martes, 25 de mayo de 2010

Dios increpa a Dios



¿Fue la crucifixión de Jesús una crucifixión de Dios?
Es el tema fundamental para comprender el cisma nestoriano difisita y las consideraciones del Concilio de Calcedonia de 451 contra aquellas Iglesias orientales no calcedonianas, y las monofisitas ortodoxas que no lo aceptaron.
La teología cristiana, sólo puede plantearse la historia de la pasión del mundo, superando la ilusión teísta y la resignación atea cuando se ha esbozado la historia de la pasión de Cristo para llegar a reconocer el ser de Dios en la muerte de Jesús en la cruz.
Sólo cuando se llegue a esclarecer lo que ha sucedido entre el Jesús moribundo y su Dios, podremos deducir lo que este Dios significa para los atribulados y desamparados de esta tierra.
Sin embargo, hoy para muchos hombres sufrientes puede significar algo más allá de una confirmación religiosa de su dolor.


¿Por qué ha muerto Jesús?
Fue condenado según la ley hebrea como blasfemo a causa de su nuevo mensaje sobre la justicia misericordiosa de Dios, así como por su solidaridad con los injustos y los que están fuera de la ley.
Fue crucificado por la potencia romana de ocupación como un revoltoso contra la pax romana y sus dioses.
Murió, finalmente, en el desamparo de Dios; del Dios y Padre cuya venida había anticipado y atestiguado en palabras y acciones hasta entonces inauditas.
Marcos como uno de los testigos más antiguos, nos cuenta que Jesús no murió con una muerte fácil y espectacular, sino que su final tuvo lugar entre clamores y lágrimas,
Mc:15,34 “Eloi, Eloi ¿Lema Sabactani"
Paradójicamente según Marcos, al clamor de Jesús por el abandono de Dios, responde el centurión pagano con la confesión de la filiación divina.
Mc:15,39 "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios"


¿Cómo se puede entender esto?
Siendo el texto de Marcos el más difícil, es a la vez el que más se aproxima a la realidad histórica. La tradición posterior sintiéndose evidentemente escandalizada por la interpretación de Marcos, ha descrito el clamor de Jesús con piadosas expresiones. Variantes del texto occidental de Marcos dicen: “Dios mío, ¿qué tienes que reprocharme?
Ante dos afirmaciones similares, su contenido no tiene por qué ser igual, por tanto es falso interpretar el clamor de Jesús en el mismo sentido de Sal 22, mientras que, es en cambio correcto el interpretar desde la perspectiva de Jesús.
Sal 22 a partir del sentido de Jesús. En él, las palabras Dios míose refieren al Dios de la alianza de Israel, y el Yo es el término de la persona desamparada, aquí, es el justo sufriente que reclama la fidelidad de Dios a su alianza.
Jesús, cuando exclama Dios mío comprende todo el contenido global de su nuevo mensaje sobre el reino cercano, de gracia y liberación, así como de su propia vida dentro de aquella cercanía de Dios que le hace hablar siempre y exclusivamente de “mi Padre”.
Su desamparo se convierte en un desamparo muy particular.
El que le abandona no es sólo el Dios de la alianza de Israel, sino su Dios y Padre.
En consecuencia, el “Yo" del desamparo no es ya únicamente el de un interlocutor en la alianza, sino el "Yo del Hijo".
No obstante, el carácter jurídico de la acusación contra Dios se mantiene.
El clamor de Jesús, como el del salmista, nada tiene que ver con una “consoladora desesperación”, sino que es una llamada a la fidelidad de Dios en razón del mismo Dios.
El salmista se confronta contra la fidelidad de Dios en su alianza para con el justo.
Jesús se confronta también, pero de la unidad del Padre con él, el Hijo.
Con su muerte no sólo está en juego la fidelidad de Dios, sino la divinidad de Dios mismo, cuya cercanía y paternidad ha anunciado Jesús.
Por eso, con estas palabras, se confronta Jesús contra su propio ser en su especial relación con el Padre, en la que él es el Hijo.
Así puede entenderse el Sal 22, en boca de Jesús, de esta manera: "Dios mío, ¿por qué te has abandonado?".
Por ende, este abandono en la cruz ha de ser estrictamente entendido como un acontecer entre Jesús y su Dios.
Mateo:27,45-46 como receptor de Marcos recoge “Elí, ElíLema Sabactani"
Lucas :23,46 sustituye la expresión del abandono con palabras de la oración judía vespertina tomadas de Sal :31,6 "En tus manos encomiendo mi espíritu".
Juan: 19,30 dice, por motivos teológicos, “todo está consumado”.
La cruz en este aspecto es un acontecimiento que tiene lugar entre Dios y Dios.

Bibliografía:
Biblia de Jerusalem
Jurger Moltmann: “El Dios crucificado
Walter Kasper: “Jesús el Cristo
Enrique Benavent Vidal “El Misterio pascual en la teologia reciente ”

No hay comentarios:

Compartir