, si un hombre, durante su vida terrena, no pudiera pecar (hacer el mal), tampoco podría amar (hacer el bien). La libertad es la grandeza del hombre, pero también su riesgo. Dios no ha querido complacerse en crear robots o esclavos, sino en crear seres hechos a su imagen y semejanza, destinados a ser sus hijos y a participar de la naturaleza divina.

Aunque este artículo es de orden filosófico, no teológico, conviene mencionar aquí que la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo ha dado un valor redentor al sufrimiento humano.
6) La objeción antropológica

Presentación: Si Dios existe, no puede existir ningún ser libre distinto de Dios, porque su conocimiento y libertad infinitas anularían la libertad finita de los demás seres. El hombre existe y es libre. Por lo tanto, Dios no existe.

Refutación: Examinaré y refutaré dos posibles intentos de justificación de la premisa mayor de esta objeción.
• Dios es omnisciente y eterno; por lo tanto Dios conoce simultáneamente todos los sucesos pasados, presentes y futuros, incluyendo los actos futuros de los hombres. De esta manera los predetermina e impide que sean actos libres.
El error de esta argumentación está en confundir precognición con predeterminación.Dios conoce los actos humanos futuros sin destruir su carácter de actos libres.
• Dios no sólo conoce los sucesos futuros, sino que es la causa primera de todos ellos. Por lo tanto la determinación última de los actos humanos (buenos o malos) está en Dios, no en el hombre. Por lo tanto, si Dios existe, el hombre pierde su libertad.
El error de esta argumentación está en oponer la libertad infinita de Dios y la libertad finita del hombre y en confundir los modos en que estas dos libertades operan. La libertad de Dios y la libertad del hombre no se oponen, ni operan en el mismo plano. Dios es la causa primera de todo lo que existe, incluyendo los actos humanos; pero la causa divina no suprime las causas creadas. Dios ha querido que existan causas segundas y que éstas sean realmente causas, no meras apariencias. En un acto humano no podemos separar una parte que provendría de Dios como Causa primera de otra parte que provendría del hombre como causa segunda. Todo acto humano procede enteramente de Dios y enteramente del hombre, pero de tal modo que los planos de acción de ambas causas no se confunden ni se oponen. El hecho de que no podamos comprender plenamente cómo esto es posible no implica que esta concepción cristiana sea irracional, sino que es un ejemplo de la finitud de la inteligencia humana.
Daniel Iglesias Grèzes
El presente artículo es una versión retocada de: Daniel Iglesias Grèzes, Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica, Montevideo 2008, 3ª edición, Capítulo 2 – Objeciones contra la existencia de Dios, pp. 30-38.

Ese libro (prologado por Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola, miembro de la Pontificia Comisión Bíblica) está disponible aquí.

martes, 25 de mayo de 2010

Dios increpa a Dios



¿Fue la crucifixión de Jesús una crucifixión de Dios?
Es el tema fundamental para comprender el cisma nestoriano difisita y las consideraciones del Concilio de Calcedonia de 451 contra aquellas Iglesias orientales no calcedonianas, y las monofisitas ortodoxas que no lo aceptaron.
La teología cristiana, sólo puede plantearse la historia de la pasión del mundo, superando la ilusión teísta y la resignación atea cuando se ha esbozado la historia de la pasión de Cristo para llegar a reconocer el ser de Dios en la muerte de Jesús en la cruz.
Sólo cuando se llegue a esclarecer lo que ha sucedido entre el Jesús moribundo y su Dios, podremos deducir lo que este Dios significa para los atribulados y desamparados de esta tierra.
Sin embargo, hoy para muchos hombres sufrientes puede significar algo más allá de una confirmación religiosa de su dolor.


¿Por qué ha muerto Jesús?
Fue condenado según la ley hebrea como blasfemo a causa de su nuevo mensaje sobre la justicia misericordiosa de Dios, así como por su solidaridad con los injustos y los que están fuera de la ley.
Fue crucificado por la potencia romana de ocupación como un revoltoso contra la pax romana y sus dioses.
Murió, finalmente, en el desamparo de Dios; del Dios y Padre cuya venida había anticipado y atestiguado en palabras y acciones hasta entonces inauditas.
Marcos como uno de los testigos más antiguos, nos cuenta que Jesús no murió con una muerte fácil y espectacular, sino que su final tuvo lugar entre clamores y lágrimas,
Mc:15,34 “Eloi, Eloi ¿Lema Sabactani"
Paradójicamente según Marcos, al clamor de Jesús por el abandono de Dios, responde el centurión pagano con la confesión de la filiación divina.
Mc:15,39 "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios"


¿Cómo se puede entender esto?
Siendo el texto de Marcos el más difícil, es a la vez el que más se aproxima a la realidad histórica. La tradición posterior sintiéndose evidentemente escandalizada por la interpretación de Marcos, ha descrito el clamor de Jesús con piadosas expresiones. Variantes del texto occidental de Marcos dicen: “Dios mío, ¿qué tienes que reprocharme?
Ante dos afirmaciones similares, su contenido no tiene por qué ser igual, por tanto es falso interpretar el clamor de Jesús en el mismo sentido de Sal 22, mientras que, es en cambio correcto el interpretar desde la perspectiva de Jesús.
Sal 22 a partir del sentido de Jesús. En él, las palabras Dios míose refieren al Dios de la alianza de Israel, y el Yo es el término de la persona desamparada, aquí, es el justo sufriente que reclama la fidelidad de Dios a su alianza.
Jesús, cuando exclama Dios mío comprende todo el contenido global de su nuevo mensaje sobre el reino cercano, de gracia y liberación, así como de su propia vida dentro de aquella cercanía de Dios que le hace hablar siempre y exclusivamente de “mi Padre”.
Su desamparo se convierte en un desamparo muy particular.
El que le abandona no es sólo el Dios de la alianza de Israel, sino su Dios y Padre.
En consecuencia, el “Yo" del desamparo no es ya únicamente el de un interlocutor en la alianza, sino el "Yo del Hijo".
No obstante, el carácter jurídico de la acusación contra Dios se mantiene.
El clamor de Jesús, como el del salmista, nada tiene que ver con una “consoladora desesperación”, sino que es una llamada a la fidelidad de Dios en razón del mismo Dios.
El salmista se confronta contra la fidelidad de Dios en su alianza para con el justo.
Jesús se confronta también, pero de la unidad del Padre con él, el Hijo.
Con su muerte no sólo está en juego la fidelidad de Dios, sino la divinidad de Dios mismo, cuya cercanía y paternidad ha anunciado Jesús.
Por eso, con estas palabras, se confronta Jesús contra su propio ser en su especial relación con el Padre, en la que él es el Hijo.
Así puede entenderse el Sal 22, en boca de Jesús, de esta manera: "Dios mío, ¿por qué te has abandonado?".
Por ende, este abandono en la cruz ha de ser estrictamente entendido como un acontecer entre Jesús y su Dios.
Mateo:27,45-46 como receptor de Marcos recoge “Elí, ElíLema Sabactani"
Lucas :23,46 sustituye la expresión del abandono con palabras de la oración judía vespertina tomadas de Sal :31,6 "En tus manos encomiendo mi espíritu".
Juan: 19,30 dice, por motivos teológicos, “todo está consumado”.
La cruz en este aspecto es un acontecimiento que tiene lugar entre Dios y Dios.

Bibliografía:
Biblia de Jerusalem
Jurger Moltmann: “El Dios crucificado
Walter Kasper: “Jesús el Cristo
Enrique Benavent Vidal “El Misterio pascual en la teologia reciente ”

domingo, 23 de mayo de 2010

Motu Proprio SUMMORUM PONTIFICUM

CARTA APOSTÓLICA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI EN FORMA DE "MOTU PROPRIO"
SUMMORUM PONTIFICUM
SOBRE EL USO DE LA LITURGIA ROMANA ANTERIOR A LA REFORMA DE 1970

"Los sumos pontífices hasta nuestros días se preocuparon constantemente porque la Iglesia de Cristo ofreciese a la Divina Majestad un culto digno de "alabanza y gloria de Su nombre" y "del bien de toda su Santa Iglesia". "Desde tiempo inmemorable, como también para el futuro, es necesario mantener el principio según el cual, "cada Iglesia particular debe concordar con la Iglesia universal, no solo en cuanto a la doctrina de la fe y a los signos sacramentales, sino también respecto a los usos universalmente aceptados de la ininterrumpida tradición apostólica, que deben observarse no solo para evitar errores, sino también para transmitir la integridad de la fe, para que la ley de la oración de la Iglesia corresponda a su ley de fe". (1) "Entre los pontífices que tuvieron esa preocupación resalta el nombre de San Gregorio Magno, que hizo todo lo posible para que a los nuevos pueblos de Europa se transmitiera tanto la fe católica como los tesoros del culto y de la cultura acumulados por los romanos en los siglos precedentes. Ordenó que fuera definida y conservada la forma de la sagrada Liturgia, relativa tanto al Sacrificio de la Misa como al Oficio Divino, en el modo en que se celebraba en la Urbe. Promovió con la máxima atención la difusión de los monjes y monjas que, actuando según la regla de San Benito, siempre junto al anuncio del Evangelio ejemplificaron con su vida la saludable máxima de la Regla: "Nada se anticipe a la obra de Dios" (cap.43). De esa forma la Sagrada Liturgia, celebrada según el uso romano, enriqueció no solamente la fe y la piedad, sino también la cultura de muchas poblaciones. Consta efectivamente que la liturgia latina de la Iglesia en sus varias formas, en todos los siglos de la era cristiana, ha impulsado en la vida espiritual a numerosos santos y ha reforzado a tantos pueblos en la virtud de la religión y ha fecundado su piedad". "Muchos otros pontífices romanos, en el transcurso de los siglos, mostraron particular solicitud porque la sacra Liturgia manifestase de la forma más eficaz esta tarea: entre ellos destaca San Pío V, que sostenido de gran celo pastoral, tras la exhortación de Concilio de Trento, renovó todo el culto de la Iglesia, revisó la edición de los libros litúrgicos enmendados y "renovados según la norma de los Padres" y los dio en uso a la Iglesia Latina" . "Entre los libros litúrgicos del Rito romano resalta el Misal Romano, que se desarrolló en la ciudad de Roma, y que, poco a poco, con el transcurso de los siglos, tomó formas que tienen gran semejanza con las vigentes en tiempos más recientes". "Fue éste el objetivo que persiguieron los Pontífices Romanos en el curso de los siguientes siglos, asegurando la actualización o definiendo los ritos y libros litúrgicos, y después, al inicio de este siglo, emprendiendo una reforma general"(2). Así actuaron nuestros predecesores Clemente VIII, Urbano VIII, san Pío X (3), Benedicto XV, Pío XII y el beato Juan XXIII. "En tiempos recientes, el Concilio Vaticano II expresó el deseo che la debida y respetuosa reverencia respecto al culto divino, se renovase de nuevo y se adaptase a las necesidades de nuestra época. Movido de este deseo, nuestro predecesor, el Sumo Pontífice Pablo VI, aprobó en 1970 para la Iglesia latina los libros litúrgicos reformados, y en parte, renovados. Èstos, traducidos a las diversas lenguas del mundo, fueron acogidos de buen grado por los obispos, sacerdotes y fieles. Juan Pablo II revisó la tercera edición típica del Misal Romano. Así los Pontífices Romanos han actuado "para que esta especie de edificio litúrgico (.) apareciese nuevamente esplendoroso por dignidad y armonía"(4). "En algunas regiones, sin embargo, no pocos fieles adhirieron y siguen adhiriendo con mucho amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían embebido tan profundamente su cultura y su espíritu, que el Sumo Pontífice Juan Pablo II, movido por la preocupación pastoral respecto a estos fieles, en el año 1984, con el indulto especial "Quattuor abhinc annos", emitido por la Congregación para el Culto Divino, concedió la facultad de usar el Misal Romano editado por el beato Juan XXIII en el año 1962; más tarde, en el año 1988, con la Carta Apostólica "Ecclesia Dei", dada en forma de Motu proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad a favor de todos los fieles que lo solicitasen" "Después de la consideración por parte de nuestro predecesor Juan Pablo II de las insistentes peticiones de estos fieles, después de haber escuchado a los Padres Cardenales en el consistorio del 22 de marzo de 2006, tras haber reflexionado profundamente sobre cada uno de los aspectos de la cuestión, invocado al Espíritu Santo y contando con la ayuda de Dios, con las presentes Cartas Apostólicas establecemos lo siguiente:

Art. 1.- El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la "Lex orandi" ("Ley de la oración"), de la Iglesia católica de rito latino. No obstante el Misal Romano promulgado por San Pío V y nuevamente por el beato Juan XXIII debe considerarse como expresión extraordinaria de la misma "Lex orandi" y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo. Estas dos expresiones de la "Lex orandi" de la Iglesia no llevarán de forma alguna a una división de la "Lex credendi" ("Ley de la fe") de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano. Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que no se ha abrogado nunca, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia. Las condiciones para el uso de este misal establecidas en los documentos anteriores "Quattuor abhinc annis" y "Ecclesia Dei", se sustituirán como se establece a continuación:


Art. 2.- En las Misas celebradas sin el pueblo, todo sacerdote católico de rito latino, tanto secular como religioso, puede utilizar sea el Misal Romano editado por el beato Papa Juan XXIII en 1962 que el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1970, en cualquier día, exceptuado el Triduo Sacro. Para dicha celebración siguiendo uno u otro misal, el sacerdote no necesita ningún permiso, ni de la Sede Apostólica ni de su Ordinario.


Art. 3.- Las comunidades de los institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica, de derecho tanto pontificio como diocesano, que deseen celebrar la Santa Misa según la edición del Misal Romano promulgado en 1962 en la celebración conventual o "comunitaria" en sus oratorios propios, pueden hacerlo. Si una sola comunidad o un entero Instituto o Sociedad quiere llevar a cabo dichas celebraciones a menudo o habitualmente o permanentemente, la decisión compete a los Superiores mayores según las normas del derecho y según las reglas y los estatutos particulares.

Art 4.- A la celebración de la Santa Misa, a la que se refiere el artículo 2, también pueden ser admitidos -observadas las normas del derecho- los fieles que lo pidan voluntariamente.


Art.5.

-1.- En las parroquias, donde haya un grupo estable de fieles adherentes a la precedente tradición litúrgica, el párroco acogerá de buen grado su petición de celebrar la Santa Misa según el rito del Misal Romano editado en 1962. Debe procurar que el bien de estos fieles se armonice con la atención pastoral ordinaria de la parroquia, bajo la guía del obispo como establece el can. 392 evitando la discordia y favoreciendo la unidad de toda la Iglesia.


-2.-La celebración según el Misal del beato Juan XXIII puede tener lugar en día ferial; los domingos y las festividades puede haber también una celebración de ese tipo.

-3.- El párroco permita también a los fieles y sacerdotes que lo soliciten la celebración en esta forma extraordinaria en circunstancias particulares, como matrimonios, exequias o celebraciones ocasionales, como por ejemplo las peregrinaciones.

- 4.- Los sacerdotes que utilicen el Misal del beato Juan XXIII deben ser idóneos y no tener ningún impedimento jurídico.

-5.- En las iglesias que no son parroquiales ni conventuales, es competencia del Rector conceder la licencia más arriba citada.

Art.6. En las misas celebradas con el pueblo según el Misal del Beato Juan XXIII, las lecturas pueden ser proclamadas también en la lengua vernácula, usando ediciones reconocidas por la Sede Apostólica.

Art.7. Si un grupo de fieles laicos, como los citados en el art. 5, -1, no ha obtenido satisfacción a sus peticiones por parte del párroco, informe al obispo diocesano. Se invita vivamente al obispo a satisfacer su deseo. Si no puede proveer a esta celebración, el asunto se remita a la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei".

Art. 8. El obispo, que desea responder a estas peticiones de los fieles laicos, pero que por diferentes causas no puede hacerlo, puede indicarlo a la Comisión "Ecclesia Dei" para que le aconseje y le ayude.


Art. 9.

-1. El párroco, tras haber considerado todo atentamente, puede conceder la licencia para usar el ritual precedente en la administración de los sacramentos del Bautismo, del Matrimonio, de la Penitencia y de la Unción de Enfermos, si lo requiere el bien de las almas.


-2. A los ordinarios se concede la facultad de celebrar el sacramento de la Confirmación usando el precedente Pontifical Romano, siempre que lo requiera el bien de las almas.

-3. A los clérigos constituidos "in sacris" es lícito usar el Breviario Romano promulgado por el Beato Juan XXIII en 1962.

Art. 10. El ordinario del lugar, si lo considera oportuno, puede erigir una parroquia personal según la norma del canon 518 para las celebraciones con la forma antigua del rito romano, o nombrar un capellán, observadas las normas del derecho.


Art. 11. La Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", erigida por Juan Pablo II en 1988, sigue ejercitando su misión. Esta Comisión debe tener la forma, y cumplir las tareas y las normas que el Romano Pontífice quiera atribuirle.


Art. 12. La misma Comisión, además de las facultades de las que ya goza, ejercitará la autoridad de la Santa Sede vigilando sobre la observancia y aplicación de estas disposiciones. Todo cuanto hemos establecido con estas Cartas Apostólicas en forma de Motu Proprio, ordenamos que se considere "establecido y decretado" y que se observe desde el 14 de septiembre de este año, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, pese a lo que pueda haber en contrario. Dado en Roma, en San Pedro, el 7 de julio de 2007, tercer año de mi Pontificado.

NOTAS

(1) Ordinamento generale del Messale Romano 3ª ed. 2002, n.937

(2) JUAN PABLO II, Lett. ap. Vicesimus quintus annus, 4 dicembre 1988, 3: AAS 81 (1989), 899

(3) Ibid. JUAN PABLO II, Lett. ap. Vicesimus quintus annus, 4 dicembre 1988, 3: AAS 81 (1989), 899

(4) S. Pio X, Lett. ap. Motu propio data, Abhinc duos annos, 23 ottobre 1913: AAS 5 (1913), 449-450; cfr JUAN PABLO II lett. ap. Vicesimus quintus annus, n. 3: AAS 81 (1989), 899

(5) Cfr Ioannes Paulus II, Lett. ap. Motu proprio data Ecclesia Dei, 2 luglio 1988, 6: AAS 80 (1988), 1498

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CARTA DEL PAPA A LOS OBISPOS SOBRE "SUMMORUM PONTIFICUM




"Queridos Hermanos en el Episcopado: Con gran confianza y esperanza pongo en vuestras manos de Pastores el texto de una nueva Carta Apostólica "Motu Proprio data" sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970. El documento es fruto de largas reflexiones, múltiples consultas y de oración. Noticias y juicios hechos sin información suficiente han creado no poca confusión. Se han dado reacciones muy divergentes, que van desde una aceptación con alegría a una oposición dura, a un proyecto cuyo contenido en realidad no se conocía. A este documento se contraponían más directamente dos temores, que quisiera afrontar un poco más de cerca en esta carta. En primer lugar existe el temor de que se menoscabe la Autoridad del Concilio Vaticano II y de que una de sus decisiones esenciales - la reforma litúrgica - se ponga en duda. Este temor es infundado. Al respecto, es necesario afirmar en primer lugar que el Misal, publicado por Pablo VI y reeditado después en dos ediciones sucesivas por Juan Pablo II, obviamente es y permanece la Forma normal - la Forma ordinaria - de la Liturgia Eucarística. La última redacción del Missale Romanum, anterior al Concilio, que fue publicada con la autoridad del Papa Juan XXIII en 1962 y utilizada durante el Concilio, podrá, en cambio, ser utilizada como Forma extraordinaria de la Celebración litúrgica. Non es apropiado hablar de estas dos redacciones del Misal Romano como si fueran "dos Ritos". Se trata, más bien, de un doble uso del mismo y único Rito. Por lo que se refiere al uso del Misal de 1962, como Forma extraordinaria de la Liturgia de la Misa, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que este Misal no ha sido nunca jurídicamente abrogado y, por consiguiente, en principio, ha quedado siempre permitido. En el momento de la introducción del nuevo Misal, no pareció necesario emitir normas propias para el posible uso del Misal anterior. Probablemente se supuso que se trataría de pocos casos singulares que podrían resolverse, caso por caso, en cada lugar. Después, en cambio, se demostró pronto que no pocos permanecían fuertemente ligados a este uso del Rito romano que, desde la infancia, se les había hecho familiar. Esto sucedió, sobre todo, en los Países en los que el movimiento litúrgico había dado a muchas personas una notable formación litúrgica y una profunda e íntima familiaridad con la Forma anterior de la Celebración litúrgica. Todos sabemos que, en el movimiento guiado por el Arzobispo Lefebvre, la fidelidad al Misal antiguo llegó a ser un signo distintivo externo; pero las razones de la ruptura que de aquí nacía se encontraban más en profundidad. Muchas personas que aceptaban claramente el carácter vinculante del Concilio Vaticano II y que eran fieles al Papa y a los Obispos, deseaban no obstante reencontrar la forma, querida para ellos, de la sagrada Liturgia. Esto sucedió sobre todo porque en muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad, la cual llevó a menudo a deformaciones de la Liturgia al límite de lo soportable. Hablo por experiencia porque he vivido también yo aquel periodo con todas sus expectativas y confusiones. Y he visto hasta qué punto han sido profundamente heridas por las deformaciones arbitrarias de la Liturgia personas que estaban totalmente radicadas en la fe de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II se vio por tanto obligado a ofrecer con el Motu Proprio "Ecclesia Dei" del 2 de julio de 1988, un cuadro normativo para el uso del Misal de 1962, pero que no contenía prescripciones detalladas sino que apelaba, en modo más general, a la generosidad de los Obispos respecto a las "justas aspiraciones" de aquellos fieles que pedían este uso del Rito romano. En aquel momento el Papa quería ayudar de este modo sobre todo a la Fraternidad San Pío X a reencontrar la plena unidad con el Sucesor de Pedro, intentando curar una herida que era sentida cada vez con más dolor. Por desgracia esta reconciliación hasta ahora non se ha logrado; sin embargo una serie de comunidades han utilizado con gratitud las posibilidades de este Motu Proprio. Permanece difícil, en cambio, la cuestión del uso del Misal de 1962 fuera de estos grupos, para los cuales faltaban normas jurídicas precisas, sobre todo porque a menudo los Obispos en estos casos temían que la autoridad del Concilio fuera puesta en duda. Enseguida después del Concilio Vaticano II se podía suponer que la petición del uso del Misal de 1962 se limitaría a la generación más anciana que había crecido con él, pero desde entonces se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía. Así ha surgido la necesidad de un reglamento jurídico más claro que, en tiempos del Motu Proprio de 1988 no era previsible; estas Normas pretenden también liberar a los Obispos de tener que valorar siempre de nuevo cómo responder a las diversas situaciones. En segundo lugar, en las discusiones sobre el esperado Motu Proprio, se expresó el temor de que una más amplia posibilidad de uso del Misal de 1962 podría llevar a desórdenes e incluso a divisiones en las comunidades parroquiales. Tampoco este temor me parece realmente fundado. El uso del Misal antiguo presupone un cierto nivel de formación litúrgica y un acceso a la lengua latina; tanto uno como otro no se encuentran tan a menudo. Ya con estos presupuestos concretos se ve claramente que el nuevo Misal permanecerá, ciertamente, la Forma ordinaria del Rito Romano, no sólo por la normativa jurídica sino por la situación real en que se encuentran las comunidades de fieles. Es verdad que no faltan exageraciones y algunas veces aspectos sociales indebidamente vinculados a la actitud de los fieles que siguen la antigua tradición litúrgica latina. Vuestra caridad y prudencia pastoral serán estímulo y guía para un perfeccionamiento. Por lo demás, las dos Formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente: en el Misal antiguo se podrán y deberán inserir nuevos santos y algunos de los nuevos prefacios. La Comisión "Ecclesia Dei", en contacto con los diversos entes locales dedicados al usus antiquior, estudiará las posibilidades prácticas. En la celebración de la Misa según el Misal de Pablo VI se podrá manifestar, en un modo más intenso de cuanto se ha hecho a menudo hasta ahora, aquella sacralidad que atrae a muchos hacia el uso antiguo. La garantía más segura para que el Misal de Pablo VI pueda unir a las comunidades parroquiales y sea amado por ellas consiste en celebrar con gran reverencia de acuerdo con las prescripciones; esto hace visible la riqueza espiritual y la profundidad teológica de este Misal. De este modo he llegado a la razón positiva que me ha motivado a poner al día mediante este Motu Proprio el de 1988. Se trata de llegar a una reconciliación interna en el seno de la Iglesia. Mirando al pasado, a las divisiones que a lo largo de los siglos han desgarrado el Cuerpo de Cristo, se tiene continuamente la impresión de que en momentos críticos en los que la división estaba naciendo, no se ha hecho lo suficiente por parte de los responsables de la Iglesia para conservar o conquistar la reconciliación y la unidad; se tiene la impresión de que las omisiones de la Iglesia han tenido su parte de culpa en el hecho de que estas divisiones hayan podido consolidarse. Esta mirada al pasado nos impone hoy una obligación: hacer todos los esfuerzos para que a todos aquellos que tienen verdaderamente el deseo de la unidad se les haga posible permanecer en esta unidad o reencontrarla de nuevo. Me viene a la mente una frase de la segunda carta a los Corintios donde Pablo escribe: "Corintios, os hemos hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha abierto de par en par. No está cerrado nuestro corazón para vosotros; los vuestros sí que lo están para nosotros. Correspondednos; ... abríos también vosotros" (2 Cor 6,11-13). Pablo lo dice ciertamente en otro contexto, pero su invitación puede y debe tocarnos a nosotros, justamente en este tema. Abramos generosamente nuestro corazón y dejemos entrar todo a lo que la fe misma ofrece espacio. No hay ninguna contradicción entre una y otra edición del Missale Romanum. En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores esa sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto. Obviamente para vivir la plena comunión tampoco los sacerdotes de las Comunidades que siguen el uso antiguo pueden, en principio, excluir la celebración según los libros nuevos. En efecto, no sería coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo. En conclusión, queridos Hermanos, quiero de todo corazón subrayar que estas nuevas normas no disminuyen de ningún modo vuestra autoridad y responsabilidad ni sobre la liturgia, ni sobre la pastoral de vuestros fieles. Cada Obispo, en efecto es el moderador de la liturgia en la propia diócesis (cfr. Sacrosancutm Concilium, n. 22: "Sacrae Liturgiae moderatio ab Ecclessiae auctoritate unice pendet quae quidem est apud Apostolicam Sedem et, ad normam iuris, apud Episcoporum"). Por tanto, no se quita nada a la autoridad del Obispo cuyo papel será siempre el de vigilar para que todo se desarrolle con paz y serenidad. Si surgiera algún problema que el párroco no pueda resolver, el Ordinario local podrá siempre intervenir, pero en total armonía con cuanto establecido por las nuevas normas del Motu Proprio. Además os invito, queridos Hermanos, a escribir a la Santa Sede un informe sobre vuestras experiencias tres años después de que entre en vigor este Motu Proprio. Si vinieran a la luz dificultades serias se buscarían vías para encontrar el remedio. Queridos Hermanos, con ánimo agradecido y confiado, confío a vuestro corazón de Pastores estas páginas y las normas del Motu Prorpio. Recordemos siempre las palabras que el Apóstol Pablo dirigió a los presbíteros de Efeso "Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio Hijo" (Hechos 20,28). Confío a la potente intercesión de María, Madre de la Iglesia, estas nuevas normas e imparto de corazón mi Bendición Apostólica a Vosotros, queridos Hermanos, a los párrocos de vuestras diócesis y a todos los sacerdotes, vuestros colaboradores, así como a todos vuestros fieles. Dado en San Pedro, el 7 de Julio 2007".

sábado, 22 de mayo de 2010

Pentecostés

Cortesía de Enciclopedia Católica



Una festividad universal de la iglesia, mediante la cual se conmemora el descendimiento del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, a los cincuenta días después de la Resurrección de Cristo, en el festival judío llamado "festejo de las semanas" o Pentecostés (Ex., xxxiv, 22; Deut., xvi, 10). En algunos lugares es llamado el "domingo de blanco" ("whitesunday") debido a los ropajes blancos que son portados por aquellos que son bautizados durante la vigilia. Pentecostés ("Pfingsten" en alemán), es la denominación griega por "quincuagésimo", 50o., día después de la Pascua.
Se trata de una festividad cristiana que data del siglo primero, aunque no hay evidencia de que haya sido observada tan antiguamente como la Pascua, el pasaje en Corintios I (xvi, 8) probablemente se refiere a una festividad judía. Esto no es sorprendente ya que el festejo originalmente duraba un sólo día y se realizaba en domingo. Además estaba muy estrechamente relacionada con la Pascua de manera que se podría tratar de una actividad en la terminación pascual.
El hecho de que Pentecostés era una festividad que ya pertenecía a los tiempos apostólicos lo constata el séptimo de los fragmentos (interpolados) cuya autoría es atribuida a San Irineo. En Tertuliano (De bat., xix) el festival aparece como ya firmemente establecido. El Peregrino Gallic, da detallada cuenta de como esta festividad era observada de manera solemne en Jerusalén ("Peregin. Silvae", ed. Geyer, iv). Las Constituciones Apostólicas (V, xx, 17) señalan que Pentecostés tenía la duración de una semana, pero en Occidente no fue observada su ejecución de ocho días sino hasta fecha más tarde. De acuerdo a Berno de Reichenau (1048) fue un aspecto controversial la duración del festejo de Pentecostés. En la actualidad la fiesta tiene un rango similar al del Domingo de Resurrección o Pascua. Durante la vigilia, los catecúmenos eran bautizados, consecuentemente, las ceremonias del sábado eran similares a las observadas en Sábado Santo.
El oficio de Pentecostés tiene sólo un nocturno, durante toda la semana. En la tercera hora tiene el "Veni Creator", el cual es cantado en lugar del himno de costumbre, debido a que en el tercera hora se considera que descendió el Espíritu Santo. La Misa completa tiene una secuencia de "Veni Sancte Spiritus", la autoría del cual se atribuye al Rey Roberto de Francia. El color del ropaje sacerdotal es rojo, como un símbolo de las lenguas de fuego que descendieron.
Con anterioridad, las cortes no funcionaban durante la semana entera y los trabajos clericales fueron prohibidos. El Concilio de Constanza (1094), limitó estas prohibiciones a los primeros tres días de la semana. El resto correspondiente al sábado (sabat) y el martes, fueron abolidos en 1771, y en muchos territorios de misión también el lunes. Este último día fue eliminado de observancia estricta por San Pío X en 1911. Aún hoy día, tal y como sucede en la Pascua, el rango litúrgico de lunes y martes de la semana de Pentecostés el del tipo Doble de Primera Clase.
En Italia fue costumbre que se lanzaran pétalos de rosas desde el cielo de las iglesias, simbolizando así el milagro de las lenguas de fuego, con base en ello, el domingo de Pentecostés es llamado en Sicilia y en otras regiones italianas, comoPascha Rosatum, nombre que proviene del uso de los ropajes rojos de la ocasión. En Francia la costumbre incluyó el toque de trompetas durante los servicios, con el objeto de recordar el sonido y estruendo que debió acompañar el descenso del Espíritu Santo. En Inglaterra, la nobleza se entretenía con carreras de caballos. En la actualidad el festival de Whitsun Ales es prácticamente obsoleto.
En las vísperas de Pentecostés, en las iglesias orientales, servicios extraordinarios con genuflexión o arrodillamientos, fueron acompañados por largas lecturas y recitaciones poéticas y de los salmos (de Maltzew, "Fasten-und Blumen Triodion", p. 898 en donde se identifica el servicio completo de carácter greco-ruso; también en Baumstark, "Jacobit, Fest Brevier", p. 255). Para los festejos de Pentecostés, los rusos llevan flores y ramas verdes en sus manos.
KELNEER, Heortology (St. Louis, 1908); HAMPSON, Medii viæ kalendarium, I (London, 1841) 280 sqq.; BRAND-ELLIS, Popular Antiquities, I (London, 1813), 26 sqq.; NILLES, Kalendarium Manuale, II (Innsbruck, 1897), 370 sqq. 

F. G. Holweck
Transcrito por Stuart French, hijo.
Dedicado a Brenda Eileen Metcalfe French
Traducido por Giovanni E. Reyes

jueves, 20 de mayo de 2010

Preguntas y Respuestas II

¿A que nos referimos cuando decimos que pecamos de "Palabra, Obra y Omisión"?


R. En la Eucaristía, para preparnos a la celebración de los Santos Misterios, en el rito penitencial recitamos la oración llamada el "yo confieso":

Yo confieso, ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, por eso ruego a Santa María siempre virgen, a los ángeles, a los santos, y a ustedes hermanos, que intercedan por mí, ante Dios nuestro Señor.

El Reconocer que hemos pecado y expresar nuestro arrepentimiento es esencial para ser perdonados, y decimos ante los demás que hemos pecado en todas las formas posibles: de Palabra (con lo malo que decimos o murmuramos) Pensamiento (malos pensamientos y deseos, sean lujuriosos o de otro tipo) Obra (todo lo que hacemos en forma externa) y Omisión (porque hemos pecado al dejar de pensar, decir y hacer cosas buenas, agradables a Dios) y finalizamos pidiendo intercesión en virtud de la comunión de los santos.

¿Cuando es pecado no ir a Misa?

R. La Eucaristía o Santa Misa, es el acto de culto más grande que practica la Iglesia y en ella podemos experimentar y participar del sacrificio único que ha hecho nuestro Señor Jesús por nosotros, en ella nos alimentamos de Cristo  mismo que se ha hecho Pan por nosotros.
Un cristiano no puede progresar en santidad si no alimenta su alma con Cristo mismo en la Eucaristía, por lo que es la Iglesia en calidad de madre, nos enseña que el día del Señor (Domingo) debemos asistir a Misa y descansar del trabajo.
Es Obligatorio para un católico, asistir a Misa todos los domingos, (salvo un gravísimo impedimento) y lo es también en las llamadas Fiestas de Precepto, que varían según el país, en estas fiestas la Iglesia se regocija en conmemorar escenas y personajes que han participado en la salvación, en Argentina, por ejemplo, son fiestas de precepto todos los domingos del año y:


1 de Enero: "Santa María Madre de Dios"
15 de Agosto: "La Asunción de la Santísima Virgen María"
8 de Diciembre: "La Inmaculada Concepción"
25 de Diciembre: "La Natividad del Señor"

OBLIGATORIAMENTE un católico debe ir a misa esos días, no obliga ningúno otro que no sean los domingos y fiestas de precepto de cada país y no se considera pecado el no asistir los demás días del año que no son precepto, pero es muy provechoso para el alma, participar de las Solemnidades del Año Litúrgico, entre otras, Corpus Christi, Santos Pedro y Pablo, Triduo Pascual y Pentecostés, que entre otras, se ubican algunas en Domingos.

Es pecado mortal no asistir, pudiendo, a Misa los domingos y días de precepto.

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