viernes, 23 de julio de 2010

Algunos principios ¿irrenunciables? de la arquitectura católica

Cortesía de Bruno Moreno Ramos en Espada de doble filo

Tras la interesante discusión en el artículo anterior sobre la iglesia diseñada por Rafael Moneo para San Sebastián, he ido recopilando algunos principios que creo que deberían ser esenciales a la hora de construir una iglesia. Seguro que los lectores pueden sugerir algunos principios más o matizar o criticar éstos.
Como decía un comentarista, no soy ningún experto en arquitectura y supongo que la mayoría de los comentaristas tampoco lo serán. Sin embargo, no creo que eso tenga nada que ver con este asunto. Necesito un arquitecto para calcular la profundidad que tienen que tener los cimientos de mi casa, pero no para decirme si quiero que la casa tenga dos pisos o uno solo, si me gustan las ventanas grandes o pequeñas o si deseo que la fachada sea amarilla o blanca.
Precisamente, lo más importante de estos principios está en resaltar que la construcción de una iglesia no es un problema únicamente arquitectónico. Ni siquiera principalmente arquitectónico, en el sentido técnico del término. La construcción de una iglesia está destinada a lo que va a suceder dentro de ella y todo debe estar dirigido a ese Misterio e inspirado por él.
- La arquitectura tiene que estar al servicio de la iglesia y no la iglesia de la arquitectura
Temo que, muchas veces, se construyen los templos y capillas para poder decir que los ha construido Le Corbusier, Moneo, Barceló o quien sea. Y eso es un despropósito. La arquitectura religiosa debe ser, ante todo, humilde. No debe proclamar el nombre de su autor, sino de su destinatario, que es el Señor, a quien corresponde toda la gloria.
No se trata de llevar a cabo proezas técnicas con bóvedas invertidas, paredes inclinadas o muros colgantes, sino de crear un templo destinado al culto divino y a la oración. Todo debe estar subordinado a esa finalidad y las proezas técnicas se llevarán a cabo cuando sea necesario para conseguir mejor esa finalidad o para solucionar los obstáculos que impidan conseguirla plenamente.
- Que la iglesia sea “moderna” no es un fin en sí mismo
A pesar de la cronolatría de nuestro tiempo, los católicos no podemos dejar de proclamar que lo “moderno” no es en sí mejor que lo “antiguo”. Las iglesias tienen que ser bellas, apropiadas para la liturgia, inmersas en la Tradición de la Iglesia, dirigidas al culto a Dios, lo más prácticas posible para el uso de sacerdotes y fieles y muchas cosas más, pero “modernas” no es una de ellas.
Si se usa una técnica moderna para conseguir alguna de esas cosas, bien utilizada está. Si los materiales modernos permiten construir bóvedas más altas, ventanas más amplias o cualquier otra cosa que pueda ser deseable, es bueno utilizarlos. Así usaron, por ejemplo, los arbotantes los arquitectos del gótico, como un medio para conseguir edificios más altos y ventanas más amplias con una estabilidad suficiente. Pero utilizar materiales modernos, técnicas modernas, estilos modernos o distribuciones modernas como un fin en sí mismo es un disparate.
- Una iglesia debe parecer una iglesia
Si una iglesia parece una fábrica, un centro comercial o una central nuclear, no es una iglesia bien diseñada. Una de las finalidades esenciales de una iglesia es crear un ámbito de culto y oración, distinguiendo ese ámbito del resto de lugares que utilizamos. Si no existe esa distinción, esa iglesia no está cumpliendo una de sus funciones esenciales.
A lo largo de los siglos de la Historia de la Iglesia, se han sucedido multitud de estilos arquitectónicos. Pero una iglesia siempre era reconocible como iglesia. Aunque fuera de lejos y con los ojos medio cerrados.
- Una iglesia debe ser bella
A fin de cuentas, la belleza proviene de Dios y lleva a Dios, porque Dios es la Belleza. Por lo tanto, los “feísmos”, por mucho que estén de moda, son totalmente inadecuados para una iglesia.
Más aún, una iglesia es un signo del cielo. En la liturgia de la Misa, se unen la liturgia celeste y la liturgia terrestre y, en la medida de lo posible, el interior de la Iglesia debe sugerir el cielo y la unión con la Iglesia triunfante que ya está en él. Las iglesias orientales, por ejemplo, dan mucha importancia a este aspecto.
- La originalidad no es un valor en sí mismo
El arte moderno ensalza la originalidad como el valor supremo y muestra en todo lo que hace que lo importante no es pintar buenos cuadros o hacer estatuas bellas, sino ser originales, únicos. En cambio, el mundo está lleno de iglesias maravillosas que no han buscado esa originalidad, sino que se han apoyado en otras iglesias anteriores.
En la Iglesia no debería existir el copyright. Si un templo no está lleno de ecos de otras iglesias más antiguas, es que no está transmitiendo la Tradición, sino intentando inventar algo nuevo que no es el cristianismo. Y, curiosamente, las obras de arte religioso más originales son precisamente aquellas que han brotado de las raíces de todo el arte católico anterior. Un árbol sin raíces no tiene vida y enseguida se seca.
- Una iglesia debe nutrirse de la Tradición de la iglesia
La fuente esencial de la que deben beber los arquitectos católicos es la Tradición, porque la arquitectura religiosa es, ella misma, un vehículo de transmisión de esa Tradición con cada una de sus piedras. Si los arquitectos desconocen la Tradición católica, no pueden diseñar una buena iglesia, porque estarán transmitiendo su propia tradición ajena a la Tradición de la Iglesia. Nadie da lo que no tiene.
- Los arquitectos deben ser personas de fe
Esto es muy importante, aunque vaya contra los dogmas de nuestro tiempo. Como decíamos antes, nadie da lo que no tiene. Una iglesia no es un edificio puramente funcional, como sucede con otras edificaciones. Es un edificio hecho desde la fe, por fe y para la fe. Y quien no tiene fe, necesariamente dará importancia a cosas que no la tienen, olvidará otras que, a fuer de esenciales, ni siquiera se mencionan.
No se puede esperar que un ciego pinte un gran cuadro. Ni tampoco que lo coloque en el lugar adecuado. Puede colocar muy bien el marco, centrar y clavar el clavo que lo sujete, decidir las propiedades físicas del barniz que lo cubra, etc., pero necesariamente se estará perdiendo lo verdaderamente importante del mismo. Lo mismo pasa con alguien sin fe al construir una iglesia: es incapaz de ver lo verdaderamente importante. Y la imaginación, tanto para el cuadro como para la iglesia, no es suficiente.
En otras épocas, esta necesidad estaba atenuada porque la sociedad entera era cristiana y, aunque una persona no fuera creyente, estaba empapada de cristianismo desde que nacía. Ahora, sin embargo, resulta absolutamente esencial, porque la ignorancia entre los no creyentes de lo que es la fe es abismal. Y para solucionar ese abismo no valen los “parches” del arquitecto que se mira unas cuantas fotos de iglesias y se lee el índice de un libro de arte cristiano. Es algo mucho más profundo.
- Las iglesias “desnudas” no son católicas
La moda protestante y adoptada por el “minimalismo” actual de construir iglesias sin imágenes, con paredes desnudas, prescindiendo de campanarios y con enormes muros exteriores lisos, apenas perturbados por una minúscula cruz, no es católica.
El iconoclasmo o rechazo de las imágenes es una herejía rechazada por la Iglesia desde hace más de mil años. Las imágenes de santos son un signo de que la Iglesia Triunfante está presente también en la liturgia. Las imágenes del Señor o de la Virgen nos recuerdan el misterio de la Encarnación y nos ayudan a rezar. Los sagrarios labrados y preciosos son un signo del valor de su contenido. Las velas simbolizan la luz de Cristo y la oración de los fieles. Los campanarios son una muestra de la misión evangelizadora, de puertas afuera, de la Iglesia… Todo tiene su sentido y su valor. Según las épocas, las zonas y las iglesias particulares, estos elementos serán más o menos numerosos, pero si prácticamente están ausentes es señal de que el catolicismo ha sido sustituido por alguna ideología ajena a la Iglesia.
Por supuesto, todos estos principios marcan el ideal para la construcción de una iglesia. Algunas veces, por desgracia, hay que aguantarse con lo que hay, con lo que se tiene dinero para construir o con lo que se hereda. Hay iglesias construidas en antiguos templos paganos (como Santa María de los Mártires, en Roma), edificios seculares, locales comerciales o en casetas temporales. Y, como decía otro comentarista, lo más importante sigue estando presente.

No hay comentarios:

Compartir