sábado, 30 de enero de 2010

Sábado, Día de María

Cortesía de Siete en Familia

Cada sábado nos ofrece la oportunidad de meditar sobre la vida de fe de la Virgen, e implorar su ayuda para crecer cada vez más en esta virtud.
Desde los primeros siglos, los cristianos han dedicado este día de la semana a honrar de modo particular a la Virgen. Algunos teólogos del pasado o contemporáneos nos muestran algunas razones para ensalzar a Nuestra Madre del cielo, en esta jornada. Entre otras porque el sábado fue para Dios, el día de descanso y la Virgen fue aquella en la cual-como escribe San Pedro Damián- “por el misterio de la Encarnación, Dios descansó en un lecho santísimo”.
El sábado es también preparación e introducción al domingo, símbolo y signo de la fiesta del cielo, y la Santísima Virgen es la preparación y la vía hacia Cristo, puerta de la eterna felicidad.
Santo Tomás hace notar que “veneramos el sábado en honor de la gloriosa Virgen María, que también en ese día se mantuvo en la fe en Cristo (como hombre) comprobando su muerte". Y luego está, la lógica del amor. Nosotros los cristianos, sentimos la necesidad de un día particular para ennoblecer a Santa María.
Desde la antigüedad, la tarde del sábado, en las iglesias, en las capillas, en los santuarios, en los oratorios, se canta la Salve Regina, u otras oraciones marianas. Son muchos, los que se comprometen en este día, a reverenciar a la Reina del Cielo. Escogen una jaculatoria, para ir repitiendo a lo largo de la jornada; visitan a personas enfermas, solas o necesitadas; ofrecen una mortificación especial para este día mariano; se acercan a rezar a un santuario o Iglesia dedicada a la Virgen; ponen más atención en la oración que le dirigen; rezan el Santo Rosario, el Ángelus, o el Regina Coeli, la Salve.
Existen muchas devociones marianas, aunque no podamos realizar todas, no posee la plenitud de la fe quien no vive ninguna, quien no manifiesta de forma alguna su amor a María. Aquellos que infravaloran la piedad a la Virgen, demuestran haber dejado huir, el sentido profundo que ellas encierran y de haber olvidado la fuente de las que provienen: la fe en la voluntad salvífica de Dios Padre, el amor por Dios Hijo- que se hizo realmente hombre, naciendo de una mujer-, la confianza en Dios Espíritu Santo, que nos santifica con su gracia.
Si buscas a María, te encontrarás con Jesús y aprenderás con profundidad, cada vez mayor, lo que hay en el corazón de Dios.
Examinemos como vivimos habitualmente el sábado. Si reservamos a la Virgen una atención especial y de afecto.
Feliz sábado y unión de oraciones en el Rosario por las intenciones de todos los blogueros y sus lectores.

viernes, 22 de enero de 2010

¿Es necesario ser católico para salvarse?

Cortesía de http://www.apologetica.org

La cuestión

Uno de los documentos papales más controversiales que existen es la bula Unam Sanctam, la cual fue escrita en 1302 por el Papa Bonifacio VIII. Hoy en día, la parte más controversial de esta bula es el siguiente pronunciamiento infalible: “Así pues, por eso, nosotros declaramos, afirmamos, definimos, y proclamamos que para toda criatura humana es, en conjunto, necesario para la salvación estar sujeto a la autoridad del Pontífice Romano.”

Esta doctrina es extraordinariamente polémica. Algunos “Católicos” extremistas afirman (contrario a otras enseñanzas de la Iglesia, incluyendo otra definición infalible) que esto significa que todo el que no sea un Católico practicante, completamente consagrado no se podrá salvar. No-Católicos encuentran este argumento ofensivo, sectario, y anti-Cristiano en sentimiento.

La mayoría de los Católicos que conocen la existencia de esta definición la encuentran humillante, especialmente en la edad ecuménica que vivimos hoy en día, y muchos tratan de ignorarla o rechazarla, aunque hasta Católicos liberales admiten que es una definición teológica genuina y que debe tomársela como verdad cuando no se la saca de contexto.

La verdad de esta definición fue reiterada en el Concilio del Vaticano II, el cual afirmó: “[Este] sagrado Concilio … enseña, basado en la Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrina es necesaria para la Salvación. Pues solamente Cristo es el Mediador y el camino de la salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia, y El, inculcando con palabras concretas la necesidad de la fe y del bautismo (cf. Mc., 16,16; Jn., 3,5), confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta. Por lo cual no podrían salvarse quienes, sabiendo que la Iglesia católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, rehusaran entrar o no quisieran permanecer en ella.” (Lumen Gentium 14).

Muchos estudiosos modernos explican esta doctrina de una manera que le roban su contenido. En 1950, en la encíclica Humani Generis, el Papa Pío XII, quien admitió la posibilidad de salvación para los no-Católicos, se lamentaba que algunos teólogos Católicos se habían “reducido a una visión exclusivista de Salvación”, esta enseñanza no significa que todo aquel que no sea un Católico completamente consagrado no podrá salvarse. De la manera que otras enseñanzas de la Iglesia lo han aclarado, incluyendo otra definición doctrinal, es posible que una persona pueda salvarse sin que sea Católico profesante. Pertenecer formalmente a la Iglesia y formalmente ser sujeto al Pontífice Romano son necesidades normativas en vez de necesidades absolutas.

Una necesidad absoluta es una necesidad que estrictamente se sostiene en todos los casos sin excepciones. Una necesidad normativa es usualmente requerida, aunque hay excepciones. Un ejemplo de necesidad normativa de la vida cotidiana americana es la practica de manejar en el carril derecho de la carretera. Esto se requiere normalmente, pero hay excepciones, tales como situaciones de emergencia. Por ejemplo, si un niño inesperadamente se cruza la calle, puede que sea necesario (y es legalmente permitido) moverse rápidamente al carril izquierdo para evitar atropellarlo. Así que la necesidad de manejar en el carril derecho es una necesidad normativa más que una necesidad absoluta.

El que sea una necesidad normativa o una necesidad absoluta el estar unido a la Iglesia Católica depende del tipo de unidad con la Iglesia que nos estemos refiriendo, porque hay diferentes maneras de estar asociado con la Iglesia Católica.


Una persona que ha sido bautizada y ha sido recibida en la Iglesia es totalmente y formalmente un Católico. El Concilio del Vaticano II afirma: "Están plenamente incorporados a la sociedad que es la Iglesia aquellos que, teniendo el Espíritu de Cristo, aceptan íntegramente su constitución y todos los medios de salvación establecidos en ella y están unidos, dentro de su estructura visible, a Cristo, que la rige por medio del Sumo Pontífice y de los obispos, mediante los lazos de la profesión de la fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión." (Lumen Gentium 14, Catecismo de la Iglesia Católica  837).

Pero es también posible estar “asociado” o “parcialmente incorporado” en la Iglesia Católica. El Concilio del Vaticano II afirma: “La Iglesia se siente unida por muchas razones con todos los que se honran con el nombre de cristianos a causa del bautismo, aunque no profesan la fe en su integridad o no conserven la unidad de la comunión bajo el sucesor de Pedro.” (Lumen Gentium 15). “Los que creen en Cristo y han recibido ritualmente el bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia católica'.(Unitatis Redintegratio 3; CIC 838).

Aquellos que no han sido bautizados son también puestos en una comunión imperfecta con la Iglesia, aunque no se den cuenta, si poseen la virtudes de fe, esperanza y caridad o amor (1 Cor 13,13). El Papa Pío XII explica que los. “A estos vínculos jurídicos [de la Iglesia], que ya por sí solos bastan para superar a todos los otros vínculos de cualquier sociedad humana por elevada que sea, es necesario añadir otro motivo de unidad por razón de aquellas tres virtudes que tan estrechamente nos juntan uno a otro y con Dios, a saber: la fe, la esperanza y la caridad cristiana... [s]i los lazos de la fe y esperanza que nos unen a nuestro Divino Redentor en su Cuerpo místico son de gran firmeza e importancia, no son de menor valor y eficacia los vínculos de la caridad...Dios es caridad: Y quien permanece en la caridad, permanece en Dios y Dios en él [1 Jn 4,16] La caridad... es la virtud que -más estrechamente que toda otra virtud- nos une con Cristo” (Mystici Corporis 32, 33).

Entender esta distinción entre comunión perfecta e imperfecta con la Iglesia es esencial para entender la necesidad de ser Católico. Es una necesidad absoluta – sin ninguna excepción – estar unidos a la Iglesia de alguna manera, por lo menos a través de las virtudes de fe, esperanza y caridad. Sin embargo, es solamente normativamente necesario estar completamente incorporado o comunión perfecta con la Iglesia Católica. Hay excepciones a ese requerimiento, como lo enseñó el Concilio de Trento (ver abajo), aunque aun en ese caso es normativamente necesario.

En nuestra discusión a continuación, la palabra “necesario” va a significar “normativamente necesario,” no “absolutamente necesario.”


jueves, 21 de enero de 2010

Benedicto XVI bendice corderos cuya lana servirá para palios arzobispales

VATICANO, 21 Ene. 10 / 09:11 am (ACI)

El Papa Benedicto XVI bendijo esta mañana, en la fiesta de Santa Inés virgen y mártir, varios corderos en la capilla Urbano VIII del Palacio Apostólico Vaticano.

Como es tradicional, explica la nota del Vatican Information Service, la lana de estos animales será utilizada para confeccionar los palios impuestos cada año a los nuevos arzobispos metropolitanos, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo.

Los padres trapenses de la Abadía de las Tres Fuentes crían a los corderos, mientras que los palios son confeccionados por las religiosas de Santa Cecilia con la lana recién esquilada.


miércoles, 20 de enero de 2010

¿Prohíbe la Biblia las Transfusiones de Sangre?

Cortesía de http://www.cristianosonline.org






Hay católicos que me preguntan si es verdad que la Biblia prohíbe la transfusión de sangre... Su inquietud nace del hecho de que algunas personas, con la Biblia en la mano, tratan de afirmar que la transfusión de sangre es un pecado gravísimo contra Dios. Tales personas -así dicen ellos- prefieren morir antes que aceptar una transfusión de sangre, porque dicen: es la voluntad de Dios. En esta línea están sobre todo los Testigos de Jehová y miembros de algunas sectas religiosas modernas.

¡Qué triste que haya gente entre nosotros que usa la Biblia para confundir al cristiano y para propagar estas teorías que son una burla a la humanidad! A los que piensan así les quiero recordar que como cristianos verdaderos nunca debemos leer la Biblia en forma parcial; nunca debemos estudiar el Antiguo Testamento (A.T.) sin tomar en cuenta el Nuevo Testamento (N.T.).
Hay una gran diferencia entre los dos. Aunque se complementan el A.T. y el N.T., no debemos olvidar que Jesucristo, Dios-hombre, es el centro y el fin de toda la Biblia. Además Jesucristo, con su autoridad humano-divina, corrigió varias cosas que se leen en el A.T. y anuló muchas costumbres que para los judíos del A.T. eran prácticas muy importantes. Si uno lee atentamente la Biblia verá que de la primera a la última página hay una evolución doctrinal y moral. Es decir, que no todo en la Biblia tiene el mismo valor o igual vigencia. Y entre esas cosas que cambió el N.T. está la ley de la sangre.

¿Qué nos enseña el A.T. acerca de la transfusión de sangre?
Antes que nada, debemos decir que la Biblia nunca habla de la transfusión de sangre como práctica de medicina para salvar a enfermos, simplemente porque los antiguos no conocieron este tratamiento. Pero veamos de dónde sacan algunos miembros de otras religiones esta creencia.
Los israelitas del A.T., como otros pueblos antiguos de aquel tiempo, pensaban que la vida (o el alma) de cada ser estaba en la sangre. Leemos en Gén. 9, 4-5: «Lo único que no deben comer es la carne con su alma, es decir, con su sangre... Reclamaré la sangre de ustedes, como si fuera su alma».
Así, los antiguos creían que el alma era la sangre misma (Lev. 17, 14; Dt. 12, 23). Es decir: alma = vida = sangre. Ahora bien, Dios es el único Señor de la vida y por eso la sangre tenía un carácter sagrado para los israelitas, la sangre pertenecía a Dios. De este concepto antiguo que tenían los israelitas acerca de la vida, vienen las leyes acerca de la sangre que es lo que vamos a analizar ahora brevemente:

1 Prohibición del homicidio
El hombre fue creado a imagen de Dios, por lo cual Dios tiene poder sobre su vida: «Si alguien derrama su sangre, Dios le pedirá cuenta de ello (Gén. 9, 5). En esto encuentra su fundamento religioso el mandamiento que dice: «No matarás» (Ex. 20, 13). Pero en caso de homicidio los antiguos aceptaron la venganza de sangre inocente contra el asesino: «Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente» (Ex. 21, 23). Solamente fue admitida una venganza limitada, porque Dios mismo se encargará de esta venganza, haciendo recaer la sangre inocente sobre la cabeza del asesino (1 Reyes 2, 32).

2. Prohibición de la sangre como alimento
La sangre, como signo de la vida, pertenece sólo a Dios y por eso la sangre es parte de Dios (Lev. 3, 17). La sangre derramada es alimento de Dios, «manjar de Yavé», y ningún hombre puede beber sangre, ni comer carne prohibida (Dt. 12, 16). La sangre pertenece por derecho propio a Dios, Señor de la vida. (De ahí sacan los Testigos de Jehová su enseñanza de no aceptar la transfusión de sangre).

3. El uso de la sangre en el culto del A.T.
La sangre es sagrada, aún la de un animal, y solamente puede ser ofrecida a Dios en un sacrificio (Gén. 9, 5). Si no se sacrifica en un altar, debe ser derramada en el suelo, pero no se puede comer. Además los israelitas, como los demás hombres del pasado, se hacían de Dios una imagen terrible y pensaban que sólo podían estar en paz con ese Dios violento ofreciendo sacrificios y sangre (Heb. 9, 22). Era su manera de entrar en contacto con Dios; por eso los antiguos hacían ritos sangrientos para sellar su alianza con Dios (Ex. 24, 3-8); sacrificios para la expiación de los pecados (Is. 4, 4); ritos pascuales con sangre de corderos para alejar los espíritus exterminadores (Ex. 12, 7-22), etc.
Con el tiempo los israelitas descubrieron que estos sacrificios sangrientos eran una forma de culto muy imperfecto. Y por boca del profeta Isaías, Dios rechazó estos sacrificios: «¿De qué me sirve la multitud de sus sacrificios? No me agrada la sangre de sus vacas, de sus ovejas y machos cabríos» (Is.1, 11). También dice el salmista, hablando con Dios: «Un sacrificio no te gustaría, si ofrezco un holocausto, no lo aceptas» (Salmo 51, 16).
Reflexionando sobre estas leyes de sangre dentro del contexto del A.T. podemos decir que Dios aceptó al pueblo de Israel con sus costumbres y tradiciones, y que Dios educó a su pueblo a partir de su propia cultura. Pero no debemos pensar que las leyes de sangre fueron dictadas por Dios desde el cielo, sino que fueron ela-boradas por los sacerdotes de aquel tiempo que estaban a cargo de la conducta reli-giosa del pueblo de Israel. Las leyes sobre la sangre son solamente una manera de educar e inculcar el sentido de carácter sagrado de la vida. Por muy antiguas, y a veces anticuadas que sean estas leyes, el cristiano de hoy las debe considerar con fe y buscar reflexiones nuevas referentes a lo que Dios nos pide ahora.

¿Qué nos enseña el N.T. acerca de esas leyes de sangre?
En el N.T. no encontramos ninguna referencia acerca de la transfusión de san-gre. Pero hay claras indicaciones a favor de esta práctica.

1. Jesús repitió con el A.T. el profundo respeto por la vida: «No matarás» (Mt. 19,18), pero el Señor criticó duramente la antigua ley de la venganza de sangre inocente: «Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero Yo les digo: no resistan al hombre malo; al contrario si alguien te pega en un lado de la cara, ofrécele también el otro lado» (Mt. 5, 39). También terminó Jesús con la ley de alimentos prohibidos: «No hay ninguna cosa fuera del hombre que al entrar en él pueda hacerle pecador o impuro» (Mc. 7, 15). Con estas palabras está claro que la prohibición de comer «carne con sangre» no tiene ningún valor para Jesús.
2. Jesús quiso morir derramando su sangre, para mostrar la entrega total de su vida por obediencia al Padre y por amor a sus hermanos (Jn. 3, 16; Rom. 8, 32). Este sacrificio de su vida terminará con todos los sacrificios de animales del A.T., porque el sacrificio de su vida era para el perdón de todos los pecados del mundo y la reconciliación definitiva entre Dios y los hombres (Heb. 9, 26; Heb. 10, 5-7). «Cristo nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre» (Apoc. 1, 5).
3. En la Ultima Cena Jesús presentó la copa de la acción de gracias (o Eucaristía), diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que está confirmada por mi sangre, que se derrama por ustedes» (Lc. 22, 20). Y desde ahora en adelante los hombres pueden comulgar con esta sangre de la Nueva Alianza cuando beben el cáliz eucarístico (1 Cor. 10, 16 y 11, 25-28). La sangre de Cristo derramada en la cruz establecerá entre los hombres y el Señor una unión profunda que durará hasta su venida (1 Cor. 10, 16 y 11, 25-28).

4. Jesús, el Buen Pastor, dio su vida por sus ovejas (Jn. 10, 11), así también los discípulos de Jesús han sido llamados a dar su vida por el prójimo: «El amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos» (Jn. 15, 13). El discípulo de Jesús no debe preocuparse excesivamente por su vida y debe ser capaz de arriesgarla por los demás, como nos enseña también el apóstol Pablo: «Les tenemos a ustedes tanto cariño que hubiéramos querido darles no sólo el mensaje de Dios, sino hasta nuestras propias vidas, pues hemos llegado a quererles mucho» (1Tes. 2, 8).
Esto se manifiesta en los misioneros que han muerto por Cristo y en los mártires cristianos de todos los tiempos. ¿Acaso no dijo Jesús: «Quien quiere salvar su vida (su alma) la perderá, pero quien la pierda por causa mía, la hallará para la vida eterna»? (Mt. 16, 25; 10, 39).

Algunas consideraciones finales
1. Las leyes de sangre del A.T. son un reflejo de una cultura primitiva y no fueron dictadas por Dios y sólo tendían a inculcar al pueblo del A.T. el sentido sagrado de la vida. Por tanto las muchas leyes de sangre del A. T. no son doctrina eterna. Recordemos que Cristo vino a perfeccionar la antigua Ley. Ahora sabemos muy bien que el alma humana no se identifica con una cosa material como es la sangre. Propiamente hablando, el alma no habita en un cuerpo con sangre, sino que se expresa en el hombre entero.
Y cuando los Tesigos de Jehová se aferran a las creencias del A.T., ellos olvidan que la ley del A.T. fue perfeccionada por Jesucristo y que muchas costumbres de aquel tiempo no tienen valor en la Nueva Alianza que comenzó con Cristo. Los Testigos de Jehová y muchos otros se quedaron en el A.T. y no aceptan la evolución que está en la Biblia; ellos no interpretan bien toda la Biblia ya que se quedaron en una práctica judía antigua y no siguieron el cumplimiento del N.T. Esto sucede porque interpretan la Biblia en forma literal y parcial, y además arreglaron la Biblia a su manera con traducciones equivocadas y malas interpretaciones. (Ninguna de las Iglesias Cristianas acepta la Biblia arreglada por los Testigos de Jehová).

2. En Jesucristo fue superada la Antigua Alianza y la ley de Moisés. Los pri-meros cristianos muy pronto terminaron con muchas prácticas del A.T., como por ejemplo, la observación del día sábado, etc. y entre estas cosas el N.T. abolió también las leyes de sangre. Es verdad que entre los primeros cristianos de origen judío persistía al comienzo la ley de sangre, y algunas comunidades cristianas judías fue-ron injustamente obligadas a observar esta práctica (Hech.15, 29). Pero esta observancia se hizo solamente por un breve tiempo para no escandalizar a los de conciencia débil. Pronto fue superado este problema y las iglesias siguieron el consejo de Jesucristo: «No hay nada de fuera que ensucie el alma» (Mc. 7,15).
Finalmente el Apóstol Pablo escribe en forma muy tajante a los colosenses: «Que nadie les venga a molestar por cuestiones de comida o bebida» (Col.2,16). «Todos los alimentos son buenos y todas las cosas les servirán de alimento» (1 Tim. 4,3-6).

3. Dios es el Dios de la vida. «Dios no se complace en la muerte de nadie» (Ez.18, 32). «No creó al hombre para dejarlo morir, sino para que viviera» (Sab. 1, 13; 2, 23). Para Jesús la vida era cosa preciosa, y «salvar una vida» prevalecía sobre la ley del sábado (Mc. 3, 4), porque «Dios no es un Dios de muertos sino de vivos» (Mc. 12, 27). El mismo sanó y devolvió la vida como si no pudiera tolerar la presencia de la muerte. «Si hubieras estado aquí, mi hermano Lázaro no hubiese muerto», le dijo Marta a Jesús (Jn.11, 21). Jesús, Dios-hombre, dijo que El es la vida, y ha venido a servir, y murió como rescate para provecho de la multitud (Mc. 10,45).
4. Seamos seguidores de Cristo. A ejemplo de Cristo, podemos dar nuestra vida por amor al prójimo. «Nadie tiene más amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn. 15, 13). Por supuesto que nuestra vida está en la mano de Dios. Pero si Dios nos ha dado inteligencia y voluntad, y con ellas podemos salvar la vida de otros, entonces esto es la voluntad de Dios.

Todo lo que el hombre realiza en la medicina moderna para respetar la vida y sanar a los enfermos es voluntad de Dios. Y sería un pecado gravísimo dejar morir a una persona que, con buenos remedios y con una transfusión de sangre, puede ser sanada. En este sentido «dar sangre» para hacer una transfusión no es ningún atentado contra Dios, sino que puede llegar a ser un acto heroico de caridad. Por supuesto, que hay que atenerse a la reglamentación necesaria en cuanto a higiene y desinfección, porque en asunto tan delicado hay que evitar todo posible contagio de SIDA y otras enfermedades.
Frente a la transfusión de sangre, entonces, hay una sola palabra: «Conocemos el amor con que Jesucristo dio su vida por nosotros; así también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos». Y eso mismo vale para la donación de órganos. Es muy humano y cristiano solidarizar con un enfermo hasta el punto de ceder los propios órganos para ser trasplantados a otras personas que carecen de ellos.
Ello se puede hacer tanto en vida como después de la muerte. Y a diario vemos padres que donan ojos o riñones para sus hijos, ¡qué ejemplo de caridad! Estos son gestos que hay que recomendar, ya que tanto con la donación de sangre como con la donación de órganos podemos salvar una vida

martes, 19 de enero de 2010

¿Confesiones por Internet permitidas en colombia?

por Freider Jesús Florián

Recientemente, el secretario general de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Juan Vicente Córdoba Villota, ha hecho declaraciones en audio al Diario Colombiano, El Tiempo respecto a lo que "es bueno y malo en la religión online".

Secretum Mem Mihi, en recientes publicaciones especula sobre un desvío de la Iglesia Católica Colombiana respecto a que en cierta forma burlan el Magisterio respecto a los "sacramentos por internet".

En distintas partes del mundo y por denominaciones no católicas, se difunden portales para que sus fieles confiesen sus pecados y reciban el perdón de Dios, muchos y hasta conocidos sitios como mysecret reciben muchísimas confesiones de todas partes y tal cosa, que raya en lo erróneo,  toca al mundo católico.

El Vaticano, tajantemente y en múltiples ocasiones rechaza que el deber de asistir a Misa todos los domingos y fiestas de guardar pueda ser cumplido si se ve la misa por internet, se oye por radio o se ve por televisión, a pesar de ello y como es costumbre, se ignoran tales declaraciones y muchos viven como "no sabemos la verdad si los católicos podemos confesarnos por internet"

Respecto a esto, quiero hacer una denuncia. En estos últimos años, en Colombia y a ejemplo de otros paises, la prensa se ha hecho "experta y teóloga" respecto a opinar sobre asuntos eclesiales, creen que es cómo el futbol, que cualquiera va y viendo unos partidos ya los sabe narrar.El diario El Tiempo no se queda atrás, recientemente sus periodistas (cuyos conocimientos respecto a la Iglesia y su magisterio, se ignoran) han tomado para ellos la autoridad de ser críticos respecto a lo que compete ser analizado muy bien y tienen la cualidad (o defecto) de crear un asunto novedoso sobre noticia vieja, luego buscan a los "del tema" y les hacen entrevista (en este caso, a un obispo) como si no hubiesen declaraciones oficiales y directas respecto a la posición de la Iglesia, sin polémica la prensa se muere.

El periodista (y sólo eso) José Mojica (de El Tiempo) ha hablado del asunto de "la Iglesia internauta" y con nula autoridad ha dicho de que ahora las "deidades colombianas" (aquí se nota que nisiquiera conoce del culto cristiano, porque según él, Nuestra Señora de Chiquinquiá también es un dios) ya cobran dinero por que les recen la novena:

El Divino Niño Jesús de la parroquia del 20 de Julio, en Bogotá, con su mirada inocente y sus brazos extendidos, acepta tarjetas de crédito... al menos en su página web, donde invita a sus devotos a que hagan donaciones en línea para obras de caridad.
La Virgen de Chiquinquirá (Boyacá) hace un llamado para que sus fieles recen el sagrado Rosario online y el Señor de los Milagros de Buga (Valle) recibe peticiones de promesas y permite orar su novena, solo con hacer clic. Todo esto, en las páginas de Internet de dichas deidades colombianas, que ya están en sintonía con el auge religioso a través de las nuevas tecnologías de la información.
 Nótese que habla de hechos, permitidos y aprobados,y al santo padre sólo lo cita para ponerlo fuera de contexto y hacerlo ver como el patrocinador de todo esto:
 El Papa Benedicto XVI, quien usa correo electrónico y cree en el poder evangelizador de la tecnología, ha invitado a los jóvenes a conectarse con Cristo y a abstenerse de pecar en sitios que ofrecen la salvación sin levantarse del PC. Entre esa romería digital están el portal www.misa-tv.com y las iglesias LifeChurch y Flamingo Road Church, en Inglaterra, que ofrecen misas interactivas.

El sitio www.absolution-online facilita confesiones para los creyentes que tengan urgencia de confesar sus pecados desde la comodidad de su hogar. También se puede chatear con Dios con un robot disponible las 24 horas, en iGod. Es tal el auge de la llamada ciberreligión que algunas empresas de telefonía móvil, en Colombia, promocionan mensajes de texto para comunicarse con Jesús, a 360 pesos.
Y para aclarar, el hecho de que existan mensajes de Jesús por 360 pesos, no significa nada. Para hablar de Jesús, en este país sólo se necesita una medio para comunicarlo, no se necesita siquiera ser creyente.

Habla de "El Papa Benedicto" y en lo sucesivo de "sitios que facilitan las confesiones en la comodidad de su hogar" como si se relacionaran, con la autoridad de unir y relacionar y para decir finalmente algo cómo "ante tremendo y nunca visto escándalo,sobre el que nadie se pronuncia escuchemos las palabras de..." y aquí entra monseñor, el secretario de la Conferencia Episcopal, que luego de separar lo bueno y lo malo, entra con una opinión un tanto personal "... a menos que esten en la selva o enfermos"

Respecto a esto, se refiere, no a los campesinos, sino a los secuestrados (ya sea simplemente secuestrados, o enfermos secuestrados, y monseñor se refiere a ellos) , ellos que no tienen otra que oir misa por radio y estan condenados por sus captores a la NO RECEPCIÓN DE LOS SACRAMENTOS, porque hasta la actualidad, ningún sacerdote ha confesado a un secuestrado. Los secuestrados son un caso especial que, aunque se sabe que no pueden recibir sacramentos virtualmente (ni si así se quisiera, los secuestrados no tienen acceso a internet) el clero colombiano que es intermediario oficial del Gobierno ante las FARC, no ha conseguido enviar a ningún sacerdote a la selva, ni mucho menos que celebren sacramentos allá.

El hecho de que monseñor haga una declaración que recuerda una prohibición, no significa que este siendo violada en masa, o por lo menos por un número considerable de creyentes,significa que la ha formulado un periodista que buscando "aver que noticia muerta revivo" ha tratado de avivar un fuego extinto, no se sabe de sacerdotes en comunión con sus obipos que promuevan o permitan tales cosas, o de "pastorales de la salud virtuales" el enfermo, en su casa se queda y la enfermedad lo exime de su deber, pero quien quiere, no tanto cumplirlo sino oir la misa, la oye, sabe bien que eso nunca compensará y comulgar sólo espiritualmente. Conozco alguna anciana, que muriendose por comulgar y salir de su casa, en su afán de buscar cómo, todavía no ha encontrado a un "sacerdote virtual". Tales excepciones de las que habla monseñor, ni están, ni se piensan poner en la práctica, quizá el lo piense.

sábado, 16 de enero de 2010

"No encuentro Similitud entre Fátima y Medjugorje"


Cortesía de: La Buhardilla de Jerónimo
Ofrecemos nuestra traducción de una entrevista que el Cardenal José Saraiva Martins ha concedido a Petrus  sobre el fenómeno de las presuntas apariciones de Medjugorje.

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Continúan provocando debate y suscitando polémicas, dentro y fuera de la Iglesia, las presuntas apariciones de Medjugorje. La presencia, a principio de año, del cardenal Christoph Schonborn, Arzobispo de Viena, en la pequeña localidad de Bosnia-Herzegovina, ha sido sólo la última ocasión en orden cronológico para verificar la tensión existente en los lugares en que, desde el inicio de los años ’80, se aparecería la Virgen a seis videntes.


El purpurado austríaco, de hecho, celebró Misa para los fieles provenientes de todo el mundo pero no avisó de su presencia al Obispo diocesano, mons. Ratko Peric, desde siempre (como su predecesor) no convencido de la veracidad de tales fenómenos. El obispo local, por su parte, ha manifestado públicamente el propio desacuerdo frente a lo que, evidentemente, ha considerado una ofensa. Todo esto mientras el Papa Benedicto XVI, que ha debido ocuparse de Medjugorje desde que era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, habría decidido (pero no hay aún confirmación oficial al respecto) confiar al cardenal Camillo Ruini la coordinación de una Comisión que asegure definitivamente la verdad sobre la autenticidad o no de las apariciones en el pequeño país de la ex Yugoslavia.


Pero, ¿cuáles son, entonces, los frutos de Medjugorje? Quien cree a los videntes, habla de curaciones milagrosas, liberaciones del maligno, conversiones; es indudable que, en ese lugar, son muchos los que rezan, comulgan y se confiesan. Pero los “escépticos”, aquellos que no creen en la veracidad de las apariciones, subrayan precisamente las divisiones dentro del pueblo de Dios entre favorables y contrarios para demostrar que se trata de un engaño. “Diablo”, por otro lado, significa “aquel que divide”.


De este complejo asunto hemos hablado con el cardenal portugués José Saraiva Martins, colaborador cercano y de confianza del Venerable Juan Pablo II y, luego, del Sumo Pontífice Benedicto XVI, rector de la Universidad Urbaniana muy apreciado por Pablo VI, fino teólogo, ex-Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, amigo personal de Sor Lucía dos Santos y gran experto en las apariciones marianas (reconocidas oficialmente por la Iglesia) de Fátima.
*
Eminencia, en su opinión, las presuntas apariciones de Medjugorje ¿han de considerarse verdaderas o falsas?


No hay dudas: las apariciones no deben ser consideradas auténticas hasta que no sean oficialmente aprobadas por la Iglesia en la persona del Santo Padre.
*
Se dice que la Santa Sede quiere esperar lo más posible antes de pronunciarse.


Me parece el mejor comportamiento. La Iglesia hace muy bien en ser prudente frente a asuntos tan delicados que, inevitablemente, involucran la sensibilidad de millones de fieles.
*
¿Cómo debe comportarse el fiel que quiere ir en peregrinación a Medjugorje?


No debe dar por descontado y no debe estar convencido de que las apariciones son auténticas: debe, por lo tanto, dirigirse a ese lugar para rezar pero no para reconocer con su presencia la veracidad de fenómenos cuya aprobación depende sólo y exclusivamente de la Iglesia y que, de todos modos, no quita ni añade nada a la Revelación que se ha completado en Cristo.
*
Mientras tanto, ¿bastan las conversiones para creer en Medjugorje?


Absolutamente no. El de las conversiones, pero también el de las sanaciones, no es un argumento suficiente para justificar la tesis de la autenticidad de las apariciones. Sólo porque en ese lugar hay gente que se convierte, no está dicho que se aparezca la Virgen. La conversión es posible también en una pequeña parroquia de pueblo.
*
Vayamos a los “videntes”. Está quien los acusa de haber inventado todo y de tener intereses económicos. Y está quien piensa que, en realidad, se les aparece el demonio con el aspecto de la Virgen para llevar división a la Iglesia, aún a costa de algunas conversiones . ¿Usted qué piensa?

No sé si estas apariciones han sido inventadas o si tienen intereses económicos; seguramente, en este tipo de casos, puede estar la mano del demonio. Pero Dios es tan grande que sabe servirse del maligno para el bien de la humanidad: podrían explicarse así los beneficios que muchos afirman recibir en Medjugorje.
*
Siempre en referencia a los “videntes”, ninguno de ellos, al contrario de la gran mayoría de los otros videntes reconocidos oficialmente por Iglesia, ha elegido la vida consagrada. Entre ellos, está quien incluso se ha casado con una modelo americana y vive en los Estados Unidos en una mega-villa con piscina.

La vida consagrada habría sido un bello testimonio por parte de estas personas pero veo que hay una gran diferencia con Fátima, donde los tres pastorcitos eligieron ser aún más pequeños y humildes de lo que eran antes para vivir en plenitud el gran don de las apariciones.
*
A propósito: los “videntes” sostienen que las apariciones de Medjugorje son la prosecución natural de las de Fátima.

Yo no creo que lo sean. Veo demasiadas diferencias. Como decía antes, los pastorcitos de Fátima se hicieron humildes y eligieron el silencio; no sé si en Medjugorje está ocurriendo esto. Sor Lucía entro en la clausura; en Medjugorje ninguno ha elegido la vida consagrada. La misma Sor Lucía puso por escrito los secretos confiados por la Virgen, mientras que en Medjugorje continúan guardándolos para sí. No, no veo puntos en común entre Fátima y Medjugorje.
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Eminencia, en algunas apariciones la Virgen pediría a los seis “videntes” de Medjugorje no obedecer las prohibiciones del Obispo diocesano como, por ejemplo, la de no hablar más públicamente de las presuntas visiones.

La Virgen no podría, en ningún caso, ser anti-jerárquica e incitar a la desobediencia, incluso si el Obispo de Mostar estuviese equivocado. Este es otro elemento sobre el cual reflexionar.
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El Obispo de Mostar, recientemente, ha manifestado su malestar por no haber sido avisado de la presencia del Cardenal Schonborn en Medjugorje. Una presencia “pesada”, que alguno podría valorar erróneamente como un reconocimiento de las apariciones por parte de la Santa Sede.

Lejos de mí la intención de juzgar el comportamiento del Cardenal Schonborn... Pero yo, considerando la atención morbosa que está concentrada en Medjugorje, habría hablado antes con Monseñor Peric, como hago por otro lado cada vez que voy fuera de Roma. Cuando nosotros, los cardenales, vamos a una diócesis, entramos en la “casa” del Obispo del lugar y debemos tener la educación y el buen sentido de anunciarnos.
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Fuente: Petrus

viernes, 15 de enero de 2010

Amén

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

AMEN

1061 El Credo, como el último libro de la Sagrada Escritura (cf Ap 22, 21), se termina con la palabra hebrea Amen. Se encuentra también frecuentemente al final de las oraciones del Nuevo Testamento. Igualmente, la Iglesia termina sus oraciones con un "Amén".

1062 En hebreo, "Amen" pertenece a la misma raíz que la palabra "creer". Esta raíz expresa la solidez, la fiabilidad, la fidelidad. Así se comprende por qué el "Amén" puede expresar tanto la fidelidad de Dios hacia nosotros como nuestra confianza en El.
1063 En el profeta Isaías se encuentra la expresión "Dios de verdad", literalmente "Dios del Amén", es decir, el Dios fiel a sus promesas: "Quien desee ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el Dios del Amén" (Is 65, 16). Nuestro Señor emplea con frecuencia el término "Amén" (cf Mt 6, 2.5.16), a veces en forma duplicada (cf Jn 5, 19), para subrayar la fiabilidad de su enseñanza, su Autoridad fundada en la Verdad de Dios.
1064 Así pues, el "Amén" final del Credo recoge y confirma su primera palabra: "Creo". Creer es decir "Amén" a las palabras, a las promesas, a los mandamientos de Dios, es fiarse totalmente de El que es el Amén de amor infinito y de perfecta fidelidad. La vida cristiana de cada día será también el "Amén" al "Creo" de la Profesión de fe de nuestro Bautismo:
Que tu símbolo sea para ti como un espejo. Mírate en él: para ver si crees todo lo que declaras creer. Y regocíjate todos los días en tu fe (San Agustín, serm. 58, 11, 13: PL 38, 399).
1065 Jesucristo mismo es el "Amén" (Ap 3, 14). Es el "Amén" definitivo del amor del Padre hacia nosotros; asume y completa nuestro "Amén" al Padre: "Todas las promesas hechas por Dios han tenido su 'sí' en él; y por eso decimos por él 'Amén' a la gloria de Dios" (2 Co 1, 20):
Por El, con El y en El,
A ti, Dios Padre omnipotente
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria,
por los siglos de los siglos.

AMEN

lunes, 11 de enero de 2010

Tiempo Ordinario




Ordinario no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación.

Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además, ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay.

El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e implorar de Dios durante estas 33 semanas del Tiempo Ordinario. 

Crecer. Crecer. Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y tiene fe y amor!

El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la misa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”. 

Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”. Una primera, desde después de la Epifanía y el bautismo del Señor hasta el comienzo de la Cuaresma. Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento. 

Les invito a aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y salvación. Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos entusiasmaremos? 

Cristo, déjanos acompañarte durante este Tiempo Ordinario, para que aprendamos de ti a cómo comportarnos con tu Padre, con los demás, con los acontecimientos prósperos o adversos de la vida. Vamos contigo, ¿a quién temeremos? Queremos ser santos para santificar y elevar a nuestro mundo. 

domingo, 10 de enero de 2010

El Relativismo Teológico

Cortesía de http://www.apologética.org

Relativismo teológico: un nuevo reto para la fe

Conferencia del cardenal J. Ratzinger en el encuentro de presidentes de comisiones episcopales de América Latina para la doctrina de la fe, celebrado en Guadalajara (México)


La crisis de la teología de la liberación
En los años ochenta, la teología de la liberación en sus formas radicales aparecía como uno de los más urgentes desafíos para la fe de la Iglesia. Un desafío que requería respuesta y clarificación, porque proponía una respuesta nueva, plausible y, a la vez, práctica, a la cuestión fundamental del cristianismo: el problema de la redención. La misma palabra liberación quería explicar de un modo distinto y más comprensible lo que en el lenguaje tradicional de la Iglesia se había llamado redención. Efectivamente, en el fondo se encuentra siempre la misma constatación: experimentamos un mundo que no se corresponde con un Dios bueno. Pobreza, opresión, toda clase de dominaciones injustas, sufrimiento de justos e inocentes, constituyen los signos de los tiempos, de todos los tiempos. Y todos sufrimos; ninguno puede decir fácilmente a este mundo y a su propia vida: detente para siempre, porque eres tan bella. De esta experiencia, la teología de la liberación deducía que esta situación, que no debe perdurar, sólo puede ser vencida mediante un cambio radical de las estructuras de este mundo, que son estructuras de pecado, estructuras de mal. Si el pecado ejerce su poder sobre las estructuras, y el empobrecimiento está programado de antemano por ellas, entonces su derrocamiento no puede producirse mediante conversiones individuales, sino mediante la lucha contra las estructuras de la injusticia. Pero esta lucha, como se ha dicho, debería ser una lucha política, ya que las estructuras se consolidan y se conservan mediante la política. De este modo, la redención se convertía en un proceso político, para el que la filosofía marxista proporcionaba las orientaciones esenciales. Se transformaba en una tarea que los hombres mismos podían, e incluso debían, tomar entre manos, y, al mismo tiempo, en una esperanza totalmente práctica: la fe, de teoría, pasaba a convertirse en praxis, en concreta acción redentora en el proceso de liberación.

El hundimiento de los sistemas de gobierno de inspiración marxista en el Este europeo resultó ser, para esa teología de la praxis política redentora, una especie de ocaso de los dioses: precisamente allí donde la ideología liberadora marxista había sido aplicada consecuentemente, se había producido la radical falta de libertad, cuyo horror aparecía ahora a las claras ante los ojos de la opinión pública mundial. Y es que cuando la política quiere ser redención, promete demasiado. Cuando pretende hacer la obra de Dios, pasa a ser, no divina, sino demoníaca. Por eso, los acontecimientos políticos de 1989 han cambiado también el escenario teológico. Hasta entonces, el marxismo había sido el último intento de proporcionar una fórmula universalmente válida para la recta configuración de la acción histórica. El marxismo creía conocer la estructura de la historia mundial, y, desde ahí, intentaba demostrar cómo esta historia puede ser conducida definitivamente por el camino correcto. El hecho de que esta pretensión se apoyara sobre un método en apariencia estrictamente científico, sustituyendo totalmente la fe por la ciencia, y haciendo, a la vez, de la ciencia praxis, le confería un formidable atractivo. Todas las promesas incumplidas de las religiones parecían alcanzables a través de una praxis política científicamente fundamentada.

La caída de esta esperanza trajo consigo una gran desilusión, que aún está lejos de haber sido asimilada. Por eso, me parece probable que en el futuro se hagan presentes nuevas formas de la concepción marxista del mundo. De momento, quedó la perplejidad: el fracaso del único sistema de solución de los problemas humanos científicamente fundado sólo podía justificar el nihilismo o, en todo caso, el relativismo total.

Relativismo: la filosofía dominante

El relativismo se ha convertido así en el problema central de la fe en la hora actual. Sin duda, ya no se presenta tan sólo con su vestido de resignación ante la inmensidad de la verdad, sino también como una posición definida positivamente por los conceptos de tolerancia, conocimiento dialógico y libertad, conceptos que quedarían limitados si se afirmara la existencia de una verdad válida para todos. A su vez, el relativismo aparece como fundamentación filosófica de la democracia. Ésta, en efecto, se edificaría sobre la base de que nadie puede tener la pretensión de conocer la vía verdadera, y se nutriría del hecho de que todos los caminos se reconocen mutuamente como fragmentos del esfuerzo hacia lo mejor; por eso, buscan en diálogo algo común y compiten también sobre conocimientos que no pueden hacerse compatibles en una forma común. Un sistema de libertad debería ser, en esencia, un sistema de posiciones que se relacionan entre sí como relativas, dependientes, además, de situaciones históricas abiertas a nuevos desarrollos. Una sociedad liberal sería, pues, una sociedad relativista; sólo con esta condición podría permanecer libre y abierta al futuro.

En el campo de la política, esta concepción es exacta en cierta medida. No existe una opinión política correcta única. Lo relativo -la construcción de la convivencia entre los hombres, ordenada liberalmente- no puede ser algo absoluto. Pensar así era precisamente el error del marxismo y de las teologías políticas. Pero, con el relativismo total, tampoco se puede conseguir todo en el terreno político: hay injusticias que nunca se convertirán en cosas justas (como, por ejemplo, matar a un inocente, negar a un individuo o a un grupo el derecho a su dignidad o a la vida correspondiente a esa dignidad); y al contrario, hay cosas justas que nunca pueden ser injustas. Por eso, aunque no se ha de negar cierto derecho al relativismo en el campo socio-político, el problema se plantea a la hora de establecer sus límites. Este método ha querido aplicarse, de un modo totalmente consciente, también al campo de la religión y de la ética. Trataré de esbozar brevemente los desarrollos que en este punto definen hoy el diálogo teológico.

La llamada teología pluralista de las religiones se había desarrollado progresivamente ya desde los años cincuenta; sin embargo, sólo ahora se ha situado en el centro de la conciencia cristiana (1). De algún modo, esta conquista ocupa hoy -por lo que respecta a la fuerza de su problemática y a su presencia en los diversos campos de la cultura- el lugar que en el decenio precedente correspondía a la teología de la liberación. Además, se une de muchas maneras con ella, e intenta darle una forma nueva y actual. Sus modalidades son muy variadas; por eso, no es posible resumirla en una fórmula corta ni presentar brevemente sus características esenciales. Es, por una parte, un típico vástago del mundo occidental y de sus formas de pensamiento filosófico; por otra, conecta con las intuiciones filosóficas y religiosas de Asia, especialmente y de forma asombrosa con las del subcontinente indio. El contacto entre esos dos mundos le otorga, en el momento histórico presente, un particular empuje.

Relativismo en teología: la retractación de la cristología

Esta realidad se muestra claramente en uno de sus fundadores y eminentes representantes, el presbiteriano americano J. Hick, cuyo punto de partida filosófico se encuentra en la distinción kantiana entre fenómeno y noúmeno: nosotros nunca podemos captar la verdad última en sí misma, sino sólo su apariencia en nuestro modo de percibir a través de diferentes lentes. Lo que nosotros captamos no es propiamente la realidad en sí misma, sino un reflejo a nuestra medida. En un primer momento, Hick intentó formular este concepto en un contexto cristocéntrico; después de permanecer un año en la India, lo transformó -tras lo que él mismo llama un giro copernicano de pensamiento- en una nueva forma de teocentrismo. La identificación de una forma histórica única, Jesús de Nazaret, con lo «real» mismo, el Dios vivo, es relegada ahora como una recaída en el mito. Jesús es conscientemente relativizado como un genio religioso entre otros. Lo Absoluto o el Absoluto mismo no puede darse en la historia, sino sólo modelos, formas ideales que nos recuerdan lo que en la historia nunca se puede captar como tal. De este modo, conceptos como Iglesia, dogma, sacramentos, deben perder su carácter incondicionado. Hacer un absoluto de tales mediaciones limitadas, o, más aún, considerarlos encuentros reales con la verdad universalmente válida del Dios que se revela sería lo mismo que elevar lo propio a la categoría de absoluto; de este modo, se perdería la infinitud del Dios totalmente otro.
Desde este punto de vista, que domina más el pensamiento que la teoría de Hick, afirmar que en la figura de Jesucristo y en la fe de la Iglesia hay una verdad vinculante y válida en la historia misma es calificado como fundamentalismo. Este fundamentalismo, que constituye el verdadero ataque al espíritu de la modernidad, se presenta de diversas maneras como la amenaza fundamental emergente contra los bienes supremos de la modernidad, es decir, la tolerancia y la libertad. Por otra parte, la noción de diálogo -que en la tradición platónica y cristiana ha mantenido una posición de significativa importancia- cambia de significado, convirtiéndose así en la quintaesencia del credo relativista y en la antítesis de la conversión y de la misión. En su acepción relativista, dialogar significa colocar la actitud propia, es decir, la propia fe, al mismo nivel que las convicciones de los otros, sin reconocerle por principio más verdad que la que se atribuye a la opinión de los demás. Sólo si supongo por principio que el otro puede tener tanta o más razón que yo, se realiza de verdad un diálogo auténtico. Según esta concepción, el diálogo ha de ser un intercambio entre actitudes que tienen fundamentalmente el mismo rango, y, por tanto, son mutuamente relativas; sólo así se podrá obtener el máximo de cooperación e integración entre las diferentes formas religiosas (2). La disolución relativista de la cristología y, más aún, de la eclesiología, se convierte, pues, en un mandamiento central de la religión. Para volver al pensamiento de Hick: la fe en la divinidad de una persona concreta -nos dice- conduce al fanatismo y al particularismo, a la disociación de fe y amor; y esto es precisamente lo que hay que superar(3).

El recurso a las religiones de Asia

En el pensamiento de Hick, que consideramos aquí como un representante eminente del relativismo religioso, se aproximan extrañamente la filosofía postmetafísica de Europa y la teología negativa de Asia, para la cual lo divino no puede nunca entrar por sí mismo y desveladamente en el mundo de apariencia en que vivimos, sino que se muestra siempre en reflejos relativos y queda más allá de toda palabra y de toda noción, en una transcendencia absoluta (4). Ambas filosofías se diferencian fundamentalmente tanto por su punto de partida como por la orientación que imprimen a la existencia humana, pero parecen confirmarse mutuamente en su relativismo metafísico y religioso. El relativismo arreligioso y pragmático de Europa y América puede conseguir de la India una especie de consagración religiosa, que parece dar a su renuncia al dogma la dignidad de un mayor respeto ante el misterio de Dios y del hombre. A su vez, el hacer referencia del pensamiento europeo y americano a la visión filosófica y teológica de la India refuerza la relativización de todas las figuras religiosas propias de la cultura hindú. De este modo, también a la teología cristiana en la India se le presenta como imperativo apartar la imagen de Cristo de su posición exclusiva -juzgada típicamente occidental- para colocarla al mismo nivel que los mitos salvíficos indios: el Jesús histórico -así se piensa ahora- no es más Logos absoluto que cualquier otra figura salvífica de la historia (5).

viernes, 8 de enero de 2010

No tener miedo a manifestar la fe públicamente, pide el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 08 Ene. 10 / 09:24 am (ACI)

Al recibir esta mañana a los miembros de la Inspección General de Seguridad Pública en el Vaticano, el Papa Benedicto XVI agradeció el trabajo que desempeñan y los exhortó a realizar esta labor encoherencia de fe, sin tener miedo a manifestarla públicamente en los ámbitos en los que se desenvuelven.

En su habitual discurso del encuentro de principios de año con los miembros de la Inspección General de Seguridad Pública del Vaticano, el Santo Padre resaltó que su misión es "particularmente importante para el desarrollo de la misión del Pontífice romano".
Esta tarea, dijo el Papa, "hace posible el clima de serenidad que da a todos los que vienen a visitar el centro de la cristiandad la posibilidad de una auténtica experiencia religiosa, en contacto con testimonios fundamentales de la fe cristiana como la tumba del apóstol Pedro, las reliquias de tantos santos y las tumbas de los numerosos pontífices, que el pueblo cristiano ama y venera".
Recordando la "gran dedicación y responsabilidad" que se exige a los agentes para cumplir su deber, Benedicto XVI destacó que este trabajo debe ser, desde el punto de vista de la fe, "un modo particular para servir al Señor y casi de ‘prepararle el camino’ para que la experiencia que se vive en el centro de la cristiandad represente para todo peregrino o visitante una ocasión particular para el encuentro con el Señor, que cambia la vida".
El Santo Padre concluyó deseando a los miembros de la Inspección General de Seguridad Pública que su trabajo les haga "siempre más fuertes y coherentes en la fe" y les exhortó a "no tener miedo ni vergüenza humana a la hora de manifestarlaen el ámbito de las respectivas familias, en el laboral y en cualquier otro lugar".

martes, 5 de enero de 2010

Oración Veni Creator Spiritus - Ven Espíritu Creador

Latín
Español
Veni, Creator Spiritus
mentes tuorum visita
Imple superna gratia quae
tu creasti pectora.
Qui Paraclitus diceris,
donum Dei Altissimi,
fons vivus, ignis, caritas,
et spiritalis unctio.
Tu septiformis munere,
dexterae paternae digitus,
tu rite promissum Patris,
sermone ditans guttura.
Accende lumen sensibus,
infunde amorem cordibus,
infirma nostri corporis,
virtute firmans perpeti.
Hostem repellas longius,
pacemque dones protinus,
ductore sic te praevio,
vitemus omne noxium.
Per te sciamus da Patrem,
noscamus atque Filium,
teque utriusque Spiritum
credamus omni tempore.
Deo Patri sit gloria,
et Filio qui a mortuis surrexit,
ac Paraclito in saeculorum saecula.
Amen.
Ven Espíritu creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre
y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos.
Amén.

Se les concede a todos los fieles, indulgencia parcial si rezan devotamente esta oración.
Se les concede indulgencia plenaria si la rezan solemnemente en público el día de Pentecostés o el Primer día del Año.

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