miércoles, 8 de julio de 2009

El Limbo ¿Qué Dice la Iglesia sobre el?

______________________________________________________ Cortesía de http://www.apologetica.org , Wikipedia, la enciclopedia libre. ROMA, 4 mayo (ZENIT).- El limbo ha acabado en el limbo. Aunque nunca fue definido como dogma, fue una «salida» que encontraron los teólogos para darrespuesta a la pregunta de qué pasaba con los niños muertos sin bautizar. En realidad era una respuesta «piadosa» para evitar a estos inocentes las penas del infierno. Hoy, la teología posterior al Concilio Vaticano II ha encontrado nuevas respuestas más acordes con la idea de un Dios Padre misericordioso.

Monseñor Alessandro Maggiolini, teólogo y uno de los redactores del Catecismo de la Iglesia Católica, explica por qué el limbo ya no aparece en la doctrina cristiana. Monseñor Maggiolini aclara que de este tema no se habla porque «es una hipótesis teológica que no parece fundada sólidamente en la Revelación. El silencio es una opción bastante sabia también porque el limbo, si se hubiera nombrado, no habría podido ser comparado ni con el paraíso ni con el infierno. Dos condiciones de las que a menudo se habla de una manera analítica y un poco petulante en cierta catequesis popular torpe. El Catecismo parece en cambio sugerir que, al final de la vida terrena, no hay soluciones intermedias entre beatitud y condena».

¿Cual puede ser entonces las respuesta de la escatología cristiana sobre el destino de los niños no nacidos? «Sobre los niños muertos sin bautismo --responde monseñor Maggiolini--, la Iglesia no puede sino confiarlos a la misericordia de Dios que quiere que todos los hombres se salven. Tiene que significar algo la ternura de Jesús por los niños. Dios nos ha revelado su sincera y eficaz voluntad de tener junto a sí a todos y espera también a estos pequeños. Es de esperar que estén en la paz de Dios a través de caminos que Dios no nos ha comunicado».

Excluyendo el caso de los adultos que pueden elegir, el bautismo de los niños ayuda a la salvación cuando es posible. «Si no --explica monseñor Maggiolini--, análogamente, en un modo para nosotros escondido, incluso los niños no se salvan sin Cristo y sin la Iglesia, en cuyo seno está presente y actúa el Salvador de todos. Se piensa que el Señor Jesús puede alcanzar también a estos pequeños que tienen necesidad de ser liberados del pecado original. Es mejor no ser demasiado curiosos respecto a los medios que usa Cristo, el cual quiere salvar "a vosotros y a todos", como dice la fórmula de la consagración eucarística».

El 19 de abril de 2007, la Comisión Teológica Internacional, que fue presidida por Joseph Ratzinger hasta su elección como papa Benedicto XVI, publicó un documento teológico, que no constituye magisterio pero se emite con la autoridad del Vaticano, que subraya que la existencia del limbo de los niños no es una verdad dogmática, sino solamente una hipótesis teológica, entre otras. El documento considera, como otros muchos en la historia de la Iglesia Católica, un misterio el destino preciso de los niños sin bautizar, expresando la esperanza de encontrar en el futuro una solución teológica que permita creer en su salvación: "Todos los factores que hemos considerado [...] dan serias bases teológicas y litúrgicas a la esperanza de que los niños muertos sin bautismo estén salvos y gocen de la visión beatífica". Ya en las reformas litúrgicas que siguieron al Vaticano II, se había establecido un rito específico para el sepelio de los niños no bautizados.

<En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc 10, 14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo.> (Catecismo de la Iglesia Católica, 1261)

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