domingo, 30 de mayo de 2010

Objeciones contra la existencia de Dios (1)


En la primera parte de este artículo consideraré seis de las principales objeciones contra la existencia de Dios planteadas por los no creyentes. Para cada una de ellas seguiré el mismo esquema: primero presentaré la objeción en forma de silogismo y luego presentaré su refutación. En cada una de esas seis objeciones, la premisa mayor es falsa. Por lo tanto, aunque la premisa menor es verdadera y el razonamiento está bien construido, la conclusión es inválida. Para refutar esos silogismos, se debe refutar las correspondientes premisas mayores.
1) La objeción materialista
Presentación: Todo lo que existe es material. Dios no es material. Por lo tanto, Dios no existe.
Refutación: El axioma básico del materialismo ("todo es material") debe ser rechazado, al menos por las siguientes dos razones:
• Esa afirmación del materialista acerca del “todo” es completamente infundada, por lo cual se debe aplicar aquí la conocida regla dialéctica de los escolásticos: “Gratis asseritur, gratis negatur” (lo que se afirma sin prueba, se puede rechazar sin prueba).
• Hay muchas realidades (por ejemplo, el conocimiento humano, la libertad humana, la información, las leyes naturales, etc.) acerca de las cuales no se puede alegar con algún sentido que sean materiales. Es decir, no existe ninguna noción válida de “materia” que abarque esa clase de realidades.

2) La objeción cientificista (o positivista)
Presentación: Todo lo que existe es susceptible de verificación por medio del método científico. La existencia de Dios no es científicamente verificable. Por lo tanto, Dios no existe.
Refutación: De la premisa mayor de la objeción cientificista se deduce fácilmente esta otra afirmación: “Sólo el conocimiento científico es verdadero conocimiento". Ahora bien, esta afirmación es auto-contradictoria y, por lo tanto, falsa. El concepto de “ciencia” utilizado por el cientificista incluye sólo las ciencias particulares (matemática, física, química, biología, etc.), excluyendo las ciencias universales (filosofía y teología). Al negar la existencia de afirmaciones verdaderas no fundadas en la ciencia, se está haciendo una afirmación (supuestamente verdadera) no fundada en la ciencia, sino en una falsa filosofía. Es decir, ninguna ciencia particular demuestra ni puede demostrar que el único conocimiento válido es el conocimiento científico. La falsedad de la premisa mayor de la objeción cientificista se deduce pues de su reducción al absurdo.
Por otra parte, la objeción cientificista puede reducirse a la objeción materialista, ya refutada en el numeral anterior.
3) La objeción lógica
Presentación: La noción de “Ser infinito” es absurda, porque implica la predicación simultánea de atributos contradictorios. La noción de “Dios” incluye la noción de “Ser infinito". Por lo tanto, Dios no existe.
Refutación: La premisa mayor de la objeción lógica sólo tiene validez en contra de la noción panteísta del Ser infinito, no en contra de la correspondiente noción cristiana. El Ser infinito de la fe cristiana no es el conjunto de todos los entes, sino la Causa primera (incausada) del ser y del devenir de todos los demás entes (los entes creados). Los entes creados son realmente distintos de Dios, por lo cual no hay ninguna razón para afirmar que Dios sea a la vez (por ejemplo) sabio e ignorante, misericordioso y cruel, poderoso y débil, etc.
Entre el ser de Dios y el ser de las criaturas hay analogía, es decir, semejanza en un sentido y desemejanza en otro sentido. Las propiedades trascendentales del ser (unidad, verdad, bondad, belleza) corresponden también a Dios, pero no conocemos el modo infinito que estas propiedades tienen en Dios. Por estas razones, hay tres vías para el conocimiento de los atributos divinos: causalidad, negación y eminencia. Veamos un ejemplo:

• Causalidad: La bondad de Dios es la causa primera de la bondad de las criaturas. Hay una semejanza entre la causa y el efecto. Por lo tanto, Dios es bueno.
• Negación: La bondad de Dios no es igual a la bondad de las criaturas. Entre Dios y las criaturas, la desemejanza es siempre mayor que la semejanza.
• Eminencia: La bondad de Dios es eminente, infinita.

No hay nada absurdo en esta noción de Dios.
4) La objeción cosmológica
Presentación: Si Dios existe, no puede existir un mundo imperfecto. El mundo es imperfecto. Por lo tanto, Dios no existe.
Refutación: Lo cierto es precisamente lo contrario a lo afirmado por la premisa mayor de esta objeción. Dios no puede crear un mundo absolutamente perfecto, porque un ser absolutamente perfecto (perfectísimo) es un ser divino. Si Dios hubiese creado un mundo perfectísimo, habría creado un segundo Dios. Pero no puede haber dos dioses distintos, porque entonces ninguno de ellos sería Dios, el Ser perfectísimo, ya que a cada uno de ellos le faltaría algo de la perfección del otro. Por lo tanto, si Dios crea un mundo, necesariamente debe crear un mundo con alguna clase de imperfección.
Además, Dios no puede crear otro Dios porque la misma noción de “Dios creado” es absurda, dado que un Dios creado debería ser a la vez incausado y causado. Esto no supone ninguna limitación de la omnipotencia divina, porque ésta abarca todo lo posible, es decir todo lo que en sí mismo no implica contradicción.
5) La objeción moral
Presentación: Si Dios existe, no puede existir el mal. El mal existe. Por lo tanto, Dios no existe.
Refutación: La premisa mayor de esta objeción sólo sería válida si se considerara al mal como algo creado por Dios, lo cual no es el caso en la filosofía cristiana, como se verá a continuación.
El mal es una imperfección, pero no cualquier imperfección es un mal. Se denomina “mal” a aquella imperfección que priva a un ser de una perfección que en principio le correspondería según su naturaleza. Así, por ejemplo, carecer de vista no es un mal para una piedra, pero es un mal para un león.
El mal no es un ser, sino una carencia o privación de ser. Existen dos grandes clases de males: los males físicos (como el dolor y la muerte) y los males morales (los pecados o actos humanos malos).

Todo lo que Dios ha creado es bueno. Dios no es el autor del mal, pero permite el mal, por razones que Él, en su infinita sabiduría, puede juzgar muchísimo mejor que nosotros. Carece de sentido que el hombre pretenda erigirse en juez de la obra creadora de Dios.

Podemos comprender algunas de las razones por las cuales Dios permite el mal (físico o moral):
• En el orden biológico, el dolor cumple la finalidad de informar al ser vivo acerca de realidades amenazadoras. 
• La muerte de las plantas y de los animales irracionales no frustra el cumplimiento de su función en el cosmos. 
• La muerte del ser humano no es su aniquilación, sino su entrada en la vida eterna, que da pleno sentido a su vida terrena.
• Exceptuando el caso particularísimo de Jesús de Nazaret, podemos decir que, tal como las cosas son de hecho, si un hombre, durante su vida terrena, no pudiera pecar (hacer el mal), tampoco podría amar (hacer el bien). La libertad es la grandeza del hombre, pero también su riesgo. Dios no ha querido complacerse en crear robots o esclavos, sino en crear seres hechos a su imagen y semejanza, destinados a ser sus hijos y a participar de la naturaleza divina.

Aunque este artículo es de orden filosófico, no teológico, conviene mencionar aquí que la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo ha dado un valor redentor al sufrimiento humano.
6) La objeción antropológica

Presentación: Si Dios existe, no puede existir ningún ser libre distinto de Dios, porque su conocimiento y libertad infinitas anularían la libertad finita de los demás seres. El hombre existe y es libre. Por lo tanto, Dios no existe.

Refutación: Examinaré y refutaré dos posibles intentos de justificación de la premisa mayor de esta objeción.
• Dios es omnisciente y eterno; por lo tanto Dios conoce simultáneamente todos los sucesos pasados, presentes y futuros, incluyendo los actos futuros de los hombres. De esta manera los predetermina e impide que sean actos libres.
El error de esta argumentación está en confundir precognición con predeterminación.Dios conoce los actos humanos futuros sin destruir su carácter de actos libres.
• Dios no sólo conoce los sucesos futuros, sino que es la causa primera de todos ellos. Por lo tanto la determinación última de los actos humanos (buenos o malos) está en Dios, no en el hombre. Por lo tanto, si Dios existe, el hombre pierde su libertad.
El error de esta argumentación está en oponer la libertad infinita de Dios y la libertad finita del hombre y en confundir los modos en que estas dos libertades operan. La libertad de Dios y la libertad del hombre no se oponen, ni operan en el mismo plano. Dios es la causa primera de todo lo que existe, incluyendo los actos humanos; pero la causa divina no suprime las causas creadas. Dios ha querido que existan causas segundas y que éstas sean realmente causas, no meras apariencias. En un acto humano no podemos separar una parte que provendría de Dios como Causa primera de otra parte que provendría del hombre como causa segunda. Todo acto humano procede enteramente de Dios y enteramente del hombre, pero de tal modo que los planos de acción de ambas causas no se confunden ni se oponen. El hecho de que no podamos comprender plenamente cómo esto es posible no implica que esta concepción cristiana sea irracional, sino que es un ejemplo de la finitud de la inteligencia humana.
Daniel Iglesias Grèzes
El presente artículo es una versión retocada de: Daniel Iglesias Grèzes, Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica, Montevideo 2008, 3ª edición, Capítulo 2 – Objeciones contra la existencia de Dios, pp. 30-38.

Ese libro (prologado por Mons. Dr. Miguel Antonio Barriola, miembro de la Pontificia Comisión Bíblica) está disponible aquí.

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