lunes, 2 de agosto de 2010

Inventar en Liturgia II

Cortesía de Sentire Cum Ecclesia


Continuamos la serie orientada a hacer ver la necesidad de obedecer en Liturgia...  
La Constitución litúrgica del Vaticano II, Sacrosanctum Concilium dice en su número 22 § 3:
"Nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia".
¿Por qué sucede entonces que hay tanta manga ancha? ¿Se ha pensado en mantener en Liturgia eso que Nicola Bux llama "los derechos de Dios"? Esta curiosa frase significa que la Liturgia es obra de Dios, y nunca del hombre. El hecho de afirmar que la Liturgia es sagrada proviene de ahí. De lo contrario la acción litúrgica sería idolatría. Opus Dei, sería esta la mejor definición de 'Liturgia', por emplear palabras del mismo san Benito. De nuevo habla Nicola Bux:
"La recuperación del Ius divinum en la liturgia contribuye mucho a respetarla como algo sagrado, como prescribían las rúbricas; pero también las nuevas deben volver a ser seguidas con espíritu de devoción y obediencia por parte de los ministros sagrados para edificación de todos los fieles y para ayudar a muchos que buscan a Dios a encontrarlo vivo y verdadero en el culto divino de la Iglesia. Los obispos, los sacerdotes y los seminaristas deben volver a aprender y a realizar los sagrados ritos con tal espíritu y contribuirán así a la verdadera reforma querida por el Vaticano II".
¿Por qué entonces, por poner un ejemplo, a veces uno asiste a Misa y se encuentra que el presbítero permite que el Santo con el que concluye el Prefacio sea sustituido por otra letra que no corresponde con lo indicado en el Misal? Así, se oyen en él expresiones como 'Yahveh Sebaoth' dentro del Trisagio, cuando no ya se cambia de arriba a abajo la letra, de modo que quizá sólo la cantan los del grupo de cantores y los demás nos quedamos parados, cuando esperábamos haber recitado el Santo tal y como señala el Misal (me pasó el pasado Domingo de Pascua en mi parroquia de Pozuelo). Esto es sólo un ejemplo, porque también podrían aducirse muchos otros, como la elevación del cáliz en plena Doxología por parte de un laico, cuando es un gesto sólo y exclusivo de un ministro ordenado. Abusos y profanaciones semejantesya fueron denunciados en la Instrucción Redemptionis Sacramentum de la Congregación para el Culto Divino, del año 2004. ¿La han leído?

Por otra parte, hay errores que no son de carácter puntual, como los que hemos puesto por ejemplo ahora mismo. Se trata de errores, digamos, de espíritu o de actitud e incluso de comprensión de qué es la Eucaristía. A veces ésta se vive como si fuera una reunión de los hermanos, de modo que este gran Sacramento queda «privado de su valor sacrificial, [y] se vive como si no tuviera otro significado y valor que el de un encuentro convival fraterno» [1], como denunciaba ya Juan Pablo II, de feliz memoria, en la encíclica Ecclesia de Eucharistia. Decir que la Eucaristía no es sacrificio se oye demasiado a menudo, y constata la inyección de ramalazo protestante que muchos han denunciado tras el Vaticano II.

Luego iríamos a casos como el que viví personalmente el pasado verano. Resulta que el presbítero que vino a celebrar la Eucaristía con nosotros se había traído en folios sueltos y en una carpetilla de plástico cutre sus propias oraciones (colecta, Prefacio, Plegaria..., todo). Ni una sola estaba tomada del Misal. No sé si las había compuesto él personalmente en un momento de inspiración o de dónde las había sacado (eran de baja calidad literaria, ñoñas y pueriles). Sólo después de mucho insistirle -en plena Misa-, a regañadientes tomó el Misal. Tampoco quiso, eso no lo logramos, revestirse con la casulla ("se puede hacer", fue su elevada justificación teológica).

NOTAS
[1] JUAN PABLO II, Carta Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, n. 10: AAS 95 (2003) p. 439.

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